Entre la insatisfacción y el vacío…

Buscando el olvido para construir realidades y sentidos

Por Héctor Adrián Reyes García

¿Cómo vivo lo que vivo?, ¿cómo significo lo que para mí se encuentra vivo?, ¿cómo sé que me encuentro vivo? Interrogantes complejas, imposibles en su solución. Se buscan esencias, tópicos e ideas que al contestarlas nos colocan en la temporalidad del presente y la necedad de la inmediatez. Si se reflexiona sobre una o muchas respuestas, el universo se acrecienta, el abismo se apodera de la razón, se desmorona para que la vida empiece a buscar explicaciones que intentan significar lo que buscamos, parecemos y queremos ser. Cada vez que anhelamos dar sentido al mundo, buscamos lo que no es, satisfacemos una necesidad sin sentido, saciada de un vacío que no tendría caso comprenderlo, porque sobre él no hay mucho que decir. Esa figura sin pasión que busca moldear una o muchas identidades es la que Rodrigo González o Rockdrigo (músico mexicano, promotor del “rock rupestre”, creador del llamado “heavy nopal”) imprime en un conjunto de metáforas que, entre las telarañas del tiempo, evidencian el encarcelamiento en el que se configura el ser. Es Historia de la no historia la unión de sonidos y entonaciones que en boca de Rockdrigo me llevará a reflexionar ese sin sentido o esa comprensión de lo que no es, que entre la academia, la lectura y el pensamiento intentaré entender.

Ha decir verdad, mi contacto con esta canción es reciente, prácticamente el motivo fue la elaboración de este escrito. En un primer momento la escuché, después la leí y el contenido no me decía mucho. La frase con la que me quedé reclamaba la insatisfacción del ser humano, pareciera que a pesar de que los sujetos construimos realidades y sentidos siempre tenemos la carencia de sobrepasar lo construido, nada nos satisface, ni siquiera la oportunidad de encontrarnos vivos. Me parece que Rockdrigo representa esa insatisfacción desde el momentoLeer más

Paulo Freire y la pedagogía de lo cotidiano

Por Alonso Mancilla

Introducción.

La pandemia del Covid-19 nos puso los anteojos de lo evidente, de la desfortuna de lo cotidiano, del infierno en la tierra, y develó la crisis de una de las fases más atroces del Capitalismo, el llamado Neoliberalismo: la mercantilización de lo cotidiano.

Así, de esta inminente crisis se desprende un problema fundamental, o hacemos que se reconfigure el capitalismo —como viene haciendo el aceleracionismo tecnológico y digital— y pasa a su siguiente fase, o le damos sentido al momento histórico, como lo anunciara Fidel Castro hace 21 años: cambiar todo lo que debe ser cambiado. Tenemos que plantearnos una revolución desde la cotidianidad, desarrollando, así, al hombre y mujer colectivo(a) sin desencadenar en alguna medida el fanatismo, sin crear tabúes, críticamente, en suma, como conciencia de una necesidad[1] libremente aceptada y reconocida como tal, por un cálculo de medio y fines que hay que adecuar (Gramsci, 2019: 353).

Este es un trabajo, como muchos otros, sobre el buen vivir, sin embargo, parte de la idea derridiana de deconstrucción, la cual supone la destrucción de conceptos que hemos creído “naturales” y, por ende, incuestionables, inclusive, dados y acabados. Como dice Derrida en Políticas de amistad, la deconstrucción tiene que ver con un atravesamiento de un espacio y tiempo histórico-político que no se puede obviar, pero al que se le tiene que sacar la prisa y los estereotipos, los cuales tiene que ver con ideas “finamente” argumentadas desde la perspectiva de los opresores, que no tiene nada que ver con los hechos de la realidad concreta.

De lo que se trata es, entonces, de retornar a ese momento, que no fue sólo un momento en el tiempo sino una dimensión de la experiencia del ser y del logos o, para precisar mejor, donde la filosofía fue muy joven o habría llegado demasiado tarde, por lo cual no tiene ninguna autoridad para hacer preguntas (Derrida, 1998: 365). Así, donde la conciencia no fue críticaLeer más

El parad(en)igma de la técnica

Por Víctor Hugo Ramos Rosas[1]

El paradigma absoluto de Occidente es, sin duda, la técnica. Comprendida no solo como el conjunto de ventajosas herramientas, máquinas y procesos realizados por la humanidad, sino también como una manera de ver y pensar la realidad del mundo. El enajenamiento que permea en la sociedad debido a un sistema económico de producción, cuya base es la explotación del trabajo y el trabajador, reduce todo (incluida la sociedad misma) a un mero objeto mercantil, el cual no es capaz de apreciar, en su completa esencia, la relación dialéctica que existe entre lo natural y lo artificial, entre Naturaleza y Tecnología.

