Por Aldo Saúl Uribe Nuñez[1]
Introducción
La obesidad es uno de los principales problemas de salud pública del siglo XXI debido a su creciente prevalencia y a su asociación con diversas enfermedades crónicas, como la diabetes mellitus tipo 2, la hipertensión arterial, las enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2024). Sin embargo, más allá de sus implicaciones médicas, las personas con obesidad enfrentan un fenómeno social cada vez más estudiado: la discriminación social derivada del sobrepeso.
Desde el punto de vista biomédico, la obesidad se define como una acumulación excesiva de grasa corporal que puede perjudicar la salud. Habitualmente se utiliza el índice de masa corporal (IMC) como criterio de clasificación, considerándose obesidad un IMC igual o superior a 30 kg/m² (OMS, 2024). No obstante, diversos especialistas señalan que el IMC posee limitaciones importantes, ya que no distingue entre masa muscular y tejido adiposo ni considera factores metabólicos, genéticos o ambientales (Rubino et al., 2020).
Por ello, actualmente existe un consenso creciente en que la obesidad debe entenderse como una enfermedad compleja y multifactorial, resultado de la interacción entre factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos y ambientales. Empero, este problema de salud tiende a verse como un problema individualizado, en donde la persona que lo padece, es el “culpable” de su condición, relegando la influencia de los múltiples factores que contribuyen a que este problema de salud se presente.
La Organización Mundial de la Salud (2024) estima que más de mil millones de personas viven con obesidad, incluyendo adultos, adolescentes y niños. Igualmente, la prevalencia ha aumentado de manera sostenida durante las últimas décadas, impulsada por cambios en los patrones alimentarios, el incremento del sedentarismo, la urbanización y la amplia disponibilidad de alimentos ultraprocesados. En México, la situación resulta especialmente preocupante, ya que el país figura entre las naciones con mayores índices de sobrepeso y obesidad. De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud Pública (2023), más del 70 % de la población adulta presenta exceso de peso, situación que incrementa considerablemente la carga de enfermedad y los costos del sistema sanitario.
Retomando las argumentaciones anteriores, es importante concebir la obesidad como un problema multifactorial y no como algo que es culpa de la persona. Reducir la obesidad únicamente a un problema individual constituye una visión simplista e insuficiente. Históricamente ha predominado la idea de que las personas con obesidad son responsables exclusivas de su condición debido a supuestos hábitos poco saludables o falta de disciplina. Esta visión es reduccionista e ignora factores estructurales como la pobreza, la desigualdad, la inseguridad alimentaria, el acceso limitado a alimentos nutritivos, los entornos urbanos poco favorables para la actividad física, la predisposición genética, las alteraciones hormonales y los problemas de salud mental (Rubino et al., 2020).
Bajo esta perspectiva, surgen importantes ideas, teorizaciones y reflexiones como la gordofobia. Aunque este término no posee una definición única, generalmente se utiliza para describir las actitudes negativas, el rechazo y la discriminación hacia las personas con cuerpos considerados Leer más









