Persepolis: la raíz monocroma que nos sobrevive

Por Sergio E. Cerecedo

 

La animación es una industria que ha crecido mucho en los últimos 40 años debido al avance agigantado de las tecnologías de creación de imagen. Dentro de un mundo de modelado tridimensional, parece que la animación que sigue siendo en dos dimensiones se ha vuelto un mundo donde transita más la expresión de los estudios y realizadores independientes, no solo en las películas, series y publicidad, sino también en los videojuegos y visuales para celulares, tablets y dispositivos más recientes. Los videojuegos indies siguen apostando por una gráfica reminiscente de la tradicional en gran cantidad, y esto se vuelve una resistencia cobijada por precios relativamente asequibles, pero en igual medida por el tesón de quienes quieren realizar una historia muy personal.

 

De la misma manera, los títulos animados en largometrajes dirigidos por mujeres la mayoría están en 2D, exceptuando unos cuantos de los grandes estudios como Turning Red (Domee Shii, 2022), Kung Fu Panda 2 (Jennifer Yuh Nelson, 2011) y algunas codirecciones de los mismos que resultaron muy productivas en taquilla, entre las que se pueden contar Brave (Brenda Chapman, Mark Andrews, 2012) y Frozen (Chris Buck, Jennifer Lee, 2013), que han logrado colocarse en el gran gusto del público. Aún con esa hegemonía, si somos un poquito clavados en las entregas de premios, podemos encontrar entre proyectos tan fastuosos, una muy noble competencia entre las cinco nominadas que siempre nos hará mirar hacia productos de otros países que no son los Estados Unidos, y otros estilos e historias.

 

“Persépolis” entró en estas nominaciones en el ya lejano 2008 y se encuadra en esa temática tan productiva en el subgénero sobre los dilemas de crecer, especialmente en las visiones de directoras que abordan la primera crisis de sistemas de creencias de una niña o adolescente. Esta adaptación de la novela gráfica de la misma Marjane Satrapi (codirigida por Vincent Paronnaud) nos da una crónica detallada de la revolución islámica de Irán de los setentas a los noventas, denotando la represión general, pero centrándose en la repercusión del cambio ideológico sobre las mujeres, el ascenso al poder de un régimen, los asesinatos devenidos de éste y la atracción de la población hacia lo prohibido y lo occidental. La directora acierta en no idealizar esto último.

 

Marjane al crecer —una representación de la infancia deLeer más

Miedo respecto de la noche en la Unidad Habitacional El Rosario

Por *María de Jesús López Salazar

*Carlos Alberto Jiménez Elguero

*Neymar Bello Orrego

 

El presente artículo aborda la hipótesis del miedo respecto de la noche en la Unidad Habitacional El Rosario, la cual fue confirmada por 35 de los 40 urbanitas entrevistados de la Unidad El Rosario,[1] lo que representó un 87.5%. De esta forma, UHR-1 confirmó la hipótesis en el sentido de objetivar a la noche como un potenciador del miedo —léase la incertidumbre— que la persona  entrevistada tiene respecto de la posibilidad de ser asaltada, un factor que, a su vez, aumenta la sensación de peligro, pues “la Unidad, mi casa y los alrededores de los pasillos y más porque de noche [v. Imagen 1] ni hay luz y uno llega del trabajo queriendo no llegar porque ya no sabes si te van a asaltar los de Tlanepantla o los del Rosario”.

Del mismo modo, UHR-5 afirmó que:

A cada rato asaltan. Por eso colocamos las mantas, porque ya se estaban pasando de pendejos. En las noches se metían a las casas y las vaciaban, sin importar que hubiera gente, y uno ya no estaba ni tranquilo, a cada rato con el Jesús en la boca. Por ejemplo, los delincuentes traen camiones de mudanza. Han vaciado tres casas de la sección CTM A1 de la Unidad Habitacional El Rosario, en Azcapotzalco, donde, por cierto, la venta de drogas se incrementa día a día. Y luego te asaltan por lo regular entre las once y las tres de la mañana, principalmente en la Cerrada de Jacarandas y otros dos sobre la calle de Jacarandas.

 

Imagen 1. La noche de la Unidad Habitacional El Rosario

Fuente: Archivo personal. Fotografías tomadas el 17 de marzo de 2018.

Asimismo, para UHR-5 la noche se presenta como ámbito de lucha callejera entre porros, es decir, grupos estudiantiles utilizados comúnmente por la policía, algún grupo político o alguna instancia educativa para controlar al estudiantado a través del miedo, pues señala que “en las casas aledañas al Metro Rosario es frecuente (…) los enfrentamientos entre porros del Colegio de Bachilleres [v. Imagen 2], CCH y CECATY. Sobre la calle de Cananea, entre las seis y nueve de la noche, ¡es horrible!, no se puede ni salir, pues se enfrentan con petardos”.

