Luz Chávez | Poemas

Luz Chávez. Escritora cubana radicada en Estados Unidos y autora del poemario Incendio Contenido. Su escritura transita entre la poesía, la crónica y la narrativa breve, explorando la intimidad emocional, la memoria, el desarraigo y las transformaciones que deja el paso del tiempo. Ha participado en lecturas públicas y espacios literarios en Miami, y sus textos han sido publicados en diversas antologías nacionales e internacionales. En 2026 fue finalista en concursos internacionales de poesía y narrativa epistolar.

 

 

 

Carne sin metáfora

El cuerpo sabe.

 

Antes que la palabra.

Antes que la norma.

 

El deseo no es exceso:

es lenguaje primario.

 

Pulso.

Temperatura.

Tensión que reclama espacio.

 

La piel

no se disculpa por arder.

 

Reconoce.

Roza.

Insiste.

 

La respiración también decide.

 

El temblor

es una forma de verdad.

 

El hambre no pide permiso

cuando es mutua.

 

 

 

Cuerpo de silencio

Esta noche
la soledad no tocó la puerta,
entró descalza
y se metió en mi cama.

Traía la piel fría
y una paciencia antigua,
como quien sabe
dónde arde lo que callo.

Se recostó a mi lado
sin pedirme permiso,
y empezó a recorrerme
con esa forma suya
de decirlo todo sin palabras.

No eran manos,
pero sentí el peso,
la lenta insistencia
de algo que me conoce
desde antes de nombrarme.

 

Me respiró en el cuello
con un aliento tibio de memoria,
y cada recuerdo
se volvió pLeer más

Brianda Velázquez Gómez | Poemas

Brianda Velázquez Gómez (Tampico, Tam., 1979). Es ingeniera, escribe poesía y narrativa, artista transdisciplinaria, cocinera. Pública el poemario Mujer colibrí (2016, 2017), en El Camino del Ensueño (2023) reúne: crónica viajera, ensayo creativo, relatos, memorias de viaje y poemas. Ha colaborado en las publicaciones digitales: Revista digital Poetripiados, Religión Digital y El eco del Mante; en las antologías: Coordenadas de Voces Femeninas II y Voces que no se apagan Español-Otomí. Edita: Crepundium, Voces por la autoestima y el fanzine Temporada de Mangos de contenido etnográfico urbano. Su referente más importante es la escritora feminista, filosofa Francesca Gargallo (1956-2022). En el 2024 participa en las Jornadas de Poesía Tamulipeca con la ponencia Hacia una poética del cuerpo deconstruida. Ensayo creativo y poesía transdisciplinar: idiófona.

 

 

Idiófona

 

Cuerpo campana

Cimbra, llama, llora, decora, disipa, ahuyenta, apacigua, alaba, quiebra, excita.

Celebra, calla, tañedora.

Substancia refractaria, desfragmentada.

Cuerpo de maíz

el timbre de tu boca asoma

orgánica, tálamo

multiorgasmica, telúrica.

Cuerpo de metal

sublimado subvierte.

Cuerpo

Cuerpo con celular adherido a la mano: cuerpo.

Cuerpo con pluma adherida a la mano: cuerpo.

Cuerpo con maquina adherida a las manos: cuerpo.

Cuerpo con libreta adherida a las manos: cuerpo.

Cuerpo con pantalla en los ojos: cuerpo.

Con, es

es cuerpo es

esssss

poeLeer más

Atenea Acevedo | Poemas

Atenea Acevedo. Comunicadora, tallerista y terapeuta con seis años de experiencia en acompañamiento de procesos emocionales individuales y colectivos. Narradora y poeta, su novela Praga en el corazón fue publicada en 2020 en Barcelona y en ese mismo año publicó la obra autobiográfica sobre abuso sexual en la infancia mi mascota es una piraña de manera digital y autogestiva. La segunda edición de su novela estuvo a cargo de Corda Ediciones en México, y se publicó en 2024. Es artista del collage y ha participado en exposiciones individuales y colectivas. Su obra Desde las afueras quedó entre las diez finalistas de la más reciente edición de Las Yubartas, Premio Hispanoamericano de Narrativa Las Yubartas, convocado por la Feria Internacional del Libro de Nueva York. Ha viajado a 33 países y residido en México, los Estados Unidos y la República Checa.

