Análisis de la cinta “Frankenstein” | Sobre la importancia de nombrar la visión femenina en la literatura moderna  

Por Carmina Cardiel

 

Recientemente se estrenó en la plataforma digital más popular en LATAM y algunos cines independientes, la última obra maestra —dicen— de Guillermo del Toro: Frankenstein. La crítica le ha dado grandiosos créditos por el maquillaje y porque Quizá no sorprenda que Guillermo del Toro sea el primero en querer sacar a la creación de los sótanos del horror bizarro (…), pero demuestra su interés por humanizar el horror, llevándolo por un camino más cercano a la fantasía. Señala la Revista Rolling Stone, pero ¿Estos créditos verdaderamente habrían sido posible ser añadidos a Del Toro sin la mente creadora de su autora? ¿Por qué nadie habla de Mary Shelley como la alquimista del horror humano y quien vio como centro de partida y llegada a la humanidad?

 

Mary Shelley

Marry Wollstonecraft Shelley nació en Londres en 1797 y fue hija de la filósofa feminista Mary Wollstonecraft, autora de Vindicación de los derechos de la mujer. Su padre fue William Godwin, filósofo político y uno de los precursores del anarquismo. Hablar de Mary Shelley supone hablar del mundo basto y complejo de ideas en el que la novelista fue socializada.

El hogar de Mary era un lugar donde entraban constantemente escritores, científicos, reformistas y extranjeros politizados. Esto marcó su educación, pues aprendió a pensar críticamente desde niña. Creció leyendo literatura filosófica más que textos escolares y ella no acudió a la escuela; su “salón” fue su casa, la herencia de su madre y de su padre. A pesar de que su padre constantemente estaba más preocupado por cubrir deudas que de ser un padre presente, Mary estuvo marcada por las ideas de su madre, quien creía en la educación igualitaria, la libertad sexual y la autonomía de las mujeres.

Mary siempre sintió un rechazo social en medio de una época complicada como lo fue la victoriana, en donde la moral jugaba un papel muy importante dentro del entorno social de la burguesía de la época. Por un lado, estaban en apogeo las ideas revolucionarias francesas: libertad, derechos, secularismo. Por el otro, un fuerte conservadurismo moral tras la revolución francesa, la reacción social contra el radicalismo político, las restricciones severas sobre las mujeres y su rol social, el matrimonio como institución sacrosanta, las nuevas teorías científicas (galvanismo, anatomía, electricidad), y el cuestionamiento de la religión y de la autoridad. Mary creció entre esos dos polos: Educada para ser libre y racional en un mundo que castigaría duramente cualquier conducta “irregular”, y ella era esto último.

 

Cuando Mary inicia su relación con Percy Bysshe Shelley en 1814, rompe con todas las normas sociales: Él era un poeta radical, ateo y casado. Ella tenía 16 años, pero se monta en las alas de la vida para recorrer un camino lleno de dicha y creatividad, aunque también de muerte, aislamiento social y pobreza itinerante.  Este es el contexto justo que la inspira para la creación de —a mi muy personal punto de vista— la mejor novela de ciencia ficción —no ficción— de la historia humana: “Frankenstein”. Un personaje que nos habla sobre la marginalidad humana en medio de un mundo desolador que no es capaz de comprender el fondo del mar del devenir humano, un personaje sin lugar moral en la historia humana, un personaje que nos arroja a la cara el rechazo de la sociedad ante lo “no normativo” o lo anómico, desde un punto de vista sociológico.

 

Frankenstein

Antes de que el positivismo permeara con su rigidez y cuantificación la mirada científica de la investigación social, era común que en las mesas de discusión académica se plantearan temas sobre la condición del alma antes de poner por escrito lo que significa ser humano. Así que la Ciencia, la filosofía y la revolución, fueron el caldo de cultivo donde se creó Frankenstein.

