Algunos apuntes sobre la colonialidad-decolonialidad y su importancia en las ciencias sociales: el caso de la antropología y la psicología

Por Aldo Saúl Uribe Nuñez[1]

La colonialidad y sus implicaciones en el tejido social ha sido un tema que se ha estudiado de forma reciente. Hasta hace unas décadas, los científicos sociales y, particularmente, los antropólogos, no se habían preguntado sobre este fenómeno histórico y cómo, conscientemente o inconscientemente, influía sobremanera en su trabajo teórico y metodológico. Empero, es importante remarcar que la antropología como disciplina científica fue fundada bajo la ideología colonial.

Históricamente, los antropólogos y sus trabajos etnográficos han sido asociados a poblaciones y contextos específicos. Basta con observar los libros y artículos realizados en el siglo XX y principios del siglo XXI, para encontrar que la antropología se ha construido a partir del trabajo con las alteridades culturales, representadas en el imaginario social como “exóticas” o también como “sociedades salvajes/primitivas”, término que denota el bagaje colonial y racista con el que se formó esta disciplina.

Este texto de opinión surge a partir del propio análisis de mi trabajo profesional en la psicología aunado al estudio de otras ciencias sociales y humanidades. A través de los años, me he preguntado de qué forma las ciencias humanas han sido desarrolladas a partir de la modernidad y cómo las prácticas de poder y las ideologías dominantes influyen significativamente en nuestro trabajo teórico y metodológico. Ahora, como estudiante de antropología, me doy cuenta que muchos de estos sistemas siguen vigentes y se niegan a desaparecer.

La teórica decolonial Karina Ochoa refiere que el orden civilizatorio moderno capitalista surgió a partir del año 1492 con la conquista y el saqueo de América. Gracias a este proceso deshumanizante de las poblaciones de este territorio y de otras de África y Australia, fue como la sociedad occidental logró posicionarse como la “dueña del mundo” y perpetuar su ideología dominante y su poder. Esto, sin duda, trajo consecuencias sumamente importantes que influyeron en la construcción actual de las sociedades (Ochoa, 2021).

Resulta lamentable observar cómo, hasta el día de hoy, estos mecanismos de dominación han seguido presentándose como procesos y dispositivos de poder que son expresados y materLeer más

The Other Side of the Underneath

Por Sergio E. Cerecedo

 

Cuando uno se decide a escribir en serial, es decir, dar una conexión temática, temporal, personal, se encuentra con diferentes emociones en las obras de arte, que a veces uno sabe y a la vez no sabe cómo las llegó a agrupar, en el presente mes que me he decidido a escribir sobre películas en las que las directoras abordan el género del terror, sea realista, fantástico o psicológico y en esta segunda entrega, debo decir que la película que escogí desmenuzar parte por parte no es una película hecha, en los sentidos tradicionales del terror, para causar miedo, sino que está escrita y moldeada desde los peores miedos y si los transmite es porque transita y grita cada uno de ellos y las vivencias que lo originaron desde el lenguaje audiovisual de la pesadilla. Cuando la narrativa parece tener una pausa, siempre viene algo más preocupante y traumático después, la calma es pasmosa, es casi casi la metáfora del agua estancada con todo y su turbiedad.

 

The other side of the underneath brota de las inquietudes de Jane Arden (Pontypool, Gales,1927), quien como dramaturga, cineasta y activista de diversas causas decide hablar de situaciones difíciles —y por entonces tabú— a través de una película plásticamente poderosa, carente de una lógica común y a la que hay que hallarle su lado; el cual encontraremos dándole paciencia a una observación por demás incómoda en una película que toca el tema de la salud mental femenina, las formas en las que se intenta curar y readaptar a quien se considera un enfermo mental, y si estas tienen mucho, algo o nada de razón. Puedo advertir desde el principio que no podemos esperar respuestas claras ni puntuales, sino mucha reflexión.