 

 

 

la lavanda también reposa

 

el estudio,

casi siempre en silencio,

sonríe y danza

al son de palabras ininteligibles,

melodías para mí también extrañas

 

huimos de la quietud habitual,

yo y mis fantasmas,

temerosas de las fotografías viejas

y el macabro guiño de su dardo

 

la madrugada, como la muerte,

se sienta a pasar el rato,

hasta que caigo en la trampa

de mi propio pasado:

abro una carpeta de imágenes

(«un álbum de fotos», diría mamá)

 

veo mi piel entre otras pieles,

mis brazos entre otros brazos,

tantos colores juntos, caminando

 

nuestras risas, tu nostalgia,

las calles rebosantes de alegría,

latidos, tambores y cantos

 en Dajla, La Habana o Euskadi,

en Chiapas, el Bronx o Porto Alegre,

dispuesta la ofrenda de mi voz decidida,

inexperta y rebelde,

también mi llanto

 

la memoria se agita

y un mar de recuerdos me azota

 

los ojos de las madres

de las asesinadas de Juárez

todavía acechando mis desvelos,

en el exilio eterno de las vidas rotas

 

en el campamento de refugiados

el estómago vacío de las niñas,

su cuerpo aún sonriente y la mirada fija

en las pestañas de los camellos

 

¿qué teníamos para dar?

flores y un plato de comida,

tiempo y una caricia…

que al final no es nada más,

«pero tampoco menos», decías,

y en medio de la miseria

yo me enamoraba

 

me miro en esas fotos

y qué ternura me doy,

tan frágil y cierta

de sumarme a la plaza,

armar la barricada,

porque otro mundo era posible

y creíamos haber aprendido

todo sobre el horror

y algo sobre el amor

 

una ansía poder arropar al mundo

con la frazada más pequeña,

donde ahora apenas arrulla

el duermevela de su gata,

hilando una historia tan lejana

como los platos del desayuno

ahora secos en el escurridor,

a la espera de la ración próxima

 

mi ira no se ha rendido,

es una flor que retoña,

como la lavanda

 

 

 

mi ciudad

 

abrir los ojos ahí

donde el aire no ataja las balas

y los estudiantes cantan consignas

antes de caer como flores de jacaranda

 

bajo la lámpara quirúrgica,

bajo el foco desnudo de la cámara de tortura,

corren fluidos, instrucciones, esperas:

sangre entre la madre y la niña,

sangre en los sótanos de la policía

 

nacer al estruendo

en la esquina de Tlaxcala y Tuxpan,

donde hace tan poco el fulgor de la bengala

anunciaba el silencio oscuro del desaparecido

 

intuir el asidero,

afianzar el puño a un dedo de mujer,

colgar la mirada de su sonrisa,

de su reproche también parido

 

llantos renuentes al vaivén de la mecedora,

ajenos a los grilletes y las mordazas,

a las otras lágrimas de las otras madres,

al anaranjado del cempasúchil marchito

 

en otoño del 71,

una pequeña se arrulla al compás

de la muerte y su guadaña

en el D.F. mexicano

 

un día, en esas mismas calles,

se desgajará el útero de la Tierra

y la verdad, como la yerba, levantará el asfalto

 

 

 

boceto

 

dibujar es encontrar

a la niña que fui y no conozco

 

sus manos de lluvia salada

por fin se han secado

 

a tientas, elige colores,

texturas que son abrazos

 

la primera línLeer más

María José Cáceres | Poemas

María José Cáceres Ramírez (2003). Profesora de Ciencias Sociales, escritora y promotora cultural hondureña. Originaria de Lepaterique, Francisco Morazán. Fue galardonada con el primer lugar en el Certamen Nacional de Poesía de los XXXIV Juegos Florales de San Marcos, Ocotepeque, y en el Certamen Literario de Cuento Corto «Honduras Diversa». Asimismo, obtuvo el segundo lugar en el Concurso de Ensayo «Voces Educativas» y una mención de honor en la categoría de cuento infantil del XV Premio Nacional de Narrativa Infantil y Juvenil. Parte de su obra poética ha sido publicada en revistas literarias de Honduras, México, Paraguay, Nicaragua, Chile, Perú, Colombia, Bolivia, El Salvador y Estados Unidos. Cuenta con espacios de difusión en el Minuto Cultural Sabatino de Radio América (Honduras).

