La siguiente obra fue leída en voz y cuerpa de su autora en el micro abierto INSolentes, organizado por la editorial Tinta en las Uñas en colaboración con Enpoli, la Faro Tláhuac, Morgana Ediciones y la Fundación Elena Poniatowska, que se llevó a cabo en el marco del 8M.
Por Cynthia Orozco
Soy una mujer ingeniera desde hace poco más de 30 años y me siento muy orgullosa por lo que he logrado desde entonces. Desde los 7 años fue mi sueño estudiar ingeniería química y con mucho esfuerzo y dedicación lo conseguí.
En nuestra familia somos 3 hijas y desde niñas nuestros padres nos animaron a superarnos y a estudiar una carrera profesional, a pesar de que en esa época, en la década de los 70´s, se consideraba que el camino de las mujeres era ser amas de casa y estar limitadas por ser esposas y madres. En mi familia materna, la mayoría mujeres, escuché decir que la Ingeniería era de hombres y que si yo quería estudiar esa carrera era porque me interesaba estar rodeada de ellos.
Cuando ingresé al bachillerato, los maestros y maestras, me indicaron que era mejor para mí si escogía una carrera más femenina. Había una vecina que tenía un novio que estudiaba la carrera que me interesaba y constantemente me llevaba los cuadernos y exámenes para tratar de desanimarme.
Ingresé a la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Autónoma de Coahuila en 1989. Durante toda mi carrera, entre bromas y en serio, escuché constantemente que ésta no era para mujeres. Cinco años después, en la ceremonia de mi graduación, en 1994, recibí mi diploma comoLeer más



Acercarnos a la obra de Fanny Buitrago supuso una sensación de gozo al descubrir sus estrategias narrativas que suelen romper con lo predecible, lo esperado dentro del desarrollo de las historias. La experiencia de leerla suscita mucha expectativa sobre los cierres de los cuentos, ya que siempre me sorprendieron, y eso como lectora se agradece. Un placer que brota también al notar que hay una apuesta meticulosa por la construcción de una unidad interconectada a profundidad. El vacío fue el punto de partida, no querer sentir lo que me proponía Fanny. Negarme a conectar con lo que ha dolido por su proximidad. Las espinas que atacan desde afuera, que no se parecen a las del amor, no son buscadas y llegan desde el contexto macroeconómico y político. Hay una desesperanza y un constante estar respondiendo a aquellos que llegan y modifican el paisaje. También, a través de sus cuentos, me sentí con la libertad de ser fea desde la libertad de encontrarme yo, de tener el derecho a ser protagonista desde este cuerpo, desde esta piel y con este sexo, porque Fanny entrega personajas en las que podemos mirarnos más allá de que esto sea una frase hecha, utilizada ya con ligereza frente a nuestro encuentro con autoras. Sus personajas no son esperpénticas, solo son, ocurren con sus cuerpas algunas veces grandes, de las que Fanny decide hacernos ver su tambaleo.
En esa misma línea, desde que leo a mujeres tengo el deseo de encontrarme personajas siendo protagonistas en las historias. Aunque no aparecen tan palpables en los primeros cuentos, me dio mucha alegría leer a mujeres fuertes guardianas de sabiduría y memoria. No sé si es el objetivo de Fanny, pero su obra también me despierta una especie de rabia histórica con lo que cuenta, y lo cierra perfecto con lo que yo interpreto como una justicia también de carácter histórico. Entonces, leerla deja una sensación de tristeza, es como leer lo que ha pasado a lo largo del tiempo desde el colonialismo y lo que está sucediendo en la actualidad; Fanny nos muestra el desastre que provoca el capitalismo y del que muchas veces no nos damos cuenta. Así, el trabajo de Fanny como autora, en Bahía Sonora, nos muestra una memoria colectiva e histórica, y lo que según es el progreso, a costa del despojo. En ese sentido, sus posicionamientos políticos están presentes en todos los cuentos, en unos más patentes que otros, pero siempre allí. Dejándonos ver quién es ella en torno a la colectividad en donde creció. Para mí como lectora es importante saber de dónde par
En El Lector ocurre algo más o menos parecido, pero con muchas más interrogantes éticas y morales al medio. Hanna y Michael se conocen en 1958 cuando la segunda guerra mundial había terminado. Una tarde de lluvia él enferma en la calle y ella le brinda ayuda y lo acompaña hasta su casa. Michael ya recuperado acude al edificio donde la mujer vivía para agradecerle; sin embargo, lo que parecía que podría ser una relación fraternal, termina convirtiéndose en un verano apasionado entre el regazo de lecturas y el calor de una pasión prohibida por considerarse en nuestros tiempos como pederastia, debido a los 21 años de diferencia que existe entre ambos.






Signe y Thomas son una pareja que compite por la atención de la gente que les rodea. Él es un snobista cuya fama está en ascenso en la escena del arte, mientras ella trabaja como gerente en una cafetería y se siente opacada por su pareja. Evidentemente ninguno de los dos es estable mentalmente, ya que desde el inicio el director nos deja ver que la trama va de dos narcisistas que, entre la mitomanía y la cleptomanía, son arrastrados a un destino fatídico.