La domesticación de la palabra

Por Verónica Ethel Rocha Martínez

 

El español confiere al sustantivo señor un significado asociado al latín “senex”, “senior” que se traduce como el más viejo (Pons, 2018), es un vocablo usado para conferir a los mayores de una casa el apelativo de “jefes de familia”. En ese sentido, también es parte de la tradición medieval al nombrar un señorío como el espacio que confería al señor feudal autoridad en un territorio delimitado.

Posterior al siglo XIV surgirá, en su forma femenina, el vocablo “señora”, según expone Pons (2018), quien también advierte el uso despectivo de este sustantivo a partir del siglo XVII, pues, particularmente, tratándose de las mujeres, su uso implicó resaltar el paso del tiempo, enfatizar que no se es joven.

Otro referente vejatorio es usual en el ámbito laboral a partir de restar capacidad profesional al trabajo Leer más

Facebook, avala mi feminidad, por favor

Por Carmen Macedo Odilón[1]

Como tantas veces al día, Facebook me distrae a la vez que absorbe mi escaso tiempo libre. No sé si hasta el punto de enajenarme, puesto que todo lo que pudiera interesarme del mundo actual está ahí reunido: amigos, asuntos escolares, noticias, lo viral, compras y hasta activismo. Seguramente no soy la única que pasa de la diversión a la indignación con solo un desliz de dedo a través de la pantalla táctil de un celular o con un sinfín de clics frente a la computadora. Por ejemplo, hace poco leí esta frase en un ensayo de Luisa Possada Kubbisa: “Las mujeres son cuerpo”.

Y es interesante, porque previamente un par de ideas entorno a este tópico me dieron vueltas en la mente cual torbellino rabioso, y todo gracias al querido y a veces odiado Facebook.

Una publicación casual, el video de una chica, Sophie Arvebrink, quien, de más joven, se sentía acomplejada por su cuerpo delgado, razón por la cual se adentró al culturismo y ahora exhibe su turgente musculatura en páginas fitness.

Las reacciones variaban: caritas de asombro de mujeres que expresaban su admiración por el arduo esfuerzo de una vida dedicada al gimnasio, algunos corazones y likes, el resto correspondía a las caritas burlonas, de dueños escudados en el anonimato y la distancia del Internet, donde la premisa era una sola:

 “Tiene cuerpo de hombre.”

De inmediato pensé: seguro a Sophie le brotó pene, y próstata, su pelvis se estrechó, las glándulas mamarias desaparecieron de su torso y en el cuello le brincó una abultada manzana de Adán. ¡Ahh, malditas pesas y ejercicio de alto impacto! ¿Para qué existen las “operaciones de reasignación de sexo” si con una rutina intensa de pesas y estrictos hábitos de ejercicio, una mujer, a criterio de los usuarios de Facebook, tiene lo suficiente para convertirse en hombre? 

“Perdió la feminidad.”

Claro, porque salió del molde de cualidades y comportamientos que se cree, caracteriza a una mujer. Sí, pero este constructo social en el que nos encasillan incluso antes de nacer, cuando los padres anticipan ropa rosa y aretes para las niñas, no aporta más que limitar el espectro de posibilidades donde las mujeres podremos, más tarde, desenvolvernos. El resultado de apegarse a un término como feminidad es considerar otredad, rareza y desconcierto a una mujer que hace rutinas de pesas para definir sus músculos.

 También leí:

“Dejó de ser mujer”

 Y las palabras de Possada “las mujeres son cuerpo” me llevaron a imaginarnos reducidas a una carcasa de atributos físicos que se juzgan únicamente con la mirada. Pero ¡qué lástima!, si pese a la aprobación social o al reproche de sus espectadores, quejarse y atacar en Internet es insuficiente para cambiar la realidad de una hembra humana. 

A Sophie Arvebrink, la tacharon de exagerada por romper los estándares de belleza con un cuerpo tonificado, le llamaron fraude porque hay quienes consideran que su masa muscular es resultado del uso de esteroides. Más de uno escribió “lesbiana”, como si el culturismo fuera un estilo de vida exclusivo de las lesbianas, o bien, como si la orientación sexual fuera un insulto.

De la mano con la frase “cuerpo de hombre”, el otro común denominador de los comentarios fue la pérdida de la fragilidad: las sutiles y suaves formas del cuerpo de la mujer disminuidas por el volumen de músculos torneados. “delicado” fue el adjetivo más empleado como sinónimo de lo femenino, aunque me dio la impresión de que en realidad deseaban escribir “débil”.

 Entonces mi mente colapsó cuando hilé este asunto de la feminidad con otra publicación de Facebook que me dejó largo rato intranquila. Un típico post machista en una típica página machista que de repente se hace viral, el cual contrasta la imagen física de las mujeres: unas perfumadas y maquilladas, que usan vestidos ajustados vs la contraparte: encapuchadas, manifestantes y mujeres con el torso desnudo. Al pie del post se lee la siguiente frase:

“Yo no soy feminista, soy femenina”.

