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¿Ya nos sigues?

El Che en tiempo de revolución

Aníbal Fernando Bonilla[1]

 

Su imagen es ícono mundial, ya sea impresa en una camiseta, en un afiche, en una gorra verde oliva, o altiva en el flameo de una bandera roja. Su talante histórico y actitud visionaria es ejemplo reverente para las generaciones nuevas. Su condición humana es modelo de eticidad y compromiso social. Su praxis ante la estrategia armada es estela de audacia en medio del frío fusil y la hostilidad de la selva.

Su condición rebelde es legado vital en la construcción de una sociedad distinta, incluyente y equitativa. Su estirpe de aventurero incansable es emblema de tenacidad y constancia aún en las peores condiciones por la afección asmática. Su hábito a la lectura desde la trinchera solitaria supone inteligencia y conocimiento. Reflexivo en cada jugada de ajedrez y en cada paso dado en el tránsito existencial. Su apego a la escritura, como modo de expresión comunicacional y estético (entre la línea analítica, la nota autobiográfica, el diarismo literario) es testimonio de creatividad y perfeccionamiento intelectual. Su hálito guerrillero es elemento movilizador por igual en la Sierra Maestra, en África, o en la montaña andina. Su profundo pensamiento socialista es apostolado ideológico que va de la mano con la interpretación dialéctica del fenómeno socio-político y económico, a tono con la afinidad marxista-leninista. Para Michael Lôwy “El pensamiento político del Che, como el de Marx y de Lenin, giran en torno a este eje fundamental de toda teoría auténticamente revolucionaria: la emancipación de los trabajadores será la obra de los trabajadores mismos”.

Su lealtad y compañerismo son sinónimos de desprendimiento y huella indeleble concomitante a la solidaridad individual y colectiva. Su visión ecuménica sobre la lucha por la liberación de los pueblos oprimidos es resultado y resultante del internacionalismo declarado en pos de la soberanía e independencia continental. Su dualidad argentino-cubana es consecuencia de su múltiple y diversa procedencia americana, alejada de fronteras inútiles, por eso no dudó desde muy joven en convertirse en ardoroso viajero de los rincones más inhóspitos de la Patria Grande, tal como lo hizo con su amigo Alberto Granado, en 1952.

Su sencillez y generosidad son cualidades de persona sabia y madura, de varón encaramado por la gloria del destino, aunque nunca fuese esa su pretensión personal. Comprometido con los de abajo. Soñador infatigable de las causas justas, que “decía lo que pensaba, y hacía lo que decía”, según Eduardo Galeano. Su amor por los suyos (tan intenso como el grito inicial del recién nacido o la lluvia en la tristeza de invierno), es componente intrínseco de ternura y verso. Ya lo aseveró él mismo: “Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el verdadero revolucionario está guiado por grandes sentimientos de amor”.

Nicolás Guillén, por su parte, lo evocó así: “No por callado eres silencio. / Y no porque te quemen, / porque te disimulen bajo tierra, / porque te escondan / en cementerios, bosques, páramos / van a impedir que te encontremos, / Che Comandante, / amigo”. O en inspiración de Efraín Huerta: “Che GLeer más→

Claudia Menéndez | Narrativa

Por Claudia Menéndez

 

Un día en la vida de Claudia         

El día 31 de abril te mandé un mensaje desde tempranito para que vinieras porque estaba deprimida y tenía el presentimiento de que algo malo iba a pasar. Pero nada, no me respondiste y más tarde, como a mediodía, vi tu publicación y tu estado y pensé: a este no le importa nada lo que a mí me pase. Bajé a la Feria, pa comprar algo. La misma jodedera de siempre, pero a lo mío: el picadillo, la latica de puré de tomate y los platanitos. Cuando volvía a la casa, revisé el teléfono y no vi nada tuyo. Claro que me dije, no te pongas nerviosa Claudia, ahorita te escribe.

Antes de descongelar y cocinar me puse a leer noticias y chismes, como siempre. Y me pasé tremendo rato en esa bobería. Pero cuando vi lo de la nave ahí sí me quedé fría. Qué es esto? Me dije. Tremenda historia! La nave gigantesca encima de nosotros y yo no había visto nada! Yo acababa de regresar de la calle y todo el mundo en la misma bobería. Pero en el teléfono estaba la noticia: “Nave gigantesca encima de La Habana recoge pasajeros para viaje a Marte”.      

Wow! Yo me dije: tengo que ir pa allá!  Antes de salir te escribí pero no me contestaste. Te marqué: teléfono apagado. Rarísimo todo. Pero yo decía: yo tengo que ir pa allá. Supuestamente la Nave estaba en el Malecón.

Y nada, que cuando llegué, sin saber de ti, y ya había perdido las esperanzas, me pegué con el bulto de gente que estaba empujando para entrar y me colé porque tú sabes que yo soy una fiera en las colas. Logré entrar y subí, a empujones pero logré meterme pa adentro y cogí asiento y todo. Traté de comunicarme contigo de nuevo y nada. Tú perdido.

