El tango y sus orquestas: un panorama

VII

Por Miguel García

El año 1940 encontró en plenitud a las orquestas con previa y dilatada experiencia, junto con las nuevas que iban ganando prestigio en poco tiempo, en una sana convivencia entre viejos y jóvenes que enriqueció al tango en todas sus manifestaciones. Las grabaciones entre 1935 y 1941 demuestran que todas habían tomado uno o varios elementos de D’Arienzo. La exhumación de piezas viejas, el predominio de una intensa marca rítmica propia de los tangos bailables y el incremento de la velocidad: el efecto D’Arienzo. A partir de 1942 (aproximadamente, pues recordemos que buscar empecinadamente la división exacta sería un error), se nota una mayor diversidad de estilos, pues las orquestas (sobre todo, aquellas enfiladas en la tendencia evolucionista) le dieron continuidad a su proceso de transformación progresiva, por lo cual, muchas de ellas abandonaron la regular simplicidad del acompañamiento rítmico y le dieron realce a los elementos melódicos y armónicos.

Aumentó el número de músicos calificados, capaces de alternar sus participaciones en orquesta típica junto a orquestas sinfónicas, por ello la calidad de la interpretación del tango se incrementó de manera considerable; «el tango había dejado de ser cosa de intuitivos cuya base se limitaba en el mejor de los casos a conocimientos rudimentarios adquiridos en la modesta academia del barrio. Ahora la música de tango se movía en un terreno donde los avances sólo podían salir del estudio y la solidez técnica», dice Horacio Salas.

Los directores de orquesta incorporaron la figura del cantor, imprescindible enLeer más

El tango y sus orquestas: un panorama

VI       

Por Miguel García

 

Los expertos coinciden en señalar la década de 1940 como la década dorada del tango, porque en ella se concentró la más densa pléyade de creadores de altísima calidad en todas sus vertientes (baile, música, poesía y canto), espacios para su difusión y demanda del público. Entre 1935 y 1940 se ubica el periodo más fecundo en aparición de orquestas importantes: muchas de las leyendas posteriores se dieron a conocer en este lustro, como directores, ejecutantes o creadores. Estos cinco años enmarcaron el acceso a la madurez de un buen número de jóvenes músicos que, luego de haber acumulado experiencia en otras orquestas, se atrevieron a tomar el rol de directores; así como la conformación de orquestas nuevas, aunque con músicos de cierta experiencia.

A inicios de la década del 30, Ricardo Tanturi había formado un sexteto que en 1934 se convirtió en orquesta. Tocaba para animar los bailes de verano en un hotel y en poco tiempo se fue ganando el gusto popular. Enfilada en lo tradicional, favorece lo rítmico, pero aprovecha bien cada instrumento para hacer los matices de su sonido bailable. Uno de sus sellos característicos es el pequeño retraso con el que remata la nota final de sus piezas. [35]

Enrique Rodríguez fue un bandoneonista que trabajó en varias orquestas: Juan Maglio,Leer más

El tango y sus orquestas: un panorama

V

Por Miguel García

 

Después del suceso exitoso que llevó a cabo Gardel en el ámbito vocal y de la revolución estética que propició la escuela decareana en lo instrumental, el rumbo de la orquesta típica se volcó casi exclusivamente hacia el concierto; sólo algunos seguían cultivando las modalidades sencillas y tradicionales para la danza, que empezaba a declinar. El público cambió y, más allá de la pista de baile, se recibía al tango desde la butaca. La música ciudadana parecía quedarse en un estado letárgico; llegó un momento en que la audiencia tomó como su predilecta la forma cantable, y la instrumental sobrevivía en los cines musicalizando la proyección de películas mudas. El baile era cosa vieja. La radio cedía los espacios dedicados al tango para difundir géneros que llegaban del extranjero, y la aparición del cine sonoro ocasionó que las orquestas volvieran a los cafés, que también se veían menoscabados por la proliferación de locales de comida más modernos.

