Posicionamiento ante la violencia homófoba en el Fondo de Cultura Económica

El pasado viernes 3 de julio de 2026, el colectivo Novísimxs de poetas LGBTTTIQ+  llevó a cabo una lectura de poesía en protesta contra la homofobia institucionalizada en el Fondo de Cultura Económica dirigido por Paco Ignacio Taibo II. Los comentarios homófobos emitidos con total impunidad en un chat laboral, y  posteriormente redirigidos contra Víctor Santana, trabajador del FCE, son inaceptables. Así mismo, no se puede justificar la revictimización que se trató de ejercer al pedirle a éste que hiciera “las paces” con quien consideró que no representaba mayor problema expresar este tipo de insultos por una vía de comunicación oficial. Por si fuera poco, al notificar que interpondría una denuncia interna, Victor Santana fue sacado sin previo aviso de aquel medio. En un contexto como el actual, la homofobia no puede ser tolerada bajo ningún pretexto, mucho menos dentro de instituciones culturales al servicio del pueblo como lo es el FCE.

            El hecho de que Paco Ignacio Taibo II  pida firmas para respaldar su gestión, mediante esos mismos canales de contacto, a quienes colaboran con él, además de ser una muestra grotesca de abuso de poder en sus funciones como director del FCE, revela sus verdaderas preocupaciones; su falta de interés en la resolución de conflictos dentro de su equipo de trabajo; al igual que su desprecio por la comunidad LGBTTTIQ+ al respaldar a quien emite comentarios homófobos como los denunciados. No es sorpresa, ni sería la primera vez que Paco Taibo II actúa desde el machismo. Célebres son ya sus infames declaraciones “se las metimos doblada” y “poemas [de mujeres] horribles de malos”, lo cual nos obliga a preguntarnos ¿Hay intocables en la 4T? ¿La gestión de Taibo se saldrá con la suya? ¿La presidenta se mantendrá al margen? ¿La homofobia ahora vuelve a ser política de estado? Lo dijimos el viernes 3 de julio en la protesta pacífica: lo único que pedimos de Paco Ignacio Taibo II y de la presidenta, Claudia Sheinbaum, es que sean radicalmente congruentes.

Desde el principio de nuestro posicionamiento sabíamos que enfrentar a los aparatos del Estado implicaba enfrentarnos a una relación de poder asimétrica. Pero también hemos aprendido de nuestra historia, que ante todo es una de resistencia, y jugaremos el juego de la guerrilla. No con armas, puesto que ese idioma no lo entendemos. Nos referimos a una guerrilla de protestas en las librerías, en los cafés, en las ferias del libro, en las recepciones, en los honores a la bandera, en las cenas familiares, en los vagones del metro, en las redes sociales, en los videos de influencers extranjeros que ansían conocer lo “bello que es México”, en las aulas, en los mercados, en los cines, en alamedas, en los hospitales, en los cementerios, y en cualquier lugar donde pretendan esconderse de nosotros, porque nosotros ya no nos esconderemos nunca más. NO VOLVEREMOS AL CLÓSET. SI ALGUIEN TIENE QUE SENTIR VERGÜENZA, SON USTEDES.

            Ante el ejercicio de poder del director del FCE, que conmina a sus subordinados a respaldarlo públicamente, desde el Colectivo Novísimxs de Poetas LGBTTTIQ+, convocamos a artistas, activistas, colectivos LGBTTTIQ+, escritores, asociaciones civiles, medios de comunicación, defensores de derechos humanos y aliades en general a sumarse a este posicionamiento, lo mismo que al siguiente pliego petitorio, que se manifiestan abiertamente en contra de la homofobia dentro del FCE,  del uso del cargo público como trinchera de la homofobia y, sobre todo,  de cualquier tipo de declaración discriminatoria en los espacios públicos que son de todos, todas y todes.

