El acuerpamiento de un pueblo originario de la Ciudad de México en contra del proceso urbano de gentrificación

Por Ana Belén Sánchez Jiménez

¿Qué nos sugiere la construcción de la ciudad que necesitamos los habitantes de grandes cuidades como es el centro de México? Cuando observamos como transeúntes o como habitantes los espacios del centro, el sur, el norte, el oriente y el poniente de manera particular se asoman cambios grandes que están presentes no solo en lo que observamos, sino también en cómo vivimos el espacio en donde habitamos y somos ciudad. Porque la brisa del aire fresco no se filtra más por las hojas de los árboles para quitarnos el calor bochornoso que sentimos cuando la temperatura alcanza más de treinta grados centígrados y lo que se erige hoy en los lugares donde yacían estos árboles son una cantidad aberrante de edificios residenciales y comerciales de lujo, que detonan el ruido que el sistema mundo predispone, ese que se escucha cada vez que quienes tienen el poder adquisitivo consumen todo lo que se produce cada día como un elemento de vital importancia para satisfacer “necesidades”, pero que habla del caos porque, mientras tanto, el agua, la luz natural, un aire limpio, la tranquilidad de saberse pertenecientes a un lugar no existen y en cambio se establecen acciones de despojo, para sustentar la vida que se construye con dichos proyectos.

El sector inmobiliario y comercial han ganado terreno en las últimas dos décadas, más que nunca en el centro de la ciudad, porque este centro simboliza poder, mismo que tiene este centro como resultado de su ambiente natural y su construcción histórica. Misma, que deja reminiscencias en los habitantes que construyen el presente de un lugar que más que ser un centro de inversión y consumo para ciertos actores sociales, es un espacio de pertenencia por lo que significa para quienes se autonombran o se reconocen como pueblos originarios, pues en estas comunidades se acentúan valores que emergen del origen, del pasado, de la tradición y de la memoria que pervive en su actuar cotidiano, porque es en lo cotidiano en donde se modifican los valores. Asimismo, la vida que va construyendo el poder de la industria inmobiliaria en sitios de la ciudad que tienen historia y memoria colectiva también borra lo anterior cada vez que las políticas públicas de desarrollo urbano y el poder económico del sector privado se unen para reconfigurar el paisaje urbano en la actualidad. La renovación y la inclusión son discursos que giran entorno a los cambios de los que somos presentes cada día cerca o lejos de nuestro habitar, como ciudadanos interactuamos con esta nueva forma de Ciudad que evoca el desplazamiento de quienes no comparten la visión del mundo que se construye y se reafirma cada día con un nuevo complejo residencial y comercial, identificando este proceso por parte de académicos expertos en temas de urbanismo, antropología y política, pero también por quienes han sufrido los efectos de este accionar que es nombrado como Gentrificación. Es entonces que hay preguntas imprescindibles para comprender las transformaciones actuales en el espacio urbano, como ¿qué es el proceso de gentrificación? ¿qué elementos podemos percibir nosotros como ciudadanos entorno a los cambios que surgen con este fenómeno urbano? ¿quiénes son los pueblos originarios de la Ciudad?, ¿por qué están siendo afectados? y ¿Cuál es su hacer frente a las consecuencias que origina la gentrificación?

 

Origen del término gentrificación

La primera ocasión en la que se utiliza este término es en la década de los 60´s en el Reino Unido, la socióloga Ruth Glass observa cómo es que los obreros que habitaban algunos barrios cerca del centro de Londres son desplazados por la llegada de habitantes de clase media alta a dichos sitios, puesto que en este proceso se transforman y se forman los lugares de acuerdo a las necesidades de los nuevos residentes, que conforme a los diversos estudios urbanos que se han realizado hasta la fecha se percibe que siempre son personas que tienen un mayor nivel adquisitivo en contraste con los habitantes que originalmente residen en cierto espacio territorial. Por tal motivo, la condición social de los recién llegados genera que se renueven edificaciones de carácter residencial y espacios que los circundan, por consiguiente, se produce un incremento en las rentas y/o compra de las viviendas de las que se desplazan los habitantes que en ese momento formaban parte de la clase obrera. Es así, que la marcada diferencia que presenció Glass entre estos estratos sociales propició que eligiera el derivado “gentry “que hacía referencia a una condición social burguesa rural que es típica de Gran Bretaña y a manera irónica surge el antecedente del término actual (Diaz, I. 2013; Saldaña, D. 2024).

