Las históricas: Jorge Arturo Ojeda

Por Diego Medina

 

Este año he decidido ampliar los horizontes de la presente columna y escribir al menos una vez al mes sobre autores que han sido injustamente olvidados, segregados a la anécdota y al comentario al pie de página. Sirvan estas páginas como homenaje a aquellas reinas que pusieron el cuerpo al frente, y en la escritura, para nombrar lo que se ama. 

 

Jorge Arturo Ojeda nació el 18 de abril de 1943 en la Ciudad de México, fue un prolífico escritor de narrativa, ensayo y crítica, pero sobre todo fue un amante de la belleza y un pionero de eso que llamamos literatura gay. Entre sus obras destacan Muchacho solo (1976), Octavio (1982), Carne y hueso (1998) y Personas fatales (1975) entre otros. Su valía literaria no necesita apologistas, Jorge Arturo Ojeda crea escenarios inmersivos en las descripciones de sus relatos, inserta adagios populares y nos ilumina con una metáfora en el momento oportuno.

 

Una de las virtudes de Ojeda respecto a la literatura gay es que en sus relatos los personajes gay no están codificados como parias, indeseables y no sirven para el escarnio de ninguna moral, por el contrario, muchos de los personajes son profesionistas, cultivados, intelectuales, tienen una sólida vida familiar, son a grandes rasgos personajes ordinarios, lo cual es relevante justo porque no hay monstruosidad, ni en un sentido rilkeano, ni en un sentido cine tipo b, en sus relatos.

 

Lo que sí que hay es una poética del cuerpo masculino exquisita, en este sentidoLeer más

Primer aniversario de “Con Q mayúsculas”

5 Lecturas recomendadas para cerrar el año

 

Por Diego Medina

 

Este año se cumplió un año de “Con Q mayúscula”, columna en la que hemos reseñado algunas obras destacadas de reciente publicación, donde también hemos dado cobertura a sucesos importantes que atraviesan a la comunidad LGBTTTIQ y donde hemos denunciado el genocidio en Palestina. ¡Qué linda es la ingenuidad de quien escribe por amor a la vida! Cuando empecé a escribir esta columna semanal no imaginé que mis palabras llegaran tan lejos, sin embargo, ha sido lindo ver cómo estas impresiones atraviesan latitudes y corazones.

 

Para nadie es sorpresa que ha habido períodos en que no se han publicado reseñas, esto se debe principalmente a la falta de tiempo, entre la universidad, la literatura, el trabajo y los proyectos, no me he dado abasto. Agradezco a los autores que han compartido las reseñas de sus obras, a Ximena Cobos quien ha tenido a bien facilitarme un espacio en Enpoli para hacer este ejercicio. Abrazo también a los lectores y a los amigos, que son casi sinónimo.

 

Por un breve momento pensé en abandonar definitivamente este trabajo, por momentos me desanimó la hostilidad del mundo editorial y cultural con la literatura LGBTTTIQ, por momentos también me reconocí incapaz de la titánica labor de leer todo lo que hace falta leer (hay tantas lecturas queer y tan buenísimas), también pensé que de todas maneras hay personas que ya se dedican a esto y lo hacen mejor que su servidor, pero luego de respirar hondo y poner los pies en el suelo la verdad toca a mi puerta: no hay esfueLeer más

La luz a través del prisma: el blanco, entre la luz y las sombras

Por Diego Medina

 

Estamos en las vísperas del fin de año y como todos los años las agencias de noticias hacen un repaso de los eventos más importantes del año, se comparten los wrapped de Spotify y Pantone ha anunciado el color del próximo año. Esto ha hecho que se susciten acaloradas discusiones, no sobre el genocidio en Gaza, ni sobre el intervencionismo yankee y el vergonzoso premio a la paz que la FIFA le dio a Trump, sino sobre el papel simbólico de la selección de Pantone. Algunos influencers sugieren que esto puede ser un guiño a la estética old money, a las tradwifes, al cleanlook y, desde luego, al ascenso de las utlraderechas, las cuales también son ultra conservadoras. Una idea interesante y aunque me parece que algo de razón lleva, también me parece que hay en disputa algo más, algo como la idea misma de la luz y el color.