 

PLIEGO PETITORIO

  1. Talleres de sensibilización para lxs trabajadorxs del Fondo de Cultura Económica que hayan proferido insultos homofóbicos.
  2. Garantías de no repetición, así como de no represalias contra Víctor Santana.
  3. Disculpa pública del FCE y de Paco Taibo II por la revictimización ocasionada al subgerente del Fondo Editorial Tierra Adentro.
  4. Creación de una colección de literatura LGBTTTIQ+ en el Fondo de Cultura Económica.
  5. Cese inmediato de actividades para funcionarios de cualquier nivel que, de ahora en adelante, pronuncien comentarios misóginos, homófobos, racistas, coloristas, capacitistas o que denigren la dignidad humana en cualquiera de sus formas.
  6. Finalmente, exigimos que la presidenta Clauida Sheinbaum sea radicalmente congruente y se pronuncie en contra de los comentarios homófobos emitidos al interior del FCE y en cualquier institución pública del país.

ATENTAMENTE

Colectivo Novísimxs de Poetas LGBTTTIQ+: Elías Medina, Alejandro Miravete, Ricardo Rosales de Paula, Abdul C. Bornio, Afrodita M. Alvarado, Darío González Rodríguez e Ismael Glaf.

Y LOS ABAJO FIRMANTES:

Ximena Cobos, Guido Astolfi, Ernesto Reséndiz, José María (Ediciones Abuela Yonki), Alge Aguilar, Rubén Fischer

De la prehistoria al espacio

El viaje literario de El corazón habitante

 Por Diego Díaz

Hay libros que se leen con la mente y otros que se sienten en el cuerpo. Daniela Tarazona tiene la capacidad de hacer las dos cosas al mismo tiempo. Quienes la conocen por obras como Isla partida (Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2022) saben que no es una escritora convencional: a ella le gusta explorar los límites de nuestra identidad y de lo que nos hace humanos.

 

En su novela El corazón habitante (2025), vuelve a demostrar una habilidad poco común: tomar preguntas de la ciencia y la filosofía, esas que a veces se sienten frías, y las convierte en una experiencia literaria que late, que duele y que emociona A través de una prosa precisa y profundamente poética, la autora nos recuerda que pensar no está peleado con sentir.

 

La novela es un viaje fascinante que entrelaza tres vidas que, a simple vista, no tienen nada que ver, pero que comparten una misma obsesión: ¿qué significa estar vivos?

 

El primer asombro que encontramos es el viaje a la prehistoria para mirar el mundo a través de los ojos de una mujer que descubre el lenguaje, el miedo, la naturaleza y el impulso de dejar su huella pintada en una cueva. La autora nos devuelve a ese momento en que todo en la Tierra era un mistLeer más

 El territorio invadido

El cuerpo como la primera casa embrujada

 

Por Laura Moreno Arzaluz

 

El ser humano habita el mundo buscando siempre dos refugios fundamentales e inviolables para protegerse del caos exterior: su hogar físico y su propio cuerpo. Sin embargo, la literatura de horror y la cruda realidad testimonial suelen confluir en un punto devastador: el momento exacto en que ambos refugios son profanados, transformándose en zonas de guerra e indefensión.

 

Recientemente abordé cuatro lecturas que, bajo distintas luces y sombras, exploran esta pesadilla: Aquí vive el terror de Jay Anson, La casa infernal de Richard Matheson, la crónica La casa del Estero de Fernanda Melchor, y el desgarrador testimonio real de Gisèle Pelicot, Un himno a la vida. Al cruzarlas, una verdad incómoda sale a la luz: el miedo más profundo no acecha afuera; se gesta en las estructuras que creíamos más seguras.

 

En las novelas de Anson y Matheson, el terror opera desde la arquitectura. La propiedad de Ocean Avenue en Amityville y la infame Casa Belasco funcionan bajo una premisa perturbadora: son “casas embrujadas”. No son meras estructuras de madera y ladrillo, sino organismos vivos que gestan una maldad orgánica, transpiran fluidos, manipulan las mentes de quienes las habitan y engendran una atmósfera de violencia latente. En estos entornos, el espacio familiar —el dormitorio, la cocina— se deforma hasta convertirse en una trampa que drena la cordura.