Por otro lado, Mary estuvo marcada fuertemente por la muerte: su madre murió a los pocos días de alumbrarla, antes de que cumplieran tres años, tres de sus cuatro hijos perdieron la vida, su media hermana se suicidó, la esposa de su pareja también se suicidó, varias de sus amistades perecieron antes de los 25 años y Percy, el amor de su vida partió del plano terrenal a los 29 años. La melancolía del personaje principal de la novela no es casualidad, así como no lo es el entorno frío y oscuro en el que se desenvuelve la historia más triste escrita hasta ahora. Pero también es importante mencionar que el personaje no sólo tiene estas características humanas, sino que además atraviesa una profunda reflexión filosófica sobre el Self, la crítica social de la época y, por supuesto, la creación literaria de enorme potencia que la novela supone a través del autodescubrimiento de aquella criatura aterradora.

Mary expone en un cuerpo infrahumano los parches del dolor que azotan al mundo de su época, y es que ¿Qué es la humanidad como entidad sobreviviente al ser humano como individuo y no como un todo? Esa es una pregunta obligada después de leer la novela, pienso. El personaje al que da vida el Dr. Víctor Frankenstein queda expuesto como una cosa, pero jamás como un humano y en este sentido ¡Es monstruoso! Esta sentencia me obliga a repensar entonces: ¿Qué estudiamos los sociólogos y los antropólogos, y quizás los historiadores, si no a este monstruo a disposición del lente científico social partiendo del hecho como cosa?

Sartre tiene una frase que me gusta mucho y se acopla muy bien al análisis de hoy: SOMOS LO QUE HICIERON DE NOSOTROS.  Así pues, es como podemos comprender al incomprendido personaje de Shelley: la humanidad crea todo el tiempo escenarios, ideas, realidades de las que no se quiere hacer cargo una vez que ha visto los resultados, o sea las consecuencias de sus actos.

El monstruo aprende de una familia de campesinos todo lo que debía aprender y que no es complejo, aunque la mente humana siempre lo ve así: trabajo, cuidado, amistad, educación, pero sobre todo la carga moral entre el bien y el mal. Él aprende que los cazadores no odian al lobo, ni el lobo odia a las ovejas, sino que hay que aprender a sobrevivir o te van a matar. Esta parte es muy dolorosa porque así se comporta la humanidad. No existe bondad ni maldad, solamente autoprotección ante una amenaza que dura toda la vida: la sobrevivencia. Finalmente, lo único certero en la vida de la humanidad es la muerte. Y es de llamar la atención cómo Shelley tuvo esa capacidad para comprender de manera sensible algo que jamás va a morir mientras la humanidad exista, la consecuencia de ser humanos: El monstruo que creamos jamás perece.

Así pues, es que podemos entender las guerras, el hambre, las descomposición del tejido social, el asesinato, las violaciones, la traición, la condición humana más baja: las pasiones. Nada de eso existe sin nosotros, son meras consecuencias de lo que creamos, de lo que ambicionamos, de lo que creemos que es correcto haciendo caso al impulso, más que a la razón o a las emociones canalizadas.

 

Shelley en la mirada social y luego en la de Del Toro

Casi dos siglos después de la creación de Frankeinstein, llega una mujer que también habla sobre la condición humana de una manera más teórica-política y formal: Hanna Arendt, para quien este término deriva en: 

  • Labor: lo que mantiene la vida biológica.
  • Trabajo: lo que fabrica objetos duraderos, artefactos, “mundo”.
  • Acción: lo que ocurre entre seres humanos en pluralidad: lo político.

En Frankenstein, la creación del monstruo es un acto que debería pertenecer al trabajo (fabricar algo artificial), pero Víctor lo ejecuta como si fuera labor: es algo obsesivo, biológicamente impulsado, sin reflexión ética, casi automático y vomitivo/catártico.

Lo que Shelley muestra es que Víctor confunde los niveles de la actividad humana, exactamente el tipo de confusión que Arendt ve como peligrosa en la modernidad: la técnica invadiendo espacios propios de la acción humana y del juicio político.

El experimento de Víctor, al carecer de un marco de responsabilidad y deliberación (acción), se convierte en la raíz de una catástrofe moral y social. Esto se contrapone con la idea de Arendt sobre la acción humana, cuyas características son: ocurre entre personas, implica responsabilidad ante los otros, depende de la pluralidad, es decir, del hecho de que vivimos con otros y somos vistos por otros. Y bueno, Víctor crea, a partir de su ambición por el reconocimiento fantasmal de su padre, a un ser monstruoso que va más allá de lo humano y lo infrahumano, no se hace responsable social ni moralmente.