 

Características de la gentrificación en el caso Ciudad de México

A partir de dicha mención en cuanto a cómo es que se genera este término desde una visión académica, se establecen las bases de todo lo que implica el proceso de la Gentrificación. Sumado a esto, actualmente Michael Janoschka (2015) plantea los siguientes aspectos relevantes para su identificación: 1) Invasión del capital en un espacio ubicado en un barrio determinado; 2) la transformación no solo física, sino también, simbólica de este espacio a partir de dicha acción de invasión; y como ya se mencionó, pero dándole un énfasis 3) la expulsión de clases populares en las que no solo son desplazados los habitantes, también sus subjetividades, formas de apropiar el espacio y maneras de convivir en un espacio determinado, lo que propiciara injusticias en mayor grado a cierto grupo en contraste con otros grupos que habitan el mismo espacio.

La acción de este proceso conlleva al desplazamiento de quienes han pertenecido por un tiempo prolongado a un espacio territorial, así comienza una serie de despojos que no radican solamente en la materialidad que es el espacio y/o los lugares, también está lo inmaterial, aquello que tiene que ver con las vivencias y la memoria de los habitantes del lugar. Espacio en el que penetra la transformación a partir de la renovación y/o edificación de desarrollos residenciales y comerciales, lo que a su vez, genera cambios en las estructuras económicas y, por ende, en la recompocion social y cultural que será distinta a la que se encontraba asentada en dicho espacio hasta antes de la llegada del nuevo torrente de proyectos, que tienen como impulso el capital y, en consecuencia, valores que enmarcan productos que son meramente capital económico. Es sumamente importante considerar que los grupos que se instalan en determinado espacio territorial tienen el poder no únicamente adquisitivo, que determinará la transformación, sino que también existe ese poder que con anterioridad ha logrado expulsar otras formas de vivir, pensar, sentir y existir, llámense en este caso locales u originarios. Este es el poder de la imposición por la diferencia, porque el valor de ciertos rasgos culturales y sociales ha imperado históricamente.

Bien se menciona que la acción de los gentrificadores, es impulsada por una dinámica de poder externo sobre los espacios locales y las personas originarias del lugar, puesto que existe también transformaciones simbólicas, con las que conjuntamente, se exhibe un nuevo poder que paulatinamente se instala y avanza para suprimir o eliminar espacios físicos y, por consiguiente, experiencias locales o tradicionales que son parte de la identidad cultural de la comunidad originaria de dicho sitio. Por esta razón, el gentrificador establece su presencia a partir del acto de mejorar el espacio territorial; las fachadas, los lugares en común y la creación de nuevos espacios expresan una presencia que es señal de poder económico, además, manifestación de sus preferencias culturales, lo cual enmarca la diferencia entre su habitar y el de los otros grupos de habitantes establecidos con anterioridad en el espacio. Es así que estos cambios transformadores hechos en nombre de la preservación del lugar son representación de la apropiación y a su vez de la diferencia (Hiernaux, D. y González, C. 2014; Hernández, A. 2022).

Es vital comprender las características de la gentrificación y su relación con el desarrollo urbano en grandes metrópolis. Este proceso, impulsado por la economía global y una cultura dominante, provoca problemas como los desplazamientos forzados, que se han incrementado en la Ciudad de México desde el inicio del nuevo milenio. Es entonces que nos preguntamos ¿y en México como se origina este proceso? Actualmente la Ciudad de México es parte de uno de los casos de gentrificación, sin embargo, este fenómeno se vislumbra a nivel mundial, obviamente en distintas formas y desarrollo de acuerdo con el contexto geográfico específico, ya que conforme a los estudios urbanos que previamente se tienen, es diferente el proceso de la gentrificación en ciudades anglosajonas en contraste con las ciudades de Latinoamérica. Bien menciona el doctor en urbanismo neoliberal Víctor Delgadillo (2016) que en este último caso, la gentrificación se puede identificar con respecto a dos características: 1) La implicación del Estado al impulsar negocios privados, a partir de la proclamación de políticas urbanas neoliberales y a favor del sector empresarial, siempre justificando y validando sus acciones con el discurso de crecimiento urbano sustentable. 2) El protagonismo de los barrios y centros históricos, tomando en cuenta las políticas de revalorización del patrimonio urbano en sus dimensiones materiales, económicas, simbólicas y culturales, misma categorización excluye la existencia de las personas en situación de calle, las practicas populares como el comercio ambulante y le otorga un carácter criminal a la pobreza.