Dos sucesos hicieron que el interés por el tango despertara de aquel letargo. Uno fue el accidente en el aeropuerto de Medellín, donde perdió la vida Carlos Gardel, el 24 de junio de 1935. Era Gardel un ídolo universal que adoptó la bandera del tango. Su muerte produjo una revaloración de su importancia, y con ella, la de todo el tango. El mito se afirmó con las ambiguas noticias de su origen, con su éxito logrado sin discusión, con su imagen enigmática que encajaba bien en la figura del dandy, del criollo, del aristócrata y de la gente humilde. HLeer más

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IV

Por Miguel García

Durante los años 20, los músicos del tango —independientemente de sus inclinaciones a lo tradicional o a lo evolucionista— desarrollaron los progresos que Julio De Caro organizó, fijó y selló. A partir de entonces, los directores —la mayoría con el formato instrumental del sexteto (dos bandoneones, dos violines, piano y contrabajo), y otros con el de orquesta— hicieron alarde de una sofisticación cada vez mayor, con elementos musicales bien equilibrados, que llevaron el tango a una de sus cúspides estéticas, con el complemento de un avance en la tecnología de la grabación, que pasó del viejo sistema acústico al eléctrico, con la consecuencia de una mayor fidelidad en los sonidos. La década del 30 dio inicio con estas mismas conductas artísticas.

Sextetos de breve existencia, pero alta calidad artística, fueron los de Juan Carlos Cobián, Osvaldo Fresedo, Agesilao Ferrazzano, Francisco Pracánico, Cayetano Puglisi, Pedro Maffia, [21] Carlos Di Sarli —que dirigía una de las cuatro orquestas de Osvaldo Fresedo y posteriormente tuvo la oportunidad de formar uno propio—, Juan D’Arienzo —aún sin alcanzar el estilo que iba a adquirir años después—. Orquestas memorables de esta etapa fueron las que dirigió Adolfo Carabelli, (una con su nombre, con la cual tocaba ante el público, y otra, la Típica Victor, fundada por la compañía rca Victor, exclusivamente para la grabación de discos), la típica Brunswick (competencia de la Victor), Juan Bautista Guido, Carlos Vicente Geroni Flores, [22] Francisco Canaro, Roberto Firpo,Leer más

El tango y sus orquestas: un panorama

III

Por Miguel García

La tendencia evolucionista que se desarrolló en el aspecto interpretativo tuvo su proceso también en el ámbito de la composición. Desde los intentos y exploraciones sonoras que se fueron desarrollando en los cafés, fue afirmándose una actitud de continua superación estética con la producción de tangos, que brotaban a montones. Compositores como Roberto Firpo, Eduardo Arolas y Agustín Bardi aplicaban detalles y recursos originales a sus composiciones, lo cual daba por resultado que los músicos interpretaran un tango técnicamente mejor elaborado en comparación con los anteriores.

Esta labor de progreso, sin embargo, no tuvo en su comienzo todas las circunstancias necesarias para florecer, pues las nuevas composiciones llevaban una serie de dificultades para los músicos que no tuvieran preparación académica; demandaban esa condición para ser interpretadas satisfactoriamente. Es decir, la evolución en las formas compositivas se dio antes que la de carácter interpretativo. Piezas como «El amanecer» de Firpo, «Derecho viejo» de Arolas o «Qué noche» de Bardi requerían de una capacidad técnica superior para brindar un mejor resultado. Poco después, ese requerimiento fue cubierto con la promoción de jóvenes instrumentistas ya con sólida preparación académica, principalmente dos pianistas: Juan Carlos Cobián y Enrique Delfino,Leer más

El tango y sus orquestas: un panorama

II

 

Por Miguel García

Además de las bandas, rondallas y orfeones que nos refiere Sierra, quienes tuvieron la oportunidad de llegar al disco, incluso antes, fueron tres artistas de varieté, Alfredo Gobbi con su esposa Flora Rodríguez en Estados Unidos e Inglaterra (1905), y Ángel Villoldo en Francia y Alemania (1906). [06] Luego de sus primeras experiencias discográficas, los empresarios voltearon la mira hacia los conjuntos dedicados casi exclusivamente al tango como posibilidad de éxito comercial. En 1911, la casa Tagini, impulsora de la industria discográfica en Argentina, se puso a buscar entre los conjuntos tangueros más populares, así contrató al que dirigía el bandoneonista Vicente Greco, conformado por dos bandoneones, dos violines, guitarra y flauta (que contaba entre sus filas al entonces joven violinista Francisco Canaro). Había una diferencia entre éste y el resto de los conjuntos musicales: tocaba tango y de vez en cuando otros ritmos; los demás, otros ritmos y de vez en cuando tangos. Para sentar esta diferencia, Greco decidió darle una denominación específica, así nació el término orquesta típica criolla. La conformación instrumental de las agrupaciones dedicadas a interpretar tango, desde su nacimiento, fue variando conforme pasaba el tiempo. [07]