 

Desde el principio del visionado es fácil sentir la perturbación, las reflexiones iniciales escritas en cuadros de texto, un inicio que después nos entrega tres personas mayores observando frente al mar un cuerpo flotando que se acerca a la orilla. Unos momentos después, la mujer que se eLeer más

Análisis de la cinta “Háblame” | Sobre el terror como metáfora de lo real

Por Carmina Cardiel

Michael Philippou, Danny Philippou (2023)

Danny y Michael Philippou debutaron en 2022 con su primer largometraje “Talk to me”, luego de hacerse famosos por su trabajo como creadores de contenido y cineastas a través de su canal de YouTube RackaRacka, donde combinaban acción extrema, efectos especiales caseros y humor muy oscuro y violento. El canal se volvió viral por sus videos caóticos con personajes populares como Harry Potter o Ronald McDonald en contextos absurdos y violentos. “Háblame” está categorizada con la etiqueta de terror y recientemente se acaba de estrenar su segunda obra “Haz que se vayan”, de la cual hay muy buenos comentarios de la crítica y estamos esperando ver con ansias.

 

El horror como metáfora de lo real: La posesión

Hace casi un año, mientras escribía la reseña de “De noche con el diablo”, me preguntaba y me respondía algo que en mi pensamiento sigue vigente: ¿Por qué en México pareciera que ya no hay nada que nos asuste? ¿Qué esperamos del cine de terror contemporáneo? ¿Qué es el terror en México?

Entonces descubrí que México es el país que más cine de terror consume a nivel global, de acuerdo con Statista y su encuesta Donde el terror domina la pantalla 2023, realizada por Consumer Insights. La cinta de la que hoy vamos a platicar entra en este género tocando un problema social que en México duele quizás mucho más que en otros países en donde el uso lúdico de sustancias está regulado.

Talk to me/Háblame, de los hermanos australianos, nos lleva a la historia de terror que viven un grupo de amigos adolescentes que se encuentran en una de las etapas más difíciles de la vida: la búsqueda de identidad, la depresión, la presión social y su combinación con el uso de sustancias de forma lúdica.

Los directores se caracterizan por su visceralidad a la hora de contar sus historias, y en “Háblame” este rasgo no es diferente. La cinta establece una relación directa entre la posesión y sentirse “drogado”. Mia había visto a través de las redes sociales las fiestas de sus compañeritos del colegio, a las que nunca era invitada porque la encasillaban como “rara”, luego de una pérdida importante para ella. Cuando por fin logra estar en una de esas reuniones, ella experimenta euforia al utilizar el objeto central de dichas fiestas: una mano embalsamada que los pone en contacto directo con seres desencarnados, pero con pupilas dilatadas y comportamientos que evocan un estado alterado similar a “estar colocada”.

Estas reuniones en realidad son una especie de “rituales” con la mano, combinando risas, grabaciones móviles y aparente diversión, resaltando así el atractivo del “rush” inicial que muchas drogas recreativas ofrecen. Sin embargo, como en todo consumo, existen reglas y aquí la principal es no pasarse de los 90 segundos porque, si se supera ese límite, el espíritu podría quedarse permanentemente, algo que se compara con el riesgo de sobredosis y total adicción.

Mia encuentra en los rituales el alivio al dolor de su pérdida yLeer más

Cuando la perversión no es perversidad, sino diferencia

Por Lluvia Caballero Ledesma

Hablar de normalidad y patología en nuestros tiempos sobre la forma en que se llevan a cabo las practicas sexuales es causa de polémica y mucho debate, lo cual implica que entrarle por ahí sería continuar en la prehistoria. No obstante, me parece que no es una cuestión de polarizar como buena o mala una práctica en sí, sino en realidad de establecer por qué surgen estas prácticas que están muy relacionadas con el tiempo histórico social. Al respecto, es posible reconocer que en estos tiempos de transición cultural en que vivimos se han incorporado nuevos valores sociales, nuevas dinámicas y formas de ser, no sólo en el ámbito público sino también en el privado, donde se puede expresar la sexualidad con mayor diversidad.