Actualmente, en cuanto a la forma en que se erigen grandes proyectos inmobiliarios y comerciales en la Ciudad, hay una constante que proclama al Estado y sus instituciones como entes que impulsan por medio de políticas públicas y herramientas legales que se pueda llevar a cabo este tipo de proyectos, que previamente han sido pensados, diseñados y construidos a base de fuertes inversiones de capital económico. Es decir, los inversionistas privados extranjeros o nacionales pueden reproducir este fenómeno urbano porque existen herramientas que sostienen este modelo de ciudad, demostrando que las verdaderas necesidades a cubrir con cada decisión tomada por las redes de poder político y económico son las necesidades que requiera la hegemonía neoliberal, en la que el objetivo de determinados grupos de poder será llegar a cierto nivel de beneficios económicos. Es entonces, que se pretende hacer de la Ciudad de México una megápolis competente económicamente a nivel global, por lo tanto, se adopta una política neoliberal que comienza el desarrollo de la restructuración económica. Por ende, en ese momento, las acciones que llevó a cabo el Gobierno Federal en turno del Distrito Federal, fueron la creación de políticas públicas diseñadas para crear transformaciones socio-espaciales, puesto que proclamaron nuevas maneras en las que se debía ordenar, diseñar y reconstruir el espacio urbano de la capital mexicana (Hidalgo y Janoschka, 2014; Delgadillo, V. 2016).

Según el Congreso de la Unión (2024), las políticas públicas son decisiones estatales para abordar problemas sociales. Sin embargo, en el desarrollo urbano de la Ciudad de México, la construcción frenética de grandes proyectos impulsada por el mercado inmobiliario y grandes asociaciones privadas, legitimizadas por el Estado, revela una visión vertical. Estas políticas priorizan las necesidades productivas y económicas de ciertos agentes, no las de la población. Esto ha convertido el suelo céntrico en un objeto de poder, generando oportunidades solo para unos pocos.

El suelo se convierte en un bien preciado para el sector privado que tiene la oportunidad de actuar a partir de las condiciones que propicia el Estado, por medio de las diversas políticas públicas con nombres como Bando 2, Desarrollo Urbano Competitivo, Ciudad Compacta y Programa Nacional de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano, que desde el año 2000 hasta la actualidad se manifiestan a favor de la repoblación de distintas zonas para impedir la expansión urbana, es entonces que se evoca la redensificación de zonas territoriales que posean un acceso benéfico para los medios de transporte y servicios, además de rescatar el espacio público y por ende, la creación de zonas que desempeñen un desarrollo económico y social favorable, de ahí el hecho de renovar centros de colonias populares, corredores urbanos y su patrimonio cultural y, finalmente, reducir el empleo del transporte público y por ende cuidar el medio ambiente (Delgadillo, V. 2016).

Por lo tanto, una vez que el Estado valida las herramientas oficiales, para el “mejoramiento “de zonas estratégicas de la ciudad y el “bienestar “de los ciudadanos, se produce un proceso de reestructuración urbana que se enfoca en la recuperación y creación de áreas urbanas nuevas que fomenten el crecimiento económico y, por ende, que México pase a ser contemplado como un país competitivo a nivel global. Pero, ¿quiénes son las comunidades que viven las dificultades e injusticias que causa la gentrificación?

 

Ser pueblo originario en la Ciudad de México

La Ciudad de México está compuesta por dieciséis alcaldías, en las que viven las reminiscencias del pasado, de tal forma también pervive la manera de comprender el territorio, la comunidad y la identidad cultural, es decir, la ciudad está compuesta por pueblos, en los que habitan comunidades que tienen su propio modo de existir en la ciudad, por lo que sus valores y su forma de significar su mundo se ven profundamente afectados por la manera en la que opera el fenómeno de la gentrificación. Es entonces que, de acuerdo con diversos autores que han estudiado el tema, se puede identificar a los pueblos originarios de la ciudad debido a sus características.

Además, la declaración de la Ley de Derechos de los Pueblos y Barrios Originarios y Comunidades Indígenas de la Ciudad de México (2019) complementa expresando que los pueblos originarios serán aquellos que procedan de poblaciones que estuvieron asentadas en la Ciudad de México desde antes del proceso de colonización y de la creación de las fronteras vigentes. También preservan sus propias instituciones sociales, económicas, culturales y políticas, con ello parte de sus sistemas normativos, su tradición histórica, territorialidad y cosmovisión; además de que disponen de autoridades que dentro de su tradición ellos mismos escogen de acuerdo a sus sistemas normativos, y poseen conciencia de su identidad colectiva como pueblo originario.

Por lo que los elementos antes expuestos disponen el arraigo a su territorio, por ende, se construye una manera de vivir que choca con la visión del sistema mundo, en cuanto a los espacios de la ciudad que son renovados para seguir reproduciendo un discurso de progreso que como se expondrá en el siguiente caso particular, en el pueblo originario de San Sebastián Xoco únicamente ha beneficiado a ciertos sectores de la sociedad mexicana.

