Atenea Acevedo. Comunicadora, tallerista y terapeuta con seis años de experiencia en acompañamiento de procesos emocionales individuales y colectivos. Narradora y poeta, su novela Praga en el corazón fue publicada en 2020 en Barcelona y en ese mismo año publicó la obra autobiográfica sobre abuso sexual en la infancia mi mascota es una piraña de manera digital y autogestiva. La segunda edición de su novela estuvo a cargo de Corda Ediciones en México, y se publicó en 2024. Es artista del collage y ha participado en exposiciones individuales y colectivas. Su obra Desde las afueras quedó entre las diez finalistas de la más reciente edición de Las Yubartas, Premio Hispanoamericano de Narrativa Las Yubartas, convocado por la Feria Internacional del Libro de Nueva York. Ha viajado a 33 países y residido en México, los Estados Unidos y la República Checa.
la lavanda también reposa
el estudio,
casi siempre en silencio,
sonríe y danza
al son de palabras ininteligibles,
melodías para mí también extrañas
huimos de la quietud habitual,
yo y mis fantasmas,
temerosas de las fotografías viejas
y el macabro guiño de su dardo
la madrugada, como la muerte,
se sienta a pasar el rato,
hasta que caigo en la trampa
de mi propio pasado:
abro una carpeta de imágenes
(«un álbum de fotos», diría mamá)
veo mi piel entre otras pieles,
mis brazos entre otros brazos,
tantos colores juntos, caminando
nuestras risas, tu nostalgia,
las calles rebosantes de alegría,
latidos, tambores y cantos
en Dajla, La Habana o Euskadi,
en Chiapas, el Bronx o Porto Alegre,
dispuesta la ofrenda de mi voz decidida,
inexperta y rebelde,
también mi llanto
la memoria se agita
y un mar de recuerdos me azota
los ojos de las madres
de las asesinadas de Juárez
todavía acechando mis desvelos,
en el exilio eterno de las vidas rotas
en el campamento de refugiados
el estómago vacío de las niñas,
su cuerpo aún sonriente y la mirada fija
en las pestañas de los camellos
¿qué teníamos para dar?
flores y un plato de comida,
tiempo y una caricia…
que al final no es nada más,
«pero tampoco menos», decías,
y en medio de la miseria
yo me enamoraba
me miro en esas fotos
y qué ternura me doy,
tan frágil y cierta
de sumarme a la plaza,
armar la barricada,
porque otro mundo era posible
y creíamos haber aprendido
todo sobre el horror
y algo sobre el amor
una ansía poder arropar al mundo
con la frazada más pequeña,
donde ahora apenas arrulla
el duermevela de su gata,
hilando una historia tan lejana
como los platos del desayuno
ahora secos en el escurridor,
a la espera de la ración próxima
mi ira no se ha rendido,
es una flor que retoña,
como la lavanda
mi ciudad
abrir los ojos ahí
donde el aire no ataja las balas
y los estudiantes cantan consignas
antes de caer como flores de jacaranda
bajo la lámpara quirúrgica,
bajo el foco desnudo de la cámara de tortura,
corren fluidos, instrucciones, esperas:
sangre entre la madre y la niña,
sangre en los sótanos de la policía
nacer al estruendo
en la esquina de Tlaxcala y Tuxpan,
donde hace tan poco el fulgor de la bengala
anunciaba el silencio oscuro del desaparecido
intuir el asidero,
afianzar el puño a un dedo de mujer,
colgar la mirada de su sonrisa,
de su reproche también parido
llantos renuentes al vaivén de la mecedora,
ajenos a los grilletes y las mordazas,
a las otras lágrimas de las otras madres,
al anaranjado del cempasúchil marchito
en otoño del 71,
una pequeña se arrulla al compás
de la muerte y su guadaña
en el D.F. mexicano
un día, en esas mismas calles,
se desgajará el útero de la Tierra
y la verdad, como la yerba, levantará el asfalto
boceto
dibujar es encontrar
a la niña que fui y no conozco
sus manos de lluvia salada
por fin se han secado
a tientas, elige colores,
texturas que son abrazos
la primera línLeer más→