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El filósofo burócrata o la filosofía insulsa

José Alfredo Torres (México) es profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, Co- coordinador del Observatorio Filosófico de México, director de la editorial Torres y Asociados y autor de diversos libros. Se ha interesado en temas relacionados a la ética, a la educación y la filosofía de la educación.

En este artículo, José Alfredo Torres nos habla del espacio que ocupa hoy la filosofía, haciendo una crítica al lugar que adoptan los filósofos en los ámbitos de la enseñanza. La aceptación acrítica de los modelos, el “acomodamiento” o el “acatar” las estructuras vigentes, lleva a que poco a poco la filosofía pierda su lugar crítico y participante dentro de la sociedad. Aún en medio de la crisis del covid-19, afirma Torres, los filósofos solo se adaptaron a los esquemas virtuales, cambiando las cosas para que “todo siga igual”. La filosofía de hoy, al parecer, se ha desarraigado de la vida, se ha burocratizado, ha vivido un quehacer “profesional” temerosa de no romper las estructuras vigentes. En ello encuentra Torres una clave fundamental en el análisis crítico de las estructuras-marco de la enseñanza.

David Sumiacher

 

Enviado el: 2 de febrero de 2021

En tiempos en que la realidad parece que nos excede la filosofía es un medio para transformar quienes somos

 

El filósofo burócrata o la filosofía insulsa

En las aulas se “profesionaliza”. Comenzaré por una obviedad. La manida “salida laboral” del filósofo, generalmente, desemboca en clases dentro de alguna institución oficial (particularmente será el nivel medio superior un sitio recurrente; nivel que atiende a millones de adolescentes, menos masificado; pero, también está el nivel superior). Además, sabemos cuáles ramas de la filosofía enseñará en la circunscripción de éste o aquel plan de estudios – ética, lógica, etc. Reformas educativas van, reformas educativas vienen, y los filósofos amanecerán conductistas, “constructivistas, desarrollan competencias o son holísticos,Leer más

Paco Nihil | Poemas

José Francisco Gómez Ortiz (1989-2021) Filósofo nihilista, alumno de Diogenes también; poeta, promotor cultural, luchador social, y sobre todas las cosas, un idealista que quería que el mundo cambiara de verdad. Fue activista y promotor cultural en Tultitlán, Estado de México, donde no sólo buscaba que el arte se llevara a las calles sino de ellas naciera. Trabajó además con los jóvenes para prevenir el consumo de drogas e hizo lo posible por entender y ayudar a entender la violencia contra las mujeres en las zonas más empobrecidas del municipio para contrarrestarla. No era perfecto, pero para muchos fue un ejemplo de persistencia y amor por el otro. 

 

Elegía

I

 Azul.

Sentir la tinta deslizarse

por el papel, como se siente

la sangre escurrir por la piel.

Entre la divinidad

y la animalidad,

estar tendido

entre la vida

y la muerte.

Jugar a ser humano,

mantener tu muerte

latente, consumiendo

la propia vida.

Descenso emocional.

Laberinto de sentimientos.

Líneas

definidas

que cruzan

la vida

trazando

los

caminos

evadiendo

los planes

¿qué salió mal?

Quiero poder ver el horizonte sin que me duela el tiempo.

Cuanta risa me da el irrisorio sufrimiento humano, el mío.

Deseo un mundo capaz de contener mi ser,

fumarme un pedacito de mi corazón,

consumir las cenizas de mi alma.

Deseo hacer efectiva mi muerte

en mi propia vida, consumir mi vida,

vivir

vivir

vivir.

El que se resiste a morir

simplemente no puede vivir.

Libertad ¿Cual? Sólo soy un prisionero del papel. Me veo atado a la expresión de un lenguaje para representar la imagen del mundo, mi mundo. Soy sólo un vagabundo triste y melancólico rondando en los callejones oscuros de la ciudad del conocimiento.

AZUL

Una montaña se derriba en mi interior.