 

Este año Rosalía estrenó Lux, su nuevo álbum. La crítica lo alabó, Björk colaboró en él y se presume como uno de los trabajos más “experimentales” de la española. La portada del disco tiene a Rosalía en primer plano cubierta con un hábito blanco y de fondo, no un azul cielo, sino el azul del cielo. De nuevo el blanco y lo etéreo, lo místico, lo impoluto forma parte del diálogo cromático. Debemos advertir que este álbum gustó mucho a los sectores conservadores de España, quizá por sus referencias visuales o porque la misma Rosalía dedicó este trabajo a Dios.

 

Pantone seleccionó el color blanco Cloud Dancer porque éste representa la renovación, el renacimiento y los nuevos comienzos. He aquí el hecho por el cual escribo hoy. Durante mucho tiLeer más

Después del daño una moderna declaración de odio desde las entrañas de la periferia

Por Diego Medina

 

Hace tiempo debí comentar alguno de los títulos de Bruno Bellmer, mas mea culpa, la tarea se postergó en mi escritorio durante mucho tiempo, en parte por el ajetreo urbano y las tribulaciones propias, pero sobre todo porque no encontraba las palabras adecuadas para hablar de la pluma de Bruno. Resulta que estamos ante una obra cruda, destripada, confrontativa e incómoda y por eso mismo genial y alucinante.

 

En Después del daño se narra la historia del Jordan, un bastardo que muchos desearían mejor no hubiera nacido, él mismo lo ha deseado a veces, pero fiel al instinto de supervivencia el Jordan se sobrepone a las dificultades a través, no tanto del crimen, sino del culerismo. Roba, trafica y se acuesta con su propia hermana, motivo que desencadena la odisea que transforma al Jordan. Pero es imposible sentir compasión por este hijo de puta, no es casual, la pluma de Bruno revela la oscuridad dentro del corazón del lector: somos capaces de desear el mal o, al menos, satisfacernos con la indiferencia ante el dolor de los demás, si lo consideramos merecido.

 

El Jordan también es violado, lo han tratado de asesinar y aun así la compasión o la pena se nos figura uLeer más

Bellezo de Nuggets Raggs: el memento mori en el cuerpo cuir

Por Diego Medina

 

Hablar de poesía homosexual parece que es hablar del gay trágico, de un capítulo morboso de Mujer casos de la vida real, al menos eso ha pretendido la moral heterocentrista, machiprogre. Si bien es cierto que la tragedia le pisa los talones a la experiencia cuir por su naturaleza anormal, contestaria y rebelde, también es cierto que hay un mito detrás del marica visto desde la perspectiva hetero: no hay putos felices. Digo mito, porque el homosexual se ha convertido en una bestia mitológica que sirve para moralizar a través de la fábula. Así, por ejemplo, en muchos estratos sociales se sigue advirtiendo a los jóvenes que la principal causa del VIH/SIDA es la homosexualidad.

 

            Sin embargo, la cuestión gay es mucho más compleja y diversa. Es cierto que hay muchas prácticas nocivas dentro de la comunidad gay: el sexo sin condón, el uso de sustancias sin conocimientos de reducción de riesgos, el sexo en espacios públicos, con desconocidos, en lugares insalubres, etc. Pero las principales tragedias de la vida homosexual no residen en el ejercicio de su identidad, sino en el rechazo, la marginación y la discriminación estructurales hacia sus personas. Violencias que se suman a las desventajas económicas, sociales y políticas comunes a las mayorías empobrecidas y excluidas de nuestras sociedades latinoamericanas y del sur global.

 

            Lo que hace Rafael García-Godos, a.k.a NUGGETS RAGGS, en Bellezo es una autopsia al mito del marica, ¿qué dolor hay detrás de esa leyenda urbana que habita la palabra marica? Ese el quid de la cuestión homosexual. No nos referimos a las respuestas fáciles. Damos por sentado que hay motivos estructurales, pero ¿de qué está hecha la tristeza gay? Son preguntas que encuentran ecos, que no respuestLeer más

El fuego de distantes estrellas

Un poemario para rebeldes con corazones de kyber

Por Diego Medina

 

 Y sepan esto, llegará el día en que todas estas escaramuzas y batallas, estos momentos de desafío habrán inundado las orillas de la autoridad de los Imperios y entonces habrá uno de más. Una sola cosa romperá el asedio.

