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¿Una nueva historia de felicidad?

Jorge Humberto Días (Portugal) es director de la institución Gabinete PROJECT@», fue presidente de la Asociación Portuguesa de Asesoramiento Ético y Filosófico, profesor en la Universidad Vasco de Quiroga y autor de diversos textos vinculados a la práctica filosófica.

En este texto Jorge Humberto Díaz nos presenta dos grandes cuestiones. La primera, en relación a una preocupación por la filosofía, la práctica filosófica y las aplicaciones sociales. Allí busca mostrar cómo la tensión entre una labor que no es siempre valorada o conocida, pudiera hoy abrirse camino en el mudno presencial y virtual. Con algunos términos que podrían ser algo controversiales como “mercado”, “clientes”, “filósofo corporativo”, etc. Presenta luego la cuestión de la felicidad, que ha sido tema de investigación del autor durante años. Refiriendo a indicadores de la ONU y a diversos estudios, nos insta a considerar la «cara» filosófica de la felicidad y de cómo hoy, en tiempos de covid y confinamiento, la cuestión de la felicidad debería ser más considerada, entendiendo nuestras necesidades sociales, pero rompiendo una visión que contempla una «adicción» a las mismas.

David Sumiacher

 

Enviado el: 8 de abril de 2021

En tiempos en que la realidad parece que nos excede la filosofía es un medio para transformar quienes somos

 

¿Una nueva historia de felicidad?

«Nadie planea ser infeliz, pero la infelicidad ocurre porque tú (no) diseñaste nada

Desde 1998 me dedico al estudio de la Felicidad. Mi trabajo final para la Licenciatura en Filosofía en la Universidad Católica Portuguesa fue sobre la Filosofía de la Felicidad. En este proceso, tuve el desafío de articular la dimensión teórica con la dimensión práctica de la Filosofía. En 1999 fui invitado por una Radio Local a colaborar en un programa titulado “Conversaciones con música”. Fue mi primera experiencia profesional en Filosofía Aplicada. Una vez a la semana teníamos un tema, elegíamos canciones sobre ese tema. En la primera parte del programa analicé la letra de las canciones, comenté filosóficamente, hablé con el locutor de radio. En la segunda parte, abríamos el micrófono a las participaciones de los oyentes, quienes llamaban activamente para dar su opinión, compartir experiencias, emociones, etc. Algunas ediciones parecían auténticas consultas de Orientación Filosófica.

¿Por qué recordé esta experiencia hoy?Leer más

Luego, nadie atravesó el umbral

Por Andrés Gómez[1]

Menard declaraba que censurar y alabar
son operaciones sentimentales que
nada tienen que ver con la crítica.
Un eterno silencio para los que mueren
a vuelta de esquina.
En esta ciudad de iglesias se siente una gran necesidad de pecar.
¿Por qué la vida de la gente que escuchaba boleros
suena siempre tan cursi?

1

Tantas veces vio las mismas sombras alargándose y encogiéndose sobre las paredes magulladas de Chalico diecinueve. Tantas veces observó cómo los contornos se deslizaban entre el suelo pegajoso y el techo arrugado por el humo; entre los acordes tendidos de una vieja canción de desamor los bultos alcoholizados maniobraban el corazón en cada movimiento sincronizado. Tantas veces se reconoció solo frente al espejo, desdoblado en el reflejo de una botella de cerveza, figura agarrada de una estampa azteca. Los ojos le pesaban de tanta lágrima acumulada en los pozos que acotaban el relieve de su rostro. El calor del alcohol le adormecía los labios con cada beso. Luego salía a la noche y trastabillaba sobre las costillas de San José de Jalpa, guiado por el olor a cloaca. Observaba cómo las cabezas de las iglesias lo señalaban con sus campanarios punitivos, mientras deslizaba su cuerpo flotante sobre los grafitis. San José de Jalpa aún reposaba su torso quemado. Se podía escuchar el crujir de sus huesos exhumados.

Tantas veces se precipitó sobre una esquina cualquiera con la vejiga llena y su sombra se encogía detrás de él. A más pasos su contorno se desvanecía. Para cuando llegaba a la esquina de Maclovio Herrera se sentía un punto muerto, inerte sobre la banqueta, desmadejándose con cada bocanada. Tantas veces repitió aquel ritualLeer más

Debajo de las cifras, ¿la verdad?

Maximiliano Palacios[1]

Primero vinieron por los socialistas,
y yo no dije nada, porque yo no era socialista.
Luego vinieron por los sindicalistas,
y yo no dije nada, porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los judíos,
y yo no dije nada, porque yo no era judío.
Luego vinieron por mí,
y no quedó nadie para hablar por mí.
Martín Niemöller[2]

1. A modo de introducción

¿Por qué, cuando hablamos de cuestiones relacionadas a torturas o genocidios, importa tanto un número? En Argentina, acostumbramos escuchar que “no fueron 30.000”, que si fueron “8000” o “7000”, etc. La cuestión parece dar vueltas en torno a cifras, como si se pudiera explicar la historia de los años 1976-1983 con base numérica. Tal vez algo tenga que ver el ser hijos de la modernidad y su orden matemático del mundo (modernidad que no ha muerto, pese a que se quiera escapar de ella a través del uso de conceptos “líquidos”). No podemos imaginar un texto sin autor, como no podemos pensar en un genocidio sin la cifra. Pero si quitamos el fetiche de la estadística, si quitamos ese velo que nosotros mismos lanzamos sobre ello, seremos capaces de dar un paso sencillo. Nos daríamos cuenta de que no importa el autor sino el texto, y que no importa la cifra sino los muertos.

No me interesa agregar nada a los debates de los numerólogos. Leer más