La hermenéutica-pragmática analógica como modelo para interpretar y decodificar la experiencia narrativa

Por Mauricio Bedolla Valdés

Este artículo tiene el propósito de poner a disposición del lector las perspectivas teórico epistemológicas con las que se observa la realidad del objeto de estudio, partiendo de que la realidad es un relato que se construye con las aristas múltiples del hablante y que, en esta ocasión, incluye a los otros hablantes como fuente valiosa de su construcción del problema, estudiantes de bachillerato en problemas de deserción escolar. No obstante, puede utilizarse para cualquier fenómeno social a indagar.

Este razonamiento se basa en la vinculación de similitudes, sin invalidar las diferencias de ambas formas de conocimiento, sino que se acentúan sus semejanzas, lo que hace que sus desemejanzas se hagan más inteligibles, de esta forma, a partir de la analogía, el objeto de investigación se hace más claro, así como hace que sea más fácil de comunicar la experiencia (Guerra, 2014). Por lo tanto, respecto a la elección de los términos que formarán parte de la analogía, estos se adaptan “a las necesidades o propósitos del emisor. De esta manera, la analogía cobra relevancia fundamental en la elaboración y recepción de discursos escritos, orales o visuales” Guerra (2014:215). Así pues, para el actual trabajo, el cual consiste en indagar sobre las causas por las que ocurre el abandono escolar a partir de la experiencia narrativa, se optó por establecer como modelo de investigación general a la hermenéutica analógica propuesta por Mauricio Beuchot.

La experiencia narrativa de los desertores como modelo intersubjetivo de comprensión respecto al abandono escolar

En el texto La forma narrativa de la memoria colectiva (2005), Jorge Mendoza señala que narrar es Leer más

El aceleracionismo para organizar el vacío entre paréntesis

Por Francisco Tomás González Cabañas

En primer lugar, se pretende fundamentar la importancia de dos ejes conceptuales que hacen a la historia política-filosófica, los cuales, desde este humilde punto de vista, considero han sido escasamente trabajados. Así, se hablará del aspecto temporal de lo social no como dimensión contabilizada desde el pliegue o perspectiva hegemónica de lo numérico, como estandarte de lo que luego será la estrella en marcha o piedra basal del capitalismo. En segundo término, la conjetura de análisis de la historia político-filosófica será desde el tiempo entendido, comprendido, vivenciado y relatado, como característica esencial de lo que nos sucede en una dimensión imposible de contabilizar. 

De este modo, sustancialmente planteamos que el tiempo, en el que se hace mención al espacio de lo democrático en clave marxista, no puede ser argumentado desde la égida de cosificar los sucesos bajo la industrial concepción, que será esbozada como “razón instrumental”, del transcurrir, anotados o apresados en el circular de una aguja sobre un mismo punto, dividida en un semblante numérico que no hacen más que determinar un análisis, del que si no salimos, constituirá siempre la trampa del absoluto propia del capitalismo. 

Finalmente, la intervención de los autores destacados de los que nos nutrimos reforzará la presente conjetura, para que la humanidad deje de ser un instrumento de una forma o idea, de atrapar al hombre en una dimensión “capital” que lo deshumaniza y lo expolia de su propio ser o sentido. El tiempo absolutizadoLeer más

Nuestra América: dialéctica entre lo propio y lo extraño. La problemática de la filosofía intercultural en América Latina

Por Leila Bohorquez Dezalot[1]

Examino en este trabajo la importancia de las ideas de José Martí sobre la configuración de un humanismo pleno e inclusivo, sensible a la diversidad social y cultural y a la afirmación de una identidad auténtica, algo considerado como requisito para consolidar la autonomía e integración de las naciones latinoamericanas hacia fines del siglo XIX. La elaboración de esta temática reviste en la obra de Martí una singularidad que se hace presente en sus textos más conocidos, entre los que destaca Nuestra América. Igualmente, interesa poner de relieve las interpretaciones que se han realizado desde el pensamiento contemporáneo, que ponen énfasis en la vigencia de sus propuestas para la filosofía latinoamericana.

Epistemología martiana

De acuerdo con la idea propuesta por Raúl Fornet Betancourt de que la filosofía latinoamericana constituye un acto contextual que excede a la concepción de la filosofía como disciplina signada por una institucionalización académica dominante, la filosofía, en tanto disciplina, debe liberar a esta última de los intereses implícitos en la formación académica institucionalizada dominante a partir de solo uno de sus orígenes culturales. SostenemosLeer más

Breve exposición sobre la Fenomenología de Husserl y de Merleau-Ponty

Por Francisco Octavio Valadez Tapia*

Mientras la primera acepción de fenomenología consignada en el Diccionario de la lengua española la define como “teoría de los fenómenos o de lo que aparece” (Real Academia Española [RAE], 2021), la tercera acepción del mismo diccionario la presenta como el “método desarrollado por Edmund Husserl que, partiendo de la descripción de las entidades y cosas presentes a la intuición intelectual, logra captar la esencia pura de dichas entidades, trascendente a la misma consciencia” (RAE, 2021).