Manifiesto de Nemik

 

Este poemario de Darío González se incorpora a la lírica mexicana como una rara avis que despliega su plumaje épico para extender el universo de Georges Lucas. Decimos rara avis porque el firmamento de la lírica mexicana pecaba de orfandad en cuanto a la ciencia ficción. Afortunadamente esta carencia ha sido bien atendida por el autor. Más allá de las palabras complacientes, El fuego de distantes estrellas se levanta como aquel viejo armatroste que conquistó el corredor de Kessel en doce parsecs para emprender conquistar la galaxia una vez más.

 

Sin duda los conocedores del universo de Star Wars, ya sea a través de las películas, los cómics, las series, las novelas o los videojuegos, reconocerán las afortunadas referencias a esa galaxia muy lejana de la que habla González. Una épica espacial que enfrenta a Jedis contra Siths, a rebeldes contra imperiales y al miedo contra la esperanza. Se habla aquí de la Estrella de la Muerte, de los Banthas, del Episodio IV, de blásters, de la Fuerza y de distantes estrellas. Una orgía de referencias que a pesar de todo no llega al fetiche, por el contrario, el autor reescribe, adapta, reconstruye el universo de Lucas para que el poemario pueda ser leído por feligreses y gentiles.

 

Vibrante, perifrástico y barroco, épico, a fin de cuentas, desde la pluma de González se nos introduce en una guerra a lado de los héroes que lucharon por la libertad y la justicia en una galaxia que no tiene nombre y que podría ser cualquiera, un acierto, ya que de esta manera el autor declara su independencia de su hipotexto, es decir, no estamos frente a un fanfic, sino ante un artificio literario mucho más sofisticado. Hay en este libro imágenes transparentes que logran arrebatar al lector del asiento: “como la verde tiranía”, y casi podemos ver el rayo de la estrella de la muerte caer sobre Alderaan, Jedha o Scariff, o “El cielo, en cambio, sacude su lomo, / esparce su coraza por nuestros sueños rotos” que sucede en medio de una batalla en los cielos, que bien podríaLeer más

Un texto queer raro, sobre Week-end en Zipolite de Armando Gutiérrez

Por Diego Medina

 

Decir solamente que una obra es interesante, pero no atreverse a decir que es bella, nos obliga a reflexionar lo que entendemos por arte. Habría que recordar que lo bello sólo es lo terrible que podemos soportar, como diría Rilke, y que no todo el arte goza de tal monstruosidad. Mas no por eso deja de tener valor artístico. Dicho en cristiano: el alma del arte no es la belleza. Una verdad difícil de tragar por muchos puristas y, sobre todo, por aficionados al arte en cualquiera de sus expresiones.

 

Cuando leí Week-end en Zipolite y otros poemas póstumos me quedó claro que no estaba ante una obra que desbordara belleza, sino ante una propuesta interesante. Sabedor de sus recursos escriturales, Armando Gutiérrez Victoria, cuenta la historia de la muerte de A.G.V. a través de una serie de poemas que pueden dividirse en tres secciones. La primera parte titulada “A propósito de la vida y obra de A.G.V.”  gira en torno al descensus ad inferos de A.G.V. y se hace una semblanza del occiso a través de una serie de poemas que llevan títulos como “Esquela del domingo” y “De un Arcángel que está leyendo esto”.

 

En la segunda parte, titulada “Poemas póstumos y otroLeer más

Una poética en expansión

Hablemos de Mi nombre no es Ícaro de Eriko Stark

Por Diego Medina

 

Cada día me convenzo más de que la vanguardia de la poesía mexicana está en la poesía arropada bajo las seis franjas del arcoíris. Y en la poesía de Balam Rodrigo. Hace un año se publicaba El hombre que no se parecía a un caballo de Eriko Stark, un poemario que sorprendió a muchos, ya que su Divino poemario (2019) no había nacido bajo una buena estrella. Muchos pensamos entonces que Eriko había encontrado su forma de decir las cosas, el color de su voz y no estábamos equivocados.