Desde la postura clínica de Freud, fue él quien habló sobre la sexualidad normal y aquella que se sale de la “norma”, refiriéndose en primera instancia a los homosexuales, los invertidos; Freud señaló que estos individuos renunciaron en algún momento a ser partícipes en la reproducción. Adicionalmente, considera que se dividen en dos grupos: los que cambiaron de objeto sexual y aquellos que alteraron su meta sexual. Los primeros, dice, son los que renunciaron a la unión de dos genitales; y los segundos, los perversos que obtienen satisfacción sexual de múltiples formas, como en el caso de los fetichistas, sadomasoquistas, voyeristas, etc. En todo caso, menciona que independientemente de en qué grupo se ubique el individuo, estas prácticas tienen el mismo objetivo que la satisfacción sexual en un acto sexual “normal”; para llegar a ella realizan los mismos sacrificios, aunque en ocasiones vergonzosos, y puede observarse en toda la realización de la práctica sexual dónde se encuentran rasgos que se acercan a los parámetros normales y dónde se apartan. Asimismo,  considera que es de gran importancia comprender las conformaciones patológicas de la sexualidad e identificarlas, ya que nos permiten discernir la delgada línea entre lo normal y patológico, además de profundizar en la comprensión de la sexualidad en general.

En este sentido, también manifiesta que los genitales son sustituidos por otra parte o región del cuerpo, como la boca y el ano sustituirían a la vagina (vulva), ya que hay una relación muy próxima en los órganos de recepción de alimentos y de excreción con la excitación sexual sin que para ello haya Leer más

Hacia una psiquiatría social

La influencia de la sociedad y la cultura en los trastornos mentales

 

Por Aldo Saúl Uribe Nuñez[1]

 

Introducción

La psiquiatría, como disciplina científica, históricamente ha sido objeto de distintas definiciones, las cuales han dependido de las condiciones sociales, culturales, económicas y políticas de una época determinada. El objetivo del presente artículo no es hacer un repaso de su historia (para esto se necesitaría todo un tratado), sino retomar la importancia de las condiciones sociales y culturales en la génesis y tratamiento de las enfermedades mentales.

En la época contemporánea, el avance del modelo biomédico y la ideología biologicista, presentes en la psiquiatría y la psicología, han reducido a la enfermedad mental a simples moléculas químicas del cerebro y el sistema nervioso, ignorando con esto la influencia de las condiciones sociales y culturales que imperan en las sociedades modernas en la etiología y desarrollo de los trastornos mentales. De esta manera, se ha individualizado a la enfermedad mental y se culpa con ello a la persona de estar “enferma”.

Así pues, este artículo tiene como objetivo analizar cómo la cultura y las condiciones sociales tienen una influencia significativa en las enfermedades mentales, haciendo uso de bibliografía de diferentes perspectivas en la psicología, la psiquiatría o la filosofía. A través de él, se hace un acercamiento a la complejidad de este fenómeno, por lo que es relevante mencionar que solo constituye una perspectiva de este tema.

Finalmente, a forma de comentario final, se hace hincapié en que es necesario que los profesionales de la salud mental no solo basen su trabajo en el modelo biológico o médico, sino que también consideren la significancia de las condiciones sociales y culturales en las enfermedades mentales. De esta forma, se busca enriquecer el trabajo de los profesionales de la salud mental e implementar una visión interdisciplinaria en el diagnóstico y tratamiento de los trastornos mentales.

 

¿Por qué pensar en las condiciones sociales y culturales en las enfermedades mentales?