Imagen 2. Colegio de Bachilleres – Plantel 1 El Rosario

Fuente: Archivo personal. Fotografía tomada el17 de marzo de 2018.

Otro caso que expresamente indicó que aquello que le generaba miedo en la Unidad Habitacional El Rosario consistía en los lugares oscuros fue el urbanita UHR-18. Su manual de sobrevivencia le indicaba que: “me da miedo cuando los lugares están obscuros, (…) no se me hace un lugar seguro”. En situación parecida se encontraba el urbanita UHR-19, quien mencionó que el tiempo que le generaba miedo era “la noche porque es donde pasan más cosas (…), a las doce de la noche donde vivo escuchas las balaceras, los gritos”. Esto se complementa con lo señalado por UHR-33, quien también señaló la noche como el tiempo que le generaba miedo “porque en la noche es cuando salen los delincuentes a trabajar”.

Pese al porcentaje de entrevistados que confirmaron la hipótesis del miedo respecto de la noche, dado los casos anómalos, ha sido necesario incluir una hipótesis de revisión para incluirlos, pues estos representaron 12.5% del universo de urbanitas que evidenciaron su proceso de objetivLeer más

Manifiesto cuerpobicicleta

Por Ángel AVE, Addi, Yelitza, Joselyn Itzel, Carolina Moreno, Dany Soler, Alejandra Ramírez, José Miguel, David Israel Sánchez Morales, Iván cervantes, David Acrílicos, Tania Selma Galván Cortés, Benjamín Mtz, Sergio Sorcia Reyes y Ximena Cobos Cruz

 

 
Primera parada

SIEMPRE SOBRE TODAS LAS COSAS FLUY E E E E

        cuerpo, baika y corazón      movimiento sensible y justo

De aquí partimos, buscamos recuperar lo robado, transformar

        Somos cuerpos en movimiento que habitan el e s p a c i o

¿Por qué nos ignoran?                 Los camionesmototaxiscarros todos

terror de ellos… de todo, s_r movimiento ignorado cuando me niegan los pasos

— no es obligación, pero se siente bien, siento que me ven y no me ignoran

Existo

De nuevo existo

Siempre  e

                   x

                      i

                        s

                           t o

  

Cada que miro a alguien en bici me da gusto y me pongo a pensar ojalá que llegue con bien

Yo también quiero llegar – no sé a dónde            pero quiero llegar

Quizás todos aquí tengamos una profunda conexión con la bicicleta | primera curva en el concreto |

                                     ¿será que eso crea un sentimiento colectivo?

Vamos siendo cada pedaleada, vamos siendo encuentro

conforme rodamos comenzamos a ser      somos el esfuerzo de nuestras piernas al subir

                                                                         somos ese destino al que en conjunto llegamos

siento que somos el conjunto | nunca fuimos individuosLeer más

Los puntos sobre las íes en la lucha contra el desabasto

Por Elías Medina (Violencia Parra)

 

El acceso a la salud es un derecho consagrado en la Constitución Política Mexicana en su artículo cuarto. Esto no está sujeto a interpretaciones, forma parte de las llamadas garantías individuales, amén de ser un derecho humano. Esto quiere decir que es un derecho inalienable, irrenunciable e innegable a toda persona en territorio nacional, no depende del nivel socioeconómico, no depende de la filiación política, ni del credo, ni mucho menos de la orientación sexual del individuo. Sin embargo, la presente administración parece tomar a la ligera el peso de estas palabras. Esto es fácil cuando no son sus vidas, ni su salud las que están en juego.

El combate a la corrupción y el saneamiento de las compras de medicamentos han sido el argumento principal para justificar el desaseo en el abastecimiento de medicamentos controlados en las instituciones de salud pública. Se ha utilizado, por ejemplo, como chivo expiatorio la figura de la oposición, se ha acusado a los pacientes de cáncer de ser tontos útiles del llamado PRIAN, se han desestimado sus reclamos, se han burlado del dolor de los enfermos desde la tribuna presidencial. Hoy en día si alguien lucha por su salud fácilmente puede ser acusado de ser traidor o de “hacerle el juego a la derecha”. Esa es la izquierda que tenemos, pero no la que merecemos.

Hoy hablamos de desabasto antirretroviral, algunos defensores del Leer más

El efecto iluminador de los feminismos y lo que no acaban de alumbrar

Por Irma Lorena Acosta Reveles

ilacosta@uaz.edu.mx 

 

El mes de marzo ha devenido en un lapso que interpela a la ciudadanía para reconocer el rol social de las mujeres, es un llamado a reparar en la trascendencia de sus múltiples quehaceres en el presente, y rastreando el pasado. Y no son sólo las mujeres quienes se encargan de ponerlo a la vista; lo hacen con exceso de propaganda los organismos gubernamentales y educativos, los medios de comunicación, entidades sociales varias, y corporaciones, desde luego. En lo individual, también los hombres —cada vez más de ellos— se adhieren al evento: aluden a la equidad, la inclusión y justicia alcanzada, a lo mucho o poco que desde su perspectiva falta por hacer. Es el efecto iluminador de los feminismos. Cabe aclarar que esta expresión no es mía.

