Análisis de la cinta Mr. Nobody | Sobre el destino y la identidad

Por Carmina Cardiel

 

                                                                        “¿Por qué recordamos el pasado,

                   pero no el futuro?”

 

 

Mr. Nobody/Sr.Nadie (2010) fue dirigida por el guionista/dramaturgo belga Jaco Van Dormael, quien se caracteriza por hacer un cine fantástico y poético en el que pone especial cuidado en las imágenes que nos llevamos desde la butaca a los ojos. En 2021 lo vimos ganar un premio por Isolation que codirigió con otros cineastas para hablar sobre la pandemia que vivimos en 2019. Casi toda su filmografía tiene premios o ha sido nominada a ellos, por lo que la película de la que hoy toca hablar no tendría por qué faltar en la lista de pendientes de la audiencia cinéfila.

 

¿El destino existe?

Mr. Nobody nos habla del pasado desde un futuro que no existe (aún) y que, sin embrago, actualmente se construye a través de la tecnología y de la Inteligencia Artificial. Nemo Nobody es el último ser humano mortal que habita en 2092 aparentemente dando saltos cuánticos para contarnos su historia.

Nemo recuerda distintas versiones posibles de su vida, aunque realmente nadie sabe de dónde viene, ni en qué año nació o cómo se llama porque ni él mismo lo recuerda bien. Sin embargo, todas estas versiones se encuentran albergadas en distintas realidades originadas por las decisiones que pudo haber tomado o tomó desde su infancia.

Aunque es una película de ciencia ficción filosófica y ha sido muy vista desde el psicoanálisis, también explora la identidad, el tiempo, el libre albedrío y las estructuras sociales, por lo que esta cinta también me hace plantear una pregunta central para la comunidad lectora e interesada en la sociología:

¿Somos realmente libres para elegir nuestro destino, o es que nuestras decisiones están condicionadas por agentes externos de la sociedad?

 

Siguiendo un par de lecturas bajo las lámparas de Bourdieu y Ulrich Beck es que podemos comprender que la identidad no es una esencia fija ni una elección completamente libre, sino que es el resultado de la interacción entre las estructuras sociales y la capacidad del individuo para actuar dentro de ellas. Es decir, a pesar de lo que podamos pensar o decir sobre nosotras mismas, en realidad somos el producto de lo que dicta la sociedad y la época en la que nos ha tocado nacer, sin dejar de lado el contexto económico familiar y por ende las relaciones sociales que han construido nuestras familias y después nosotras.

Pierre Bourdieu sostiene que cada persona construye su forma de percibir el mundo mediante el habitus, un término que en otros análisis de #ButacaVioleta hemos entendido como un conjunto de disposiciones, valores y prácticas adquiridas durante el proceso de socialización. El habitus se forma principalmente en la familia, la escuela y el entorno social, influyendo en las decisiones que parecen personales pero que, en realidad, están profundamente condicionadas por la posición social de cada persona. En Mr. Nobody, aunque Nemo vive múltiples posibilidades de existencia, cada una de ellas está determinada por circunstancias específiLeer más

Análisis de la cinta Hombre mirando al Sudeste | Sobre la estupidez humana y la locura en el manicomio global  

Por Carmina Cardiel

 

Hombre mirando al sudeste (1986) fue dirigida por Eliseo Subiela, quien con frecuencia suele ser recordado por la cinta más cosificante, sexista y anticuada disfrazada de poética: “El lado oscuro del corazón”. Por fortuna, el director era un genio para armar ciencia ficción en el cine y nos dejó algo más complejo y humano como la cinta que toca desmenuzar hoy.

 

La diferencia humana merece encierro

Rantés es un misterioso hombre que de la nada aparece en un hospital psiquiátrico asegurando que se trata de un extraterrestre que ha venido de un lugar que jamás encuentra nombre en la trama, pero deja claro que se encuentra en una misión: estudiar la estupidez humana. Durante la cinta vemos a este curioso personaje transmitiendo sus informes de manera interpretativamente telepática cuando mira hacia el cielo.