 

 

 

Hacia la nada

Mi único empeño era la luz.

Pero tu gesto insiste en la intemperie:

una estela que se triza en el aire

mucho antes de alcanzar tu orilla,

antes del tacto.

 

El orden del mundo es nítido y severo.

Disciernes en mis ojos la renuncia

yo solo atiendo al intervalo

que media entre los dos.

 

 

 

Simulacro del olvido

El humo no conserva los nombres.

Después de que el fuego ha terminado su trabajo,

el árbol ya no recuerda cómo buscar la luz.

 

Ella intentó abrazar el origen del calor

y se deshizo hasta volverse nada,

olvidando dónde terminaba su piel

y dónde empezaba la corteza.

 

Dicen ahora que el río se la ha llevado,

como si el agua pudiera lavar

la orfandad de la tieLeer más

Abrirse paso entre el Diario de la Noche de Pita Ochoa

**La portada de este artículo forma parte de las ilustraciones realizadas por Elizabeth Torres para Diario de la noche

Por Ximena Cobos

 

Diario de la noche (Red Press, 2024) es una obra de la poeta infrarrealista Pita Ochoa publicada en Dinamarca, cuyo trabajo de traducción al danés y al inglés supone un acontecer de entendimientos entre mujeres: Malene Thorborg y Elizabeth Torres, respectivamente. Este es el primer detalle importantísimo que rodea la publicación de dicho libro, pues desde México, con la curiosidad puesta en los ojos, como lectora, mediadora, investigadora y espeleóloga de la poesía escrita en femenino libre, reconozco el problema de la traducción al que constantemente nos enfrentamos a la hora de buscar acercarnos a la poesía tan solo de escritoras de América Latina y el Caribe cuya lengua materna no es el español. Por ello, pensar que desde los países angloparlantes o desde Dinamarca las lectoras y escritoras puedan llegar a la obra de una de las poetas infras no es un acto simple, sino un acto de justicia por todas las escritoras cuyas obras habitan el polvoso olvido de las no reediciones.

El libro nos acontece en un contexto donde el espacio de la literatura ha sido tomado por el hacer entre mujeres, aunque esto no sea nuevo en su intención, pues toca recordar que no venimos solas, que esa soledad es un supuesto que nos quieren hacer creer para no reconocer el continuum de la existencia y resistencia de las mujeres. Sin embargo, quepa aquí señalar que, desde mi perspectiva, este movimiento, esta búsqueda, está cayendo en cierta laxitud, pues estamos creando involuntariamente un nuevo canon —quizá porque son las formas que conocemos y no apuntamos a construir algo nuevo, pues carecemos de tiempo entre todas las cosas que hay que hacer para sobrevivir el día a día—. No obstante, ese nuevo canon está una vez más cerrado y, peor aún, reducido. Es redundante y nos tiene dando vueltas en un círculo bastante pequeño, mordiendo la cola de esta serpiente a cada nuevo círculo de lectura o cada lista de algún reto lector nacido en las redes sociales. Es por ello que resulta relevante y necesario el hincapié en la traducción y el alcance que esto significa; el viaje fuera de la lengua materna sin soltarla, una traducción que no abandona el original, que deja aparecer la voz de la poeta como origen, y que permite en un futuro quizá un hallazgo inesperado.

Al respecto, en el prólogo de Diario de la noche se menciona que para Pita la existencia en la sombra es hasta cierto punto autoelegida, sin embargo, me parece que esto tendría que significar no saber que su obra existe, no haber escuchado alguna vez su nombre. Antes bien, creo que es una invitación a habitar la sombra con ella, porque allí es el sitio en el que se hallan muchas escritoras como Pita, si no nos asomamos a lLeer más

Kiersten Jungbluth | Poemas

Kiersten Jungbluth. Licenciada en Literatura por la Universidad de las Artes de Ecuador. Sus poemas han sido publicados en antologías poéticas de editoriales latinoamericanas como Entre espinas y versos de la editorial Komala y Manías de la mente de Ediciones Converso. Además, ha participado en recitales de poesía organizados por el Municipio de Guayaquil y en librerías locales. Actualmente trabaja como docente de español.

