Columnas de opinión
Un hombre diferente: envidia y (no) trabajo de sombras
Por Sergio E. Cerecedo
La vida cotidiana, a diferencia del cine, puede no tener un tono constante, si alguien filmara un personaje haciendo swipe en su celular diez minutos, y aunque así sucedió, así fue ese segmento de vida, mostrado tal y como es no nos significaría mucho y lo encontraríamos sin sentido, por eso configuramos un lenguaje audiovisual, que puede entretener, darnos un punto de vista o tener múltiples intenciones alrededor de ¿cuál personaje está mirando el mundo y cómo lo está mirando?, un mérito muy grande en esta película es que desde su construcción, guion, ritmo, dirección, nos parece muy cotidiana sin que sintamos que no pasa nada. Puede haber un chiste para luego darnos miedo, después conmovernos y hasta hacernos enojar; esta profundidad y simpleza es lograda, porque del tema y su enfoque tiene mucho que decirnos y lo lleva a sus últimas consecuencias.
Edward Lemuel tiene una neurofibromatosis que le hace crecer con la cara desfigurada, una condición que vulnera su mente y autoestima; ya no tiene padres y su propia inseguridad derivada de su físico le aleja del mundo y del concepto de belleza hegemónica no se siente libre de expresar sus sentimientos por una vecina aspirante a dramaturga a quien se acerca de forma muy natural y con quien entabla una amistad genuina, el rumbo que quiere tomar como actor le es condicionado a roles acordes a su físico en videos corporativos sobre el mismo tema. Él no quiere estar limitado por ello, y encuentra un tratamiento experimental para curarse paulatinamente, durante el camino experimenta dolor, pero va logrando ese cometido, hasta que su piel hinchada cae totalmente como una crisálida y de ahí emerge un humano difereLeer más→
El acuerpamiento de un pueblo originario de la Ciudad de México en contra del proceso urbano de gentrificación
Por Ana Belén Sánchez Jiménez
¿Qué nos sugiere la construcción de la ciudad que necesitamos los habitantes de grandes cuidades como es el centro de México? Cuando observamos como transeúntes o como habitantes los espacios del centro, el sur, el norte, el oriente y el poniente de manera particular se asoman cambios grandes que están presentes no solo en lo que observamos, sino también en cómo vivimos el espacio en donde habitamos y somos ciudad. Porque la brisa del aire fresco no se filtra más por las hojas de los árboles para quitarnos el calor bochornoso que sentimos cuando la temperatura alcanza más de treinta grados centígrados y lo que se erige hoy en los lugares donde yacían estos árboles son una cantidad aberrante de edificios residenciales y comerciales de lujo, que detonan el ruido que el sistema mundo predispone, ese que se escucha cada vez que quienes tienen el poder adquisitivo consumen todo lo que se produce cada día como un elemento de vital importancia para satisfacer “necesidades”, pero que habla del caos porque, mientras tanto, el agua, la luz natural, un aire limpio, la tranquilidad de saberse pertenecientes a un lugar no existen y en cambio se establecen acciones de despojo, para sustentar la vida que se construye con dichos proyectos.
