Sororidad y Primates

Análisis de caso y reflexión crítica para una argumentación moral desde la ciencia

Por Carmen Rodríguez Martínez[1]

La avasallante marea verde ha puesto sobre la mesa múltiples temas para discutir. Así, la opresión hacia las mujeres es un asunto que se discute desde muchos flancos. Desde la filosofía, cabe hacerse la pregunta, si la ciencia —en particular la biología y disciplinas afines— tiene algo para decir en estos debates de carácter moral. Uno de los rechazos más frecuentes viene de la presunción de que hablar temas morales desde la ciencia implica un reduccionismo biológico que atenta contra el avance y progreso logrado por la cultura, y que contradice la libertad humana —capaz de contravenir los mandatos de la naturaleza—. Otro rechazo muy común es aquel que dice que partir de la ciencia en argumentaciones morales nos llevará a caer en la falacia naturalista, pues deduciríamos a partir de lo que de hecho es, lo que debería ser. Así, dado el carácter descriptivo de la ciencia, tenderíamos a solidificar el estado de cosas, en este caso la opresión, más que a subvertirlos. Curiosamente, ambos rechazos desconocen y contradicen la perspectiva evolucionista, para la cual la “naturaleza humana” no implica de ningún modo un conjunto de rasgos fijos o permanentes, sino más bien un testimonio de aquellos rasgos que han aparecido y sobrevivido al tiempo, en determinada especie, en función de que ellos proporcionen una mejor adaptación al ambiente.

El filósofo John Dewey, en su ensayo “The Evolutionary method as applied to morality”, sostiene que es posible articular el discurso moral con el científico gracias a una mirada evolucionista sobre el mundo. Siguiendo a Dewey, creemos que desde la ciencia pueden rescatarse argumentos de valor para estos debates. En este sentido, la segunda parte de este texto se enfocará en mostrar algunas tesis de la primatología en relación a la opresión y dominación entre los sexos; se abordará un estudio comparativo de diferentes especies que muestra algunas condiciones que propician tal opresión, así como estrategias observables que la atenúan. Además, nos centraremos en el libro de Sarah Hrdy “The Woman that never evolved”, cuya tesis central afirma que son los lazos entre las hembras del grupo los que determinan el nivel de opresión que el macho es capaz de ejercer.

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El ensayo de Dewey que retomamos en este trabajo se titula The evolutionary Method as Applied to Morality, y fue publicado en dos entregas en la revista de filosofía de la Universidad de Duke, en 1902. De manera general, podemos decir que se propone caracterizar la relación entre ciencia y ética, y para tal propósito expone lo que él llama método genético. La concepción de la ciencia que ahí expone está fuertemente marcada por su pragmatismo y alejada de la noción moderna de ciencia, es decir, no le importa tanto su correspondencia con La Verdad, como sí comprender el conocimiento en tanto respuesta a los problemas que se enfrenta el humano en su cotidiano y que debe resolver. La moral, aunque de naturaleza espiritual, es entendida como una continuidad de los fenómenos físicos. El método experimental es a la ciencia lo que el método genético a la moral:

“The essence of the experimental method I take to be control of the analysis or interpretation of any phenomenon by bringing to light the exact conditions, and the only conditions, which are involved in its coming into being” (1902, p 108-109)

El método genético sostiene que las condiciones objetivas en las que surge una creencia o valor establecen su pretensión de validez, esto es, la respuesta a una situación determinada genera un valor que se desarrolla y opera frente a tal situación, y en esto consiste su significado. Debe tomarse en cuenta no sólo los antecedentes que produjeron tal valor, sino también su destino y desarrollo. Entonces, afirma, un buen modo de introducir racionalidad a las cuestiones morales es elaborando un análisis detallado del curso de eventos desde los cuales aparece un valor y también sobre las influencias que de él resultaron. Para el método genético, lo fundamental es encontrar la función o posición que determinado valor ocupa en la serie de eventos y va de la mano del estudio de la historia con la premisa evolutiva; es un proceso, no una colección de eventos uno tras otro. Dewey considera que para que la moral tenga un valor constructivo, si estamos comprometidos en establecer normas y obligaciones, es esencial poseer un conocimiento crítico y definido del origen e historia de cada valor moral que nos competa.