Uno de los trabajos más interesantes que retoma la relevancia de las condiciones políticas, sociales y culturales en la definición y tratamiento de las enfermedades mentales es la fascinante investigación del filósofo y psicólogo francés Michel Foucault, Historia de la locura, en sus diferentes tomos. En esta tesis, Foucault explica que la locura, como forma discursiva, depende de un conjunto histórico y social, jamás aprensible en un “estado salvaje”, es decir, solo existe en sociedad y en la cultura (Foucault, 1967).

Igualmente, para este autor, la clasificación y tratamiento de las enfermedades mentales es un proceso sociohistórico marcado por discursos y prácticas que regulan aquello que es “normal” o “anormal”. Los asilos del siglo XIX surgieron dentro de un proceso universal de extensión de las disciplinas, las cuales fueron creándose desde el Medievo y progresivamente desde los márgenes de la sociedad burguesa, hasta organizar la constitución espacial de los centros urbanos. Las disciplinas comienzan a estructurar las escuelas, las cárceles y el poder psiquiátrico en los asilos (Moreno, 2015).

Con lo anterior, el pensamiento de Foucault y, en general, las ciencias sociales y la filosofía, invitan a pensar cómo el estudio y tratamiento de las enfermedades mentales no es algo puramente “objetivo”, “cientificista”, basado en la estructura cerebral, la segregación de hormonas o la producción de moléculas químicas; tal y como la psiquiatría contemporánea contempla a los trastornos mentales, sino, más bien, invita a pensar en nociones o constructos sociohistóricos que se forman en las disciplinas de la salud mental, las cuales tienen un amplio bagaje lingüístico, histórico y cultural.

Como ejemplo de lo anterior, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM por sus siglas en inglés) considera que la transexualidad es un trastorno mental, al igual que lo hizo en su edición tercera con la homosexualidad. De esta forma, se vislumbra que la categorización y definición de los trastornos mentales es un proceso cambiante regido por los avances de la medicina y la psiquiatría como prácticas discursivas e históricas dotadas de poder para regular-clasificar a las personas.

Al respecto, Martínez-Guzmán e Íñiguez-Rueda (2010) analizan cómo lo que antes se conocía en la edición cuarta del manual (DSM IV) como Trastorno de Identidad Sexual (actualmente disforia de género en el DSM V) es una categoría que funciona como un acto para “patologizar” y “categorizar” las identidades que no se amoldan al sistema dominante de género, presentándose como una condición descriptiva de una “desviación” y/o “patología” objetiva y externa. Es así como la patologización de la sexualidad se vuelve un discurso construido en un momento histórico y cultural específicos.

Por su parte, Fernández, Lozano, Pascual y Suárez (1984) describen cómo la salud mental se ha convertido en una noción ideológica para legitimar y perpetuar sistemas de dominación y desigualdad social, poniendo como ejemplo a la mujer en un contexto mexicano. Para ellas, es interesante observar cómo se categoriza y califica a las mujeres de histéricas o neuróticas y no al medio en que viven, desplazando de forma “silenciosa” la responsabilidad del desajuste a las mujeres en lugar de a un medio inhumano, medio que las obliga a adaptarse al opresor y a la opresión.

Retomando esta argumentación, Fiódor Dostoyevski, en su fascinante novela El Idiota, narra cómo el protagonista principal, un príncipe llamado Mishkin que era considerado por los demás como “un idiota epiléptico”, manifiesta su malestar y sus crisis epilépticas no solo como productos “orgánicos” de su enfermedad, sino por las condiciones materiales y sociales que influían considerablemente en ello. Así, en una escena, Radomsky, un amigo de él, al pensar en porqué se produce su malestar, le dice

[…] Desde que usted comenzó a dar sus primeros pasos en el suelo natal, despertaron en usted impacientes necesidades de actividad. Y he aquí que en aquel mismo día le cuentan la triste y emocionante historia de una mujer ultrajada. Usted es un caballero, un hombre inmaculado…y se trata de una mujer. El mismo día la conoce y su belleza fantástica y diabólica le subyuga. Añada a eso los nervios, añada la epilepsia, añada el deshielo de San Petersburgo, que trastorna todo el sistema nervioso, añada una jornada transcurrida en una ciudad casi fantástica y extraña para usted, y una jornada, por cierto, tan movida, tan llena de encuentros…añada, en fin, la fatiga, el vértigo, el salón, y…Dígame francamente: ¿qué podía usted esperar de sí mismo en un momento tal, bajo influjo de semejantes circunstancias? [… ](Dostoyevski, 2015: 630).

