Por Diego Medina
Hablar de lo que uno vivió exige hablar más allá de filias y fobias, pues no se puede ser honesto consigo mismo si no se trata de recordar las cosas tal y como fueron. Aunque desde luego esto no quiere decir que uno esté en busca del santo grial de la imparcialidad. Sino que recordar es un ejercicio de reconstrucción, un buscar alfileres con las luces apagadas. La memoria también es un ejercicio de olvido. Quizá no todos somos conscientes de que, así como nos esforzamos por recordar, también nos esforzamos por olvidar ciertas cosas.
Hoy en día hay dos casos paradigmáticos del activismo trans en México, específicamente en CDMX. Por un lado, Razzia Santillán, fundadora de la extinta Tianguis sexosidisidente y del actual Clan Mariposas Negras, el cual mantiene una protesta económica en la llamada CINETERFA. Razzia Santillán ha sido perseguida, hostigada y ahora enfrenta una demanda que las autoridades culturales han iniciado para exigirle a Razzia una suma de 200, 000 pesos en concepto por daño a las instalaciones de la CINETERFA. La información respecto al caso se puede profundizar en las redes sociales del Clan de Mariposas Negras, así como en la docena de artículos que se han escrito sobre este atropellamiento. Sin embargo, Razzia no está sola, ha recibido el apoyo de algunxs figuras relevantes de la comunidad LGBTTTIQ como Fabián Chairez, VIHVE Libre, Casa de las Muñecas Tiresias, Museo de Arte Transfemenino, Luisa Almaguer, Kenya Cuevas, entre otras.
A pesar del apoyo que el trabajo de Razzia recibe, las autoridades insisten en su demanda. Los motivos apelan más a la política que a la justicia. No olvidemos que el próximo año se “celebra” el Mundial de Fútbol en nuestra ciudad. Así, el acoso a Razzia se debe entender bajo la lógica de la limpieza social. El Estado nunca estuvo interesado en reponer el daño que Razzia sufrió, no sólo al ser expulsada de los baños de mujeres, por no ser una “mujer de verdad”, sino por la exposición tránsfoba a la que ha sido expuesta, la cual sólo crece día con día. ¿Cuándo va a parar el acoso?, ¿cuándo Razzia muera? ¿cuándo se desarticule la resistencia trans’ ¿cuándo se retire el tianguis de protesta económica? No, el acoso que visibiliza Razzia no sólo es el que vivió aquel 2023, sino la guerra civil que el Estado ha declarado contra la sexodisidencia, en especial contra el colectivo trans, cuya esperanza de vida ronda los 35 años.
La lucha de Razzia visibiliza un odio sistemático, que encuentra sus ecos en, por ejemplo, una policía negándole la entrada al vagón exclusivo a una mujer trans. Hecho ante el que una multitud de activistas se organizó para manifestarse en contra de dicho acto de discriminación. Entre las convocantes estuvo Camila Aurora, directora del cortometraje Johanne Sacreblu (2025), parodia de la multiodiada Emilia Pérez (2024). La directora de cine se volvió referente de la comunidad trans por su respuesta satírica a la cinta cliché de Jaques Audiard. Fuera de las valoraciones que podamos hacer al trabajo de Camila Aurora —su único mérito fue ser más vomitiva que la propia Emilia Pérez—, este personaje guarda mucho más en común con “el manitas” de lo que su público se imagina.
Camila Aurora fue una de las protagonistas de la decadencia de La Tianguis Sexodisidente. Fue ella quien se encargó de expulsar a Razzia Santillán y a otras de las fundadoras de esta iniciativa. Ella negoció con los dealers locales para culminar la transformación de La Tianguis Sexodisidente en un punto de tolerancia. Fuera de los estigmas que giran en torno al consumo, lo cierto es que Camila Aurora y su círculo prefirieron unirse al narco de la CDMX, en detrimento de su propio colectivo. Desde luego, no hablamos de las ligas mayores, sino de un acuerdo por el espacio que había en la Glorieta de Insurgentes.
Es cierto que en La Tianguis había consumo, prostitución, violencia entre vendedorxs —no en pocas veces se llegó a los golpes—, envidias, resentimientos, celos, abusos afectivos, etc. Pero lo que hizo Camila Aurora fue vender cualquier posibilidad de futuro de La Tianguis. No escribo en contra del colectivo 420 aunque los hombres —no todos los hombres, pero siempre un hombre— que llegaban a fumar a este espacio solían ser egoístas, violentos, homófobos y lo que en chilango llamaríamos “faltosos”. En todo caso, la traición vino de Camila Aurora. Aprovechó los resentimientos que había contra Razzia y otras compañeras para expulsarlas, incluso amenazándolas de muerte si volvían.
El orgullo gay, el pride y en general la historia no tienen memoria. Por eso, ahora que Camila Aurora cuestiona la identidad de una manifestante que no tiene cispassing —apariencia de cis— es oportuno recordar que esta mujer, igual que “el manitas”, llegó a tener la visibilidad que tiene gracias a sus negocios alrededor de las drogas. Su visibilización trans se debe a la anulación de otros activismos y otras identidades. Camila Aurora es una persona peligrosa que ha conseguido visibilidad gracias a que su trabajo se hizo viral, pero no es, ni por asomo, una persona que represente la lucha trans. De hecho, Camila Aurora tiene mucha transfobia interiorizada.
Hoy Razzia recibe el escarnio público, promovido desde el gobierno, mientras Camila Aurora se presenta como una mujer trans fuerte, crítica, creativa y rostro de la lucha trans. La memoria es un ejercicio de reconstrucción y de olvido, ¿qué tanto de olvido y memoria hay en la historia de Camila Aurora y en la historia de Razzia Santillán? Por mi parte, espero que el estado desista de su acoso contra Razzia Santillán, que haga una reparación de daño y que Camila, bueno, la verdad siempre sale a flote.