Lectura de lo efímero como algo permanente
Por Ximena García Álvarez
Para comprender la complejidad del espacio urbano, pocas metáforas son tan reveladoras como la de asociar el concepto de palimpsesto a la descripción de una ciudad. La palabra palimpsesto, de acuerdo al diccionario de la Real Academia Española, hace referencia a un “manuscrito antiguo que conserva huellas de una escritura anterior borrada artificialmente”; de esta definición se forman dos imágenes interesantes, primero, la ciudad como una estructura física donde se pueden encontrar restos de otras ciudades, y segundo, la ciudad conformada por los innumerables actos sucedidos en el espacio tiempo a lo largo de su historia; estos actos, al igual que las edificaciones, no desaparecen, sino que se perciben en el presente a través de las formas de pensar, sentir y comunicar; es decir, que si estudiamos conscientemente nuestros, pensamientos, palabras y acciones, podemos identificar algunos que provienen de nuestros padres, abuelos, amigos, tutores o maestros, quienes a su vez han construido los propios a partir de sus relaciones con el pasado y sus aspiraciones futuras, tal y como subraya Capel (2002) “El pasado ha dejado restos de diversas edades. Pero está presente en este momento a través de ellos. Y esos restos de épocas diversas interactúan entre sí” (p. 41).
Esta idea de superposición aplicada a las estructuras físicas, a la memoria colectiva e individual, a los pensamientos y a las formas de vida que, generación tras generación, inscriben el tejido de la metrópoli, nos permiten pensar la ciudad o, mejor dicho, las ciudades como tiempo y espacio de entes vivos y estructuras físicas en constante devenir; aspecto opuesto a la idea de la ciudad en el sentido de permaLeer más