 

Dostoyevski, con ello, expresa aquello que la antipsiquiatría y la psicología crítica aseveran sobre las enfermedades mentales o los malestares del ser humano: cómo la enfermedad mental es una salida ante una realidad no vivible, una realidad dolorosa para el sujeto. En este sentido, David Cooper y Ronald Laing, psiquiatras precursores de la antipsiquiatría, escriben, en 1969, la obra Razón y Violencia en donde sostienen que la enfermedad mental es la salida que el organismo libre crea para vivir una situación no vivible (Laing y Cooper, 1969).

No basta con que la psiquiatría contemporánea busque entender los trastornos mentales como disfunciones orgánicas del sistema nervioso, individualizando la enfermedad en la persona y despreciando el componente subjetivo y cultural de la sintomatología, también es necesario contemplar otras aristas de diferentes disciplinas y ciencias en el estudio y entendimiento de los trastornos mentales. 

Para Marconi (2001), la psiquiatría con un enfoque social nace de la aplicación de los métodos de las ciencias sociales y las humanidades al estudio de los trastornos mentales. Asimismo, la salud mental, como objeto de estudio, surge de la aplicación del método epidemiológico perteneciente a la salud pública como ciencia social. Para este autor, ante el incremento de la patología social (problemas psicosociales, violencia, consumo de sustancias, desigualdad social, discriminación, etc.) es menester que la psiquiatría incorpore una mirada crítica y social en el tratamiento de los trastornos mentales.

A su vez, López-Andrade y Colina (2019) explican que ante el modelo biologicista hegemónico que impera en la psiquiatría, esta ciencia debe aspirar a un modelo que describa y dé sentido a los síntomas, valorándolos a partir de la subjetividad y la función que cumplen en el sujeto. No interrogarse por las hipotéticas causas naturales del malestar sino por las implicaciones que éste posee y las motivaciones de lo que dice, desea, sufre o hace el individuo.

 

A modo de conclusión

La psiquiatría actual, regida por el modelo biomédico y la trivialidad de las clasificaciones nosológicas, debe aspirar a trabajar desde una mirada interdisciplinaria, crítica y humana. Igualmente, es necesario que los profesionales de la salud incorporen la relevancia de las condiciones sociales y culturales que influyen en la etiología y desarrollo de los trastornos mentales.

No obstante, es necesario mencionar que este artículo solo es un acercamiento a la complejidad de la psiquiatría y sus diferentes formas de trabajo. También, que los profesionales de la salud mental no son malintencionados al trabajar desde un modelo biomédico que no contempla otras perspectivas en el diagnóstico y tratamiento de los trastornos mentales, por ello se busca hacer una crítica a cómo los mismos profesionales de la salud mental, al ejercer este modelo, continúan perpetuando desigualdades sociales, individualizando las enfermedades mentales y relegando la subjetividad y el significado de la sintomatología en las personas.

 

 

 

Bibliografía consultada

Dostoyevski, F. (2015). El Idiota. Editorial Tomo.

Foucault, M.  (1967).  Historia de la locura en la época clásica I. Siglo XXI. 

Fernández. C., Lozano, I., Pascual, D., y Suárez, B. (1984). “La ideología de la salud mental y la mujer”. En S. Marcos (Ed.). Antipsiquiatría y política (pp. 185-203). México: Editorial Extemporáneos.

Laing, R. y Cooper, D. (1969). Razón y violencia. Paidós.