 

La causa, los fines de la conmemoración son legítimos, pero de la parafernalia hay mucho por cuestionar; sobre todo la autenticidad y congruencia de muchas voces. No es lo que corresponde hacer ahora. Esta breve nota tiene el propósito de apuntar hacia un sector de mujeres perteneciente a la población económicamente activa que sigue siendo poco visible y subvalorado, que no logra apreciarse en toda su relevancia y magnitud. Se trata de las trabajadoras del hogar remuneradas, una dimensión casi ignorada, soslayada en las agendas feministas.

 

Es preciso hablar de su condición de vulnerabilidad y de la infravaloración de sus Leer más

Los demonios del DESABASTO ANTIRRETROVIRAL

Por Diego Medina

 

La noticia no parece nueva, si googleamos podemos ver que esto está sucediendo en: Tamaulipas, Estado de México, Veracruz, Hidalgo, etc., tan sólo de finales de 2025 a la fecha. La noticia parece ya no tener impacto en quien no lo vive: pero el gobierno está jugando con la vida de seres humanos. La noticia empieza a normalizarse por ser cosa de todos los días, no hay responsables.

            Ahora me tocó a mí vivir esto en primera persona, este viernes 13 (mala estrella) de marzo del 2026 acudí al Hospital General de Zona Núm. 48 para resurtir mis recetas, como lo hago desde hace dos años, cada tres meses. En esta ocasión nos entregaron un formato para entregarlo a las farmacias en el cual se pide que surtan nuestro retroviral por al menos 12 meses. Burocracias. En la sala de espera somos aproximadamente 15 personas, todas despachadas con sus recetas y sus formatos. Vamos en bola, pero no juntos (todos queremos regresar a nuestras vidas) a la farmacia, la cual está en un sótano lleno de equipo para diálisis. Son las 14:00 h, cambio de turno, los jóvenes que despachan los medicamentos advierten la turba de amanerados que, como cada viernes, hace fila para surtirse de Biktarvy, entonces uno de ellos vocea: “NO HAY BIKTARVY, LLAMEN POR TELÉFONO EL MIÉRCOLES PARA VER SI YA LLEGÓ”, los pares se retiran en desbandada.

            Me quedo parado frente a la ventanilla, el joven que atiende me pregunta si necesito algo más. “NO, GRACIAS” le respondo mecánicamente. Trato de asimilar lo que ha pasado. El desabasto ha llegado por fin a mi puerta, nunca me había pasado esto, de hecho, yo mismo había compartido algunas pastillas con amigos que habían vivido esto, pero nunca me había pasado a mí. Sigo en shock, ¿ES NETA, WEY? Me pregunto retóricamente para mis adentros.

            Procuro tomarme la pastilla religiosamente a la misma hora, todos los días. Excepto los días que sé que tomaré una o dos copas de vino o cuando el cansancio de la jornada laboral y escolar hacen que me gane el sueño y pase la noche sin tomarme la pastilla. Es ocasional, trato de subsanar el error con una estrategia de alarmas en el teléfono, pero siempre he sido algo desordenado. Esto es un ejercicio de honestidad, tampoco quiero decir que pase muy seguido, pero a veces pasa. Regreso a casa pensando en todo lo que quisiera decirle a Sheinbaum y a Andrés Manuel sobre su sistema de salud mejor que el de Dinamarca.

            Es cierto, a veces uno pone en riesgo su salud, pero eso no le da derecho al estado de jugar con nuestras vidas. Ellos NO TIENEN EL DERECHO DE DEJARNOS SIN MEDICAMENTO.Leer más

La agencia municipal y el nuevo institucionalismo

Un análisis frente a la gentrificación y los costos de transacción

 

Por María de Jesús López Salazar

Las instituciones constituyen el entramado que sostiene la vida social, pues a través de reglas, normas y estructuras orientan la acción colectiva y condicionan los resultados de las políticas públicas. En el ámbito local, la agencia municipal se presenta como una figura clave para acercar la administración a las comunidades y canalizar sus demandas hacia el ayuntamiento. No obstante, su papel no puede comprenderse únicamente desde una visión formalista; por el contrario, requiere ser analizado bajo el prisma del nuevo institucionalismo, enfoque que reconoce la interacción entre normas culturales, incentivos estratégicos y trayectorias históricas en la configuración de los procesos sociales (Castillo, 1997).