Intuyo que lo del sudeste no fue precisamente una causalidad porque, de manera geográfica, los países que conforman esa región en nuestro continente son Brasil, Uruguay y Argentina. Aunque, si hablamos de América del norte, específicamente Estados Unidos, entonces corresponde a los estados de Florida, Georgia, Alabama, Lusiana, entre otros. Casualmente los países del sur correspondieron el siglo pasado a las dictaduras, y los estados del país vecino corresponden a los que fueron relegados las personas esclavizadas y torturadas no sólo durante el siglo XX.

A través de la película se nos va mostrando cómo la locura no se trata únicamente de una condición médica, sino que también se construye socialmente a partir de normas que determinan qué conductas son aceptables y cuáles deben ser excluidas dentro de una sociedad determinada. Así pues, la institución psiquiátrica representa aquélla que tiene el poder de definir quién pertenece a la categoría de “normal” y quién debe ser etiquetado como “enfermo mental”. Partiendo de este punto cabría preguntarnos: ¿Qué es la locura entonces en cada época y por qué la diferencia merece encierro?

 Distintos sociólogos, filósofos y pensadores han dado diferentes respuestas para comprender no sólo cómo funciona el ejercicio de poder y control dentro de una sociedad determinada, sino que también nos han platicado sobre quiénes imponen y determinan estas reglas de control.

Nuestro ya conocido (en esta columna) Bourdieu, nos ha explicado en otros análisis cómo surge la violencia simbólica a partir de la imposición de una visión que se considera como válida e inamovible. En este caso, desde la ciencia y la medicina es que se determina cuáles conductas son las que se aprueban por dicha élite para ser consideradas como patológicas y otras normales. Dos categorías que con frecuencia caen en la moralidad: el bien para las normales y el mal para las patológicas:

 

–- ¿Por qué no se deja de joder? Lo voy a ayudar, de verdad que lo voy a ayudar. Yo sé que usted tiene mucho miedo, que le da terror reconocerse simplemente como un hombre, como un hombre enfermo. Pero no se preocupe, no lo voy a abandonar. Si usted me ayuda puedo curarlo. Si usted es un gran tipo, Rantés, es una pena…

 

Pero también es cierto que muchas veces estas categorías han encontrado su justificación tergiversando teorías como la de Durkheim, que aseguraba que toda sociedad establece normas cuya “única intención” es salvaguardar la cohesión social. Por lo que, cuando alguien rompe Leer más

Análisis de la cinta Las viudas de los jueves | Ser hombre: sobre la construcción del status

La ficción de “identidad y pertenencia” llevada al suicidio.

 

Por Carmina Cardiel

 

“Las viudas de los jueves” (2009) está basada en la novela de Claudia Piñeiro, cuya producción señala, bajo la dirección de Marcelo Piñeyro, los problemas de la crisis económica argentina del 2001. Esta obra no sólo habla de los problemas de los ricos, sino de la descomposición social dentro de grupos cerrados que, a estas horas del neoliberalismo, viven en algo que se le parece a una eterna ficción, no sólo en el sur de América en donde se desarrolla la historia, sino que es muy vigente en distintos países, como el nuestro.

 

Las relaciones humanas vistas como relaciones económicas

La trama se construye desde un fraccionamiento privado y exclusivo llamado “Altos de la Cascada”, un barrio donde habitan empresarios, ejecutivos y familias de clase alta. En la Argentina, este tipo de construcciones proliferaron durante la década de los años 90 como resultado del modelo económico impulsado por las privatizaciones, la apertura de mercados y el aumento de la desigualdad social. Estas burbujas, muy similares a las que encontramos en la zona de Santa Fe en CDMX llamados countries, tenían una carga simbólica que garantizaba seguridad y prestigio, pero también una creciente fragmentación del tejido social, tal como ocurre en nuestro país con respecto a este tipo de construcciones.