López-Andrade, L. y Colina Pérez, F. (2019). Manual de Psicopatología. La Revolución Delirante.

Moreno Pestaña, J. (2015). El poder psiquiátrico y la sociología de la enfermedad mental: un balance. Sociología Histórica, 5, 127-164.

Martínez-Guzmán, A y Íñiguez-Rueda, L. (2010). La fabricación del Trastorno de Identidad Sexual: Estrategias discursivas en la patologización de la transexualidad. Discurso y Sociedad, 4(1) 30-51.

Marconi, J. (2001). La psiquiatría en el cambio de siglo: psiquiatría social. Revista chilena de neuro-psiquiatría, 39(1), 10-11. https://dx.doi.org/10.4067/S0717-92272001000100004

 

 

 

[1] Licenciado en Psicología (UdeG). Maestro en Humanidades, Línea de Formación Docente con eje de especialidad en Ciencias Sociales, Humanidades y Comunicación (UAZ). Tiene una Especialidad en Diagnóstico Clínico y Tratamiento de los Trastornos Mentales (AMSP, A.C.), una Especialidad en Psicosomática Psicoanalítica (IPPF, A.C.), una Especialidad en Clínica Psicoanalítica Lacaniana (UniFreud), así como formaciones y diplomados en materia de ciencias sociales, psicoanálisis, psiquiatría, criminología, ciencias forenses, educación y derechos humanos. Fue becario por el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (CONAHCYT). Colaboró como auxiliar de investigación en distintos centros de investigación (CICS, DECS, DS, UdeG). Ha cursado seminarios de investigación en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y en el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y ha sido ponente en congresos y coloquios nacionales e internacionales. También, ha escrito literatura para distintas compilaciones y ha divulgado las humanidades y las ciencias sociales en revistas académicas estudiantiles y medios digitales. Actualmente trabaja como becario-asistente de investigación en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS, Occidente), estudia la Especialidad en Sexualidad y sus Psicopatologías (UniFreud) y es candidato a cursar el Doctorado en Antropología (COLMOR).  

 

 

Análisis de la cinta “Memorias de un caracol” | Sobre el sentimiento de la soledad

Por Carmina Cardiel

 

 

La soledad es independencia, yo la había deseado

y me la había ganado a través de largos años. Era fría, es cierto,

pero también era tranquila, maravillosamente tranquila y grande,

como el tranquilo espacio frío en el que se mueven las estrellas

Hermann Hesse, enEl lobo estepario”

 

Adam Elliot (2024)

Después de quince años, el director de “Mary y Max”, Adam Elliot, nos vuelve a sumergir en una trama de escenarios muy oscuros con tintes de depresión, soledad, problemas sociales como el alcoholismo, el bullying, el abuso y la amistad entre personas muy jóvenes con adultos, que parecen ser los ejes de sus animaciones para mostrar realidades que alcanzan a chicos y grandes.

 

Memorias de un caracol es una tragicomedia que tuvo su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy el 10 de junio de 2024, pero fue estrenada en Australia por Madman Entertainment el 17 de octubre del mismo año. Recibió la nominación a Mejor Película de Animación en los 97.º Premios de la Academia, la segunda película animada con clasificación R (como La Pasión de Cristo de Mel Gibson) en ser nominada después de Anomalisa (2015), otra película stop-motion. Curiosamente la clasificación R en Estados Unidos significa que no pueden verla menores de 17 años sin la supervisión de un adulto, aunque en México la clasificaron con categoría B, por lo que, cabe destacar que ésta no una película para las infancias, debido a los temas que trata.

