Una aproximación
Por Aldo Saúl Uribe Nuñez[1]
Introducción
El cerebro humano, a lo largo de la historia de la ciencia, ha sido un enigma. Las neurociencias, aunque han contribuido significativamente a su entendimiento, apenas han sabido abordar qué es lo que se puede entender por cerebro y mente, qué entendemos por memorias o tipos de memorias y de qué manera estos conceptos y fenómenos de estudio se pueden conceptualizar y analizar. El cerebro es un órgano enigmático y maravilloso que se ha transformado hasta ser lo que es hoy en día, aunque, lamentablemente, poco sabemos de su funcionamiento y el papel que desempeña en nuestra vida.
No obstante, existen avances significativos en su comprensión. Estos avances no solo han surgido de las neurociencias, también han emergido de las ciencias sociales, las humanidades y las ciencias cognitivas. En este sentido, se ha analizado, por ejemplo, cómo el orden social influye significativamente tanto en nuestro cerebro como en la mente, y viceversa. Teóricos como Bartra (2007) han referido que difícilmente el cerebro se hubiera desarrollado sin la ayuda del orden social y simbólico, acuñando el termino de “exocerebro”. El cerebro es incapaz de crear conciencia por sí solo, y ésta se ubica en el cerebro y en el entorno en el que el ser humano se desenvuelve.
Por otro lado, pensemos, junto con Jean-Didier (2007), que no basta estudiar al cerebro desde una visión biologicista-fisiológica: el estudioso del cerebro debe tomar en cuenta conocimientos de las ciencias biológicas y las ciencias sociales y no relegar a la subjetividad del individuo. Este autor, aunque nos hace una descripción mayormente biológica del funcionamiento del cerebro en su libro Viaje extraordinario al centro del cerebro, retoma la importancia de la subjetividad y lo sociocultural en el estudio del cerebro y de la mente.
Así, este ensayo tiene el propósito de presentar, aunque de forma limitada, la relación entre el exocerebro y las representaciones sociales. Para hacer este análisis, se hace uso de bibliografía especializada concerniente a las ciencias sociales, particularmente, a la psicología social, a la antropología y a la sociología. Finalmente, se llega a la conclusión de que, tanto el exocerebro como las representaciones sociales son perspectivas de estudio que se enriquecen entre sí y nos invitan a pensar en la complejidad del cerebro y del orden simbólico y social en el ser humano.
Roger Bartra y el concepto de “exocerebro”
Roger Bartra, antropólogo y sociólogo mexicano, introduce un concepto fascinante que nos permite pensar el desarrollo del cerebro desde lo social y lo cultural: el exocerebro. Para él, el cerebro es incapaz de crear conciencia por sí solo y ésta no sólo se ubica en el cerebro, sino también en el entorno en el que el individuo se desenvuelve. De esta forma, el cerebro humano se apoyaría en una sólida estructura simbólica que le permite crear una conciencia, es decir, ser consciente de ser consciente (Bartra, 2007).
La cultura, al entrar en escena, logró que el ser humano se desarrollara sin precedentes y esto fue gracias a que, en un momento de la historia, un subgrupo de homínidos se enfrentó a situaciones o retos que superaban los recursos que normalmente usaban. La evolución cultural se transformó mucho más rápido que las lentas mutaciones de la evolución natural y biológica de la especie. Sin el desarrollo de la cultura, el ser humano difícilmente hubiera sobrevivido ante la hostilidad e indiferencia de la naturaleza.
Bartra (2007) refiere que la neurología ha intentado encontrar los mecanismos biológicos naturales de la mente en el funcionamiento del sistema nervioso central, relegando al cerebro de los elementos subjetivos y artificiales, teniendo como objetivo responder a una pregunta muy compleja: ¿Es acaso el lenguaje, la conciencia y la inteligencia productos “naturales” definidos genéticamente en los circuitos cerebrales o son producto de la cultura? Bajo esta incógnita, podríamos decir que de los dos. La conciencia y el lenguaje se ocupan de circuitos cerebrales, pero estos no pueden ser desarrollados sin la cultura y la interrelación con los otros.
Bartra (2007) también describe la relevancia de la plasticidad cerebral en la adaptación del ser humano y el desarrollo de su cerebro. La plasticidad cerebral es aquello que nos permite no solo generar nuevas redes neuronales de aprendizaje, sino también adaptarnos a nuevas situaciones de la vida. El sistema nervioso, entonces, cambia dependiendo de las vivencias/experiencias del sujeto y su coLeer más