Me sorprendió la cantidad de chicas que respondieron a la publicación argumentando que podían ser ambas cosas, que estaban orgullosas de ser feministas y femeninas e incluso compartieron fotos de sus perfiles, rodeadas de flores, corazones y animales de peluche, uñas largas, vestidos cortos y maquillaje detallado. Me pareció un ejemplo muy claro de búsqueda de aprobación masculina, de alienación con ese mismo sistema que por años nos ha tratado de encajar en estereotipos de género que limitan el concepto de mujer a ser femenina. En relación con este tema, Naomi Wolf en El mito de la belleza (1992)1 menciona lo siguiente: “Estamos en medio de una violenta reacción contra el feminismo, que utiliza imágenes de belleza femenina como arma política para frenar el progreso de la mujer: el mito de la belleza.”

Treinta años después, sigue repitiéndose la situación que comenta Wolf: para herir a una mujer basta con hablar de su físico, para manipularla es suficiente hacerla sentir insegura de su imagen corporal, comparándola con otras mujeres, la perfecta aplicación del famoso “divide y vencerás”.

De esta forma, la violenta lucha mediática entre femeninas contra feministas distraerá la atención de la verdadera violencia que ejerce el patriarcado sobre las mujeres, y que se ha normalizado a tal grado que se busca desacreditar a una mujer y a todo un movimiento cuando alguna decide poner fin a años de dominación manifestada a través de las ataduras de los estereotipos de género.

Femeninas, sí, feministas no. Seguro esta frase volverá a aparecer en mi news feed y me acordaré del camino que nos falta por recorrer, con el fin de que cada vez más mujeres cuestionen para qué sirve el estereotipo de lo femenino. Como feminista en formación, este tema me sirve de parámetro para saber dónde falta un cuestionamiento acerca del papel en que seguimos encasillándonos en un mundo dominado por hombres, que continúa determinando el valor de una mujer por su potencial de madre, esposa y mujer trofeo. Me hace ver que la crítica hacia este mito de la belleza y de la feminidad necesita llegar a más mujeres y crear polémica, propiciar análisis y reflexiones para entonces tomar cartas en el asunto como en su momento lo hizo —y sigue haciéndolo— el tema de la maternidad impuesta.

Mientras tanto, Sophie Arvebrink, en los videos que subió la página Gladiadores fit, luce radiante, segura, fuerte, satisfecha consigo misma, y a lo largo de una extensa galería de imágenes disfruta su deporte al lado de sus compañeras de gimnasio. A pesar de los comentarios que critican su cuerpo y que cuestionan sus decisiones sin siquiera conocerla, ella sigue rompiendo esquemas viviendo de la forma en que lo desea, con una fama internacional, feliz consigo misma, con el respaldo de miles de seguidores en Facebook e Instagram y firmando autógrafos en eventos de culturismo.

¿Y los cibernautas le tienen lástima?, ¿en serio? Me encanta cómo esta querida red social, incluso luego de un momento de indignación y tras estas simples disertaciones, vuelve a hacerme reír con las ocurrencias de sus usuarios machistas.

De modo que, esta cuestión se veía lejana, dado que hablamos de una culturista nacida en Suecia, sin embargo, hace unos meses, la misma polémica llegó a territorio mexicano y posiblemente se extendió por toda Latinoamérica. La actriz y modelo Vanessa Guzmán, ex miss México, sorprendió con el cambio en su imagen, luego de ganar tres medallas en una competencia de culturismo realizada en Vallarta. Y ¡bam!, de alguien salido de la alcantarilla surgió la misma cantaleta del “parece hombre”, “qué desperdicio” o “ya se echó a perder”.       Que alguien tome este texto desde el principio, sustituya el nombre de Sophie por Vanessa y volvamos a explicar por qué ninguna mujer necesita la aprobación de miles de desconocidos para hacer lo que le gusta. Guarden estas palabras, porque la guerra contra el cuerpo de las mujeres es un cuento de nunca acabar.

Así que cuando quiera, que Facebook elija una foto mía y le pregunte a sus usuarios si estoy in out, si con los tatuajes y perforaciones me descompuse o si por el sedentarismo y el vello corporal dejé de ser mujer, porque créanme, me muero de ganas de saberlo…

 

 

 

[1] Wolf, Naomi. (1992). El mito de la belleza. Argentina: Emecé, p.14.

[1] Carmen Macedo Odilón es bibliotecóloga, estudiante de Lengua y literatura hispánicas y de Creación literaria. Ha publicado cuentos para adolescentes en cinco antologías de la Editorial Escalante, así como de manera virtual, ensayos, relatos, cuentos y artículos con perspectiva de género en revistas literarias, académicas y fanzines. Huidiza por convicción, devota del Gatolicismo por convicción y noctámbula por placer.