 

El pueblo de San Sebastián Xoco

El pueblo originario de San Sebastián Xoco se encuentra ubicado al sur de la Ciudad de México, pertenece a la Alcaldía Benito Juárez, que es considerada una de las cuatro alcaldías céntricas. Ahora bien, debido que a través del tiempo ha habido transformaciones en el espacio territorial del pueblo de Xoco, se puede determinar conforme a las características en cuanto a su pasado agrícola, que Xoco forma parte de la siguiente categoría:

Pueblos urbanos con pasado rural reciente. Se trata de pueblos que perdieron su carácter rural y agrícola en las últimas 4 o 5 décadas. Son más de 30 pueblos ubicados en las delegaciones de Iztapalapa, Coyoacán, Iztacalco, Benito Juárez, Venustiano Carranza y parte de las delegaciones mencionadas antes (Portal, M. y Álvarez, L, 2011).

Es entendible la categoría que se le asigna a este pueblo una vez que en la actualidad se camina sobre la calle Real de Mayorazgo y sus calles colindantes, puesto que como transeúntes nos proporciona, aunque limitado, un panorama característico de un pueblo, debido a la presencia de casas de aspecto colonial que la mayoría son de dos pisos de altura, la construcción de la capilla y los comercios locales que van desde diversas estéticas, barberías, tiendas de abarrotes, hasta el comercio informal como puestos de antojitos mexicanos, además, de cocinas económicas. Aunque a la vista, no son solo estas características las que generan su anunciamiento como pueblo originario. A lo largo del tiempo, ha habido excavaciones en distintas zonas dentro del espacio territorial que abarca el pueblo, lo que ha llevado a la obtención de innumerables hallazgos arqueológicos, que lo posicionan como un pueblo que tiene un origen prehispánico reconocido en las investigaciones generadas por los arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Posteriormente, el nombre del pueblo que prevalece en la actualidad es el de San Sebastián Xoco, lo que quiere decir que ha conservado el nombre que le fue asignado durante la época de la colonia, que es el de un santo patrono llamado San Sebastián Mártir, pero también se le ha añadido un nombre en náhuatl que es Xoco, su significado es “lugar de frutas agrias”. Otro elemento, que en este caso específico evoca el pasado del pueblo, es el vínculo que tenían con la tierra, el control con sus territorios y sus recursos naturales, sin embargo, poco a poco se ha perdido dicho territorio para la ocupación agrícola, al igual que los recursos naturales como el agua por el entubamiento del Río Churubusco, en este caso se menciona que el pueblo de Xoco comprende 30 hectáreas (0.3 km2), que sería el 1.12 por ciento de los 26.63 km2 del territorio total de la demarcación Benito Juárez. a pesar de que su espacio territorial es reducido ha sido mayormente limitado debido a las grandes edificaciones que se encuentran en el interior y/o alrededor del espacio que ocupa el pueblo. También se encuentra como elemento de suma importancia la reproducción de un sistema festivo que está basado en la celebración a San Sebastián Mártir de Xoco, en la que se realiza una fiesta patronal, el día domingo después del veinte de enero de cada año, de acuerdo con la memoria del pueblo ha sido celebrada durante los últimos noventa años. En la que la organización de la misma, sería a partir del sistema de cargos, que es una institución religiosa y política en las comunidades de los territorios de Mesoamérica; en el caso de Xoco existe el cargo tradicional que es el responsable de la fiesta, que sería el mayordomo en turno, además de las familias originarias que cooperan con diversos recursos económicos y en especie, además de con su presencia para apoyar durante toda la celebración. El siguiente componente es la existencia de pocas familias originarias; con precisión, el 41 por ciento de la población tiene más de 20 años viviendo en el pueblo, que a su vez con las nuevas generaciones mantienen las estructuras de parentesco consolidadas. Seguidamente, en el mismo territorio se encuentra el panteón Xoco, en el que la mayoría de las familias originarias poseen predios de perpetuidad, además, de que algunos predios pertenecen a habitantes del pueblo vecino que es el de Santa Cruz Atoyac. Finalmente, su asentamiento urbano está caracterizado por un centro que gira en torno a la capilla de San Sebastián Mártir, edificada en 1663 por una orden franciscana, que se establece como un elemento distintivo de este pueblo originario (Portal y Álvarez, 2011; Novoa, 2016; Ramírez, 2019; Ramos, 2020; Arceo et al., 2021; Garza et al., 2022).