 

Es en la crónica de Fernanda Melchor, La casa del Estero, donde presenciamos el eslabón perdido de este viaje: el momento exacto en que el horror arquitectónico desborda sus propios límites físicos y da el salto hacia la carne. Cuando el grupo de jóvenes invade la propiedad abandonada en Boca del Río, Veracruz, el mal ya no se conforma con habitar los muros. Se encarna en la joven Evelia a través de una posesión violenta que deforma sus articulaciones y secuestra su voz. La casa maldita encuentra un nuevo vehículo; el horror ya no es un lugar, ahora es un cuerpo.

 

Esta inquietante transición cobra un sentido absoluto cuando comprendemos que el cuerpo es la primera casa embrujada que conocemos. Nos han enseñado a temerle a los espectroLeer más

Por la herida abierta entrará la luz

Sobre SUTURAS de Yosselin Islas

Por Martín Rangel Noguez [1]

 

I. ESCRIBIR O MORIR

Que la mística es “somatización de la fe”, escribe Luna Miguel, mientras piensa al respecto de la obra ensayística de Hilda Doolittle. Somatización de la fe. Esto es: poner cuerpo a la creencia, registrar en la carne el ritmo de las cosas sagradas. En SUTURAS (Burroughs Editorial, 2025), su más reciente plaquette de poemas, Yosselin Islas (Hidalgo, 1996) realiza precisamente esa operación mística al interior del duelo materno. Una visita que se siente como un ejercicio de exploración urbana al interior de una pesadilla de fiebre o una catedral abandonada, embrujada. Su poemario no solo documenta la pérdida de un hijo, sino que transforma esa pérdida en algo que tiene mucho de experiencia visionaria, de conocimiento corporal que sirve de puente con una genealogía antigua: la de místicas, acaso también de curanderas y, me atrevo: de ciertas brujas.

Luna recuerda que para las místicas medievales la escritura no era tanto un tema de elección sino una necesidad imperiosa. Margarita de Oingt lo expresó así: “o escribía o se moría”. Hildegarda de Bingen recibía la orden divina de escribir, y su desobediencia la conducía “directamente al lecho de la enfermedad”. Esta urgencia vital, esta escritura como imperativo corporal, atraviesa cada una de las páginas de SUTURAS. El título mismo anuncia el programa místico del libro: escribir igual a suturar. Como explica Enid Carrillo en la presentación, “palabra a palabra, la poeta une sus tejidos corporales, los limpia de la pus y la sangre seca, los desinfecta. Con hilo y aguja, verso por verso, la autora ayuda a la cicatrización de su herida”. No se trata de una metáfora: la escritura opera aquí como práctica médica, como una suerte de saber ancestral transmitido entre las mujeres que han tenido que aprender cómo reparar lo desgarrado. En “Síndrome del miembro fantasma”, Yosselin explicita:

 

            El poema nace en las vísceras; 

            hay que removerlas, 

            hurgar en los extremos, 

            hallar el órgano intacto, 

            aquel que aún guarde rastro de vida.

 

La escritura exige aquí lo mismo que exigía la experiencia mística medieval: una entrega total del cuerpo. “Nos pide ensuciarnos las manos, / el rostro, / el cuerpo entero / para encontrarlo”. El poema no se contempla desde la distancia; hay que “hurgar”, penetrar en la herida, tocar lo que duele. La pregunta final es una invocación, un reto: “¿Quién quiere hurgar primero?”. Como las místicas que abrían su cuerpo al éxtasis doloroso, Yosselin convoca a sus lectores a compartir esa inmersión en la profundidad de la víscera.