Ante estos hechos contrastados, podríamos entonces observar cómo hay cambios en las implicaciones morales y éticas de un siglo a otro en una sociedad de constante cambio como lo es la occidental. Pero también es de llamar la atención cómo esos supuestos cambios se reúsan a la acción y siguen teniendo forma aún hoy, después de transformaciones sociales y siglos de diferencia.

Jamás hay que olvidar que Frankenstein salió a la luz pública bajo un “Anónimo” porque para la época de nuestra adelantada Mary era mal visto que las mujeres escribieran, pues este ejercicio implica acciones moralmente mal vistas para una mujer (incluso a la fecha): juergas, alcohol, risas grotescas y un submundo de las características del mundo de los hombres. Sin embargo, creo firmemente que Guillermo del Toro logró captar la sensibilidad de Shelley y adaptó perfectamente la complejidad de una mente brillante que fue azotada por las limitaciones sociales de su época. Por ello también pienso que finalmente Frankentein no es una obra que denote romance desde la mirada de Guillermo, sino que, por el contrario, el hombre supo sacar a la luz con melancolía lo que es el amor/desamor apartado de un constructo romántico y lo hizo más bien humano.

La mayoría de las adaptaciones que ha tenido la obra siempre vienen de los masculinos, acto que me conmueve y me implica incomodidad hasta cierto punto, pues creo que Shelley gritó con toda la fuerza de sus pulmones cómo se sentía ante tantas pérdidas no sólo humanas, sino auto perceptivas a partir de su época. Fenómeno que con frecuencia ocurre en el mundo de las mujeres.

 

 

 

Bibliografía.

  1. Shelley, M. (1980–1997). The letters of Mary Wollstonecraft Shelley (B. T. Bennett, Ed.; Vols. 1–3). Johns Hopkins University Press.
  2. Fernández, José Luis, (2025), “Crítica: ‘Frankenstein’, de Guillermo del Toro”, en The Rolling Stone, https://es.rollingstone.com/arg-critica-frankenstein-de-guillermo-del-toro/
  3. Arendt, H. (2005). “La condición humana” (R. Gil Novales, Trad.). Paidós. (Obra original publicada en 1958).
  4. Arendt, H. (1961). Between past and future. Viking Press.

 

 

Mientras hablar sea gratis

“Viene por nosotras”

Por jaazia

 

No entiendo muy bien qué está pasando en el mundo, no entiendo por qué está pasando lo que está pasando, no sé si valga la pena buscar teorías del porqué, pero entre todas las cosas que están pasando se ha perdido la bonita costumbre de avergonzarse de ser facho, de ser de derecha, de ser conservador, de ser macho (un par de añitos nos duró).

 

Vienen por todas nosotras. No quiero ser fatalista, ni asustar a las compas, pero considero necesario dejar una advertencia, porque nosotras (todas las que no somos un varón blanco heterocis) siempre corremos el riesgo, es un recordatorio de que nosotras nunca podemos dar nada por ganado.

 

Sí, tenemos una presidenta con A ¡Qué maravilla! De izquierda ¡wow! ¡Somos una referencia de la justicia social para nuestrxs hermanxs latinoamericanxs! Sí, claro, se viene el tiempo de las mujeres, con todos los cuestionamientos, válidos, que se hacen a estos discursos. Pero no podemos hacer caso omiso a lo que está pasando alrededor del mundo, incluso al interior del país, unos pelados queriendo reforzar los estereotipos de género y demás.

 

Sí, las luchas de las mujeres y las disidencias han conseguido un montón de cosas en los últimos años (y las que nos faltan por conseguir, cositas muy básicas como que dejen de matarnos), pero hay que plantarnos en la realidad histórica, cuando las cosas se ponen feas, por las primeras que vienen es por nosotras.

 

Por nosotras me refiero a nosotras, las mujeres, las disidencias. NosoLeer más

“Antología” la miel como verso femenino

Por Diana Peña Castañeda[1]

 

Entre la flor y el mundo, la abeja dice: yo muero, pero la miel queda.