 

 

Si quieres vivir, no debes conducir

“Arabia Saudita, donde manejar un vehículo era un delito para las mujeres”

Por Sofía Rangel Ramírez

¿Qué pasaría si no tuvieras permitido conducir?, ¿Cómo podrías trasladarte a distintos sitios para efectuar actividades cotidianas?, y si se presentara una emergencia, ¿qué harías?

Manal Al Sharif no solo fue detenida por el delito de manejar un automóvil, también influyó que publicara un video en Internet sobre ello y motivara a otras mujeres a no quedarse atrás. Para así representar un poco de la discriminación que sufren las mujeres día a día en Arabia Saudita.

¿Cuándo y por qué surge esta ley?

La ley que prohibía a las mujeres conducir, y originó un daño a su libertad y dignidad, fue emitida en 1932, hace más de 80 años, cuando se fundó el Estado Saudí.

La delgada línea que divide la discriminación que sufren hombres y mujeres se basa en la aplicación de la “purdah”, un conjunto de prácticas falócratas que pretenden proteger el honor de la mujer. Sin embargo, deLeer más

Cuando se nos niega el derecho de poner nuestros límites

Por Alejandra Libertad[1]

En días anteriores, platicando con una amiga, me explicó que se encuentra llegando a su límite con su actual pareja, debatiéndose entre continuar o terminar, porque se ha dado cuenta que es una relación violenta. De inmediato empaticé con ella, ya que el tema de los límites me ha quitado varias veces el sueño, pues reconozco que me es difícil identificarlos y mantenerlos, sobre todo con personas que estimo.

Hablar de límites me transporta a las clases de geografía y a esas líneas divisorias reales o imaginarias para demarcar una entidad o territorio, pero también a los diálogos cotidianos donde se evoca ese umbral que define “hasta donde tú puedas llegar o aguantar”.

Cuando pienso en mi cuerpa, identifico límites físicos pues por más que lo desee no puedo saltar de un techo de 4 metros o aguantar una extracción de muela sin llorar. También hay límites psicológicos o emocionales, porque no me puedo obligar a sentir cariño por alguien, o a estar en un grupo de trabajo por más de 11 horas al día,Leer más

Expresiones de la masculinidad hegemónica mexicana desde los memes de internet

Por Miguel Cipactli Romero Ramírez

El yo, la mente individual, no crea la realidad. La humanidad está mediada por una realidad que no fue creada por ella. La cual tenemos que aceptar como un hecho primordial. Pero está en nosotros interpretar la realidad, hacerla coherente, comprensible, inteligible.
–E. Cassirer

En este artículo pretendo avocarme al análisis de la expresión sociocultural de la violencia de género desde Facebook a partir del marco analítico de las masculinidades. En primera instancia, puntualizo el marco analítico —de tipo culturalista— del que parto para problematizar el concepto de masculinidad. Posteriormente, presento cómo tanto las representaciones que se proyectan desde los memes de la página de Spidercholo en Facebook alrededor de la masculinidad, así como los comentarios que los seguidores publicaron al observarlos, da como resultado la identificación de que entre los administradores de la página y sus seguidores se ha constituido una fratría digital (Segato, 2013) desde la que se difunden memes y discursos de odio contra las mujeres. Finalmente, concluyo resaltando que al introducir la perspectiva de las masculinidades hacia el estudio de los memes, nos permite comprender las expresiones de violencia que se producen desde los espacios de interacción digital mediados por dispositivos tecnológicos.

1.-La concepción socio-cultural de las masculinidades

Por muchos años se sostuvo que ser hombre respondía a determinaciones exclusivamente biológicas. Leer más

Biólogas de campo: un trabajo valiente para la ciencia

Por Liliana Reyes Grande[1]

A propósito del día Internacional de la mujer y la niña en la ciencia, es importante resaltar el papel que ellas desempeñan, tal es el caso de las biólogas mexicanas, haciendo énfasis en los estudios de campo, que son de suma importancia para el uso y conocimiento de la biodiversidad. El día internacional de la mujer y la niña en la ciencia fue decretado por Naciones Unidas y es celebrado el 11 de febrero, como parte de la Agenda 2030 de desarrollo sostenible. La ciencia y la igualdad de género son fundamentales para el fortalecimiento del conocimiento, aun así, las mujeres siguen encontrando dificultades ya que menos del 30% de las científicas ejercen en el campo de la investigación. En México, la presencia de mujeres en áreas de ciencia y tecnología en 2018, ocupaba el 37% del total de integrantes del Sistema Internacional de Investigadores, sin embargo, en el campo laboral, ocupan un 59.1% de acuerdo a las estadísticas reportadas en el primer trimestre del 2020. Como profesionales en biología, hay al menos 100 mil biólogos en nuestro país, no obstante, no se encuentran datos con relación al género y mucho menos sobre sus áreas de especialidad, como es el caso de las biólogas que realizan estudios en campo para la recolección de datos para la investigación.Leer más

¿Y si te arrepientes?

