El peligro de no soñar juntas o de por qué 300 mil mujeres negras marcharon en Brasilia

Por Ana Hurtado

Para la RMMAD.

Llegamos desde tierras distantes, algunas incluso, cruzando más de un país. Orígenes bien diversos y trópicos que nos atravesaban a todas, sin importar nuestro lugar en el mundo. No podemos escapar de esos trópicos, de esas líneas invisibles que traspasan nuestros cuerpos, nuestros territorios y nuestro presente, que ya es ancestral.

Llegamos para escucharnos, para hablar, para reír, para sostener una imaginación política y reconocer que aspiramos a una vida que sea gentil con nosotras, porque hay cierta mentira en pensar que las cicatrices y los rastros de dolor son los hilos que nos unen. No es cierto. Los hechos atroces nos permiten encontrarnos. Entonces pienso que el dolor es un eufemismo de la utopía que describía Galeano, esa que se mantiene en el horizonte y sirve para seguir andando. La asociación entre dolor y utopía fue resultado de la mezcla entre reflexión y conmoción tras reconocer que, históricamente, las mujeres negras hemos sostenido mundos complejos, enfrentando un despojo constante de posibilidades y aparentemente condicionadas al desgaste, al sufrimiento, a la tristeza y por consecuencia, a la muerte. Y sin embargo seguimos combativas.

Poco más de 300 mil mujeres negras de todo el mundo caminamos juntas el 25 de noviembre del 2025 por la Explanada de los Ministerios en Brasilia, Brasil. Fue una convocatoria global y un acto histórico, cuyo objetivo central fue unir voces para demandar el Buen Vivir y la Reparación Histórica a los efectos colaterales del racismo. A esta caminata le antecedió una jornada intensa de diálogos y actividades planeadas para la sanación y la construcción colectiva. Espacios donde el debate culminaba con risas y fugacidades amorosas, y no de aquellas que idealizan la convivencia y la congelan en un momento irrepetible, no. ErLeer más

En Acapulco continúa la búsqueda del líder ambiental afromexicano Vicente Suástegui

Por Ghana Hurtado P.

 

¿Cuántas personas afromexicanas desaparecidas hay en México? La falta de datos desagregados perpetúa las desigualdades en el acceso a la justicia de pueblos y comunidades tanto indígenas como afrodescendientes. ¿Las personas afromexicanas no son víctimas de desaparición forzada?

 

Acapulco, Guerrero. El pasado 27 de octubre, Vicente Iván Suástegui Muñoz cumplió 42 años y 1,544 días desaparecido. A la 1 de la tarde en la Parroquia de San Francisco de Asís de la Colonia Ciudad Renacimiento, familiares, amigos y periodistas honraron el aniversario de Vicente con una misa.

 

La Fiscalía del Estado de Guerrero responde a la petición de justicia con una estrategia de desgaste y crueldad. Hay inculpados, pero también prófugos. Hay declaraciones que afirman que Vicente fue ejecutado y abandonado en un sitio, pero también hay restricciones para realizar búsquedas en lugares invadidos por grupos delictivos. Hay una promesa de justicia, pero también hay procesos que no se cumplen. Hay medidas cautelares, pero también hay dos crímenes no resueltos: el asesinato de Marco Antonio Suástegui Muñoz —hermano de Vicente— y la desaparición forzada de Vicente.

 

“En cualquier caso de desaparecidos siempre la familia tiene que salir adelante por el Estado sumiso de esta situación”, declara Rogelio Teliz, abogado del Centro de Derechos HumLeer más

Una mujer pierde su casa mientras huye del agua

Una crónica del huracán Erick

Por Ana Hurtado Pliego.

Llano Grande, Oaxaca. Al paso de las semanas, las pérdidas materiales que deja un huracán de categoría 3 en escala de Saffir-Simpson (de acuerdo con el Sistema Metereológico Nacional), se acumulan en la urgencia de resolver el día a día. Lo inmediato se centra en esquivar el hambre, las enfermedades causadas por la proliferación de mosquitos o por la falta de agua potable, y en que la preocupación por reconstruir casas que fueron destruidas por el viento y la lluvia sea más rápida que las posibles lluvias que suceden a los huracanes. Después de un huracán, lo inmediato es comenzar de nuevo.