Cuando las personas de cierto grupo deciden que deben vivir apartados como en el country (barrio cerrado), no sólo están aludiendo a un estilo de vida que consideran mejor que el del promedio, sino que, además, están apartando a quienes consideran diferentes. El country no es solamente una locación, sino que representa una institución social diseñada para la segregación.

Se sabe que el neoliberalismo transforma las relaciones personales en relaciones económicas, pero en este tipo de fraccionamientos es aún más notable dicho proceso porque no sólo se busca la riqueza, sino que se busca la aprobación constante y aceptación de los vecinos ricos: casas lujosas, automóviles exclusivos, clubes deportivos, fiestas privadas, viajes internacionales, consumo ostentoso. Es decir, la construcción de lo que Bourdieau llama status a partir de los tres estados del capital: económico (recursos materiales y financieros), cultural (conocimientos, títulos educativos y habilidadLeer más

Análisis de la cinta “La hermanastra fea” | Sobre arquetipos, meritocracia estética y biopolítica  

Por Carmina Cardiel

 

Emilie Blichfeldt es una directora y guionista noruega muy joven cuya filmografía no es tan conocida, pero hizo un enorme y gran trabajo con su ópera prima “La hermanastra fea” (2025) (Den stygge stesøsteren / The Ugly Stepsister). Con esta película no sólo deja en claro de lo que es capaz de realizar, sino que deja al descubierto su potencial para entender simbología y llegar a las entraña de la expectación a través de la imagen.

 

Arquetipos

Carl Jung decía que las personas no sólo tenemos una historia personal, sino que existe un inconsciente colectivo entendido como una dimensión profunda de la psique humana compartida por toda la especie. Jung entendía los arquetipos como formas o moldes psíquicos que se expresan por medio de diferentes símbolos de acuerdo con la época y la cultura. Por tanto, podríamos decir que los arquetipos se entienden como un patrón universal de emociones, imágenes, comportamientos y experiencias que se repiten en los mitos, cuentos, religiones, sueños y expresiones culturales de distintas épocas y sociedades. Por ejemplo, el arquetipo de la madre podría ser cualquier Diosa o divinidad femenina con la que nos sintamos en esa sutil frecuencia de cuidados y amor: La Virgen, la Madre Tierra, Hécate, entre otras.

 

La hermanastra fea es una adaptación del cuento de “Cenicienta”, cuya historia se remonta al arquetipo de La Mujer Salvaje y del proceso de la recuperación de la propia naturaleza instintiva. Este cuento no sólo nos habla de una mujer que ha sido maltratada y humillada, sino de una mujer que ha sido relegada a las cenizas si recordamos que todo el tiempo está en la cocina y limpiando entre hollín y polvo.

Ahora bien, las cenizas aquí no sólo deben ser entendidas como algo que carece de valor o que invariablemente será descartado. Simbólicamente las cenizas, como bien sabemos, son una representación de la vida después de la muerte, de la resurrección del Fénix; o sea del renacimiento. Es decir, las cenizas se traducen como alquimia y Emilie Blichfeldt no dejó pasar ese gran detalle en la trama de la cinta, por el contrario, lo mantiene no sólo para Agnes (Cenicienta), sino también para Elvira, su hermanastra.

 

Estándares de belleza eduardianos y actuales (Meritocracia estética)

Sociológicamente hablando, los cuentos de hadas tradicionales operaron por siglos como moralejas o cuentos con trascendencia moral: Si eres buena y pura (o sea hermosa), recibirás una recompensa. Esta premisa crea una falsa meritocracia estética que sigue implantada en nuestro tiempo en donde la fealdad queda confiscada a la maldad, lo grotesco, lo difícil de ver como lo sería el fracaso personal.