 

II. HERIDA QUE NO CIERRA

Luna Miguel distingue entre el asombro —suspensión filosófica que abre los ojos— y el estremecimiento —experiencia mística que sacude la carne y abre grietas—. El estremecimiento, explica, “tiene que ver con la fe, el misterio”, mientras que el asombro pertenece al orden del conocimiento racional. Las místicas, más que las filósofas, buscan estremecerse: habitar el misterio desde el cuerpo vulnerable/vulnerado. SUTURAS es un libro del estremecimiento. Su materia prima es la grieta que el duelo abre en el cuerpo de la madre: “Soy este pedazo de herida insomne / que vela por la noche, / el humedal que se apodera de los huesos”. Esta herida funciona como espacio místico por excelencia, como umbral entre mundos. En “Síndrome del miembro fantasma II”, la poeta lo enuncia con precisión:

 

            La herida nos precede. 

            (…) 

            Hay heridas que no cicatrizan nunca, 

            heridas que son fecundas. 

            En el ciclo, la anomalía.

 

La herida fecunda es una paradoja mística: aquello que debería sanar se convierte en fuente de vida, de visión, de conocimiento. Como las llagas de los santos, como los estigmas de Santa Teresa, esta herida permite el acceso a lo sagrado. Yosselin insiste: “Las heridas deben sanar, dicen, / pero aquí solo sana el que está enfermo; / nosotros solo tenemos el cuerpo a medio hacer”. El cuerpo incompleto, el cuerpo herido, es el único capaz de experiencia mística. Que esa “enfermedad”, sería solo peor la cura. La normalidad, la salud, el cierre de la herida significarían el fin de la visión.

 

III. CONOCIMIENTO & PERSECUCIÓN

 Rob Faure Walker, siguiendo a Silvia Federici, describe en su artículo “A Return to Dreamings: Jung and the Witch Trials” (Revol Press, 2025) cómo las herbolarias medievales “desarrollaban un conocimiento de herbolaria y proporcionaban servicios médicos a la comunidad”. Estas mujeres vivían apartadas, en los bosques, y dominaban especialmente el uso del cornezuelo del centeno (ergot), que “se utilizaba para inducir abortos y hacer el parto más seguro”. El conocimiento sobre el ergot era conocimiento sobre el umbral: cómo atravesar la frontera entre vida y muerte, cómo decidir sobre la gestación, cómo salvar a la madre durante el alumbramiento.

 Este saber las volvió peligrosas. Los juicios de brujas, argumenta Federici, fueron necesarios para arrebatar a las mujeres el control sobre sus cuerpos reproductivos. La acusación de “brujería” castigaba precisamente ese conocimiento íntimo, corporal, transmitido entre mujereLeer más

“Perfidia” chuleta de ternera y tomates

en La posibilidad del mal de Shirley Jackson

Por Diana Peña Castañeda[1]

 

Preferimos creer que el mal es oscuro, repentino, pero, ante todo, reconocible a simple vista.

 

Sin embargo, la realidad es que muchas veces es un relicario de amabilidad y cortesía. Dice: ¡Buenas tardes!, ¿Cómo está?… Ofrece la mano ¡Que le vaya muy bien!… ¡La vida me ha premiado con volverle a ver! Podría ser quien reza de rodillas en la iglesia, quien corre detrás de usted para entregarle la moneda que se le ha caído, quien le invita a tomar el té por las tardes, incluso, quien le sonríe desde la acera de la calle.  

 

La literatura nos advierte que el mal, rara vez, se anuncia como tal. Al lobo feroz lo recordamos no por ser lobo, sino porque fue amable con Caperucita. Conversó con ella, la escuchó para guiarla hasta la trampa. Shakespeare nos muestra a un Iago como un hombre servicial y muy leal; su maldad depende precisamente de ese carisma para engañar a Otelo. En David Copperfield de Charles Dickens, Uriah Heep se presenta como un joven humilde y sumiso para chantajear a su empleador.

 

Pero ¿Qué de perverso podría haber en una anciana que vive sola y cuida con esmero su rosal? Shirley Jackson, describe a Miss Strangeworth como una mujer que cada día camina por el pueblo, agradecida de los días soleados, conversa con sus vecinos, bromea, da consejos… Ella, a los ojos de los demás, simplemente, tiene una rutina ejemplar.