Aunado a las características antes expuestas, a partir del año 2018 es cuando empieza a tener mayor fuerza el autodenominarse a sí mismos como pueblo originario y es que desde la llegada del proyecto Mitikah han existido múltiples problemas que han perjudicado a los habitantes de Xoco, porque como se vislumbra su carácter de ser lo otro, que no es lo que promueven con el proyecto residencial y comercial, produce que se cometan injusticias ante los vecinos que no están de acuerdo con dicho proyecto; por ello, los originarios comienzan a organizarse para llevar a cabo una lucha colectiva que defienda los derechos que les proporciona el Estado al nombrarse así, es decir, que para los habitantes originarios de Xoco que son parte de la Asamblea Ciudadana de Xoco,—misma de la que se hablará en el siguiente apartado—, ser un pueblo originario forma parte de una cuestión identitaria de saberse quiénes son, por habitar el territorio al que han pertenecido durante toda su vida y por la manera en la que viven ahí, es decir, por sus costumbres y tradiciones, como expresa una vecina originaria de Xoco: “Somos pueblo originario, desde el año 2018 y está registrado como pueblo. Nos reconocemos por nuestras tradiciones, nos conocemos entre nosotros, por las familias sabemos a dónde vive cada familia, bueno los adultos mayores” (Lilia Suárez, comunicación personal, 05 de abril de 2024).

Desde el inicio de la defensa de su territorio en contra de Mitikah, los originarios de Xoco, dentro de la Asamblea Ciudadana, han organizado y forjado un cuerpo político, con el que colectivamente toman la palabra para hacer consientes a otros vecinos de por qué es importante reconocerse como pueblo originario, bien es expuesto por una de las integrantes de la Asamblea, siendo en edad la más joven, Addi Palacios, entrevistada por Beristain, (2024) : “La importancia de ser pueblo originario es no perder el título, ya que como pueblo originario tenemos bastantes derechos y uno de esos derechos es principalmente que pasa dentro de nuestro territorio. Podemos tomar nuestras propias decisiones, tenemos autonomía”.

Es decir, para los originarios de Xoco el autodenominarse pueblo originario es algo nuevo, pues de acuerdo a lo que han expuesto los originarios en conversaciones aleatorias, en el pasado nunca hubo problemas tan grandes, en los que se necesitara la organización e intervención de un órgano creado por los vecinos, como lo es una asamblea, empero, el ser pueblo originario, eso lo han sido desde que llegaron al territorio que habitan, ya que, pese a no tener una organización con instituciones bien asentadas, ellos saben que el reconocerse por medio de las familias que han vivido ahí por años, pertenecer a un territorio que es tan antiguo que tiene una aldea teotihuacana, reproducir tradiciones como la fiesta patronal y hacer la elección de la mayordomía, que son los encargados de llevar acabo las costumbres entorno a dicha fiesta, además, de organizar comunitariamente la participación de los habitantes, como elementos que componen su identidad cultural, los hacen ser pueblo originario.

Y, sin embargo, como se menciona anteriormente las dependencias gubernamentales del Estado, construyen, categorizan y resuelven generalizadamente la concepción de pueblo originario, en la que posiblemente de esta manera se pueda generar un mayor control en los diversos mundos que conforman a estos pueblos. Y es que poseer el espacio territorial no solo se vincula con tener el poder para transformarlo, sino también para controlar todo aquello que se encuentre relacionado con el territorio, es decir, los recursos naturales, las tradiciones y las memorias del porvenir como ocurre con la llegada del caso Mitikah al pueblo de Xoco.

 

El proyecto Mitikah para el acuerpamiento de la Asamblea Ciudadana de Xoco como forma de defensa del territorio

De acuerdo con la página oficial de internet, Mitikah. Ciudad Viva es el proyecto inmobiliario más grande de América Latina. El conjunto habitacional cuenta con amenidades como un salón de eventos para 300 personas, sala de cine, alberca, ludoteca, área de jugos infantiles, cine, spa, oficinas, sauna, gimnasio, salón de yoga, consultorios, hospital, etcétera. Mientras que el centro comercial tiene 280 espacios comerciales divididos en 5 niveles en los que se encuentran tiendas departamentales de lujo con diversos servicios como moda, accesorios, entretenimiento, gastronomía, etcétera.

Es decir, es un megaproyecto inmobiliario y residencial que ocupa 1 028 071.96 metros cuadrados en su totalidad, de la zona en donde se encuentra también el pueblo originario de Xoco. En este proyecto interviene el fideicomiso de Inversión de Infraestructura, Bienes Residenciales y Arrendamiento (FIBRA UNO), el cual consta de un conglomerado de 80 actores privados de los que se tiene el conocimiento de 4 empresas inmobiliarias, 6 empresas constructoras, 8 empresas vinculadas a servicios residenciales, es decir, de seguridad, mantenimiento y cuidado de áreas comunes, 18 fondos de inversión regidos por el banco BBVA Bancomer y finalmente, 45 empresas asociadas a bienes y servicios, entre ellas cadenas de alimentos y bebidas, tiendas de departamentales, etc. (Ramírez, M. 2019; Guevara, P. 2020).