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The Woman that never evolved es un libro de Sarah Blaffer Hrdy, publicado en 1987, cuyo título es una sátira tanto a los paradigmas predominantes de las teorías darwinianas sobre la sexualidad de la mujer, así como un ideal de mujer futuro, alcanzable con una buena dosis de autoconocimiento. Tal como ella lo plantea en el prefacio, está consciente de las barreras que han impedido la comunicación entre su disciplina y el feminismo, y es a través de una fuerte crítica a la mirada clásica de la teoría de la evolución que pretende estrechar los lazos entre ambos. Tal crítica va desde Darwin y su teoría de la selección sexual, hasta la sociobiología y antropología de su época, a quienes acusa de una fuerte carga sexista, que se traduce en una desatención a la hora de observar el comportamiento de las hembras. Así, uno de los objetivos centrales del texto es proporcionar una mirada más equilibrada —o por menos una mirada— al rol que tienen las hembras al interior de distintas comunidades de primates. Al abordar el tema de la dominación[2], afirma que pese a que la asimetría sexual se encuentra casi inequívocamente en todas las comunidades de primates[3], el rol femenino no es el de un mero sujeto pasivo, tal como la teoría de selección sexual de Darwin afirma. Hrdy pretende dar respuesta a preguntas de gran interés, tales como ¿a qué se debe que esta dominación sea tan generalizada?, ¿De qué manera las formas de organización modifican la dominación intersexual? Y fundamentalmente, ¿En qué medida los lazos entre las hembras afectan la capacidad de dominación de los machos? Así, su mirada evolutiva intenta responder a estas preguntas comprendiendo los problemas adaptativos que originaron tales y cuales comportamientos y formas de organización, relacionados con el medio ambiente, acceso a recursos, tipos de dietas y las sociabilidades que de ellos resultan.

Parte de un esfuerzo teórico, casi metafísico, de responder a la pregunta por la dominación. Hrdy afirma, entonces, que ésta se encuentra ya desde el origen de la sexuación. Para explicarlo, recurre a un concepto teórico llamado Anisogamia, que describe el proceso por el cual una célula pequeña secuestra una más grande para ganar sus nutrientes, y acaba por transformarse. Según este concepto, la inicial inequidad en el tamaño de la célula es el inicio del sistema en el cual los hombres compiten por las mujeres, es decir, los sexos se iniciarían cuando un grupo de organismos comenzó a especializarse en competir entre los suyos por recursos, mientras que otro grupo se especializó en competir entre los suyos por acceso a esos organismos almacenes de nutrientes. A nivel celular, en esta etapa primigenia, las hembras son las formas de vida mejores dotadas, y los machos meros artistas de la supervivencia.

Más allá de este concepto, Hrdy asume la dominación como algo casi universal entre las sociedades y grupos de primates estudiados, y es justamente su atención a los matices lo que ofrece una mirada innovadora. En el capítulo 7 “Competition and bonds among women”, expone una serie de observaciones sobre dos diferentes grupos de primates, ambos organizados en poligamia, es decir, conformados por grupos de hembras liderados por un macho. Tales observaciones son sobre el tipo de relación al interior del grupo entre las hembras; éstas pueden ir de lo amistoso a lo agresivo, y en ambos casos se muestra que opera una competencia esencial —aunque a veces sutil— entre las hembras mismas. Pese a tal competencia, Hrdy observa que a mayor soporte y solidaridad entre ellas, menor subordinación hacia el macho alfa, entonces, mayor ventaja frente a él. Presentados como casos extremos, analiza por un lado el sistema social de los Hamadryas baboon (Papio hamadryas) y de la Gelada (Theropithecus gelada), que como ya se dijo, tienen como unidad de asociación básica un harem de hembras liderado por un macho —o varios, en raras ocasiones—, responsable de la mayor parte de la reproducción. Al interior de estas unidades, cuya extensión ronda de dos a diez, sus miembros se reconocen entre sí, así como a miembros de otras unidades que conforman la gran manada, y son antagonistas entre ellas. En su estructura son especies similares, pero la dinámica al interior difiere en extremo, principalmente por el tipo de relación que guardan entre ellas.

La hembra hamadrya es una de las menos autónomas entre los primates no humanos, mientras que la hembra gelada es sumisa hasta un cierto punto, pasado éste, es capaz de tomar ofensiva contra el macho, agrupada con otras hembras aliadas. Estas especies son similares en apariencia, pero poseen adaptaciones y estructuras sociales muy diferentes. Esto se debe a diversos motivos; por un lado, los hamdryas se encuentran en poblaciones aisladas, rodeadas de tierra árida, habitan en contexto hostil, y sus fuentes de alimentos son impredecibles. El harem es adquirido por el macho robando a la hembra de sus progenitores, en lugar de pelear con otro macho, pues sus recursos son escasos y una pelea le significa un gran costo en estos términos. Una vez secuestrada, el macho toma un rol de tutor, enseñándole diferentes actividades para su desarrollo; al mismo tiempo, la hembra es condicionada por su captor a obedecerlo rigurosamente y seguirlo de forma sumisa. Una característica de gran relevancia es que cuando el macho que lidera un harem muere o queda incapacitado el grupo se desintegra.

