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Adolescer en la norma: un paradigma moderno con categoría de padecimiento

Por Luciana Bianchi

 Actuar lo normal es tremendamente difícil, de hecho, es jodidamente insoportable, sobre todo cuando la necesidad de la actuación en modo supervivencia se presenta en la etapa más crítica de la vida mortal: la adolescencia.

La reflexión sobre lxs jóvenes y sus circunstancias merece ser pensada como un punto de entrada para comprender el mundo contemporáneo porque nos permite, mediante sus diversas formas de existencia, poner una mirada pseudo objetiva sobre cómo se configura un escenario social donde lxs adolescentes son, en vastas ocasiones, depositarixs de ideales que van por fuera de sus propias cosmovisiones.

Si nos centramos en el análisis cultural de la categoría podemos reconocer expresiones juveniles que hacen que la construcción identitaria demande proyectos políticos. Dichos proyectos deberíanLeer más

El sueño, un regulador de la salud

Por Mauricio Torres Peña[1]

El sueño es una de las actividades naturales más imprescindibles para el restablecimiento de nuestra energía y de nuestro ánimo, sin embargo, si elucubramos un poco sobre éste podríamos formular la siguiente pregunta: ¿Qué hace que tengamos predilección por dormir en la noche más que por el día?

Al responder esta pregunta estaríamos aclarando los mecanismos fisiológicos que lo producen, pues la luz es uno de los principales reguladores del sueño. Cuando llega la noche, la iluminación natural disminuye por la puesta del sol, y nuestra retina, al percibir la disminución lumínica, se comunica por vías nerviosas con la glándula pineal, para que ésta libere melatonina y consecuentemente induzca al sueño, siendo ésta la principal hormona reguladora del ciclo (circadiano) de sueño/vigilia.

Simultáneamente, la adenosina, un metabolito que se acumula enLeer más

A la mitad

Por Diana Meza

“Yagé […] Etimológicamente, en lengua quechua —aya (muerto, espíritu) y waska (soga, cuerda)— significa “soga o liana de los muertos” porque, para los nativos amazónicos, la ayahuasca permite que el espíritu salga del cuerpo sin que este muera”.

 

Salí del ensueño una mañana soleada. El ventilador de la esquina no era suficiente para erradicar el calor que había convertido el cuarto de hotel en un desierto, donde mi cuerpa y frente perlada se deshidrataban gota a gota, dejando marcas mojadas en la almohada y en la mano con que limpiaba mi frente. Faltaba una hora para salir rumbo a Puyo de la estación de autobuses de la ciudad de Guayaquil. Impulsada por la prisa sacudí la pereza junto con las sábanas, caminé al baño, lavé mi rostro y me vestí para dirigirme a la recepción del hostal y solicitar información sobre cómo llegar a mi destino.

No dejaba de estar inquieta, pues mi visita al amazónico lugar tenía un objetivo específico: encontrarme con la Ayahuasca, el elixir preparado con plantas de raíces inmemoriales. Aunque antes me había informado y preparado de acuerdo con las limitaciones derivadas de mi condición de mujer occidental, nada evitaba que yo sintiera miedo, pero ¿a qué?, ¿a la naturaleza?, ¿a la selva?, ¿a la introspección? ¿Cómo explicar este temor a explorar mi propia conciencia fuera del plano común? Mientras devanaba mis sesos con estas disertaciones, ya había llegado el taxi que me transportaría a la central; cargaba a mis espaldas, como una joroba llena de ilusiones, una enorme mochila con todo lo necesario para adentrarme en las entrañas selváticas: pasaporte, libreta, pluma, repelente.

El traslado fue rápido, en cuestión de minutos ya estaba en la sala de espera rodeada de gente extraña. Ví rostros morenos y cabelleras negras como la mía, oí voces cantadas con acento tropical, torsos sudorosos, Leer más