La caverna donde vive este aturdido hombre unidimensional tiene una función singular: Le esconde que los individuos de cada época y periodo histórico se han producido a sí mismos a la par que también van construyendo el contexto del mundo, en el cual están correlacionados, indiscutiblemente, lo natural y lo artificial. El hombre de “Occidente”, guiado por un orgullo ciego, ha llegado a creer que puede —y debe— dominar a la Naturaleza por medio del uso de la técnica.

La técnica es el olvido del Ser asevera, concluyente,Leer más

Los “nuevos” discursos: la disolución de la dialéctica del amo y del esclavo

Por Francisco Tomás González Cabañas

Hemos desterrado la idea del otro. La otredad quedó subyugada al reduccionismo de una conciencia tan carente de sí que no tiene tiempo ni espacio para reconocimientos que excedan la mera presencia testimonial. Dejamos de pretender la relación, el vínculo, la posibilidad de encuentros en circuitos que nos brinden algo más que la mera ratificación de nuestros actos, autómatas, inerciales y fundantes de una zaga, constituyentes de lo humano bajo otras características. Mismidad plena que imposibilita al sujeto la proporción, como extensión del lazo. En tal licuación, el presente continuo hegemoniza y absolutiza todo tipo de nociones y, por ende, de escisiones que permitan algún tipo de dialéctica y, en ese sentido, de trato con un otro, como incluso alter ego, doble o múltiples de lo uno.

El significante amo ha sido dinamitado. El objeto “A” cancelado. El deseo convertido en narrativaLeer más

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/h/fotos/hobsbawm.jpg

Historiografía Marxista británica: Eric Hobsbawm

“Eric Hobsbawm”, imagen tomada de “La enciclopedia biográfica en línea” https://www.biografiasyvidas.com

Por Dulce Iris Cerezo Reyes[1]

La historia que más me interesa es la que procura analizar, la que ocurre, en vez de simplemente descubrir lo que acontece.
—Éric Hobsbawm

 

INTRODUCCIÓN

Con la invención de asombrosos medios de producción como las máquinas y herramientas, entre ellas la innovación más sobresaliente, el automóvil, daba inicio la etapa conocida como revolución industrial. Grandes novedades aparecían, y lo que se pensaba es que ayudarían a mejorar la vida en la sociedad, por lo que las personas de pueblo emigraron a la ciudad en busca de mejores condiciones de vida. Pero, ¿en verdad la revolución industrial dio beneficios a todos? la respuesta es no, las grandes máquinas no realizaban el trabajo solas, detrás de ellas siempre ha estado un trabajador al cual se le pagan sus servicios, en muchos casos con remuneraciones míseras, y éste debe obedecer a un patrón; la ambición del patrón de tener más ganancias lo hizo olvidar que estaba tratando con personas, y que para el mejor rendimiento necesitaban descanso, no hacer las actividades solo por obligación y repetición, sino que fueran realizadas con gusto y anhelo de superación. Los trabajadores vivían situaciones infrahumanas e incluso insalubres, es así que se siguió haciendo división de clases, esta vez en lugar de Rey era burguesía y en lugar de esclavo proletariado, siendo esta primera la que poseía ventajas con su propiedad privada.

Lo que se debía era refrendar los ideales de la revolución francesa, “Libertad, igualdad y fraternidad”, pero ¿cómo hacerlo?. Leer más

La estética de una tragedia

Por Miguel Angel Maldonado Zamora[1]

Desperté y lo primero que vi fueron varias llamadas perdidas. Después, varios mensajes, y de entre todos uno breve, directo y por un momento absurdo: “Se cayó el metro”, así, no más. “¿Cómo que se cayó el metro?”, me pregunté, pero al paso de las horas todo fue cobrando sentido.

Yo vivo entre las estaciones del metro Tezonco y Olivos, a unos quince minutos del accidente, así que las imágenes de medios de comunicación no me parecieron tan impactantes como la realidad. Y esta realidad no se limitaba al accidente mismo (la viga, el auto aplastado, el metro partido), se extendía al ambiente denso, pesado, los rostros de las personas en los que se dibujaba asombro, tristeza, frustración, enojo, quizá horror.