 

II

Reunir los pensamientos

en una esfera de

cristal líquido.

Una soledad

acompañado

de mí mismo

en compañía

de nadie.

Sentimientos azules

que se deslizan

como jugando

entre lo divino

y lo animal.

Instinto primitivo

pulsión vital.

Los arboles se burlan

de mi tristeza,

el viento golpea

mi rostro

deforma

mi semblante.

No hay droga

que pueda

sacarme

de este limbo.

Te dejo este sentimiento azul flotando en el ambiente, para que lo tomes entre tus manos si quieres o para que lo dejes desvanecerse en el viento, con el tiempo. No hay mundo capaz de contener la belleza humana, pues implica su tragedia, su muerte y su vida.

Los verdaderos humanos trascienden del mundo, son inmortales. Se burlan de la vida, bailan tango con la muerte, la seducen y le hacen el amor, locos poetas, bienaventurados, la muerte no resiste sus encantos. La muerte le teme a tanta vida, se cohíbe, se intimida, le da las espaldas y se avergüenza de su irrisoria pusilanimidad.

Siento a mi alma golpear con el corazón, cual martillazos, las paredes corporales. Las almas humanas se resisten a estar encerradas, esclavizadas, quieren ser libres, superar esta deprimente, efímera vida corporal. Quiero fumarme mi propia vida, sentirme al rojo vivo cada etapa, consumir cada instante ardientemente. Volverme ceniza, mezclarme con el mundo, ser uno con la naturaleza. No seguir mi propio curso, sino ser parte del ciclo infinito.

 

III

Soy vulnerable a la sensibilidad. Me conmueve la mesura de los árboles, me sorprende la alegría del viento, me estremezco con la fragilidad de la lluvia. Yo no soy de este mundo, no lo soporto, no es capaz de contenerme. Necesito exhalar este exceso de vida. Necesito liberarme de mi propia esencia, liberarme de mi mismo.

El telón del drama

ha bajado,

pero la tragedia

apenas comienza.

Blues, Soul, Jazz

Cualquiera que sea el ritmo

no me encuentro en sincronía.

Soy como un árbol

sin follaje

como un río 

sin agua

como un camino

sin dirección

como un cielo

sin nubes.

Mi vida se entremezcla

y evanesce en otra vida.

No hay síntesis emocional

ni análisis sentimental.

No hay estructura ni sistema,

sólo un punto indispuesto

en el infinito.

El desahogo de palabras

expresan las lágrimas 

reprimidas, reprehendidas.

Sostenerse

en medio de la Nada

no es cosa sencilla.

Como un equilibrista

sin cuerda floja

sin extremos

sin redes.

Soportar los estallidos

del corazón.

Ahora sólo quiero

dormir, desvanecerme,

desaparecer.

No puedo soportar más

esta pesada existencia.

No ser nada ni nadie

solamente ser.

Vivir mi propio sueño

soñar mi propia vida.

Soñar viviendo,

vivir soñando.

Soñar con los ojos

abiertos, vivir

entresueños.

No pasa nada,

el espectáculo

debe continuar.

¡Luces!…

 

 

La vejez como un entramado biosocial

Por Mauricio Torres Peña[1]

Varios estudios paleoantropológicos que analizaban restos óseos de humanos pertenecientes al paleolítico encontraron indicios de enfermedades degenerativas, como osteoporosis y artrosis, en algunos esqueletos. Estas patologías son casi exclusivas de las edades avanzadas, por lo tanto, estos hallazgos comprobaban que varios cazadores-recolectores podían tener una elevada esperanza de vida, lo que implica necesariamente la existencia de esfuerzos por parte de los nómadas para proporcionar apoyo y cuidados básicos a sus miembros más ancianos para mantenerlos vivos el mayor tiempo posible. ¿Qué explica esta conducta en estas poblaciones? La respuesta radica en la necesidad de supervivencia, la mayoría de los ancianos representaban fuentes fidedignas de información relevante.Leer más