La directora rompe brutalmente con este arquetipo de pureza y belleza cuando nos muestra a una Agnes (Cenicienta) poco santa y pasiva. En su lugar nos presenta a una joven que tiene sus propios secretos, una vida sexual activa, estatus social y arrogancia. A su vez, Elvira es puesta en primera escena como una persona sin estatus, pero empática que es corrompida por su hábitat social y la presión del entorno. Conforme corre la cinta, podemos ver ese juego perverso del concepto de belleza femenina que realmente destruye los lazos de sororidad, transformándolos en rivalidad extrema. ¿Esto último les suena familiar respecto al concepto que tenemos de belleza en la actualidad?

La época eduardiana le precede a la victoriana y va de 1901 a 1910, identificada en el Reino Unido bajo el dominio de Eduardo VII. Fue una época que destacó por una rígida estructura de clases sociales, moda ostentosa y un estilo de vida muy despreocupado para las élites de la época. Y estas características las marca bastante bien la directora cuando nos presenta a una madrastra poco rígida si se le contrasta con el cuento de pantalla que conocemos, pues nos muestra a una madrastra bastante sexualizada y sin escrúpulos con tal de mantener su estatus social.

Aquí tenemos en primera fila una escena que retrata un cuadro bastante escalofriante por su vigencia: dinero+gracia+sumisión+juventud = Estándar de beLeer más

Un hombre diferente: envidia y (no) trabajo de sombras  

Por Sergio E. Cerecedo

 

La vida cotidiana, a diferencia del cine, puede no tener un tono constante, si alguien filmara un personaje haciendo swipe en su celular diez minutos, y aunque así sucedió, así fue ese segmento de vida, mostrado tal y como es no nos significaría mucho y lo encontraríamos sin sentido, por eso configuramos un lenguaje audiovisual, que puede entretener, darnos un punto de vista o tener múltiples intenciones alrededor de ¿cuál personaje está mirando el mundo y cómo lo está mirando?, un mérito muy grande en esta película es que desde su construcción, guion, ritmo, dirección, nos parece muy cotidiana sin que sintamos que no pasa nada. Puede haber un chiste para luego darnos miedo, después conmovernos y hasta hacernos enojar; esta profundidad y simpleza es lograda, porque del tema y su enfoque tiene mucho que decirnos y lo lleva a sus últimas consecuencias.

 

Edward Lemuel tiene una neurofibromatosis que le hace crecer con la cara desfigurada, una condición que vulnera su mente y autoestima; ya no tiene padres y su propia inseguridad derivada de su físico le aleja del mundo y del concepto de belleza hegemónica no se siente libre de expresar sus sentimientos por una vecina aspirante a dramaturga a quien se acerca de forma muy natural y con quien entabla una amistad genuina, el rumbo que quiere tomar como actor le es condicionado a roles acordes a su físico en videos corporativos sobre el mismo tema. Él no quiere estar limitado por ello, y encuentra un tratamiento experimental para curarse paulatinamente, durante el camino experimenta dolor, pero va logrando ese cometido, hasta que su piel hinchada cae totalmente como una crisálida y de ahí emerge un humano difereLeer más

Análisis de la cinta “Tideland” | Sobre las consecuencias sociales en el abandono infantil

Por Carmina Cardiel

 

Terry Gilliam, director de “Los caballeros de la Mesa cuadrada”, “12 monos”, “Miedo y asco en las Vegas”, entre otras cintas que jamás han pasado desapercibidas en los festivales de cine, en 2005 estrenó con muchas dificultades una de esas cintas que no te quedan ganas de volver a ver porque lo que viste ha sido demasiado: Tideland.

En la portada vemos a la pequeña protagonista sentada en la rama de un árbol sosteniendo con el dedo la cabeza de una barbie y, en general, un paisaje en tonalidades de paz al revés que curiosamente encaja y desencaja al mismo tiempo con la imagen y con lo que se ve en la cinta.