Porque en la miel reposa el verano; porque en cada gota el tiempo es infinito; porque en su néctar vibra la danza secreta del pétalo; porque su nobleza limpia la infamia; porque es bálsamo para el peregrino, dulzura sin artificio; porque el vuelo de la abeja es la promesa de que algo del mundo, aunque efímero, solo por un pequeñísimo instante, puede salvarse.

 

La miel parece invisible, pero como pocos alimentos mantiene la pureza de su estado original. En cualquier mezcla de fogón conserva su esencia franca sin imponerse a otros sabores o texturas, por más untuosa que sea la combinación. De hecho, se brinda como un toque final de la receta. Sus hilos dorados, simplemente se dejan caer con delicadeza y al tocar la lengua, desata un estallido de placer.

 

Pero para que se genere esa experiencia sensorial, la miel debe pasar por un proceso, diríase, demasiado perfecto. En medio de la pradera y bajo la luz del sol, la abeja recoge el néctar de la flor para condensarlo en la colmena. En el sentido más sublime, cada momento representa una sagrada comunión entre la vida y la muerte. Violentar ese ciclo es profanar lo divino.

 

Desde esa sacralidad, el verso femenino se ha ocupado de presentar toda esa dulzura en su estado más original. No para domesticarla ni racionalizarla, sLeer más

Análisis de la cinta “Revenge” | Sobre el género body horror como dispositivo de subversión desde una mirada violeta

Por Carmina Cardiel

 

Coralie Fargeat es una directora francesa controversial que le ha dado vuelta a la cabeza de más de un director y espectador con la manera en la que aborda el body horror desde su trabajo. Para un ejemplo claro tenemos “The substance”, estrenada el año pasado en las salas de cine, con Demi Moore encarnando una historia de horror que vivimos todas las mujeres: sentirnos desechables llegada cierta edad. “Revenge” también retrata ese sentimiento —aunque aquí la edad no es una dimensión de la trama—.

El filme que hoy nos ocupa se estrenó en 2017, pero no en la pantalla grande, sino a pedido; es decir, a través de OTT que es un servicio de televisión de paga en Estados Unidos de América. A pesar de ello, a la directora le fue muy bien con las reseñas que la crítica le hizo en aquel momento, pues, aunque el gore está muy presente en la cinta, el giro que logra darle a la historia es visceralmente emocionante.

 

La reapropiación del Body horror

 

El body horror (horror corporal) es un género de cine que tradicionalmente ha explorado la fragilidad del cuerpo, la alteración de la identidad, la invasión, mutación o deformación del cuerpo, lo cual apunta o coincide con ciertas vivencias femeninas todo el tiempo. Desde mi perspectiva, lo que Fargeat hace es reapropiarse del género, que históricamente fue dominado por visiones masculinas (¿el cine de Cronenberg les dice algo?) y usarlo para hablar desde y sobre el cuerpo de la mujer como territorio de opresión, pero también de resistencia.

Revenge es la historia de Jen, una chica joven e inexperta que se enamora, pero el hombre al Leer más

Llamarse Olimpia

Por Sergio E. Cerecedo

 

Hay una situación social que me genera personal enojo y a veces una reserva o potencial rencor hacia quienes están relacionados con el ejercimiento de cierta disciplina. Cuando la rabia puebla mi cabeza, mis emociones me gritan como en un estadio de fútbol que la peor pseudociencia de todas es la jurídica. Me irrita que no sea exacta, que todo se reduzca a buscar vacíos por dónde fregar a la contraparte en lugar de una verdadera restitución del daño a la persona o propiedad; y, sobre todo, su lentitud en llegar a la existencia. Me irritan los procesos anquilosados de contemplar mayorías y minorías en los que se les va el tomate con todo y semillas. Y en muchas ocasiones, como en la reciente legislación sobre la inteligencia artificial, acaba siendo puro punitivismo sin observación. Sí, en ocasiones la creación y reforma de leyes pareciera recogerle el cascajo muerto al crimen y tratar vanamente de hacerle autopsias.