El sector inmobiliario y comercial han ganado terreno en las últimas dos décadas, más que nunca en el centro de la ciudad, porque este centro simboliza poder, mismo que tiene este centro como resultado de su ambiente natural y su construcción histórica. Misma, que deja reminiscencias en los habitantes que construyen el presente de un lugar que más que ser un centro de inversión y consumo para ciertos actores sociales, es un espacio de pertenencia por lo que significa para quienes se autonombran o se reconocen como pueblos originarios, pues en estas comunidades se acentúan valores que emergen del origen, del pasado, de la tradición y de la memoria que pervive en su actuar cotidiano, porque es en lo cotidiano en donde se modifican los valores. Asimismo, la vida que va construyendo el poder de la industria inmobiliaria en sitios de la ciudad que tienen historia y memoria colectiva también borra lo anterior cada vez que las políticas públicas de desarrollo urbano y el poder económico del sector privado se unen para reconfigurar el paisaje urbano en la actualidad. La renovación y la inclusión son discursos que giran entorno a los cambios de los que somos presentes cada día cerca o lejos de nuestro habitar, como ciudadanos interactuamos con esta nueva forma de Ciudad que evoca el desplazamiento de quienes no comparten la visión del mundo que se construye y se reafirma cada día con un nuevo complejo residencial y comercial, identificando este proceso por parte de académicos expertos en temas de urbanismo, antropología y política, pero también por quienes han sufrido los efectos de este accionar que es nombrado como Gentrificación. Es entonces que hay preguntas imprescindibles para comprender las transformaciones actuales en el espacio urbano, como ¿qué es el proceso de gentrificación? ¿qué elementos podemos percibir nosotros como ciudadanos entorno a los cambios que surgen con este fenómeno urbano? ¿quiénes son los pueblos originarios de la Ciudad?, ¿por qué están siendo afectados? y ¿Cuál es su hacer frente a las consecuencias que origina la gentrificación?
Origen del término gentrificación
La primera ocasión en la que se utiliza este término es en la década de los 60´s en el Reino Unido, la socióloga Ruth Glass observa cómo es que los obreros que habitaban algunos barrios cerca del centro de Londres son desplazados por la llegada de habitantes de clase media alta a dichos sitios, puesto que en este proceso se transforman y se forman los lugares de acuerdo a las necesidades de los nuevos residentes, que conforme a los diversos estudios urbanos que se han realizado hasta la fecha se percibe que siempre son personas que tienen un mayor nivel adquisitivo en contraste con los habitantes que originalmente residen en cierto espacio territorial. Por tal motivo, la condición social de los recién llegados genera que se renueven edificaciones de carácter residencial y espacios que los circundan, por consiguiente, se produce un incremento en las rentas y/o compra de las viviendas de las que se desplazan los habitantes que en ese momento formaban parte de la clase obrera. Es así, que la marcada diferencia que presenció Glass entre estos estratos sociales propició que eligiera el derivado “gentry “que hacía referencia a una condición social burguesa rural que es típica de Gran Bretaña y a manera irónica surge el antecedente del término actual (Diaz, I. 2013; Saldaña, D. 2024).
Características de la gentrificación en el caso Ciudad de México
A partir de dicha mención en cuanto a cómo es que se genera este térLeer más→
A la luz de las divas pop
Por Diego Medina
Hace unos días se viralizó un video en el que una residente de Sao Paulo le pedía al alcalde llevar más divas pop a Copacabana, “no hombres, divas pop” repitió efusivamente la mujer. La petición, junto a los números que lograron Lady Gaga, Shakira y Madonna en la playa brasilera, nos revela algo que por transparente parecía invisible: la influencia de las divas pop marca las sociedades y puede que hasta las transforme, muy a pesar de la ortodoxia de los camaradas más puros. “Cuando un gay es joven elige una diva pop y ésta será su guía el resto de la vida”, se puede leer en una publicación de humor pop. Me atrevo a decir que tal elección es comparable con la que hacen los fifes cuando escogen el equipo al que le dedicarán porras el resto de sus días.
La necesidad de destacar las ventas de discos, el posicionamiento en las listas, los estadios llenos, los premios y las nominaciones se convierten en una guerra santa en los comentarios y publicaciones de redes sociales, aunque a fuerza de ser sinceros nunca hizo falta Instagram o tik tok para la vorágine de pasiones en la que se enfrascan los fandoms de las divas pop. Hay en estas celebridades un apostolado casi erótico. Sin embargo, se menosprecia su influencia, así como las diosas del viejo mundo fueron degradadas a brujas por el catolicismo, la modernidad dialéctica insiste en reducirlas a barbies útiles al capitalismo, incapaces de pensar por sí mismas y, mucho menos, de rebelarse contra el sistema que las canonizó. Y si alguna se atreve, que piense en Sinnéad O’Connor antes de abrir la boca.
Habría que pensar en las veces que las divas pop, sin bajar del OlimpoLeer más→