 

La infancia como tesoro humano

Jean Piget describe la etapa de la infancia humana como un proceso activo de construcción del conocimiento. El/La niño/a interactúa con el entorno atravesando diferentes etapas que van desde la inteligencia sensorio – motora, hasta las operaciones formales, donde su pensamiento evoluciona desde la dependencia de lo físico y lo egocéntrico hasta la capacidad de abstracción y lógica.

Por su parte, Lev Vygotsky enfatiza que el desarrollo infantil está profundamente ligado al entorno social y cultural. Los niños aprenden y desarrollan sus funciones mentales superiores (como la atención, el lenguaje y el razonamiento) a través de la interacción social y la guía de adultos o pares más experimentados.

Es decir, la infancia podría decirse que es la etapa más importante en el desarrollo de un ser humano porque es donde aprende con mucha rapidez todas las herramientas de socialización que le ayudarán a desenvolverse de determinada manera en el contexto del mundo que lo arroja a la vida. Esta es la etapa en donde un individuo aprende a comunicar y gestionar sus emociones, pero siempre acompañado de algún adulto que guíe ese aprendizaje. Los seres humanos, recordemos, somos la única especie incapaz de sobrevivir sin los cuidados del grupo, de la sociedad entendida como familia, pero también como entorno social.

Tideland me parece que es una obra profundamente incómoda de ver porque nos obliga a mirar uno de los problemas sociales de los que casi nadie quiere hablar y no por ello desaparece: el abandono infantil. El director, creo yo, hace un gran trabajo creando un ambiente sumamenteLeer más

Perseverancia

Por Sergio E. Cerecedo

 

Al escribir estas letras me siento feliz de atestiguar una obra llena de buena voluntad que estuvo en el festival DOCS MX y en salas como la del cine Tonalá, donde tuvo lugar la presentación de este documental. El cual, dentro de una estructura sencilla, nos propone un viaje a través de la obra y el ser, así como de la nunca vana búsqueda de un artista por cambiar el mundo. “Perseverancia” nos recuerda precisamente que cada quien tiene un tipo de búsqueda de libertad, y los hechos y estructura social que rompen ciertas cadenas pueden solidificar otras cuando una persona, grupo o institución dejan de oír a las voces distintas.

 

En el pueblo de Cuba que da título a la película, Tomás Sánchez nace con una sensibilidad estimulada en casa aún con las reservas que se tenían hacia las artes. Los maestros también apoyaron su desarrollo hasta volverse estudiante, artista y profesor de la escuela de bellas Artes. La película se centra en su periodo en Cuba, desde su infancia, sus estudios como artista y su vida en la meditación, disciplina que involucró y moldeó su obra. De cómo su paisajismo se transformó a partir de su contemplación del mundo y se desromantizó cuando viajó y descubrió la existencia de grandes basureros en su estancia en  México, donde su concepción cambió al descubrimiento del paisaje invadido por los desechos, en peligro de morir, consciencia que siempre expandió a través de sus piezas.

 

El trabajo fotográfico es homogéneo y bello dentro de la colaboratividad que conlleva un documental realizado durante varios años —por cuestiones de agenda y de los viajes internacionales que conlleva, en un trabajo como éste no siempre pueden estar los mismos miembros del crew— siendo todo el tiempo natural y cercano a los personajes, pero tambiéLeer más

Análisis de la cinta “Satanás” | Sobre la construcción social del mal

Por Carmina Cardiel

 

Satanás (2007), es una cinta colombiana dirigida por Andrés Baiz, basada en la novela de Mario Mendoza quien nos muestra un drama de 1986 abordado desde una sociedad desconectada de las emociones a través de historias exaltadas por la violencia, la tentación de ser políticamente incorrectos y el tedio de la cotidianidad.