De lo anterior, se puede identificar que la corriente fenomenológica creada por Husserl (1859-1938) es epistemológica y se centra en recuperar la intuición reflexiva con el propósito de describir la experiencia vivida tal cual como se conforma en la conciencia. Implica una continua búsqueda epistemológica, así como un compromiso con la descripción y la explicación de la organización básica del mundo vivido a partir de la experiencia consciente. Así mismo, la corriente husserliana consiste en un enfoque descriptivo que propone recuperar lo propio de la consciencia en sí misma, cuyo principio no remite a la teoría ni a la historia, sino la descripciónLeer más

Entre la insatisfacción y el vacío…

Buscando el olvido para construir realidades y sentidos

Por Héctor Adrián Reyes García

¿Cómo vivo lo que vivo?, ¿cómo significo lo que para mí se encuentra vivo?, ¿cómo sé que me encuentro vivo? Interrogantes complejas, imposibles en su solución. Se buscan esencias, tópicos e ideas que al contestarlas nos colocan en la temporalidad del presente y la necedad de la inmediatez. Si se reflexiona sobre una o muchas respuestas, el universo se acrecienta, el abismo se apodera de la razón, se desmorona para que la vida empiece a buscar explicaciones que intentan significar lo que buscamos, parecemos y queremos ser. Cada vez que anhelamos dar sentido al mundo, buscamos lo que no es, satisfacemos una necesidad sin sentido, saciada de un vacío que no tendría caso comprenderlo, porque sobre él no hay mucho que decir. Esa figura sin pasión que busca moldear una o muchas identidades es la que Rodrigo González o Rockdrigo (músico mexicano, promotor del “rock rupestre”, creador del llamado “heavy nopal”) imprime en un conjunto de metáforas que, entre las telarañas del tiempo, evidencian el encarcelamiento en el que se configura el ser. Es Historia de la no historia la unión de sonidos y entonaciones que en boca de Rockdrigo me llevará a reflexionar ese sin sentido o esa comprensión de lo que no es, que entre la academia, la lectura y el pensamiento intentaré entender.

Ha decir verdad, mi contacto con esta canción es reciente, prácticamente el motivo fue la elaboración de este escrito. En un primer momento la escuché, después la leí y el contenido no me decía mucho. La frase con la que me quedé reclamaba la insatisfacción del ser humano, pareciera que a pesar de que los sujetos construimos realidades y sentidos siempre tenemos la carencia de sobrepasar lo construido, nada nos satisface, ni siquiera la oportunidad de encontrarnos vivos. Me parece que Rockdrigo representa esa insatisfacción desde el momentoLeer más

Paulo Freire y la pedagogía de lo cotidiano

Por Alonso Mancilla

Introducción.

La pandemia del Covid-19 nos puso los anteojos de lo evidente, de la desfortuna de lo cotidiano, del infierno en la tierra, y develó la crisis de una de las fases más atroces del Capitalismo, el llamado Neoliberalismo: la mercantilización de lo cotidiano.

Así, de esta inminente crisis se desprende un problema fundamental, o hacemos que se reconfigure el capitalismo —como viene haciendo el aceleracionismo tecnológico y digital— y pasa a su siguiente fase, o le damos sentido al momento histórico, como lo anunciara Fidel Castro hace 21 años: cambiar todo lo que debe ser cambiado. Tenemos que plantearnos una revolución desde la cotidianidad, desarrollando, así, al hombre y mujer colectivo(a) sin desencadenar en alguna medida el fanatismo, sin crear tabúes, críticamente, en suma, como conciencia de una necesidad[1] libremente aceptada y reconocida como tal, por un cálculo de medio y fines que hay que adecuar (Gramsci, 2019: 353).

Este es un trabajo, como muchos otros, sobre el buen vivir, sin embargo, parte de la idea derridiana de deconstrucción, la cual supone la destrucción de conceptos que hemos creído “naturales” y, por ende, incuestionables, inclusive, dados y acabados. Como dice Derrida en Políticas de amistad, la deconstrucción tiene que ver con un atravesamiento de un espacio y tiempo histórico-político que no se puede obviar, pero al que se le tiene que sacar la prisa y los estereotipos, los cuales tiene que ver con ideas “finamente” argumentadas desde la perspectiva de los opresores, que no tiene nada que ver con los hechos de la realidad concreta.