 

Hoy nos convoca el nuevo libro de Stark Mi nombre no es Ícaro, publicado por la editorial Amatliöque. Nos encontramos ante una poética consolidada, elementos que funcionan como la huella digital de su literatura, altas y bajas propias de esa determinada manera de escribir y estrategias escriturales ya conocidas por sus lectores. Sin embargo, los temas abordados por Eriko gozan de buena salud, pues si bien la experiencia homosexual empapa las páginas de este nuevo engendro poético, encontramos también reflexiones concienzudas sobre la naturaleza de nuestra ciudad y nuestro pueblo. Desde una perspectiva queer, claro está.

 

Antes de hablar de las virtudes literarias de esta nueva entrega, me gustaría señalar algo que me pareció chocante. Primero, una de las secciones titulada “Tepito tenía el corazón” me parece más bien un ensayo dividido en versos. Pudo haber funcionado mejor como un poema en prosa. No entiendo por qué nuestro autor dividió este texto que claramente funciona si se lee a renglón seguido. Incluso me habría parecido más inLeer más

Una lengua peligrosa

Cosas que hay que decir sobre Todo era por ser fuego de Roberta Marrero

 

Por Diego Medina

 

Con cariño para Sergio Caballero, quien tuvo a bien facilitarme su ejemplar de esta obra

 

¿Cómo se habla de la diferencia? Es decir, ¿cómo se habla de aquello que no es visible a nuestros sentidos ni sensible a nuestras intuiciones? Durante mucho tiempo, hasta ayer todavía, se vivía como si la experiencia trans no tuviera nada que decirnos del mundo. Se daba por sentado que las y los trans eran una raza de humanos averiados, susceptibles del odio y de la lástima. Pero esto ha ido cambiando poco a poco y cada “Maricón, trava, puto, cáscara amarga, joto, loca, palomo, cojo, travesti, bujarrón, marica, fuego, sida, medio hombre, media mujer” ha ido reconociendo en su voz una manera diferente/nueva de decir muchos mundos.

 

Una de esas voces habló por última vez el 7 de mayo de 2024 para dejarnos un mensaje desde las entrañas de la experiencia trans: “Los amo a todos”. Roberta Marrero se suicidó en su departamento de Madrid y dejó una nota con este mensaje a sus deudos y a sus fans, pues la escritora también había sido DJ, actriz y artista plástica. El libro que hoy nos convoca fue publicado en 2022, pero el sendero de sus palabras se nos revela como un testamento de paz y lucha para los dolientes del mundo, para lxs heridxs, para los marginadxs y, desde luego, una confesión de plenitud ante la vida. No había nada a lo que Roberta le tuviera miedo. Excepto tal vez a la falta de amor: “Me pregunto, dónde está la tumba de nuestro amor […]  Una cosa es segura. Es una tumba sin flores”.

 

No quisiera dedicar estas páginas a hablar in memoriam de, me parece que la tarea ha sido muy bien abordada por amigos y periodistas. Por el contrario, quisiera compartir mi asombro ante algunas de las líneas que más me han conmovido en lo que va del año. Hay momentos en que los poemas de Marrero pecan de “simplicidad”, de, digámoslo así, ir desnudos o estar crudos, así como la repetición de temas e imágenes a lo largo del poemario —serán frecuentes las referencias a Santa Teresa, a Lemebel, al derrumbamiento de la dicotomía hombre-mujer, el culto a la diosa femenina, etc—. No obstante, la lengua de Marrero vibra como reflejo de la autenticidad desde la que escribía nuestra autora.

 

No son pocos los poemas que relucen como diamantes en la pedrería de una noche trans, destacan “Proletariado del amor”, “Navajas”, “Desde el silencio” y “Cuerpo trans”. La poesía de Marrero orbita lo político y lo privado con la lucidez de quien ha vivido la victoria de ser ella misma: “Uso la palabra travesti porque es más pictórica, más poética, más salvaje, menos médica, menos complaciente. / Suena a lumpen, a peligro, a furtiva, a una estrella del Music Hall / ¿Quién quiere ser solo una cosa cuando puedes ser miles?”