Por lo que desde el inicio de la construcción que fue en el año 2008, hasta que se inaugura la plaza comercial y residencial Mitikah, además de otros tantos edificios que incluyen un hospital y oficinas en 2022, se han suscitado innumerables problemas como lo han expuesto los habitantes de Xoco en diversos medios de comunicación, como el periódico Excelsior y Reforma. En primera instancia, las labores para la construcción del proyecto, se iniciaron cuando aún no tenían un programa interno de protección civil y tampoco existía la legitimidad del proyecto por dicha institución. Seguidamente, pese a que no hubo una inspección minuciosa de los requisitos para iniciar el proyecto, durante su construcción en el año 2010, los vecinos de Xoco detectan afectaciones con respecto a las viviendas que se localizan en la calle San Felipe, a su vez, hasta ese momento se tenía el registro de por lo menos 150 denuncias de agrietamientos en sus casas, además del daño más grande que fueron fracturas a la Parroquia de San Sebastián Mártir que data del siglo XVII. Todas las afectaciones son la consecuencia, de las labores que se inician, además de la tala ilegal de 56 árboles que se encontraban en la calle Real de Mayorazgo, esto con motivo de clausurar la calle, como consecuencia, la Secretaria del Medio Ambiente de la Ciudad de México sancionó a los propietarios del proyecto (FIBRA UNO) con una multa de 40 millones 833 mil pesos mexicanos. Ante esta situación, el gobierno de la Ciudad negocia con dicho fideicomiso para que el pago sea por medio de medidas de mitigación por los destrozos que había ocasionado la construcción. Sin embargo, dentro de las medidas de mitigación existe la rehabilitación de la calle de Real de Mayorazgo, que es parte de otra de las acciones que detonan la problemática de ruptura del capital social del pueblo de Xoco, ya que hay una división de opiniones en las que una parte de la comunidad se encuentran a favor y otra parte en contra de la construcción del proyecto. Y por medio de supuestas consultas que se realizan a solo una sección de la comunidad, es posible el cierre y apropiación de la calle Real de Mayorazgo, pues a partir de este momento esta calle emblemática del pueblo forma parte de una glorieta ajardinada que crearon para la renovación del espacio público y la integración de la misma a la plaza comercial del proyecto Mitikah.

Bien explica Rivas, integrante de la asamblea en entrevista elaborada por León (2021):

De autorizarse el proyecto, cerrarían el principal acceso vehicular del pueblo, además, la desarrolladora difunde entre los vecinos los supuestos beneficios de las obras, mientras recaban datos personales. Inclusive se avalan los trabajos de mitigación a través de la jefa de Gobierno[1].

A partir de las vivencias de los vecinos de Xoco, estos se hallan inconformes por las transformaciones de su espacio territorial, que también ha conllevado como consecuencias un aumento en el pago del predio y el agua, así como la falta constante de este servicio básico y la complicación en la movilidad de los habitantes en el pueblo, pues no existe prevención en cuanto a lo peligroso que es para los habitantes de Xoco, que no existan medidas para resguardar su integridad en las calles, dado que la traza urbana del pueblo está diseñada para una menor cantidad de habitantes en comparación con la cantidad de automovilistas que a diario circulan por sus calles, un poco por la torre residencial y otro tanto, por el acceso a la plaza comercial. Ya que desde un inicio los desarrolladores de este proyecto concibieron que habría un total de 30 mil residentes que ocuparían el desarrollo de usos mixtos, además, consideraron que habría al menos 120 mil personas entrando semanalmente a este espacio territorial, debido a la oferta laboral y como visitantes del complejo de usos mixtos, es decir, que el espacio del pueblo de Xoco acogería a 150 mil personas en total (Ramírez, M. 2019).

Las vecinas originarias e integrantes de la Asamblea Ciudadana de Xoco comentan: “El pueblo ya no es el de antes, muchos vecinos que también eran originarios, se han ido porque no tenían para pagar sus servicios como predial o agua, porque subieron mucho” (Lidia Suarez, Comunicación personal, 28 de diciembre de 2024).