De lo que se trata es, entonces, de retornar a ese momento, que no fue sólo un momento en el tiempo sino una dimensión de la experiencia del ser y del logos o, para precisar mejor, donde la filosofía fue muy joven o habría llegado demasiado tarde, por lo cual no tiene ninguna autoridad para hacer preguntas (Derrida, 1998: 365). Así, donde la conciencia no fue críticaLeer más

El parad(en)igma de la técnica

Por Víctor Hugo Ramos Rosas[1]

El paradigma absoluto de Occidente es, sin duda, la técnica. Comprendida no solo como el conjunto de ventajosas herramientas, máquinas y procesos realizados por la humanidad, sino también como una manera de ver y pensar la realidad del mundo. El enajenamiento que permea en la sociedad debido a un sistema económico de producción, cuya base es la explotación del trabajo y el trabajador, reduce todo (incluida la sociedad misma) a un mero objeto mercantil, el cual no es capaz de apreciar, en su completa esencia, la relación dialéctica que existe entre lo natural y lo artificial, entre Naturaleza y Tecnología.

La caverna donde vive este aturdido hombre unidimensional tiene una función singular: Le esconde que los individuos de cada época y periodo histórico se han producido a sí mismos a la par que también van construyendo el contexto del mundo, en el cual están correlacionados, indiscutiblemente, lo natural y lo artificial. El hombre de “Occidente”, guiado por un orgullo ciego, ha llegado a creer que puede —y debe— dominar a la Naturaleza por medio del uso de la técnica.

La técnica es el olvido del Ser asevera, concluyente,Leer más

Los “nuevos” discursos: la disolución de la dialéctica del amo y del esclavo

Por Francisco Tomás González Cabañas

Hemos desterrado la idea del otro. La otredad quedó subyugada al reduccionismo de una conciencia tan carente de sí que no tiene tiempo ni espacio para reconocimientos que excedan la mera presencia testimonial. Dejamos de pretender la relación, el vínculo, la posibilidad de encuentros en circuitos que nos brinden algo más que la mera ratificación de nuestros actos, autómatas, inerciales y fundantes de una zaga, constituyentes de lo humano bajo otras características. Mismidad plena que imposibilita al sujeto la proporción, como extensión del lazo. En tal licuación, el presente continuo hegemoniza y absolutiza todo tipo de nociones y, por ende, de escisiones que permitan algún tipo de dialéctica y, en ese sentido, de trato con un otro, como incluso alter ego, doble o múltiples de lo uno.

El significante amo ha sido dinamitado. El objeto “A” cancelado. El deseo convertido en narrativaLeer más

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/h/fotos/hobsbawm.jpg

Historiografía Marxista británica: Eric Hobsbawm

“Eric Hobsbawm”, imagen tomada de “La enciclopedia biográfica en línea” https://www.biografiasyvidas.com

Por Dulce Iris Cerezo Reyes[1]

La historia que más me interesa es la que procura analizar, la que ocurre, en vez de simplemente descubrir lo que acontece.
—Éric Hobsbawm

 

INTRODUCCIÓN

Con la invención de asombrosos medios de producción como las máquinas y herramientas, entre ellas la innovación más sobresaliente, el automóvil, daba inicio la etapa conocida como revolución industrial. Grandes novedades aparecían, y lo que se pensaba es que ayudarían a mejorar la vida en la sociedad, por lo que las personas de pueblo emigraron a la ciudad en busca de mejores condiciones de vida. Pero, ¿en verdad la revolución industrial dio beneficios a todos? la respuesta es no, las grandes máquinas no realizaban el trabajo solas, detrás de ellas siempre ha estado un trabajador al cual se le pagan sus servicios, en muchos casos con remuneraciones míseras, y éste debe obedecer a un patrón; la ambición del patrón de tener más ganancias lo hizo olvidar que estaba tratando con personas, y que para el mejor rendimiento necesitaban descanso, no hacer las actividades solo por obligación y repetición, sino que fueran realizadas con gusto y anhelo de superación. Los trabajadores vivían situaciones infrahumanas e incluso insalubres, es así que se siguió haciendo división de clases, esta vez en lugar de Rey era burguesía y en lugar de esclavo proletariado, siendo esta primera la que poseía ventajas con su propiedad privada.

Lo que se debía era refrendar los ideales de la revolución francesa, “Libertad, igualdad y fraternidad”, pero ¿cómo hacerlo?. Leer más

La estética de una tragedia

Por Miguel Angel Maldonado Zamora[1]

Desperté y lo primero que vi fueron varias llamadas perdidas. Después, varios mensajes, y de entre todos uno breve, directo y por un momento absurdo: “Se cayó el metro”, así, no más. “¿Cómo que se cayó el metro?”, me pregunté, pero al paso de las horas todo fue cobrando sentido.

Yo vivo entre las estaciones del metro Tezonco y Olivos, a unos quince minutos del accidente, así que las imágenes de medios de comunicación no me parecieron tan impactantes como la realidad. Y esta realidad no se limitaba al accidente mismo (la viga, el auto aplastado, el metro partido), se extendía al ambiente denso, pesado, los rostros de las personas en los que se dibujaba asombro, tristeza, frustración, enojo, quizá horror.

El sitio se convirtió en una especia de centro de gravedad Leer más