 

En el ritmo de la vida y el mundo hay una enésima cantidad de cosas que suceden más rápido que la aplicación de la justicia: los algoritmos, las balas, las apis para estudiar qué comprar a partir de tu vestimenta, tu físico o dónde sales en tus fotos. Así, precisamente, las leyes para hacerse o modificarse muchas veces tienen que venir de los errores del pasado, de una cadena de gente afectada que se vio rebasada por circunstancias que no daban crédito a la existencia de su caso. Por lo mismo, hay hechos que el cine recopila y deja registrados, en donde nos dan cuenta de que sí hay logros palpables, que, por supuesto, necesitan que la gente tenga conciencia de los delitos y dejen de repetirlos. Que en el caso de las luchas contra la violencia de género no sea la iconoclasia durante las manifestaciones lo único que se vea, eso es solo la punta del iceberg para ver más adentro contrario a lo que los medios masivos nos normalizaron muchas veces. Por eso hoy quiero hablar de Llamarse Olimpia, ópera prima de Indira Cato.

 

La película se estructura a partir del testimonio personal de Olimpia Melo y teje una red de subtramas que vuelven hacia el argumento principal, hacia otras mujeres que vivieron casos similares. En el caso de la protagonista, ella estaba en una relación donde había patente violencia,  su pareja filtró un video de un momento íntimo de ambos, en un pueblo pequeño de un estaLeer más

“Vagabundear”

Por jaazia

 

Viajar es abrazar la incertidumbre, es la posibilidad de posibilidades, experiencias, todas, posibles, nuevos niveles desbloqueados. Acompáñenme en esta, queridas lectoras, ya que es más que nada una catarsis sobre todo lo que es viajar.

Hay muchos tipos de viajes, la mayoría dependen de los motivos, puede ser un viaje por placer o por trabajo, hay viajes de placer que parecen trabajo y hay viajes de trabajo que pueden ser casi tan divertidos como unas vacaciones. Pienso que, al final, los viajes son pretextos, por ejemplo, un congreso es un pretexto, sí, te da curriculum, te reencuentras con colegas, quizá se conocen algunos nuevos, das a conocer tu trabajo, aprendes, compartes y bla. Pero también es una posibilidad a lo desconocido, respirar otros aires, aires diferentes.

 

La maldita y bendita incertidumbre, no saber a dónde llegamos, qué nos espera, yo procuro pensar que puras cosas divertidas y buenas, aunque sea a puro tapping y manifestación porque lamentablemente vivimos en un mundo que no nos asegura nada, ni nuestra propia seguridad, lo cual me lleva al siguiente punto: viajar sola, sola con A de presidentAAAAA, con a de mujer.

 

De entrada, ya existe una cuestión de ser mujer y tener el peligro en tu propia casa, en tu propia cama. Alguien puede entender el terror de viajar sola, el miedo de ser parte de una estadística más, alguien puede comprender las palpitaciones, el sudor frío, la inseguridad de subirse al auto de un desconocido esperando que de hecho te lleve al destino pactado, caminar por calles solitarias y desconocidas. ¿Qué se hace para solventar esa seguridad? ¿Para arriesgarnos sin que el ataque de pánico nos baje la presión? Es una lucha constante, interna y profunda, pero me resisto a quedarme encerrada en mi casa para no correr algún riesgo.

 

Una vez superado el miedo de algún tipo de acto violento hacia tu persona, hay otra situación respecto a viajar sola, algo muy curioso, hasta gracioso diría. De entrada, la cuestión: la soledad, hacer cosas sola, como ir a comer o al cine, que por más que a una no le importa, una siempre se enfrenta a la mirada del otro, cuando te hacen saber, quizá hasta con incomodidad, de lo “raro” que es viajar sola y por el mero gusto de hacerlo (y tener las posibilidades claro):

 – ¿No vienes con otros compañeros?

–  ¿Aquí no te vas a encontrar con alguien?

– ¿No te acompaña tu directora?

 

Entre las incomodidades y las inseguridades es un gran logro, por lo menos para mí, salir de viaje sola.

 

Viajar sola es comer en algún restaurante, en alguna plaza, en algún lugar, escuchar a lo lejos una canción y sonreír por lo que te recuerda, es escuchar las conversaciones de la pareja homosexual músicos o poetas, intentar descubrir de dónde es el extranjero trabajando a distancia. Me atrevería a decir que viajar sola es la full life experience de la vida misma, es vivir la emoción, el miedo, es también saber que el viaje es finito y en algún momento se termina y que el retorno es inminente, y que por lo menos yo, tengo un nido a donde volver.