 

 

 

La primera vez que el aire te sostuvo

Mantuviste la respiración

tanto tiempo como fue posible

—tenías miedo

y no sabías por qué.

Imaginaste palabras

bellas e infinitas

enredándose en medio del aire,

e intentaste masticarlas

hasta disolverlas por completo.

Te preguntaste

cuánto pesa un alma al abandonar

un cuerpo,

si se lleva consigo los recuerdos

y qué es lo que haría con ellos.

Intentaste recordar, también,

la última vez

que tus dedos tocaron algo blando,

algo que hayas podido estrujar

hasta quedarte sin aliento.

Contaste tus dedos

de las manos

y alineaste todas las estrellas

sobre tu espalda erguida.

Permitiste que tu peso atraviese

toda superficie en su camino,

en la larga espera vertical.

Intentaste ubicar el principio

del dolor y del deseo,

y repasaste sus huellas

sobre tu piel nebulosa.

Pensaste

que te encontrabas en medio

de un lugar nunca antes descubierto,

—que era así, tal vez,

como debía sentirse, finaLeer más

Laura V. Medel | Poemas

Laura Valentina Medel Delgado (Nezahualcóyotl, 1992). Solía ser (solo) narradora. Ahora soy, también, poeta. Aprendiz de poetAs, no musas. Filósofa en construcción sempiterna. Amante de los sonidos raros, aunque padezco hipoacusia unilateral congénita. Para leer una semblanza mía, más formal, teclear ni nombre en la web.

 

 

 

I

Me presiento, extranjera,

en ese ahí, incomprensible

de mi propio dolor,

de la mera existencia.

Porque antes de ser humana

fui animal,

y como los animales,

mi cuerpo

no entiende de lenguaje,

de verbos.

Es tarde para sacarme

el disfraz de pensante,

de mente creadora.

Se ha encarnado en mí.

 

Comezón,

                 fractura,

punzada,

                 bills petrificada,

 

en el lugar

en el que me arden las dudas.

 

Hay algo

               —hay mucho—,

que no traduce

mi propio entendimiento,

mas ese algo llega a ser palabra

solo cuando hay poema.

 

Poema,

lo más

cercano

a un lenguaje animal.

 

 

 

II

Esta imposibilidad

de llegar a tierra firme;

no a la arena, sino a la roca.

A la mano extendiéndose

en la orilla

para ayudarme a salir.

 

—¿De dóLeer más

Christian Jiménez Kanahuaty | Poemas

Christian Jiménez Kanahuaty. (Cochabamba – Bolivia, 1982). Es autor de siete novelas. Invierno (2010), Te odio (2011), Familiar (2019), Paisaje (2020), Los libros de nuestros padres (2023), Calor cercano (2023) y Cuidar del fuego (2023). Cuatro libros de cuentos: Cortas detonaciones (2008), El mareo (2008), Museo (2010) y No quedan días de verano (2015). Junto a la producción de ficción están los libros de ensayos, Ensayos de memoria (2014), Bolivia. El campo académico, cultural y estético (2016), Distorsiones del colonialismo (2018), Movimientos sociales (2020) y Roberto Bolaño. Una apropiación (2020). Y las investigaciones, La maquinaria andante. Historia, poder y movilizaciones sociales en la ciudad de El Alto (Edición ampliada, 2015). La maquinaria andante. Historia, poder y movilizaciones sociales en la ciudad de El Alto (2013), Para leer el desarrollo desde Bolivia (2015). Ganador del concurso de novela latinoamericana convocado por la editorial E1 de Guanajuato, México, con la novela Paisaje y del concurso Ideas creativas. La pandemia y la experiencia de la cuarentena, convocado por la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia. Finalista con el cuento Navidad del Concurso Nacional de cuento Adela Zamudio. Cochabamba, 2015. Es también el antologador y prologuista del libro Bajo la soledad del neón. Antología de cuento contemporáneo de América latina. Que tiene dos ediciones, una en Bolivia (2020) y otra en Ecuador de 2021. En poesía es parte de Cambio climático. Antología de la joven poesía boliviana, (2011), Tea party I (2012), Traductores del silencio (2012) y autor de los libros de poesía Bodas elementales (2021) y Moxos (2023).