Muchos pobladores se tuvieron que salir de aquí porque no podían pagar el predial, nosotros aquí pagamos cuarenta y seis mil pesos, antes pagábamos mil o dos mil pesos, ósea fue subiendo, porque ahora somos zona “residencial”. (Julia Torres, 2023)

El creciente aumento de problemáticas en el pueblo de Xoco ha producido la organización de los vecinos originarios que no están de acuerdo con dicho proyecto, para la protección no solo de su espacio territorial, sino de todo aquello que resguarda el territorio que es su identidad, sus tradiciones, su forma de pensar y pertenecer al lugar en el que han vivido por sesenta u ochenta años, es decir, lugar donde se asientan sus memorias de vida. Es así que la defensa de su pueblo solo es posible por medio de la acción del cuerpo como individuos, como comunidad originaria del pueblo y como seres políticos, porque reconocen los problemas que ocasiona el proyecto Mitikah, mismo que rebasa lo que serían capaces de tolerar los habitantes, por lo que también su voz los enuncia, lo que conlleva a que estén presentes para hacer una resistencia social, que es nombrada como Asamblea Ciudadana de Xoco.

El cuerpo funge como medio en el que se expresa lo que se siente al rememorar, a su vez, es lo que impulsa el hacer, puesto que el cuerpo intenta encontrar respuestas a través del movimiento, pese a que las preguntas que se plantean una vez que surge el conflicto son complicadas, en ocasiones dolorosas, y muchas veces no tienen respuesta, y sin embargo, se genera un proceso en donde se efectúa el hacer, de quienes se identifican y autodenominan habitantes originarios de Xoco, porque existen como un conjunto de personas que poseen una identidad colectiva, que se encuentra forjada por una memoria que pervive en su pertenecía al espacio territorial, mismo por el que deciden comenzar una lucha social a través de acuerparse.

Esta última palabra, acuerpar, de acuerdo a la definición de la Asociación de Academias de la Lengua Española significa: “Apoyar a una persona, a alguien o a algo, como una iniciativa o una propuesta”. Conforme a los estudios sociales, el empleo de esta palabra en los movimientos sociales se vuelve más significativo, es decir, por medio del acuerpamiento las comunidades o personas resisten a las represiones producidas por llámese el capitalismo, el colonialismo, el racismo o el patriarcado, es así, que a través del acuerpamiento los seres humanos se ayudan con energía y fuerza política, afectiva y espiritual, con la que cuenta cada persona, pero también la que se forma en colectivo durante el proceso de resistencia (Modii, 2025).

Pues bien menciona la defensora del feminismo comunitario, maya-xinka de Guatemala Lorena Cabnal (s.f.), como citó Modii, acuerpar es: “Un acto de resistencia personal y colectiva de nuestros cuerpos que se manifiestan ante las injusticias que viven otros cuerpos”. 

En tanto, desde la perspectiva que plantea dicha activista, no es meramente el apoyo del otro tras la indignación que se siente por la injusticia que atraviesan los demás, es ser capaz de sentir que la vivencia ajena es propia, desde el individuo y así, durante el acuerpamiento acompañar y compartir pesares, para que se produzca entre todos los cuerpos un vínculo, que siempre procede a revitalizarse para recuperar la alegría.

Un testimonio recuperado en el libro Peritaje Social, Antropológico y en Derechos Humanos del Pueblo Originario de San Sebastián Xoco, Pueblo de Xoco por Olivares, M. et al. (2023):

La asamblea ciudadana está, bueno, es un grupo, es un colectivo que se dedica a defender parte del territorio y vida de Xoco. Entonces yo me uní a ellos en el 2019; este, eran prácticamente un colectivo grande, y después obviamente por ciertas riñas que se han tenido, y por, eh, grupos que se dedican a separar al pueblo de Xoco, este, ya era un colectivo de 20 mujeres. Y fueron las 20 mujeres las que seguimos, ósea, defendiendo a Xoco. O sea, seguimos defendiendo la tradición, la vida. De hecho, la asamblea, no sé si ustedes vieron que había unos tapiales aquí en Mayorazgo, esos tapiales lo que quería Mitikah, desde un principio era adueñarse de la calle, quitarnos ese paso, digo se adueñaron, digo, pero les complicamos la existencia dos años, con amparo, haciendo resistencia en calle, y pues prácticamente fue el colectivo de puras mujeres el que, el que hizo eso. Muy pocos hombres se acercan, la verdad.

Es decir, hay un fuerte reconocimiento del trabajo que han hecho las mujeres habitantes de Xoco e integrantes de la asamblea, a partir de la resistencia y la lucha social durante aproximadamente catorce años en los que el poder económico y político ha erigido un monstruo que les ha arrebatado el sol natural, el aire limpio, el agua diaria, el tiempo en el que llevan acabo sus fiestas patronales, el respeto y la confianza entre vecinos, por ende la seguridad y la paz de vivir en un pueblo originario en la Ciudad de México. Pese a todo lo negativo que va surgiendo durante su lucha, también, se construyen vínculos entre mujeres que se unen por un objetivo común que es defender a Xoco, pero que en el camino han aprendido a conocerse entre sí, porque cambian en el proceso con las otras, con las que quedan, con las que están presentes para sostenerse en conjunto, porque es ahí, en donde se conocen mutuamente, al compartirse los miedos, valores, aspiraciones y alegrías, mismas que las hacen empujarse para ser juntas, aunque sean diez o quince personas, son la memoria, la permanencia del cuerpo, que siente todo lo que los mueve y por lo que perviven en el poder ser originarios del pueblo de Xoco.