 

Doña Chela vive en Barrio Arriba, a las afueras de Santiago Llano Grande, un poblado que pertenece a la micro región afromexicana de la llanada, con poco más de 1,000 habitantes. Caminos de tierra color ocre y un sol que, ante los árboles embestidos, arrecia más de lo normal. El 19 de junio, día en que el huracán Erick entró por las costas del Pacífico mexicano, doña Chela vio cómo el agua y el viento desbarataban su casa. Junto con su hija y sus dos nietos, salieron corriendo para resguardarse del desastre en una casa aledaña, atravesando las ráfagas de aire por donde volaban láminas de asbesto.

 

“Le digo a mi hija ‘aprovecha una sábana para enredar a la nené’, la enredó y le dije Leer más

Carmen. Epitafio para la impunidad

IV. Cuando pasó todo

 

A las 8 de la noche Carmen dejó de responder llamadas, entre las 9 y las 10 Santiago Parral, su hijo menor, comienza a marcar insistentente, pero la única respuesta que recibe es la del buzón de voz. La lluvia no escampa, los mensajes para saber dónde y cómo está se acumulan en vano. No hay testigos. Nadie vio, nadie oyó, nadie supo nada de esa noche en que todo pasó.

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-Emma, que mi mamá está muerta-

-No, no lo está-

-Si lo está-

Colgó. No había mucho qué decir. El cuerpo no le respondía. Intentó entender lo que acababa de escuchar a través de la bocina del teléfono fijo. Por un momento incluso olvidó la tristeza causada por la ausencia de su hijo que —por cierto— estaba secuestrado. En silencio y con un dolor serpenteante que abría vacíos a su paso, se acercó a su esposo para contárselo y comenzó a llorar. ¿Quién podría haberlo hecho? Si Carmen era una persona sin enemigos a la que todo mundo quería. Intentó entender, pero no lo consiguió. Es 2022 y el dolor, como una flor que se abre ante ciertos estímulos, sigue ahí, con ella. Evade la mirada, cambia el tema y me sugiere que entreviste a otra persona. Ha comenzado a dar golpecitos sobre la mesa. Con ambas manos forma pequeñas esferasLeer más

Carmen. Epitafio para la impunidad

III

Mi juventud a los 40

Por Ana Hurtado

 

 

En el interior de la camioneta se encontraron dos cuerpos. Se trataban de Carmela Parral Santos, edil de San José Estancia Grande y Hugo Castellanos Ortega, Coordinador delegado de la Coordinación Estatal de Protección Civil.Sus heridas habían sangrado profusamente hasta pausar por completo los signos vitales. A unos kilómetros, sus hijos, su nuera y su pequeño nieto aguardaban el regreso de Carmen en la casa de las paredes color lavanda. La esperaban. Ahí donde la querían mucho.

 

Llegaste tú y aquí por dentro tu belleza me torturaba
Volvió a llorar el corazón que no lloraba
Y al fin mis labios se mojaron otra vez

 

No se supo quien dio la orden para que la Ford Ranger en la que viajaba fuera emboscada. Los gatillos de las armas fueron disparados, las municiones quedaron sueltas y los responsables libres, viviendo una vida así: como si nada hubiera pasado la noche del 16 de agosto de 2019. El asesinato de Carmen Parral levantó sospechas sobre posible(s) responsable(s). Carmen fue acribillada un año después de que el proyecto de nación que juraba ser popular, justo y transformador llegara al poder. Cuatro meses después de este crimen, en diciembre del 2019, otro edil de Oaxaca sería ejecutado. Más allá de las especulaciones, hay una cosa cierta: la mLeer más

Carmen. Epitafio para la impunidad

II

Lavanda

Por Ana Hurtado

 

-¡Damaris, Ven!