 

 

 

poemas del 2009

 

este es el recorrido. El mundo que cambia. El instante que se decide, entre leer o escribir. El impulso manifiesto para dejar la profesión y ponerse a escribir:

 

Una mañana

Construyendo

            Sobre las rocas

                        Las palabras inmortales

            Me desvanezco

Pierdo continuidad,

Me inunda la soledad.

 

 

Y unos días después, en el diario aparece 9 de septiembre. Lo que sigue es más largo de lo esperado. Es una escritura que se hace mientras se escribe. Cero planificación. Cero contención. Ninguna esperanza para aquel que escribió aquello que ahora se transcribe:

 

Golpe a golpe

la lágrima simple y negra,

anuncia la transmutación

eterna, constante, irreal:

sentir sin dolor o ser inmortal;

las manos quemándose

el ardor

la sangre al brotar,

delirio delicia sensual.

El placer de la llaga en la sutil piel

tu voz, palpitante,

abajo entre rocas;

desdoblándose, crujiendo

rasgando el pasado,

abriendo puertas terrenales

ascienden entre ríos colorados

mientras son completos los ruidos

las rapaduras de cobre,

calando en la vena larga y verdosa de la tierra.

El azul es sueño

el negro es el olvido

ya es tiempo

del compás cadencioso

luminoso, sanguíneo

marcado por la señal

que te impone desde el ocaso

una vara maléfica que rasga tu espalda

destrozando el pulmón.

Ahora entiendes el silencio

la falta de respiración

dentro muy internamente

el silencio

la roca.

 

Y no entiendo muy bien el poema, pero lo transcribo tal cual. Hay que verse a través de la escritura. Del tiempo remoto: el pasado siempre será un lugar donde se hagan las cosas de otro modo, como si fuese un país extranjero.

Entonces salta otra fecha. 30 de septiembre:

 

El oscuro color de mi voz

te envuelve, te ayuda a vomitar los siglos de ausencia,

de silencio. Entonces,

mirándote bajo un cielo nublado

conformo palabras interiLeer más

Aura Guerra | Poemas

Selección de Donde cae el polvo
(Buenos Aires Poetry)

 

 

 

La niñez creció en mi piel

y cumplí la edad en que se desangran los pájaros 

al desplomarse del nido.

Heredé el síntoma ancestral de la tristeza:
papá murió

y me dejó sus lágrimas,

brotaron desde la tumba

hasta llegar a mi cuerpo.

Intento quedarme en casa

inventar una enfermedad impronunciable, reconocer que la oscuridad

me devoró de noche 

y quedé incompleta.

Muero de madrugada y nace el pánico, toca limpiar mi cráneo de culpas,

empapar de clonazepam

la nube en que floto

y plantar jazmines en mis cenizas.

 

 

 

Una mariposa

estrelló contra el vidrio de mi cuarto. 

Sentí

su muerte.

 

Sus alas —pétalos en declive—  me recordaron que la belleza

desaparece con la violencia del

golpe más leve.

 

Las alas no saben cuánto

tarda una en volverse libre.

 

Deshacen,

como yo,

sin haber aprendido

a regresar del peLeer más

Por la herida abierta entrará la luz

Sobre SUTURAS de Yosselin Islas

Por Martín Rangel Noguez [1]

 

I. ESCRIBIR O MORIR

Que la mística es “somatización de la fe”, escribe Luna Miguel, mientras piensa al respecto de la obra ensayística de Hilda Doolittle. Somatización de la fe. Esto es: poner cuerpo a la creencia, registrar en la carne el ritmo de las cosas sagradas. En SUTURAS (Burroughs Editorial, 2025), su más reciente plaquette de poemas, Yosselin Islas (Hidalgo, 1996) realiza precisamente esa operación mística al interior del duelo materno. Una visita que se siente como un ejercicio de exploración urbana al interior de una pesadilla de fiebre o una catedral abandonada, embrujada. Su poemario no solo documenta la pérdida de un hijo, sino que transforma esa pérdida en algo que tiene mucho de experiencia visionaria, de conocimiento corporal que sirve de puente con una genealogía antigua: la de místicas, acaso también de curanderas y, me atrevo: de ciertas brujas.