 

Finalmente, mis queridas lectoras, les comparto la experiencia con la esperanza de que ustedes también se avienten, se aventuren a viajar solas, pero qué sé yo, yo solo hablo mientras hablar sea gratis.

 

 

Análisis de la cinta “Nadie sabe” | Sobre las infancias como constructo olvidado de las sociedades modernas

Por Carmina Cardiel

 

Hirokazu Kore-eda es un director japonés que se destaca por los temas profundamente sociales que acarician la condición humana con tal sutileza que puede proyectarlo en su filmografía, que también abarca cine documental. Y es que no está de más mencionar que el director, antes de hacer cine, quiso ser novelista. Quizás de ahí venga su naturalidad para contar y conmovernos con sus tramas.

En 2018 nos conmovió con la película “Manbiki Kazoku”/“Asuntos de familia”, misma con la que ganó el premio Palma de Oro en el Festival de Cannes de ese mismo año. La trama va de la configuración social de la familia no parental y tiene, como en casi todas sus cintas, esa arista desde donde se puede observar al mundo desde los ojos no solamente adultos, sino desde la mirada de las infancias. Si no la han visto aún, ampliamente les recomiendo que vayan a buscarla. Entre los títulos destacados de su largo trabajo podemos encontrar:

2023 – Monstruo, 2013 – Soshite Chichi ni Naru (De tal padre, tal hijo), 2011 – Kiseki (I wish; en español: Milagro), 2008 – Still Walking (Aruitemo aruitemo), 2004 – Nadie sabe (Nobody Knows) y, de este último título es del que platicaremos hoy en el análisis de #ButacaVioleta.

 

En medio de una isla tan grande como la Ciudad, nadie sabe

Nadie sabe narra una historia construida a partir de hechos reales ocurridos en el centro de Tokio, una de las ciudades más densamente pobladas del mundo, en un entorno donde paradójicamente reina la soledad. Desde el inicio de la trama el director no permite que te apartes de la vida de cuatro niños que viven ocultos en un pequeño apartamento de Tokio, abandonados gradualmente por la única persona a su cargo. La cinta aborda con sutileza y profundidad una problemática estructural: la invisibilidad de los más vulnerables dentro de sociedades urbanas modernas, aparentemente funcionales y desarrolladas.

Desde una mirada sociológica, la obra permite explorar la descomposición del núcleo familiar, la negligencia institucional, y la forma en que la exclusión social se manifiesta incluso en contextos de aparente prosperidad. Nadie sabe es un gran título para una historia que bien podría estar ocurriendo enfrente de tu casa, pero como prefieres no lidiar con, ni conocer a tus vecinos, puede que también seas parte de la indiferencia social que azota a nuestras sociedades actuales.

Los vecinos, la casera y los transeúntes no advierten la presencia ni Leer más

La negra Angustias: Matilde Landeta y la desmitificación de estructuras

Por Sergio E. Cerecedo

 

Con los movimientos sociales de la actualidad se han puesto en la mesa nombres que antes no se escuchaban tanto en las masas, debido a muchos factores: ignorancia, sesgos, que pertenecen al pasado, y mil y un razones más. Es ahí donde la figura de Matilde Landeta y su lucha es emulada en movimientos por la igualdad y en contra de la violencia de género, además, gracias a esa representatividad que los grupos de mujeres encontraron, el público en general, y que no está del todo consciente o al corriente de estas causas, puede saber del trabajo, figura e importancia de esta cineasta.

