Por Diego Medina
Lo dicho, la literatura marica está dinamitando la tradición mexicana. Ya hemos hablado de Fabre y de Hernández Candelaria como autores que articulan su obra poética como obras teatrales. Darío González se suma a este grupo, al respecto Rodolfo Remolín comenta: “Épica en tema, sucesión de «cuadros teatrales” que oscilan entre el collage y el monólogo, los poemas están articulado por la decepción y el desencanto». Darío divide su poemario en dos actos, el primero con VIII escenas y el segundo con 3 más, de hecho, hay un error ya que la Escena X se vuelve a marcar como IX, mientras que la XI se marca como X, un detalle menor que vale la pena corregir en la siguiente edición.
Cada escena está descrita de manera poética, no se limita a dar un lugar y estado del clima, por el contrario, usa metáforas e imágenes poéticas para introducir el tema de las escenas, cada una de las cuales se compone a su vez de varios poemas. Aunque en realidad cada descripción de la escena es un poema en sí mismo, por ejemplo, mi descripción favorita es la de la Escena III: “Unos niños persiguen algo que ven desde arriba. Se entiende globo, pero también cometa, Dios. En cualquier caso, extienden las manos hacia arriba como pidiendo, queriéndolo alcanzar o diciéndole adiós.”
Como hemos dicho, cada escena agrupa una serie de poemas, entre 1 y 9. Hay también una serie de poemas-narrativos esparcidos en diferentes escenas titulados “Visitación” —que van de la I a la IV— en los cuales el yo lírico se encuentra con un vagabundo con quien sostiene conversaciones que prometen ser el instrumento de una revelación final, pero cuya revelación final nunca llega, quizá para darnos a entender el absurdo y la carencia de sentido del dolor.
Detallada la estructura básica del poemario de Darío González, entremos de lleno en la “historia”. Este es un poema de largo aliento —dividido como tragedia— que puede resultar “pesado” para quienes no tienen el corazón roto, pues se trata de un poema de desamor, con un lenguaje épico, sólo que en este caso el lenguaje no está al servicio de las hazañas homéricas, sino de la derrota, del héroe trágico, de Héctor y Príamo, de quien ha visto destruido su corazón como los troyanos que vieron arder su patria en las manos de Aquiles. Sin embargo, a diferencia de Fabre, Hernández Candelaria y su servidor, Darío tiene la cortesía de no usar referencias épicas directamente, no hay nombres de héroes, dioses, ni mitos, en todo caso González construye su propio universo, aunque eso sí, lo poetizado sucede en Guanajuato.
Dice Alexis Aparicio de la obra de González: “lamento lírico a modo de venganza por lo que nunca pudo ser”, en este sentido hay que ubicar este poemario como una catábasis en la que el yo lírico se bate en duelo contra la ciudad donde una vez amó y fue despedazado, hay en las páginas de este poemario una belleza difícil de digerir porque nace desde el dolor y la amargura, sobre todo esto último, pues el tema del desamor se mezcla con el de la marginalidad de las vidas cotidianas de las ciudades. Así, de manera paralela nuestro autor detona la herida, revienta la cicatriz y saca la pus del alma del héroe trágico de este poema de largo aliento estructurado de forma “teatral”, es decir, desciende al infierno para completar el ciclo del héroe, aunque esto último sólo se sospecha en los últimos versos del libro: “Lo que quedará, además de las falsedades, / ya será dicho cuando termine la canción”.
Me parece que Darío González tiene un brillante futuro en la literatura, muchas de sus imágenes son exquisitas, la fluidez del texto se agradece y, aunque he dicho antes que para algunos puede parecer pesado, me refiero sobre todo a que no todos están acostumbrados a verse al espejo frente a frente con su lado más oscuro y triste, y eso es precisamente lo que hace González. Por otra parte, la estructura del poemario no es una cosa menor, sobre todo si se toma en cuenta que se puede fracasar fácilmente cuando se experimenta y se pone en crisis un género literario, en todo caso González sale bien librado.
En cuanto a los materiales debo decir que no son mis favoritos, pero se agradece que Escrúpulos Editorial haya trabajado tan cuidadosamente la maquetación y edición. Pueden adquirir su ejemplar a través del autor o ponerse en contacto con la editorial. Mi calificación para este título que continúa la tradición marica de poner en crisis el género poético es de 4.1/5.



Antes de hablar más sobre Lxs Olímpicxs es necesario que rescate una observación que me hizo Alejandro Miravete, pues en efecto la poesía marica está sirviendo helenismo desde hace tiempo, baste recordar además de Fabre a Ricardo Rosales con Polirritmia primera: Como Aquiles y Patroclo (2023) y un servidor con Los obituarios de Patroclo (2025), es decir, la poesía marica tiene al menos 4 títulos recientes con temáticas griega, lo cual se podría explicar fácilmente si suponemos que los homosexuales son unos sibaritas, esteticistas y culteranos. Y sí, pero hay algo del mito que trasluce las páginas de todos estos poetas porque nos dice algo de la época en la que vivimos. ¿Son estos momentos que necesiten hombres y mujeres de una sola pieza como lo son los héroes épicos? Tal vez no, pero el mito nos sirve para nombrar algo que no podríamos hacer de otra manera.
Hoy la poesía marica latinoamericana habla de jotos, de maricas, de 

A través de 27 poemas, nuestro autor nos ofrece una perspectiva gay de los hombres que pisan la cancha, que se baten atléticamente en duelo contra sus semejantes, el pináculo del homoerotismo. Sin embargo, su poesía no es la de un sexópata, sino la de un militante de la sensualidad que explora a través de los sentidos: que si el olor del sudor o del suavizante de telas, que si los balones cayendo cual cometas, que si el frío o la “palmada en la espa





El pasado martes 28 de enero de 2025 se presentó el poemario Poeta Griego Arcaico de Luis Felipe Fabre, en la Cafebrería El Péndulo de Álvaro Obregón 86 a las 19:40 pm, en la que el poeta dio lectura a su libro acompañado del Maestro Marcos, quien amenizó la lectura con diversos instrumentos de viento de la zona balcánica. Coronado de laureles, Fabre nos sirvió helenismo, esteticismo y poesía en su sentido más “puro” (aunque quizá no le guste este término al maestro).