El sitio se convirtió en una especia de centro de gravedad Leer más

Deserotizar las redes: el mercader melancólico y el sujeto digital

Imagen: Shylock (Fernando Conde), a punto de cobrar la deuda de Antonio (Juan Gea).

Por Ángel de León[1]

“No sé por qué estoy tan triste: me agobia y tú dices que también te agobia, pero cómo se me pegó, o dónde la encontré o de qué está hecha esta tristeza, de dónde nació, lo ignoro”[2]. Palabras que podría decir un veinteañero en la azotea, entre alcohol y cigarros, mientras abajo transcurre una fiesta que ha dejado de tener sentido; las dice Antonio, el mercader homosexual y racista de la comedia más amarga de William Shakespeare. Poco después, resulta clara la causa de su tristeza: Basanio, su “amigo”, le pide dinero para conquistar a una rica heredera, lo que significa que Basanio dejará de ser su chichifo.

Podemos hurgar más a fondo detrás del deseo, acaso reprimido, de Antonio por Basanio, en la explicación que el propio Graciano ofrece a la tristeza de su amigo: Antonio está triste porque no está contento… está triste porque está triste. Como en otros protagonistas shakespearianos, el conflicto de Antonio se explica sólo hasta cierto punto por las circunstancias presentes de la obra (el duelo de Hamlet, la venganza de Yago), pues losLeer más

La otra pandemia. Sociedad global y soledad institucionalizada

Luisa de Paula (Italia) Doctora en filosofía moral y periodista independiente. Autora de 4 textos sobre prácticas filosóficas, y cientos de artículos de actualidad en 4 idiomas. Ha sido profesora en varias universidades europeas y participado en proyectos de varias ONG internacionales como la UNESCO y el CEDEFOP.

El distanciamiento social o “social distancing” es distinto a la idea del “distanciamiento físico”. Según nos muestra Luisa de Paula, es este un terrible error del lenguaje en el que políticos y medios de comunicación han incurrido. En un texto pleno de potencial filosófico y poderosas interpelaciones, se analizan diversas categorías que se relacionan con la cercanía y la distancia, el acompañarse y la soledad, el con-tacto y la fría indiferenciación de la “multitud de individuos”. Según esta autora nos explica, entrar en la comunidad virtual significa olvidar el primer lenguaje que aprendimos, el del tacto y el cuerpo, resultando empujados a perder y olvidar nuestra limitación corporal que son, a su vez, nuestra propia constitución. ¿Para un animal de manada, no es la soledad una verdadera enfermedad que amenaza su supervivencia? ¿Es posible de algún modo reemplazar el encuentro con el otro y la confrontación con la fértil imprevisibilidad del cara a cara? Con este texto, revestido de escrupulosas categorías filosóficas de Arendt y Levinas, nos vemos movidos a pensar, a poner en movimiento el sentido de nuestra experiencia, a cuestionar la soledad que parece ser el legado del ciudadano del siglo XXI.

 

En tiempos en que la realidad parece que nos excede la filosofía es un medio para transformar quienes somo

 

La otra pandemia. Sociedad global y soledad institucionalizada

En el breve espacio de este artículo quisiera iniciar una primera reflexión sobre los fenómenos de distanciamiento social y su representación en el imaginario común según dos claves interpretativas: la pérdida de la animalidad y la soledad institucionalizada. La hipótesis que aquí subyace es que la situación que vivimos no es tanto una larga fase de emergencia, como el epifenómeno de una lenta parábola socio-antropológica que en las dos últimas décadas ha sufrido un fuerte repunte.

Desde que la epidemia del covid Leer más

¿Una nueva historia de felicidad?

Jorge Humberto Días (Portugal) es director de la institución Gabinete PROJECT@», fue presidente de la Asociación Portuguesa de Asesoramiento Ético y Filosófico, profesor en la Universidad Vasco de Quiroga y autor de diversos textos vinculados a la práctica filosófica.