 

Y precisamente por eso, resulta tan aterradora.

 

Al almuerzo, come una chuleta magra de ternera asada en sus propias grasas; como acompañamiento, unas jugosas rodajas de tomates frescos. Tras cada bocado, mira el rayo de sol traspasar los pétalos de las rosas de su jardín. La cena resulta aún más liviana: espárragos en salsa de ajo, huevos pasados por agua y un delicioso té caliente mientras el aroma del rosal se funde en el comedor invitándola a un sueño plácido.

 

Ningún alimento ocupa un lugar central en la trama, pero no son casualidad. Su función es mantener una sensación de normalidad mientras Miss Strangeworth escribe cartas anónimas destinadas a sembrar la duda, el miedo y el sufrimiento entre sus vecinos.

 

La literatura conoce bien esta estrategia. Caperucita lleva una cesta con queso, panecitos y mantequilla para cuidar a su abuelita enferma. Ese detalle es el que le permite al lobo conocer la ubicación de su víctima.  Por su parte, Iago utiliza el vino para doblegar la razón de Casio y convertirlo en instrumento de una estrategia destinada a destruir a Otelo. No es el mejor vino, es vino en abundancia y el hecho de que Casio ya haya advertido que es intolerante al alcohol está a su favor. Ahora, si se piensa en una época Victoriana, la mesa simboliza buenas costumbres, respeto, honorabilidad y mucha confianza. Por eso, Uriah Heep utiliza ese escenario para disfrazar su ambición.

 

La pregunta que plantea Jackson no es qué significan los tomates o la ternera, sino ¿Por qué tantos actos crueles ocurren en escenarios perfectamente ordinarios? A Miss Strangeworth le basta una mesa bien puesta, unas viandas en ración moderada y perfectamente cocinadas y una taza humeante de té. Por supuesto, el pleno convencimiento de la protagonista de que sabe qué es lo “mejor” para los demás.

 

La comida, en este caso, no revela quién es Miss Strangeworth. La ayuda a ocultarse.

 

 

 


[1] Comunicadora Social, especialista en Comunicación Organizacional, Magister en Ciencia Política. Interés en escribir sobre la comida como elemento narrativo en la literatura y como arte simbólico de la memoria social.

 

El Método de Maximiliano Peralta entre la poesía y la necedad de seguir en pie

Por Diego Medina

 

Llega a mis manos un poemario que brilla en la oscuridad, que me recuerda a esos días terribles en que fui joven y secretamente feliz. No es un poemario nostálgico, sino un poemario atravesado por el dolor, por la carencia, por la crisis de la salud mental, por la incertidumbre y por el amor, todavía puro propio de la juventud. No pretendo con esto juvenear a Maximiliano Peralta, por el contrario, he de decir que hay en sus versos una fuerza evocadora que ilumina la palabra noche.

Este poemario está dividido en 5 actos y un epílogo, a través de los cuales descendemos en la frágil salud mental del yo lírico, en este sentido, se nos presenta como un descensus ad inferos. Sin embargo, la caída no llega a la locura. La esperanza, el amor de Leonardo, a quien está dedicado el libro, y el aprendizaje anclan al yo lírico en el barranco, no lo dejan caer, aunque no lo puedan traer de vuelta. ¿Quién no ha sentido el vértigo de permanecer suspendido en el aire? Mas a pesar del ambiente opresivo en el que se enmarca este poemario, hay momentos luminosos, de metáforas que redondean lo que las antecede: “y el alma, esa cosa. / Esa trampa de luz rebotando dentro de una botella rota, / que llamé “yo” por falta de precisión”, en este sentido nos encontramos ante un texto excepcionalmente lúcido ante la crisis que enuncia.