 

Sin embargo, hay espacio en esta entereza para las contradicciones, materia del ser humano, la complejidad, el oxímoron, lo edgy, la antítesis, es una fuente barroca de la que abreva nuestra autora, con la sensualidad suicida de quien no tiene nada que perder en esto del deseo y del amor, por ejemplo: “Quisiera tu flecha en mi corazón, quisiera hacer el amor pero las proscritas solo tenemos la soga al cuello, nunca nos besan”  o “Gracias por la violencia, por la arrogancia, por tu opinión, realmente la necesitaba como un chuchillo necesita una pistola”.

 

La “militancia” de sus versos, por otra parte, no se reduce a la experiencia política —aunque “las travestis hasta dormidas son políticas”, como ella misma expresa en otro verso—, sino que hay una militancia por y desde la ternura. No desde la lente cursi de lo romántico, sino desde la perspectiva trans, una perspectiva que clama por la igualdad desde la herida: “Una vida como la tuya querido lector lectora cis”. La poesía de Marrero nos abre una ventana a un mundo diferente, que había permanecido invisible para quienes no sospechaban que detrás de la experiencia trans hay un jardín y una tormenta. Como lo dice la propia Roberta: “Soy una cosa visible a través de otra”. A todo esto, ¿cuál es el peligro detrás de la poesía de Roberta? Pues que después de leerla nos dé curiosidad de leer a más poetxs trans. El de no poder volver a ver las cosas de igual manera y de que el horizonte se nos haga más ancho. Es decir, lo peligroso de Roberta es que nos deja con ganas de más.

 

Antes de hablar de nimiedades, materiales, costos y demás, es importante hablar de la portada; una fotografía de la primera comunión de Roberta —antes de transicionar, desde luego— sirve como portada. Un detalle no menor en un poemario que poetiza la identidad, la transición, lo invisible y lo político de una, también, artista plástica. El precio de este libro ronda entre los $400 y los $800 pesos en compras en línea. Nuestra calificación para esta libro —que es de mis favoritos del año— es de 4.6/5.

 

En Poder Descanse Roberta Marrero

 

 

La visibilización trans en disputa: los casos de Razzia Santillán y Camila Aurora

Por Diego Medina

 

Hablar de lo que uno vivió exige hablar más allá de filias y fobias, pues no se puede ser honesto consigo mismo si no se trata de recordar las cosas tal y como fueron. Aunque desde luego esto no quiere decir que uno esté en busca del santo grial de la imparcialidad. Sino que recordar es un ejercicio de reconstrucción, un buscar alfileres con las luces apagadas. La memoria también es un ejercicio de olvido. Quizá no todos somos conscientes de que, así como nos esforzamos por recordar, también nos esforzamos por olvidar ciertas cosas.

 

Hoy en día hay dos casos paradigmáticos del activismo trans en México, específicamente en CDMX. Por un lado, Razzia Santillán, fundadora de la extinta Tianguis sexosidisidente y del actual Clan Mariposas Negras, el cual mantiene una protesta económica en la llamada CINETERFA. Razzia Santillán ha sido perseguida, hostigada y ahora enfrenta una demanda que las autoridades culturales han iniciado para exigirle a Razzia una suma de 200, 000 pesos en concepto por daño a las instalaciones de la CINETERFA. La información respecto al caso se puede profundizar en las redes sociales del Clan de Mariposas Negras, así como en la docena de artículos que se han escrito sobre este atropellamiento. Sin embargo, Razzia no está sola, ha recibido el apoyo de algunxs figuras relevantes de la comunidad LGBTTTIQ como Fabián Chairez, VIHVE Libre, Casa de las Muñecas Tiresias, Museo de Arte Transfemenino, Luisa Almaguer, Kenya Cuevas, entre otras.