Por Sandra Estefania Becerra

Las mujeres menores de 30 años que no tenemos, ni deseamos tener hijos, y además decidimos exteriorizar nuestro deseo, una vez que hemos dicho «no quiero tener hijos jamás», nos convertimos en sujetas de cuestionamientos permanente, por la sociedad, la esfera social y familiares, ya que, al no contemplar la maternidad como plan de vida, nos salimos del molde, e instantáneamente nos transformamos en seres extraños. Esta decisión también suele ser reprochada por ginecólogas (os), donde la controversia se torna más oscura si la declaración va acompañada de un “deseo realizarme una ligadura de trompas”, generalmente conocida como esterilización. La decisión lleva consigo una carga de información previa, que en el caso de Latinoamérica, no necesariamente es suministrada por el Estado (mediante ginecólogas o ginecólogos, servidores de la salud pública), y cuando lo es, suele ser incompleta, sesgada e, incluso, puede llegar a ser negada u omitirse información valiosa, y por consecuencia no llega a las interesadas de forma apropiada.Leer más

El feminismo como forma de (re)construcción de la masculinidad

Por Alonso Mancilla

«Es tu mala costumbre de hacer de mentor, que te has asignado tú mismo y en la que pretendes aleccionarme y asumir el papel de educador. Tus actuales consejos y críticas en relaciones a mis actividades aquí, van mucho más allá de los límites de los consejos y acotaciones de un buen amigo, para convertirse en una sistemática prédica» 
Rosa Luxemburgo, Carta a Leo Jogiches.

 

Antes de conceptualizar la filosofía feminista y dotarla de ciertas características que se supongan o consideren como filosofía, con el fin de comprender cómo se articula la (re)construcción de la masculinidad, habría que ir deconstruyendo y reconstruyendo la filosofía misma, como establece Celia Amorós en Feminismo y Filosofía, ya que no podría ser de otra manera tras siglos de filosofía patriarcal. Más aún, habríamos de concebirla como sinónimo de crítica, por lo que la autora no la piensa como filosofía feminista; pero no porque no sea filosofía en sí, sino debido a que no entra en el canon de conceptualización de la filosofía dada por el androcentrismo.Leer más

Las mujeres no somos cis

Por Angélica Mancilla García

Durante las últimas semanas, he visto a amigas y compañeras de distintos grupos —incluso de quienes se asumen feministas— usar la frase “mujeres cis” para hablar de sí mismas y, en general, de las mujeres que nacimos con sexo femenino. El problema con esto, me parece, es que otra vez estamos dejando que se nos categorice a partir de un paradigma contra el que hemos luchado históricamente: el género. Así, pues, el presente texto es una reflexión que invita a entender de dónde viene dicho calificativo y por qué las mujeres no somos ni podemos ser “cis”.

Antes de explicar el significado de la palabra “cis/cisgénero” y de dónde viene, me parece pertinente —porque nunca es suficiente— recodar algunos de los aportes más importantes del movimiento feminista y, por tanto, de la teoría feminista. Para ello, si bien recurriré a conceptos desarrollados por la teoría feminista radical —porque sus conceptos nos permitieron nombrar aquello sobre lo que se había reflexionado desde siglos atrás—, también retomaré algunas categorías propuestas por la antropóloga mexicana Marcela Lagarde, así como algunos planteamientos de la filósofa argentina María Lugones, desde el pensamiento feminista descolonial; Leer más

Juventudes LGBT+: Intersecciones de discriminación

Por Paloma Marisol Carreño Acuña

Cuando la orientación sexual, identidad, o expresión de género se cruzan con la edad, se generan intersecciones de discriminación provocadas por el adultocentrismo y la hetero-cis[1]– normatividad que afectan de forma particular la vida de las infancias, adolescencias y juventudes LGBTI+. Es por eso que se vuelve indispensable incorporar la perspectiva de juventudes en las acciones para garantizar los derechos humanos, particularmente los derechos sexuales y reproductivos, de las niñas, niños, adolescentes y jóvenes (NNAJ) de la diversidad sexual.

Intersección de discriminación

Las personas lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex han sido históricamente discriminadas por su orientación sexual, identidad, expresión de género y diversidad corporal[2]. Esa discriminación es estructural porque se reproduce a través de múltiples plataformas que conforman el imaginario colectivo: leyes, políticas públicas, creencias religiosas, planes educativos, medios de comunicación, tradiciones, prácticas culturales o el lenguaje.Leer más