¿Qué es ENPOLI?

Columnas de opinión

Tomar Partido

Por Alonso

Pincha sin miedo

Deconstruyendo-nos

Por Angélica

Dale click

La Guerra de las Ideas

Por Ximena

Clickea

¿Ya nos sigues?

Corrección de estilo

Colabora con nosotros

Luego, nadie atravesó el umbral

Por Andrés Gómez[1]

Menard declaraba que censurar y alabar
son operaciones sentimentales que
nada tienen que ver con la crítica.
Un eterno silencio para los que mueren
a vuelta de esquina.
En esta ciudad de iglesias se siente una gran necesidad de pecar.
¿Por qué la vida de la gente que escuchaba boleros
suena siempre tan cursi?

1

Tantas veces vio las mismas sombras alargándose y encogiéndose sobre las paredes magulladas de Chalico diecinueve. Tantas veces observó cómo los contornos se deslizaban entre el suelo pegajoso y el techo arrugado por el humo; entre los acordes tendidos de una vieja canción de desamor los bultos alcoholizados maniobraban el corazón en cada movimiento sincronizado. Tantas veces se reconoció solo frente al espejo, desdoblado en el reflejo de una botella de cerveza, figura agarrada de una estampa azteca. Los ojos le pesaban de tanta lágrima acumulada en los pozos que acotaban el relieve de su rostro. El calor del alcohol le adormecía los labios con cada beso. Luego salía a la noche y trastabillaba sobre las costillas de San José de Jalpa, guiado por el olor a cloaca. Observaba cómo las cabezas de las iglesias lo señalaban con sus campanarios punitivos, mientras deslizaba su cuerpo flotante sobre los grafitis. San José de Jalpa aún reposaba su torso quemado. Se podía escuchar el crujir de sus huesos exhumados.

Tantas veces se precipitó sobre una esquina cualquiera con la vejiga llena y su sombra se encogía detrás de él. A más pasos su contorno se desvanecía. Para cuando llegaba a la esquina de Maclovio Herrera se sentía un punto muerto, inerte sobre la banqueta, desmadejándose con cada bocanada. Tantas veces repitió aquel ritualLeer más

Debajo de las cifras, ¿la verdad?

Maximiliano Palacios[1]

Primero vinieron por los socialistas,
y yo no dije nada, porque yo no era socialista.
Luego vinieron por los sindicalistas,
y yo no dije nada, porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los judíos,
y yo no dije nada, porque yo no era judío.
Luego vinieron por mí,
y no quedó nadie para hablar por mí.
Martín Niemöller[2]

1. A modo de introducción

¿Por qué, cuando hablamos de cuestiones relacionadas a torturas o genocidios, importa tanto un número? En Argentina, acostumbramos escuchar que “no fueron 30.000”, que si fueron “8000” o “7000”, etc. La cuestión parece dar vueltas en torno a cifras, como si se pudiera explicar la historia de los años 1976-1983 con base numérica. Tal vez algo tenga que ver el ser hijos de la modernidad y su orden matemático del mundo (modernidad que no ha muerto, pese a que se quiera escapar de ella a través del uso de conceptos “líquidos”). No podemos imaginar un texto sin autor, como no podemos pensar en un genocidio sin la cifra. Pero si quitamos el fetiche de la estadística, si quitamos ese velo que nosotros mismos lanzamos sobre ello, seremos capaces de dar un paso sencillo. Nos daríamos cuenta de que no importa el autor sino el texto, y que no importa la cifra sino los muertos.

No me interesa agregar nada a los debates de los numerólogos. Leer más

¿Quién es mejor: Alan Moore o Grant Morrison?

O la dualidad en la existencia humana

 

Por Carlos Iván Rodríguez Galván[1]

Como en el mundo literario, el mundo cinematográfico o el mundo musical que tienen un apartado que se le conoce como crítica literaria, crítica musical o crítica cinematográfica, según sea el caso, a la misma usanza, también el mundo del comic, tebeo o historieta tiene ese mundo de crítica y análisis de lo que muchos fans consideran ‘el noveno arte’.

Por eso, el artículo de opinión que nos reúne el día de hoy se centra en dos figuras clave del comic estadounidense (mainstream) y británico, Alan Moore (inglés) y Grant Morrison (escoces).

Ambos fueron pioneros en lo que se conoció en Estados Unidos como La Invasión Británica de autores que de aquel lado del mundo llegaron a la industria estadounidense durante los años 80’s y 90’s.Leer más