Por Margarita Mora
- Largos brazos en los que quepan ramas de nísperos en temporada.
- Dos hoyuelos, uno en cada extremo de las comisuras de los labios.
- Dientes blancos y redondos, preciosas perlas de río.
- El riguroso monitoreo del clima, cambios en las nubes,
la humedad bajo las rocas, o cualquier factor que altere el estado de ánimo. - Una reducción significativa de la distancia, la presencia es amor.
- Un beso profundo y almizclado, para que el guiso no se amargue.
María siente en el estómago una llamada, la alarma suena puntual a las siete. Desde el vientre ya la escuchaba, la confirmación de ser parte de algo.
El destino, unido por mucho más que un nombre,
el nombre que no es otra cosa sino una palabra,
las palabras que se entretejen en la lengua,
la lengua que dictamina lo que necesita el plato.
Noctámbula, practica los platos que quedaron incompletos en el recetario de su abuela. Cierra los ojos haciendo el repaso de las manos, de sus manos. Hace notas al pie de las páginas. Sabe que hay un olor perdido, podría ser comino o anís. Si descifra la fórmula habrá alcanzado la alquimia.
María ya no está y sus recetas se dispersaron en el viento.
Hay una sustancia inocua que no logra plasmarse en los morteros, un Leer más








Ana Rosa Lozano González, Ciudad de México, 1991. Escritora, mediadora de lectura y tallerista de creación literaria con perspectiva de género.