En este texto Jorge Humberto Díaz nos presenta dos grandes cuestiones. La primera, en relación a una preocupación por la filosofía, la práctica filosófica y las aplicaciones sociales. Allí busca mostrar cómo la tensión entre una labor que no es siempre valorada o conocida, pudiera hoy abrirse camino en el mudno presencial y virtual. Con algunos términos que podrían ser algo controversiales como “mercado”, “clientes”, “filósofo corporativo”, etc. Presenta luego la cuestión de la felicidad, que ha sido tema de investigación del autor durante años. Refiriendo a indicadores de la ONU y a diversos estudios, nos insta a considerar la «cara» filosófica de la felicidad y de cómo hoy, en tiempos de covid y confinamiento, la cuestión de la felicidad debería ser más considerada, entendiendo nuestras necesidades sociales, pero rompiendo una visión que contempla una «adicción» a las mismas.

David Sumiacher

 

Enviado el: 8 de abril de 2021

En tiempos en que la realidad parece que nos excede la filosofía es un medio para transformar quienes somos

 

¿Una nueva historia de felicidad?

«Nadie planea ser infeliz, pero la infelicidad ocurre porque tú (no) diseñaste nada

Desde 1998 me dedico al estudio de la Felicidad. Mi trabajo final para la Licenciatura en Filosofía en la Universidad Católica Portuguesa fue sobre la Filosofía de la Felicidad. En este proceso, tuve el desafío de articular la dimensión teórica con la dimensión práctica de la Filosofía. En 1999 fui invitado por una Radio Local a colaborar en un programa titulado “Conversaciones con música”. Fue mi primera experiencia profesional en Filosofía Aplicada. Una vez a la semana teníamos un tema, elegíamos canciones sobre ese tema. En la primera parte del programa analicé la letra de las canciones, comenté filosóficamente, hablé con el locutor de radio. En la segunda parte, abríamos el micrófono a las participaciones de los oyentes, quienes llamaban activamente para dar su opinión, compartir experiencias, emociones, etc. Algunas ediciones parecían auténticas consultas de Orientación Filosófica.

¿Por qué recordé esta experiencia hoy?Leer más

Pandemia y filosofía, entre viejas y nuevas normalidades

Alejandro Cerletti (Argentina) es doctor en Filosofía por las Universidades de París 8 y Buenos Aires. Profesor e investigador de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de General Sarmiento, Argentina.

En este artículo, lleno de contenido y criticidad, Alejandro Cerletti presenta un esquema de la época, tanto de la que veníamos viviendo previo a la aparición del Covid-19, como las intersecciones que se generan hoy por su emergencia. Así, explica cómo en este mundo “de la circulación ininterrumpida” y de la posverdad, las medidas globales de aislamiento obligatorio no es que cambien la “normalidad”, sino que modifican sus rutinas. La pronta naturalización de los procesos virtuales, la extraña fusión o interferencia de lo público en lo doméstico, la realidad tan “anti-intuitiva” que nuestra época presenta, son aspectos a reflexionar. Hay una posibilidad, según Cerletti, en esta época, tiene que ver con valorar el instante de la interrupción de esta vorágine. No solamente interrumpir, sino pensar sobre la interrupción. Por eso nos instará a considerar las preguntas de “¿qué es la realidad?” y “¿quién –o qué– somos nosotros?”, que son tan viejas como la filosofía, pero tan actuales como nunca.

David Sumiacher

 

 

Enviado el: 25 de marzo de 2021

 

En tiempos en que la realidad parece que nos excede la filosofía es un medio para transformar quienes somos

 

Pandemia y filosofía, entre viejas y nuevas normalidades

Si hay algo positivo que puede extraerse de la vigente Pandemia y del confinamiento poblacional que trajo aparejado es que sirve como un buen estímulo para revisar lo que hacemos cotidianamente. Tratar de entender la situación actual nos conduce, de manera inevitable, a focalizar la atención en lo que era la “normalidad” de nuestras vidas “pre-pandemia” y examinar si hay algo realmente nuevo en este convulsivo presente.

No es fácil caracterizar la normalidad anterior al anuncio de Wuhan, porque tratar de identificar algún rasgo de estabilidad en un mundo que cambia vertiginosamente no parece sencillo. Y no parece sencillo porque ese rasgo común es justamente el cambio. Vivimos en un mundo dominado por la velocidad, por la invasión constante de imágenes, de mensajes, de informaciones que son rápidamente reemplazadas por otras antes de que haya tiempo de asimilarlas. Es el mundo de la circulación ininterrumpida en el que todo es transformado en mercancías que se hacen obsoletas al poco de haber aparecido. Leer más