Luna recuerda que para las místicas medievales la escritura no era tanto un tema de elección sino una necesidad imperiosa. Margarita de Oingt lo expresó así: “o escribía o se moría”. Hildegarda de Bingen recibía la orden divina de escribir, y su desobediencia la conducía “directamente al lecho de la enfermedad”. Esta urgencia vital, esta escritura como imperativo corporal, atraviesa cada una de las páginas de SUTURAS. El título mismo anuncia el programa místico del libro: escribir igual a suturar. Como explica Enid Carrillo en la presentación, “palabra a palabra, la poeta une sus tejidos corporales, los limpia de la pus y la sangre seca, los desinfecta. Con hilo y aguja, verso por verso, la autora ayuda a la cicatrización de su herida”. No se trata de una metáfora: la escritura opera aquí como práctica médica, como una suerte de saber ancestral transmitido entre las mujeres que han tenido que aprender cómo reparar lo desgarrado. En “Síndrome del miembro fantasma”, Yosselin explicita:

 

            El poema nace en las vísceras; 

            hay que removerlas, 

            hurgar en los extremos, 

            hallar el órgano intacto, 

            aquel que aún guarde rastro de vida.

 

La escritura exige aquí lo mismo que exigía la experiencia mística medieval: una entrega total del cuerpo. “Nos pide ensuciarnos las manos, / el rostro, / el cuerpo entero / para encontrarlo”. El poema no se contempla desde la distancia; hay que “hurgar”, penetrar en la herida, tocar lo que duele. La pregunta final es una invocación, un reto: “¿Quién quiere hurgar primero?”. Como las místicas que abrían su cuerpo al éxtasis doloroso, Yosselin convoca a sus lectores a compartir esa inmersión en la profundidad de la víscera.

 

II. HERIDA QUE NO CIERRA

Luna Miguel distingue entre el asombro —suspensión filosófica que abre los ojos— y el estremecimiento —experiencia mística que sacude la carne y abre grietas—. El estremecimiento, explica, “tiene que ver con la fe, el misterio”, mientras que el asombro pertenece al orden del conocimiento racional. Las místicas, más que las filósofas, buscan estremecerse: habitar el misterio desde el cuerpo vulnerable/vulnerado. SUTURAS es un libro del estremecimiento. Su materia prima es la grieta que el duelo abre en el cuerpo de la madre: “Soy este pedazo de herida insomne / que vela por la noche, / el humedal que se apodera de los huesos”. Esta herida funciona como espacio místico por excelencia, como umbral entre mundos. En “Síndrome del miembro fantasma II”, la poeta lo enuncia con precisión:

 

            La herida nos precede. 

            (…) 

            Hay heridas que no cicatrizan nunca, 

            heridas que son fecundas. 

            En el ciclo, la anomalía.

 

La herida fecunda es una paradoja mística: aquello que debería sanar se convierte en fuente de vida, de visión, de conocimiento. Como las llagas de los santos, como los estigmas de Santa Teresa, esta herida permite el acceso a lo sagrado. Yosselin insiste: “Las heridas deben sanar, dicen, / pero aquí solo sana el que está enfermo; / nosotros solo tenemos el cuerpo a medio hacer”. El cuerpo incompleto, el cuerpo herido, es el único capaz de experiencia mística. Que esa “enfermedad”, sería solo peor la cura. La normalidad, la salud, el cierre de la herida significarían el fin de la visión.

 

III. CONOCIMIENTO & PERSECUCIÓN

 Rob Faure Walker, siguiendo a Silvia Federici, describe en su artículo “A Return to Dreamings: Jung and the Witch Trials” (Revol Press, 2025) cómo las herbolarias medievales “desarrollaban un conocimiento de herbolaria y proporcionaban servicios médicos a la comunidad”. Estas mujeres vivían apartadas, en los bosques, y dominaban especialmente el uso del cornezuelo del centeno (ergot), que “se utilizaba para inducir abortos y hacer el parto más seguro”. El conocimiento sobre el ergot era conocimiento sobre el umbral: cómo atravesar la frontera entre vida y muerte, cómo decidir sobre la gestación, cómo salvar a la madre durante el alumbramiento.

 Este saber las volvió peligrosas. Los juicios de brujas, argumenta Federici, fueron necesarios para arrebatar a las mujeres el control sobre sus cuerpos reproductivos. La acusación de “brujería” castigaba precisamente ese conocimiento íntimo, corporal, transmitido entre mujereLeer más