El segundo grupo es el de la especie conocida como Gelada, que se encuentra en la sabana. Una de las diferencias fundamentales con la otra especie está en su forma de agruparse; ocurre que las hembras entre ellas poseen relaciones cercanas, es muy probable que estén relacionadas genéticamente y esto aumenta su predisposición a cooperar entre ellas; se agrupan para combatir un antagonista en común y su principal fuente de solidaridad radica en su cercanía de nacimiento. La contraparte de esta cohesión de grupo es que tiende a ser excluyente con respecto de grupos de jerarquía menor, o simplemente de otros vecinos. Hrdy encuentra en una anécdota la síntesis de las diferencias entre Hamdryas y Geladas:

“A disturbance at the periphery of the herd focuses attention on a female who has strayed from her unit. Her leader has moved to retrieve her. Herein lies the core difference between hamadryas and gelada society: the male rushes at her; the female snarls and lunges back; she is joined by three other females from the same harem who stand their ground beside her. Together they chase the male. (1999, p. 106)

Cabe mencionar que, a diferencia de los Hamadryas, el macho de la especia Gelada hereda el harem, o bien lo usurpa de algún otro macho, por lo cual el grupo de hembras existe previamente al líder, así como los lazos que entre ellas había. La posición de este macho es notablemente más débil que la del otro, fundamentalmente por los lazos entre ellas. Así, concluye Hrdy de manera general, que los lazos estrechos entre las hembras son el factor más eficiente contra el carácter dominante de un macho líder de un harem, y en su unión está la debilidad del mismo.

Por otro lado, considera que por años se ha ignorado el hecho de que entre las hembras también hay competencia, aunque más sutil y menos violenta que en el caso de los machos. Esta competencia específicamente, que es sigilosa pero no por ello menos nociva, es la razón que atribuye Hrdy al hecho de que la dominación macho a hembra prevalezca; al interior de estos harems también existen jerarquías y el acceso a los recursos más vitales —nutritivos, reproductivos— está condicionado a la posición que se ocupa. Así, ocurre frecuentemente que entre las hembras sea de mayor prioridad ocupar un mejor lugar en la jerarquía, antes que solidarizarse contra el opresor, en otras palabras, debe haber una razón ulterior que lleve a las hembras a pagar los altos costos que la cooperación exige —para el caso de las Geladas este motivo era su cercanía o familiaridad—:

“That female solidarity provides crucial leverage against males is scarcely a novel observation; it is one which occurred long ago (and without benefit of primatological field studies) to the feminists who coined the term «sisters» to apply to allies in a common power struggle.” (1999, p.109)

En este sentido, considero que las observaciones de Hrdy sobre las comunidades de primates son de auténtico valor para pensar el concepto de sororidad, que es esencialmente un llamado a la unión, cooperación y solidaridad entre mujeres para hacer frente al opresor. Como bien señala Hrdy, no es detalle menor que el movimiento feminista haya acuñado el término hermana, pues, como se ha dicho, la cercanía implica esta predisposición a la cooperación.

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En suma, puede encontrarse en la propuesta de ambos autores una base en común; de un lado la perspectiva de Dewey nos dice que el significado de los valores morales está atado a su historia y al contexto en el que surgieron, así como a las consecuencias que ellos mismos generaron; es sólo con el pasar del tiempo que estas ideas se han cristalizado. Para Hrdy, el estudio de las diferentes sociedades de primates es un ejercicio de autoconocimiento, sus estudios son una base para entender los problemas básicos a los que nos hemos enfrentado durante miles de años, así como las respuestas que de hecho han aparecido a ellos y que con el paso del tiempo se consolidan como comportamientos tipo y estructuras sociales. Ambas propuestas son invitaciones a tomar el presente como una respuesta consolidada a problemas del pasado, y también a considerar su historia como una herramienta de autoconocimiento para repensar el futuro.

Así, el método genético de Dewey nos habilita a incorporar contenido de carácter científico en las argumentaciones morales sin tener que irrumpir con la fuerza de la verdad:

“From an evolutionary perspective, the chances that either males or females will break away from the system sufficiently to control their own destinies seem slim indeed. But the same perspective also lends an element of heroism and larger purpose to missions which aspire, despite the odds, to literally change the rules of existence.” (1999, p. 94)

Bibliografía.

    • Dewey, J. (1902) The Evolutionary Method as Applied to Morality. The Philosophical Review. Vol 11 (No. 2) Pp .107-124 & Vol 11, (No. 4) Pp. 353-371
    • Hrdy. SB. (1999) The woman that never evolved. Cambridge, MA: Harvard University Press.
  1. Carmen Rodríguez Martínez (Monterrey, México en 1990). Estudiante del último año de la licenciatura en filosofía en la Universidad de la Plata. Con un amplio rango de intereses, pero centrada principalmente en indagar las relaciones entre ética y política con la ciencia y la biología, desde un lugar crítico, con una mirada feminista y sobre todo con la intención de hacer de hacer de la filosofía un ejercicio de reflexivo de algún modo útil para la vida de hoy -disidente de la vida académica. Actualmente vive en la costa de Uruguay.
  2. Hrdy define dominación como la habilidad para ejercer coerción en el comportamiento de otros por amenazas de infligir daño, pero también como promesas de algún premio o retención del mismo. En otros animales, es dominante quien gana en la lucha uno a uno, mientras que en el humano las formas son múltiples y muy variadas.
  3. Asimetría sexual refiere al hecho de que en ninguna sociedad las mujeres tienen reconocido de forma pública, poder o autoridad superior a la del hombre. Se destaca el hecho de que tal asimetría es un consenso generalizado en la disciplina.

 

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