Hay también versos que son salvavidas, sin ellos, hay que decirlo, algunos poemas vagarían como muertos vivientes entre las páginas de esta opera prima, pero justamente, salvan esos fragmentos y les dan el aire necesario para que el milagro siga en marcha: “Es absurdo no enamorarse / de algo tan indefenso” o “Todo lo que sé es nada. El cuarto de Tula le cogió candela. Pero fue ella quien se quedó dormida y no apagó la vela. EsLeer más

Mayo de fuego y la liturgia de la hospitalidad en el Festín de Babette

 Por Diana Peña Castañeda[1]

Aunque el fuego ha existido en la naturaleza desde la eternidad, cuando los antepasados frotaron piedras y palos, el invierno se volvió más tolerable y el peligro pudo ser ahuyentado. Después, alrededor del fuego no solo se cocinaron los alimentos, también comenzó a organizarse la vida humana. Y entre esos descubrimientos, el lenguaje fue uno de los más magistrales.

Si fue Prometeo quien lo robó a los dioses o un animal exuberante a un ser maligno, lo cierto, sin duda, es que el favor fue para la humanidad. El fuego no solo ilumina y da calor, que ya de por sí eso es absoluto. Es por excelencia, fuerza vital, el elemento que purifica, congrega, el que genera emoción. Quizás por eso, incluso en estos tiempos, el pequeño emoji de fueguito no es más que la necesidad de permanecer.

Además sostiene al cuerpo cansado, al peregrino, al enfermo, al hambriento. En definitiva, es derecho a la existencia. En El festín de Babette, ella recrea esa simbología como una liturgia a través del acto de la hospitalidad y compartir la mesa:

“Babette había puesto una fila de velas en el centro de la mesa; las pequeñas llamas brillaban sobre las chaquetas, los vestidos negros y el uniforme escarlata y se reflejaron en los ojos claros y húmedos…”

Babette ha cocinado una gran cena como agradecimiento a las mujeres que la acogieron. Pero en el fondo lo que busca es resucitar su mundo perdido, por eso transforma el fuego en una gran belleza.

Describe Isak Dinesen que primero llegó el amontillado. Un jerez oscuro y profundo. Sus notas a frutos secos y madera hicieron que el general, uno de los invitados, alzara las cLeer más

¿Qué hago ahora contigo?

Por Gabriela Ponce Guevara

 

¿Qué hago ahora contigo? Esa fue la primera pregunta que le hice al libro —mientras el estribillo y el resto de la canción, de Silvio Rodríguez, resonaban en mi cabeza— cuando Liyanis me entregó este hermoso ejemplar que reúne su historia de vida poética y me propuso escribir un análisis sobre Tocar lo ausente (El Ángel Editor, Quito, 2025).

¿Qué hace una cuando se enfrenta a una antología que condensa veinte años de escritura y lo hace no solo como lectora, sino como mujer que se reconoce en una conciencia crítica de palabras que son, a la vez, territorio y vida?

No me acerco a este libro solo desde la admiración, sino desde una lectura que percibe una escritura compleja, que exige tiempo, atención y escucha; una obra, en suma, que no admite la prisa.

Desde la primera vez que escuché la poesía de Liyanis —esa sobriedad delicada, ese tono tan suyo de pensamiento encarnado— comprendí que su voz trascendía el lugar de origen sin desprenderse de él, y que en ese gesto se afirmaba con un arraigo profundo: una palabra situada, anclada en un territorio que no es solo geográfico, sino también corporal y de memoria.

Encuentro que Tocar lo ausente contiene una voz que, desde el inicio, se reconoce en su tiempo: ya en los primeros poemas hay madurez de imagen, de ritmo, de conciencia del cuerpo y de la historia. Lo que cambia no es el núcleo, sino las capas: se complejiza la mirada, se depura el lenguaje, se afina la lucidez. No asistimos aquí al crecimiento paulatino de una poeta, sino a la persistencia de una poética que se reafirma, que se precisa, que gana consistencia y fuerza, que se instala.

Desde los primeros libros aparece una voz madura, una arquitectura del decir que no titubea. Lo que hace el tiempo no es corregirla: la afina, la vuelve más rigurosa, más precisa, más esencial. No hay un “antes inmaduro” y un “después logrado”. Hay una misma ética poética que se profundiza.