Pa qué te voy a contar lo demás, que ya tú sabes. Que llegamos acá después de tres días volando. Tremenda historia el viaje pero los detalles no te los puedo escribir ahora. Solo te puedo decir que ha sido lo mejor que me ha pasado. Aquí lo que sucede es que me siento rara porque no conozco a la gente. Y te extraño! Del carajo tener que esperar hasta el 31 de abril del año que viene para ver si te puedes colar en el próximo vuelo!

Esta difícil!

 

 

Hoy como ayer yo te sigo queriendo mi isla bella

 

Recuerdos de la abuela: arroz con pollo a la chorrera, bien mojado con ajíes rojos por encima en cazuela grande con tapa de cristal, picadillo de res con aceituna, pasas y alcaparras, y papitas cuadraditas fritas antes; frijoles negros a lo Menocal con tomate y azúcar, ajiaco, tamales, quimbombó, pollo asado y en fricasé, el espagueti cortado, con picadillo, croquetas de pescado, chicharrones de pollo, ensalada fría, panetelas, arroz con leche, natillas, buñuelos, dulces de toronja, fruta bomba y casquitos de guayaba.

Despensa para las latas, proceso de deshojar el maíz, sesiones de costura, tejido, bordado. Cada mañana ir al puesto a ver qué hay. Recibir a los aguadores que traían el agua limpia en botellones. Subían al cuarto piso cargando en sus hombros marcados. Planta de orégano en el balcón.

Talco después del baño, colonia. Los domingos en el Pontiac. Leer más→

Cata Muñiz | Poesía

Cata Muñiz (Monterrey, Nuevo León, México). Poeta y Editora independiente. Coordinadora editorial y Cofundadora de M de morras: Revista artística. Autora de Hogar hecho de carne, publicado por la editorial Nodo Mutante. Segundo lugar en el Certamen de Literatura Joven, UANL 2025. Ha publicado en revistas como M de morras: Revista artística y Filamento. Revista de creadores jóvenes de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Escribe desde el cuerpo, entendiendo la carne como archivo de la memoria. Su obra explora la infancia vulnerada, el espacio doméstico y la ciudad como territorios donde el daño se vuelve cotidiano y estructural, la materialidad del lenguaje, el imaginario corporal y una mirada crítica sobre el silencio, la culpa y el desgaste emocional.

 

 

Refugio contra guerras

 

Habitación hecha de metales,
como jaula de aves o reja de barandal,
barrotes de cárcel o refugio contra guerras,
nación sin líder, espacio reseco,
enterrado,
                 solitario,
                                muerto.

Recuerdo el patio de la casa,
los gritos de la vecina,
cuando le tirábamos los pantalones de la barda,
cuando las guayabas caían y me golpeaban la cara,
cuando su marido nos miraba,
en silencio,
por el hueco de la pared.

Veo las siluetas,
los ojos amarillos y el dolor en las rodillas,
azul y verde, llaves mixtas,
la mirada del enemigo,
el miedo a que el reloj marcara las nueve,
anunciando,
la sangre y los vidrios rotos.

 

Saqué al monstruo de mi casa
pero hay algunas sombras,
que aún no pueden escapar de él;
viven encerradas,
obligadas a la ceguera,
llaman amor a la bestia,
con la esperanza de salir ilesas.

La guerra creció dentro de mí,
sin saber quién iba ganando;
escuchaba las bombas,
vomité las cenizas,
cerré las fronteras,
¡que nadie salga!, ¡que nadie entre!
ya no hay espacio para más muertos.

 

Oculté mis restos en una alcantarilla
la llené de mí mientras me ahogaba
crecí dentro
pinté sus paredes  con sangre y saliva
colores inventé de mi cuerpo
era mía, me pertenecía
mi reino, mi tierra.

Curé ahí las heridas que dejaron las ratas
arreglé nuestros hoyos
no podía dejarla morir
sin aire,
             rodeada de nosotras,
                                                paredes
                                                               sin resanar.

La nada que me llevó de vuelta
en medio del desierto
con los buitres haciendo espirales
mientras la bestia me veía de lejos
cuando me desmembraba en el pantano
con aguas profundas llenas de mis residuos
lo que maté en el hueco.

¿A quién llegará el hedor de mis desechos?
¿Qué tan lejos llegarán los pedazos de carne?
Los cuerpos seguirán flotando
hasta llegar al portón en llamas
para ser recibidos por Dios y sus ovejas
ofrecidos como alimento
al monarca en turno
que lleva el nombre de mi padre.

 

 

 

Terrario

Fue cuando me vestí de otra
que dejaron de seguirme las hormigas
y le prometí a mamá llevar a alguien a casa
para calmar el hambre de un fantasma
al que le llora la tripa
y se le cuecen las manos de tocar
un nuevo pedazo de carne.

Hay un camino de flores esperando
                                                         (me)
hambriento de mi cLeer más→