Julia Torres y Lidia Suárez integrantes de la Asamblea expresan:

Para mí, la asamblea significa muchas cosas, entre ellas la gran lucha que estamos haciendo, estamos para defender al pueblo, no para hacerle mal al pueblo y en esa defensa estamos todos los que vivimos aquí. Nos motiva seguir en la lucha, seguir, porque si no, ¿Qué va a pasar?, ¿Quién le va a seguir?, si no le hubiéramos seguido, Clara Brugada ni se da cuenta, ¿Qué hubiera pasado?, ahorita por lo menos ya se paró. (Comunicación personal, 08 de enero 2025)

Mis hermanos me dicen, ya deja de estar de “mitotera “, y yo les respondo que no es mitote, yo estoy luchando por mi pueblo, mi tierra, mi casa. Yo estoy luchando, no nada más por mí, estoy luchando por ustedes, por todos. No sabemos cuándo les pueden quitar su casa. Y ellos me responden, que eso no lo sabían. (Comunicación personal, 28 de diciembre 2024)

Mientras que, la reportera Luna (2022) de AJ+ español recopila la visión de Eva Lara y Addi Palacios integrantes de la Asamblea de Xoco:

¿Por qué pagamos?, ¿por qué decidimos? esta lucha que empezamos hacer algunos vecinos es porque yo aquí nací, aquí nació mi mama y aquí nació mi abuela y mi hija. Entonces, uno se apega a la tierra. No creo llegar a ver la extinción de Xoco, no creo que les sea tan fácil, todavía hay lucha, todavía hay fuerza.

Mis vecinos, aún ya grandes, personas de la tercera edad, salen, salen y se les ve el coraje, y se les ve que tienen ganas de luchar, entonces yo de eso, me agarro para salir, porque si mi abuela estuviera también estaría con ellos. Entonces, eso es lo que me dice, hay que seguir porque no puedes dejarlos solos, porque tienes que estar con ellos, porque Sara hubiera hecho eso, Sara era mi abuela.

 

Conclusiones

El fenómeno urbano de la gentrificación es más que la acción de despojar, es la reproducción de acciones de control, desprecio y segregación al otro distinto a mí, quienes no son, no piensan y no viven como yo, por ende, no merecen estar donde se construye el “progreso” de la Ciudad. Es decir, este tipo de modelos de planificación y desarrollo urbano insisten en ampliar la desigualdad en ámbitos económicos, sociales y culturales, porque las comunidades que viven la ciudad de forma distinta a este modelo no tienen cabida para habitarlo. Por eso, la lucha y la resistencia social en la actualidad se vuelve una acción sumamente utópica, porque más que nunca se necesitan comunidades que se acuerpen para formar cuerpos políticos que defiendan el territorio, los recursos naturales, la comunidad, las tradiciones, es decir, la vida que pervive en las grandes ciudades como México.

No hace falta decir que los pueblos que componen la ciudad tienen los mismos derechos que cualquier otro habitante, pues también son seres humanos que desean existir en una Ciudad Viva, pero no en aquella que es construida bajo el sacrificio de todo aquello que no entra en el discurso que el sistema-mundo ha reproducido, y éste es que todo es una mercancía o producto que se consume, acción que parece inofensiva, pero de la que formamos parte todos, puesto que nuestras acciones cotidianas importan, tanto que le pueden proporcionar más poder a quienes ya lo tienen y que con él crean proyectos inmobiliarios y comerciales en cada alcaldía de la Ciudad.

Es entonces que reconocer, valorar y comprender las luchas sociales en las que cada día la participación de las mujeres está más identificada que nunca es sumamente importante para el futuro de la Ciudad, porque así como el ámbito privado y público es capaz de formar redes de poder para despojarnos —de todo aquello que es originalmente de todos los mexicanos— y así forjar el espacio que hoy en día habitamos, también nosotras podemos hacer una red de defensa por la memoria, la identidad y la tierra, que actualmente debería ser nuestra herencia más significativa en contra de las violencias que se ejercen a los pueblos, las mujeres, la naturaleza y la vida que somos todos.

 

 

 

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[1] En su momento la jefa de gobierno era la actual presidenta de la república mexicana Claudia Sheinbaum Pardo.

 

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