Y entonces surge otra pregunta: ¿existe aquí un poema mayor?

Yo diría que no en el sentido jerárquico. Porque cada libro contiene sus propios poemas cúspide, sus momentos de plenitud absoluta, inscritos en su tiempo histórico y vital. Pero sobre todo porque lo que se impone no es un poema mayor, sino una voz mayor. Una voz que se reconoce cuerpo, isla, ciudad, memoria, nación, lenguaje, herida y esperanza.

En Piedras y adivinaciones y Cofre de alquimias el cuerpo se vuelve Leer más

Desde las fronteras de la República de las letras: Canto periferia de Alberto Sánchez

Por Diego Medina

 

Alberto Sánchez Martínez nos entrega un poemario de poco más de 150 páginas cuyo tema principal es la relación entre periferia y calidad de vida. Se habla aquí de trabajo precarizado, de trayectos insufribles, de expulsión, de gentrificación, de precariedad, de sueños rotos, de hartazgo, de cultura pop chilanga, de aspiraciones y, desde luego, de política. Los recursos que nuestro autor utiliza son diversos, van desde el albur, el simple juego de palabras, la poesía visual, así como el uso de distinto metros y el verso libre que transiciona al spokenword. Todo ello atravesado por un eje temático principal: la caída de la línea 12 del metro aquel 3 de mayo de 2021.       

    

La riqueza de sus estrategias escriturales y la abundancia de sus referencias puede ser un problema para algunos lectores acostumbrados a imágenes condensadas, poemas breves y sintéticos, yo mismo me abrumé en un punto de la lectura, mas este barroquismo no lo hace difícil. Aunque a veces, eso sí, cansa. El exceso es quizá la mayor virtud y mayor defecto de esta propuesta, pienso que pudo reducirse a 100 páginas sin estropear las intenciones estéticas de nuestro autor, en cualquier caso, éste es un aspecto que se puede trabajar en una segunda edición y que creo podría explotarle la tacha al texto. Sí, a veces es más difícil borrar que escribir.

 

Hay en este libro un posicionamiento contundente contra la hegemonía académica e institucional de la república de las letras, pero nuestro autor equilibra esta crítica con una demoLeer más

“Abril: de Bien me sabe” de Sor Juana Inés de la Cruz

Por Diana Peña Castañeda[1]

 

¿Cuál es la fineza de Cristo? No es la hostia como sacrificio redentor, responde Sor Juana Inés de la Cruz en su reflexión al sermón jesuita. El mayor favor divino es haber dado a la humanidad la libertad de conciencia para poder pensar y decidir, incluso, dijo, si ello pudiese llegar a ofenderlo. Entonces, si la grandeza de ese amor respeta su propia decisión, la de ella, la de todas, por la vida intelectual ¿Por qué, mundo egoísta, pretende arrebatárnosla? 

 

Durante la hambruna de 1693 en México, es obligada por quienes debían cuando menos respetarla, el arzobispo y su confesor, a vender su colección de cuatro mil ejemplares literarios para que repartiera el dinero entre los pobres. Queda entonces sin libros para leer, razón por la que entró al convento ante la negativa de ir a la universidad, incluso si se disfrazaba de hombre. Bordar, cocinar, limpiar, pero no leer, menos escribir, menos sobre lo que las mujeres desean. Ella acata firmando con una frase que suena a ironía: “Yo, la peor de todas.”

 

Pero el pensamiento es un favor divino; por tanto, no desaparece ni siquiera cuando la despojan de todos sus libros. Su anhelo de aprender sobrevive en los pequeños descubrimientos que le brinda la cocina. Basta preparar un bizcocho para saber que la densidad de sus ingredientes reacciona al calor. Que escribir y seguir recetas fomenta la comprensión lectora. Luego, después, primero, finalmente: son formas de conectar el mundo con el discurso. Que según la cantidad de grasa, el chocolate se derrite más rápido. Que la manzana se oxida por efecto químico de la pulpa al contacto con el aire. Que la textura y el sabor de la uvaLeer más