 

Matilde en el medio cinematográfico crece primero como continuista en El Prisionero 13 (Fernando de Fuentes, 1933) y asistente de dirección de varias películas de la época del cine de oro con directores como Ramón Peón, camino que le permitió aprender de diferentes géneros y formas de filmar. En su carrera encontramos tanto películas enmarcadas en la revolución y en las luchas armadas como dramas sobre el trabajo sexual y la vida en las ciudades (Trotacalles, 1951), y eso sí, adaptaciones literarias. Su interés por el teatro y la literatura siempre fue tal que llevó un par de novelas al cine, entre ellas está la película que hoy analizamos, devenida de la novela de Francisco Rojas González

 

Por cuestiones de género y política, Matilde estuvo relegada y censurada de la dirección durante muchos años, lo que no le impidió estar de cerca en la parte administrativa y sin dejar de escrLeer más

El secreto de Romelia

Por Sergio E. Cerecedo

 

La década de los ochenta vino con muchos cambios para la industria del cine mexicano, como la llegada del video casero, la decadencia del género de la sexycomedia y, con ello, las disyuntivas entre lo que el público quería ver, debido a la debacle de los géneros cinematográficos populares. También es la época donde más que nunca se sustituyen los productos nacionales por los extranjeros. Y es en esta época que se vive la consolidación de la comunidad estudiantil egresada de las dos primeras escuelas de cine públicas en el país: el CUEC ahora ENAC, y el Centro de Capacitación Cinematográfica.

 

De esta última encontramos entre las directoras formadas ahí a Busi Cortés (1950-2024), quien rueda su ópera prima en una década con dificultades para las propuestas autorales. Además de su larga carrera como documentalista y directora de programas de televisión, ostenta logros como ser la primera estudiante del centro de capacitación cinematográfica en recibir el apoyo para la producción de su ópera prima, como alumna graduada de dicha escuela, un programa que dio oportunidad a través del esfuerzo de que estudiantes fueran cabezas de área por primera vez o de ser asistentes y recibir entrenamiento de maestros expertos.

 

Busi Cortés (1988)

La maestra Busi siempre tuvo una visión de la demostración de la fuerza femenina, de la lucha en contra de las pretensiones sociales y del mostrar los resultados de la represión y el peso de los roles de género en la vida de las personas. De los duros tiempos de represión que atestiguó de las circunstancias hacia las mujeres construye personajes complejos, imperfectos y que ni buscan ser un ejemplo ni tampoco se conforman con el yugo social que imponen sus decisiones, especialmente devenidas de sus sentimientos.

 

Y precisamente esa conexión en temáticas le llevaría a adaptar las letras de Rosario Castellanos, otra gran defensora de la tridimensionalidad en la visión Leer más

Pechos eternos: la completud del ser escritora

Por Sergio E. Cerecedo

 

En los años cincuenta se empezó a ver con una mayor frecuencia que en las cinematografías del mundo se abriera el paso a las mujeres directoras. En el caso de Japón, y también de otros países, esa brecha se abrió principalmente por dos caminos: las guionistas que llegaron del mundo de la literatura y las actrices que conociendo el oficio frente a las cámaras se animaron a aliarse con las escritoras y escribir papeles para ellas y sus colegas. Entre ese grupo se establecieron alianzas para proponer a las producciones historias que miraran más desde el punto de vista femenino y también que dieran presencia en las películas a los temas de interés de la actualidad de ese entonces y que dieran, por supuesto, voz a las historias femeninas.

 

Una de estas actrices fue Kinuyo Tanaka, quien es recordada en grandes películas de directores reconocidos como “Cuentos de la luna pálida de Agosto” (Kenji Mizoguchi, 1961) o Barbarroja (Akira Kurosawa,1965). Tanaka empezó desde muy joven con su carrera en las artes escénicas tocando la biwa (un instrumento musical de cuerda típico de Japón) e incorporándose a un grupo musical. Obtuvo sus primeros papeles en los años 30, y en los 40´s su carrera fue tan exitosa que incluso los títulos originales de las películas eran cambiados comercialmente para ponerle su nombre con una referencia a la temática, como “El primer amor de Kinuyo”  o “Doctor Kinuyo”. Kinuyo fue entonces un ícono de una industria que crecía rápidamente a pesar de haber vivido poco tiempo antes una guerra que trajo nuevos horrores y amenazas.

 

Kinuyo Tanaka (1955)

Sin embargo, ella tenía más ambiciones que la de ser un rostro reconocido, para los años 50 empezó a dirigir  y juntó sus inquietudes con gente con quien compartía ideas e intereses. Una de sus colaboraciones más importantes fue con la creciente dramaturga Sumie Tanaka, que colaboraba con elLeer más