 

La soledad como condición humana:

Distintos filósofos de distintas épocas han tratado de darle un significado al sentimiento de la soledad, pero para los existencialistas es una condición humana de la existencia; es decir, cada persona vive en un cuerpo separado de los demás dentro de los cuales existen mentes que son únicas e irrepetibles. Como una experiencia, la Soledad Existencial, tiene un componente emocional y otro cognitivo relacionado con la toma de conciencia de la propia finitud. Como un proceso de crecimiento interior, la experiencia negativa de la naturaleza solitaria del ser humano es transformada en una experiencia positiva. Por lo que la soledad sería una forma de angustia de separación que aparece cuando no se satisfacen las necesidades de apego.

 

Grace y Gilbert Pudel son un par de hermanos gemelos cuya madre perece en el parto y quedan al cuidado de su padre, quien es un alcohólico parapléjico que de joven fue artista circense. Ellos no salen de casa ni viven rodeados de más lujos que sus preciados libros, los juegos y la compañía que se hacen entre los tres. Un buen día su vida da un giro de 360° y son separados, Gilbert es adoptado por una familia de granjeros puristas en donde es explotado, mientras que Grace es adoptada por una familia exhibicionista de swingers que le dan todo económicamente, pero no lLeer más

“La Ballena” (2022): un análisis teórico-clínico

Por Aldo Saúl Uribe Nuñez[1]

 

Introducción

El objetivo de este artículo es hacer un análisis de la película “La Ballena” dirigida por Darren Aronofsky y protagonizada por Brendan Fraser (Charlie) desde la teoría clínica, rescatando las características del padecimiento del personaje principal (Charlie), los factores que influyeron en su detonación, el significado que éste tiene en su vida, la forma en la que se relaciona-vincula con su familia y las repercusiones de sus relaciones intersubjetivas y transubjetivas en la exacerbación de su problemática clínica.

Así, este trabajo no representa un resumen de la trama de la obra, sino un análisis desde la perspectiva psicoanalítica y psicológica. A través de él se busca pensar a Charlie como un paciente y a su familia, amigos y contexto personal como elementos que inciden significativamente en su manifestación psicosomática. Para hacerlo, se hace uso de la teoría sobre la obesidad desde el psicoanálisis y otras disciplinas como la psicología, la medicina o la sociología.

A modo de conclusión se discute las consecuencias de la obesidad en la vida de Charlie y cómo sus dificultades emocionales lo llevaron a desarrollar este problema que repercutió en su calidad de vida, dinámica familiar y salud física y mental. Finalmente, se menciona que tanto para el paciente como para su familia, es necesario implementar un enfoque integral y transdisciplinario que permita enriquecer la intervención clínica y el trabajo teórico y psicoanalítico con los pacientes.

 

¿Qué pasa con Charlie?

Charlie es una persona que en los últimos años ha padecido obesidad mórbLeer más

¿Es la organización social una vía para intervenir en las problemáticas sociales?

El papel de la psicología social comunitaria en el fortalecimiento de la comunidad

 

Por Aldo Saúl Uribe Nuñez[1]

En los últimos años, México ha sido escenario de cambios significativos que han repercutido en su desarrollo social, educativo, político y cultural. Estos cambios han influido sobremanera en la vida de las personas y en su bienestar. Uno de ellos y, quizá el más preocupante, es la violencia sistémica y generalizada que se experimenta en el país.

Ante el incremento y normalización de este y otros problemas como la desigualdad social, la discriminación o la precariedad en todas sus formas, la organización social y comunitaria ha relucido por su nobleza para intervenir en las problemáticas psicosociales que se viven y se avecinan. En este sentido, surge este texto para hablar sobre la psicología social comunitaria y su papel en el fortalecimiento de las personas, las comunidades y la sociedad.

Los aportes psicosociales de la psicología, y las ciencias sociales en general, han tenido como principal objetivo el fortalecimiento y desarrollo de las comunidades. Desde este punto de vista, en el área de la psicología, los diversos campos de estudio provenientes de la psicología social tales como la psicología política o la psicología comunitaria, han buscado la solución de problemáticas sociales a partir del fortalecimiento de la identidad, la cohesión y la ciudadanía de las personas.

