Por jaazia
Viajar es abrazar la incertidumbre, es la posibilidad de posibilidades, experiencias, todas, posibles, nuevos niveles desbloqueados. Acompáñenme en esta, queridas lectoras, ya que es más que nada una catarsis sobre todo lo que es viajar.
Hay muchos tipos de viajes, la mayoría dependen de los motivos, puede ser un viaje por placer o por trabajo, hay viajes de placer que parecen trabajo y hay viajes de trabajo que pueden ser casi tan divertidos como unas vacaciones. Pienso que, al final, los viajes son pretextos, por ejemplo, un congreso es un pretexto, sí, te da curriculum, te reencuentras con colegas, quizá se conocen algunos nuevos, das a conocer tu trabajo, aprendes, compartes y bla. Pero también es una posibilidad a lo desconocido, respirar otros aires, aires diferentes.
La maldita y bendita incertidumbre, no saber a dónde llegamos, qué nos espera, yo procuro pensar que puras cosas divertidas y buenas, aunque sea a puro tapping y manifestación porque lamentablemente vivimos en un mundo que no nos asegura nada, ni nuestra propia seguridad, lo cual me lleva al siguiente punto: viajar sola, sola con A de presidentAAAAA, con a de mujer.
De entrada, ya existe una cuestión de ser mujer y tener el peligro en tu propia casa, en tu propia cama. Alguien puede entender el terror de viajar sola, el miedo de ser parte de una estadística más, alguien puede comprender las palpitaciones, el sudor frío, la inseguridad de subirse al auto de un desconocido esperando que de hecho te lleve al destino pactado, caminar por calles solitarias y desconocidas. ¿Qué se hace para solventar esa seguridad? ¿Para arriesgarnos sin que el ataque de pánico nos baje la presión? Es una lucha constante, interna y profunda, pero me resisto a quedarme encerrada en mi casa para no correr algún riesgo.
Una vez superado el miedo de algún tipo de acto violento hacia tu persona, hay otra situación respecto a viajar sola, algo muy curioso, hasta gracioso diría. De entrada, la cuestión: la soledad, hacer cosas sola, como ir a comer o al cine, que por más que a una no le importa, una siempre se enfrenta a la mirada del otro, cuando te hacen saber, quizá hasta con incomodidad, de lo “raro” que es viajar sola y por el mero gusto de hacerlo (y tener las posibilidades claro):
– ¿No vienes con otros compañeros?
– ¿Aquí no te vas a encontrar con alguien?
– ¿No te acompaña tu directora?
Entre las incomodidades y las inseguridades es un gran logro, por lo menos para mí, salir de viaje sola.
Viajar sola es comer en algún restaurante, en alguna plaza, en algún lugar, escuchar a lo lejos una canción y sonreír por lo que te recuerda, es escuchar las conversaciones de la pareja homosexual músicos o poetas, intentar descubrir de dónde es el extranjero trabajando a distancia. Me atrevería a decir que viajar sola es la full life experience de la vida misma, es vivir la emoción, el miedo, es también saber que el viaje es finito y en algún momento se termina y que el retorno es inminente, y que por lo menos yo, tengo un nido a donde volver.
Finalmente, mis queridas lectoras, les comparto la experiencia con la esperanza de que ustedes también se avienten, se aventuren a viajar solas, pero qué sé yo, yo solo hablo mientras hablar sea gratis.