 

A pesar del apoyo que el trabajo de Razzia recibe, las autoridades insisten en su demanda. Los motivos apelan más a la política que a la justicia. No olvidemos que el próximo año se “celebra” el Mundial de Fútbol en nuestra ciudad. Así, el acoso a Razzia se debe entender bajo la lógica de la limpieza social. El Estado nunca estuvo interesado en reponer el daño que Razzia sufrió, no sólo al ser expulsada de los baños de mujeres, por no ser una “mujer de verdad”, sino por la exposición tránsfoba a la que ha sido expuesta, la cual sólo crece día con día. ¿Cuándo va a parar el acoso?, ¿cuándo Razzia muera? ¿cuándo se desarticule la resistencia trans’ ¿cuándo se retire el tianguis de protesta económica? No, el acoso que visibiliza Razzia no sólo es el que vivió aquel 2023, sino la guerra civil que el Estado ha declarado contra la sexodisidencia, en especial contra el colectivo trans, cuya esperanza de vida ronda los 35 años.

 

La lucha de Razzia visibiliza un odio sistemático, que encuentra sus ecos en, por ejemplo, una policía negándole la entrada al vagón exclusivo a una mujer trans. Hecho ante el que una multitud de activistas se organizó para manifestarse en contra de dicho acto de discriminación. Entre las convocantes estuvo Camila Aurora, directora del cortometraje Johanne Sacreblu (2025), parodia de la multiodiada Emilia Pérez (2024). La directora de cine se volvió referente de la comunidad trans por su respuesta satírica a la cinta cliché de Jaques Audiard. Fuera de las valoraciones que podamos hacer al trabajo de Camila Aurora —su único mérito fue ser más vomitiva que la propia Emilia Pérez—, este personaje guarda mucho más en común con “el manitas” de lo que su público se imagina.

Camila Aurora fue una de las protagonistas de la decadencia de La Tianguis Sexodisidente. Fue ella quien se encargó de expulsar a Razzia Santillán y a otras de las fundadoras de esta iniciativa. Ella negoció con los dealers locales para culminar la transformación de La Tianguis Sexodisidente en un punto de tolerancia. Fuera de los estigmas que giran en torno al consumo, lo cierto es que Camila Aurora y su círculo prefirieron unirse al narco de la CDMX, en detrimento de su propio colectivo. Desde luego, no hablamos de las ligas mayores, sino de un acuerdo por el espacio que había en la Glorieta de Insurgentes.

 

Es cierto que en La Tianguis había consumo, prostitución, violencia entre vendedorxs —no en pocas veces se llegó a los golpes—, envidias, resentimientos, celos, abusos afectivos, etc. Pero lo que hizo Camila Aurora fue vender cualquier posibilidad de futuro de La Tianguis. No escribo en contra del colectivo 420 aunque los hombres —no todos los hombres, pero siempre un hombre— que llegaban a fumar a este espacio solían ser egoístas, violentos, homófobos y lo que en chilango llamaríamos “faltosos”. En todo caso, la traición vino de Camila Aurora. Aprovechó los resentimientos que había contra Razzia y otras compañeras para expulsarlas, incluso amenazándolas de muerte si volvían.

El orgullo gay, el pride y en general la historia no tienen memoria. Por eso, ahora que Camila Aurora cuestiona la identidad de una manifestante que no tiene cispassing —apariencia de cis— es oportuno recordar que esta mujer, igual que “el manitas”, llegó a tener la visibilidad que tiene gracias a sus negocios alrededor de las drogas. Su visibilización trans se debe a la anulación de otros activismos y otras identidades. Camila Aurora es una persona peligrosa que ha conseguido visibilidad gracias a que su trabajo se hizo viral, pero no es, ni por asomo, una persona que represente la lucha trans. De hecho, Camila Aurora tiene mucha transfobia interiorizada.

 

Hoy Razzia recibe el escarnio público, promovido desde el gobierno, mientras Camila Aurora se presenta como una mujer trans fuerte, crítica, creativa y rostro de la lucha trans. La memoria es un ejercicio de reconstrucción y de olvido, ¿qué tanto de olvido y memoria hay en la historia de Camila Aurora y en la historia de Razzia Santillán? Por mi parte, espero que el estado desista de su acoso contra Razzia Santillán, que haga una reparación de daño y que Camila, bueno, la verdad siempre sale a flote.