La formación primitiva de violín, flauta y arpa, junto con otros instrumentos transitorios fue cambiando, y el arpa había sido reemplazada por la guitarra. La inclusión del bandoneón había sido uno de los acontecimientos definitivos y más originales; modificó el carácter del sonido festivo característico, lo hizo más lento y, por su naturaleza, lo convirtió en una representación melancólica, adaptada a la perfección con el modo melancólico de los nuevos pobladores de Buenos Aires, muchos de ellos migrantes e hijos de migrantes, que extrañaban su lugar de origen, no se sentían del todo incorporados a su nueva tierra, pero que iban sintiendo poco a poco esa pertenencia. [08] En el momento de las primeras grabaciones de Greco, la flauta iba declinando y el bandoneón se afirmaba cada vez más hasta obtener el título de imprescindible y el más represenLeer más

El tango y sus orquestas: un panorama

I

 Por Miguel García

Introducción.

El tango es el producto de la suma de diversas manifestaciones musicales. En el principio fue baile, el llamado baile con corte y quebrada, que se aplicaba a un universo más amplio de géneros para llenar con cuerpo y movimiento las músicas que lo demandaban entonces, como las mazurcas, habaneras, polkas, valses, etc. Poco después, se gestó una mezcla muy original de sonidos y ritmos que encajó bien con esa nueva manera de bailar. ¿Dónde y cuándo nació? Aún no se ponen de acuerdo los investigadores. Sabemos con reservas que ese baile con corte y quebrada era la imitación que los compadritos hacían de los bailes de negros en las ciudades del Río de la Plata (Buenos Aires y Montevideo) durante el último tercio del siglo xix. No hay certeza de cómo sucedieron los hechos, nos guiamos por los escasos testimonios que se pierden en el tiempo y la memoria. En su Origen de la especie, Hugo Mastrolorenzo concluye: «cuando no hay demasiadas respuestas ante algo que desconocemos, algo circunstancial e incompleto puede conformar una hipótesis verosímil». A su vez, Horacio Salas abre su libro El tango, con estas palabras: «Cuando no existen documentos ni testigos, la reconstrucción de un hecho es siempre imaginaria».

Estudiar la música del tango es una ardua labor que corresponde a los expertos mejor capacitados. Lo que presentamos ahora es una sinopsis del tango orquestal, serie de 15 entregas en total en la que revisaremos la situación de esta música a través del tiempo. No ahondaremos en la composición ni en la interpretación vocal. El centro de nuestra mira es la orquesta típica, su conformación, su desarrollo, sus transformaciones, sus músicos y directores, desde los orígenes hasta la década de los años 50, que se complementa con la audición de 100 grabaciones sugeridas a manera de ilustración sonora.

 

***

Para 1880 ya se hablaba de tango como forma musical, pero coexistían distintas modalidades. Primero, por cuestiones lingüísticas (la denominación «tango» aplicada a los lugares donde antaño se concentraban los esclavos), se le relacionó con la música de los negros; luego, el nombre se asoció a los tangos andaluces que se popularizaron gracias al teatro español; después a la habanera, que tras el recorrido que llevó a cabo transportada por los marineros desde Cuba a España, luego regreso a la isla y posteriormente a toda América (cabe destacar que los españoles llaman tango al patrón rítmico de la habanera); por otro lado se halla la milonga, que en un principio era cantada, y que fue asimilando su acompañamiento rítmico con el de la habanera, y que se adaptó sin problema a la nueva coreografía gestada por los bailadores criollos de la época.Leer más

Cuestionar las violencias de ellos, entender las narrativas de ellas

Por Itzel Campos

Hace un par de días la cantante estadounidense Taylor Swift lanzó la regrabación de su cuarto álbum de estudio cuyo título es RED, el cual había sido publicado originalmente en 2012. Este relanzamiento ha generado una ola de distintas reacciones en las redes sociales, tanto positivas como negativas, debido al contexto en el cual es publicado y el contenido de las canciones del disco. Antes de profundizar en este tema, me gustaría aclarar la intención de este texto, que no es otra sino abogar por la libertad de las mujeres. Ya sea que obtengan una remuneración económica por su arte o que traten temas que no habían tocado antes de forma tan abierta, como lo es la violencia de género ejercida sobre ellas por sus anteriores parejas sentimentales. Por último, quiero dejar en claro que el caso de Taylor Swift se toma como un ejemplo debido a su popularidad, ya que las mujeres menos privilegiadas tienen una mayor dificultad cuando se encuentran en situaciones como éstas.