Con su cinta métrica comenzaba a rodear algunos ángulos del cuerpo de Damaris y ella, sin poner resistencia, dejaba que Carmen registrara sus medidas en pedacitos de papel. Durante el tiempo que asistió a la escuela, Damaris portó uniformes confeccionados a su medida. Piezas únicas que nacían entre los ágiles dedos de Carmen. La tristeza de Damaris quedó desnuda. No hay prenda capaz de arroparla. Han pasado tres años. En vano, espera esa calidez que con remedios caseros, hilos, recetas de cocina y pláticas le alivió tantas angustias y temores.

La mañana siguiente al festejo por la conclusión de sus estudios normalistas, Carmen llamó a Ema —su mejor amiga— para contarle que el furor de la celebración la había hecho olvidar la hora exacta en que había tocado la cama. Fue la primera persona a quien llamó luego de que la despertaran con una noticia inesperada: tenía novios en casa. Chuy —su segundo hijo— y Damaris —su nueva nuera y su futura confidente— habían pasado la noche juntos. Tenía novios en casa.

Al principio fue estricta con ella, fueron los desayunos matutinos los que ablandaron la tensión entre ambas. El hijo menor de Damaris se acerca a sus piernas. Sus manitas están repletas de esmalte color negro. En una de ellas sostiene el frasquito de vidrio y, en la otra, el pincel empapado. Esto que parecía una interrupción fue, en realidad, un paréntesis para que Damaris recuperara consistencia en las palabras. Estamos sentadas en el patio de la casa de Carmen. El dolor se transfiere poro a poro, y las ganas de llorar se difuminan cortando el recuerdo, es decir, no profundizando sobre esos fragmentos de tiempo donde Damaris sintió tranquilidad y protección.

 En la forma en que también ella me contaba las cosas y pues ya, se fue soltando la confianza. Mientras desayunábamos porque era cuando estábamos nada más nosotras dos o tres. En el desayuno, cuando hacía los hot cakes, siempre me traía la leche, los huevos, la harina y la mantequilla. Extraño mucho hablar con ella.

Todas las mañanas siempre le iba a tocar a su puerta y le decía ya son las 7, las 8 y ya prendía su música. Se bañaba, y luego bajaba con la bocina. Bajaba con su bocina, la ponía y ya decía pues que ya estaba el desayuno. Y desayunábamos.

Ema Domínguez sabe algo que Damaris no. Desde que decidió sumarse a la familia Parral Santos, CarmenLeer más

Carmen. Epitafio para la impunidad

Por Ana Hurtado[1]

Hasta que los leones no tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador
Proverbio Africano


Este proyecto surge de la búsqueda por constituir espacios para redignificar las ausencias y paliar la impunidad del racismo. Estos escritos son resultado de extensas reflexiones en torno a imaginar un periodismo y una literatura situada, afrocentrada e inscrita en los principios de la justicia epistémica y la memoria. Aspiro a devolver atisbos de vida ahí donde el racismo estructural ha dejado muerte, deshumanización y pérdidas irreparables. 

“Carmen. Epitafio para la impunidad” es una serie de piezas narrativas dedicadas a Carmela Parral Santos, primera Alcaldesa afromexicana del municipio de La Estancia, Oaxaca. Fue asesinada en agosto del 2019. Estos escritos son, en conjunto, una carta a la ancestralidad fragmentada. 

 Nuestra lucha por la vida es también la lucha por ser recordadas con dignidad. 

 

I

Volver a la vida

La amistad más entrañable de Emma Domínguez nació a bordo de una pasajera, en las cabinas traseras de los vehículos modelo Nissan 2000 que fueron adaptadas para ser el transporte colectivo de la Costa Chica de Oaxaca. Después del primer día de clases en la Escuela Normal Superior de Oaxaca, los impetuosos trayectos de Pinotepa Nacional hacia La llanada no volverían a ser los mismos nunca más. Carmela Parral fracturó el silencio que divide a dos desconocidas y lo convirtió en un aire tibio que puso en libertad a más de unLeer más