 

La maldad como fenómeno social

Satanás es el resultado de una sociedad profundamente golpeada por la violencia y un hombre que ha visto más de lo que cualquiera podría soportar: la guerra de Vietnam. Eliseo es un ex milico reclutado en las filas de Estados Unidos que vive con su madre a sus cincuenta años. En apariencia es un hombre ordinario que imparte clases particulares de inglés, pero conforme vamos adentrándonos en la trama, vamos descubriendo un perfil psicópata y sociópata, además de pederasta.

Aunque el título sugiere una interpretación moral y religiosa, la película no se presta para exponer lo demoniaco como algo sobrenatural, sino que presenta al mal como un conjunto de condiciones sociales determinadas que conducen a la (auto)destrucción humana. Aquí puede relacionarse con la idea de la “banalidad del mal” de Hannah Arendt: el horror puede surgir de personas comunes dentro de contextos sociales en decadencia.

Eliseo no es un monstruo irracional, sino alguien destruido por el aislamiento social, el resentimiento que nace de su poca fortuna con las mujeres, la represión y la incapacidad de conectar con otros seres humanos. Es decir, la maldad es un producto derivado de la propia sociedad, o como diría Sartre: Somos lo que hicieron de nosotros. Recordando que el sujeto se hace a partir de su entorno y viceversa. Desde la sociología clásica, especialmente desde la pluma de Émile Durkheim, el ser humano necesita pertenecer a una comunidad que le dé sentido y límites morales. Cuando esos vínculos se rompen aparece la anomia: un estado de vacío moral y desconexión.

Así recordamos que no es que el ser humano sea bueno por naturaleza y la sociedad lo corrompa, tampoco es que nazca siendo un monstruo; sino que existe algo que se llama racionalidad y siempre, pero siempre, tenemos la oportunidad de elegir cómo actuar con base en esa razón de la que se jacta la humanidad. Y esa decisión/razón va más allá de títulos universitarios, carteras y color de piel.

Eliseo vive exactamente eso: No tiene relaciones afectivas sanas; no encuentra reconocimiento social; no logra integrarse emocionalmente y percibe constantemente rechazo, pero porque él decidió rechazar al mundo desde el momento en que se enlistó en el ejército de una nación ajena a la suya y no cualquier nación, sino una de las más bélicas en el mundo global. Claro, esto teniendo presente que la falta de oportunidades también juega un papel importante en las decisiones personales.

La película sugiere que el aislamiento prolongado puede deformar la relación con los demás. Los otros dejan de verse como personas y comienzan a verse como amenazas, enemigos o símbolos del fracaso propio. Esta parte es la que nos hace comprender que, finalmente, la violencia no parece ser solamente un acto impulsivo, sino que es la culminación de una ruptura total con el mundo social. Entonces ¿La maldadLeer más

Análisis de la cinta “Malta” | Sobre la precariedad desde lo económico hasta las emociones

 Por Carmina Cardiel

 

Malta (2024), es una cinta argentina-colombiana dirigida por Natalia Santa que, a través de su lente, nos deja ver las desigualdades no sólo económicas y materiales, sino algo que es más preocupante actualmente, las emocionales, a partir de la protagonista que no sabe cómo lidiar con algo que hace años no siente: cuidado.

Si bien la familia nuclear tenía un propósito en la formación humana, cada día ese propósito/rol de cohesión social y cuidados no sólo físicos, sino afectivos, entre seres humanos, se va perdiendo en una mar de “relaciones efímeras”, hasta el punto de no saber cómo recibir o dar afecto. Y la directora hace un gran trabajo en este rodaje donde la moral es más bien una herramienta de compresión para la condición humana, pues nadie puede dar lo que no tiene.