            El relanzamiento de RED (Taylor’s Version) se da debido a la venta de los másters de Swift, quien publicó seis discos bajo el sello discográfico de Big Machine Records. Scott Borchetta, su director y fundador, le negó por añosLeer más

De Tango, Gardel y la risa

II

Superior al silencio

Por Leonardo Finkelstein

“Al que le gusta Bach y no le gusta Gardel, a ese, no le gusta Bach.”

 -Anthony Quinn-

 

Gardel es el tango hecho canción. A Contursi debemos la idea, a Gardel la forma, la perfección. En el Olimpo del Tango han surgido otros cantantes con un piso de calidad muy alto: el “Polaco” Goyeneche (sucesor de Carlitos en el corazón del pueblo, puesto que hace tiempo que corre por ahí la sentencia “el Polaco es Gardel”), el uruguayo Julio Sosa, y Edmundo Rivero apodado con toda justicia “El Feo”, ya que quizás se trate del hombre más feo de todos los tiempos. La devoción popular también mistifica a 3 fueyistas: Eduardo Arolas cuya desenfrenada pasión lo llevaba a exprimir los bandoneones, sin afanes histriónicos, hasta destrozarlos en plena actuación; la leyenda asegura que murió en París por robarse a una moza que tenía la doble nacionalidad; al italiano Juan Maglio “Pacho”; al “Gordo Sagrado” Aníbal “Pichuco” Troilo, al amadísimo (hasta la santificación) don Osvaldo Pugliese, y a otro coloso: Juan D’Arienzo, ambos directores de orquesta; al violinista Ernesto Ponzio, un tipo peligroso; y a su más rotundo poeta: Dis­cé­polo, el “Narigón Sublime”, a un bailarín “El Cachafaz” que murió bailando en Mar de Plata, y tantos otros que mencionar no me permite mi obesa ignorancia.

Para todo rioplatense (palabra que designa la nacionalidad argentino-urugua­ya) que le haya prestado oídos, Carlos Gardel es una deidad todopoderosa.

Evaristo Carriego (poeta telúrico celebrado por Borges) se le acercó una vez y le dijo: lo felicito, usted es superior al silencio.

En el cementerio de la Chacarita en Buenos Aires, es un ritual de adoración colocarle un cigarrillo encendido entre los dedos de su estatua de bronce y quedarse a “fumar un pucho y charlar con el Maestro”.

No puedo evitar felicitarlo en voz alta al final de algún tangazo, cuando me Leer más

De Tango, Gardel y la risa

 

I

Aproximaciones

Por Leonardo Finkelstein

(Vení Arrimate)

Si bien no puede precisarse la fecha de nacimiento del tango, que se mece entre 1860 y 1880; no hay dudas sobre el sitio donde colocar la cuna: los prostíbulos de Buenos Aires y Montevideo. En estos templos del saber, mentados como “academias”por sus instruidos parroquianos, los estudiantes entre clase y clase bailaban con las profesoras al son de un piano y una flauta, acompañados más tarde de un bando­neón, por injerencia italiana.

El cóctel de ritmos y melodías que lo componen: habaneras, mazurcas, candombe (música de esclavos, también llamado tango negro), tango andaluz y canzonetta napolitana, se mezcló en los arrabales más miserables de la capital porteña, por entre las rebullentes hordas de inmigrantes que despertaban a una realidad dispuesta a arrancarles los sueños de los ojos a la vuelta de la esquina; sacando pecho en unas condiciones de supervivencia mucho más salvajes que las de los westerns. El compadrito, figura equiparable a la del cowboy proscripto, era un romántico que dirimía ínfimas diferencias de criterio usando su propio chal arrollado al brazo como escudo, y un facón en la mano habilidosa. Un revólver permite dominar fácil una situa­ción, y la muerte se da de una manera más aséptica, pero el facón es más bestial porque además de una directa toma de contacto con el hecho, requiere mayor presencia de ánimo sanguinario. En ocasiones era empuñado por mujeres a las que José Sebastián Tallon, en su insuperable pintura de dos asiduos parroquianos del arrabal como el rufián y su pupila (titulado “El Cívico”y “La Moreira”), describe como un tipo de morocha brava, femenina, elegante, sensual y hermosa, de apariencia delicada, pero que además de prostituta trabajaba de “cafishio”, consiguiéndole otras mujeres a su dueño: “Comúnmente usaba un puñal; pero, cuando debía aventurarse en las noches de más afuera o en los “negocios”difíciles Leer más