Estas áreas de estudio han fungido como campos de vital importancia pLeer más

Sobre el humor negro

Anotaciones para concebirlo de otra manera.

 

Por Jesús De La Luz Castillo.

 

Introducción[1]

 El humor negro puede ser definido como una rama de la comedia que tiene la característica de tomar premisas de temas que se consideran socialmente delicados o sensibles, tales como la muerte, la violencia, los accidentes, las enfermedades, las discapacidades, etc. A pesar de que el objetivo de toda rama de la comedia es hacer reír, es esta característica del humor negro la que en ocasiones puede resultar incómoda o molesta para determinadas personas, grupos o instituciones, según sea el caso, llegando a catalogarlo como políticamente incorrecto. Es por estos motivos que resulta pertinente aprehender otros sentidos, funciones y alcances del humor negro en tanto elemento cultural con implicaciones psicoemocionales y sociopolíticas, para saber si es posible concebirlo de otra manera, sin negar o ignorar la materia prima que emplea. Todo ello con la única finalidad de ampliar y enriquecer el panorama de argumentos, críticas y señalamientos que se tienen sobre el humor negro actualmente.

 

Luminosidad, consciencia y liberación.

Comenzando con el uso del adjetivo “negro”, Blanca Estela Ruiz (2014) en su texto El lado luminoso del humor negro puntualiza la ambivalencia de sentidos que hay en esa palabra conforme a la intencionalidad del interlocutor. La autora recuerda que “[…] entre tanta «negrura» del negro, hay una acepción que se alza cariñosa, afectiva, entre personas que se aprecian y «se quieren bien»: «mi negro», «mi negra», se dicen entre sí. Entonces se perciben matices y se vislumbra una luz en la oscuridad; podemos comprender, acaso, que no es tan malo el negro porque estar «en números negros» supone algo a favor” (pp. 92-93). Esta perspectiva Leer más

Sociedad Red y violencia digital: implicaciones del uso de las redes sociales en la violencia de género

Por Aldo Saúl Uribe Nuñez[1]

Este texto surge de la necesidad de realizar un análisis acerca del uso de las redes sociales y la violencia de género en los jóvenes, su explicación desde una perspectiva psicosocial y las posibles propuestas de solución para reducirla. El objetivo de este artículo de opinión es analizar este fenómeno cultural y social, ofrecer herramientas para mitigar este problema haciendo uso de las mismas plataformas virtuales y proponer recomendaciones psicoeducativas.

El problema de la violencia de género ha ido aumentando a través de los años y hoy en día, representa uno de los temas de mayor relevancia para los organismos gubernamentales e instancias educativas, sociales, culturales y económicas. La complejidad de esta situación, así como sus repercusiones sociales, hace que resulte indispensable estudiarla. Tras varios años de participar en el estudio y discusión en distintos programas creados para poner alto a la violencia, me he dado cuenta que es un problema urgente de salud pública que requiere atención.

¿Qué es la violencia de género?

En los últimos años, el reconocimiento del problema que representa la violencia de género en la sociedad se ha ido incrementando cada vez más. Esto se puede observar a partir de los años noventa, donde se comienza a consolidar gracias a iniciativas importantes como la Declaración de Naciones Unidas sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, llevada a cabo en el año 1993. No es un problema nuevo, sin embargo, su conceptualización, su visualización y ser considerado ya no una cuestión meramente individual sino un problema social sí es respectivamente reciente (Bosch y Ferrer, 2000).

La definición de violencia de género ha sido controversial y no muchas veces aceptada. Una de las definiciones más relevantes es la propuesta por la ONU (1995):

Todo acto de violencia sexista que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psíquico, incluidas las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la privada

La violencia de género puede adoptar distintas formas que no muchas veces se expresan en su totalidad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS; 2002) este problema es una de las principales causas de muerte entre mujeres de 15 a 44 años en todo el mundo, donde principalmente sufrenLeer más