 

Malta y la imposibilidad de sostenerse: precariedad de afecto

Malta es una película que retrata desde lo cotidiano, un diagnóstico social: un mapa emocional de una generación atravesada por la precariedad estructural en tanto a que la educación de la protagonista, encarna una subjetividad contemporánea marcada por la inestabilidad. El deseo de Mariana por migrar a Malta, no es por ninguna arista un plan concreto, sino que funciona en su cabeza como una fantasía de escape: una promesa difusa de orden, futuro y posibilidad, algo a qué agarrarse. En ese sentido, la película dialoga con una constante del sur global: la idea de que la vida “real” sucede en otra parte del mundo, menos en su país. ¿A poco no crecimos con la idea de que la vida exitosa se desarrolla en el norte o en cualquier lugar de Europa? A eso se le llama: producto de la colonización. Y no sólo es geográfica, según nos deja ver la directora.

Mariana vive al límite de sus deseos, cada descanso para ella equivale a no tenerse que dormir en casa, donde tiene que lidiar no sólo con recuerdos fabricados por sí misma para aguantar la realidad. Así es como colecciona noches de juerga con desconocidos a los que realmente jamás llega a conocer, hasta que su compañero de clase, Gabriel, la invita a explorar otra forma de relacionarse, menos corta, menos líquida.

Desde un sentido críticamente sociológico, Zygmunt Bauman revisa que donde los vínculos son transitorios y las identidades se vuelven inestables, hay de fondo el resultado de la modernidad líquida; es decir, en Malta se aterriza esa abstracción en una sensibilidad latinoamericana: no se trata solo de fluidez, sino de desgaste. El desgaste de lo cotidiano, de no avanzar a lo que sigue y quedarse con la sensación de Leer más

Persepolis: la raíz monocroma que nos sobrevive

Por Sergio E. Cerecedo

 

La animación es una industria que ha crecido mucho en los últimos 40 años debido al avance agigantado de las tecnologías de creación de imagen. Dentro de un mundo de modelado tridimensional, parece que la animación que sigue siendo en dos dimensiones se ha vuelto un mundo donde transita más la expresión de los estudios y realizadores independientes, no solo en las películas, series y publicidad, sino también en los videojuegos y visuales para celulares, tablets y dispositivos más recientes. Los videojuegos indies siguen apostando por una gráfica reminiscente de la tradicional en gran cantidad, y esto se vuelve una resistencia cobijada por precios relativamente asequibles, pero en igual medida por el tesón de quienes quieren realizar una historia muy personal.

 

De la misma manera, los títulos animados en largometrajes dirigidos por mujeres la mayoría están en 2D, exceptuando unos cuantos de los grandes estudios como Turning Red (Domee Shii, 2022), Kung Fu Panda 2 (Jennifer Yuh Nelson, 2011) y algunas codirecciones de los mismos que resultaron muy productivas en taquilla, entre las que se pueden contar Brave (Brenda Chapman, Mark Andrews, 2012) y Frozen (Chris Buck, Jennifer Lee, 2013), que han logrado colocarse en el gran gusto del público. Aún con esa hegemonía, si somos un poquito clavados en las entregas de premios, podemos encontrar entre proyectos tan fastuosos, una muy noble competencia entre las cinco nominadas que siempre nos hará mirar hacia productos de otros países que no son los Estados Unidos, y otros estilos e historias.

 

“Persépolis” entró en estas nominaciones en el ya lejano 2008 y se encuadra en esa temática tan productiva en el subgénero sobre los dilemas de crecer, especialmente en las visiones de directoras que abordan la primera crisis de sistemas de creencias de una niña o adolescente. Esta adaptación de la novela gráfica de la misma Marjane Satrapi (codirigida por Vincent Paronnaud) nos da una crónica detallada de la revolución islámica de Irán de los setentas a los noventas, denotando la represión general, pero centrándose en la repercusión del cambio ideológico sobre las mujeres, el ascenso al poder de un régimen, los asesinatos devenidos de éste y la atracción de la población hacia lo prohibido y lo occidental. La directora acierta en no idealizar esto último.

 

Marjane al crecer —una representación de la infancia deLeer más