En ese sentido, se sostiene que la agencia municipal es un espacio privilegiado para observar cómo las instituciones moldean la acción comunitaria frente a problemáticas urbanas como la gentrificación, fenómeno que transforma barrios populares mediante la llegada de nuevos residentes y capitales, generando tensiones entre inclusión y desplazamiento (UNAM Global, 2024). Así, a través de las tres vertientes del nuevo institucionalismo —sociológica, de elección racional e histórica— se mostrará que la agencia municipal no solo reproduce reglas, sino que también legitima prácticas, estructura incentivos, reduce costos de transacción y refleja las huellas del pasado en la gestión presente.

 

Institucionalismo sociológico: legitimidad y normas culturales

Desde la perspectiva sociológica, la agencia municipal se concibe como un espacio donde se transmiten valores y significados colectivos (Castillo, 1997). Ante la gentrificación, esta institución puede legitimar prácticas comunitarias que buscan preservar la identidad cultural del barrio, tales como festividades tradicionales o la defensa de espacios públicos. De esta manera, no solo representa a la comunidad frente al ayuntamiento, sino que también refuerza la idea de que las instituciones locales son guardianas de la memoria y la cohesión social. En consecuencia, la legitimidad de la agencia depende de su capacidad para reflejar las normas culturales de los habitantes originarios y darles voz en procesos de transformación urbana.

Desde el institucionalismo de elección racional, la gentrificación genera conflictos por el acceso a recursos como vivienda, servicios y espacios públicos. EnLeer más

Desde el cuerpo y el espacio urbano

Construcción relacional de la identidad

 

Por Mariano Minjares Galindo

Cuando hablamos de la “ciudad” se suele hacer referencia a ella como un espacio inerte en el que las personas hacen su vida cotidiana: se levantan temprano, se arreglan y salen corriendo al trabajo con la esperanza de encontrar un asiento en la combi que pasa a unas cuadras de su casa. Casi como si el hormigón y concreto que forma nuestras casas y trabajos fueran los límites del laberinto en el que vivimos, interrumpido únicamente por anomalías verdes en las que, con un poco de suerte, podemos estar sin mucha preocupación los domingos por la tarde. No, las ciudades no son únicamente los elementos rígidos del paisaje.

Desde mi punto de vista, las ciudades son sistemas, están integradas por una serie de elementos que las hacen de determinada manera, esto las vuelve más que solo piedras una sobre otra. Las ciudades se van armando con una infinita cantidad de aspectos que se integran y entrelazan en ella. Esto da como resultado riqueza en las formas en que se hacen y se experimentan las urbes: no es lo mismo vivir en Guaymas, Sonora, que hacerlo en Progreso, Yucatán. Los elementos que construyen la ciudad se escapan a lo material, haciéndolas únicas: el clima, la cultura, música, idioma, formas de transportes, trabajos, etc. Todo se conjuga para formar las ciudades que tenemos, cada una con sus particularidades.

En este sentido estoy convencido de que, como dice Ramírez Kuri (2014), las identidades se construyen de forma “relacional”. Esto es que la identidad está conformada por las relaciones que hacemos con lo otro y con los otros, son por estas relaciones y en esas relaciones que se constituye la identidad.

Esta serie de interacciones (que pueden ser directas, indirectas, intermitentes o incluso ausencias) son las que van conformando la forma en al que vemos al mundo y en la que interactuamos. Son todos estos elementos los que interactúan con el individuo y entre sí, se modifican unos a otros de forma constante y crean la conciencia que eventualmente forma la identidad.[1]  

Para sintetizar cómo se construye la identidad, podemos recurrir al concepto de sobredeterminación que Freud (2020) introduce en La interpretación de los sueños.[2] Pues las interrelaciones constantes que se hacen entre los elementos que constituyen la identidad funcionan de la misma manera en un caso y en otro.

Esto aplica para la construcción de la identidad individual, así como la identidad espacial que comparte características clave: 1- Son complejas (multi relacionales y con multiplicidad de puntos de encuentro entre los elementos que constituyen esta complejidad) 2- Son “desvinculables de cualquier sentido absoluto” (haciendo referencia a que son las interconexiones antes mencionadas y no un elemento sempiterno el que constituye la identidad espacial. No hay un “ancla fija” a la que adherirse, pues todo es contextual) 3- Producto de los dos puntos anteriores: mutable a través de la historia, los contextos modifican las relaciones y el paso del tiempo configura los significantes y significados que constituyen una identidad espacial.

Los procesos que constituyen la identidad de los individuos y de los espacios que habitamos son, en muchos sentidos, similares. Comprender cómo se construye la identidad no solo nos ayuda a entendernos como sujetos, sino que también arroja luz sobre un aspecto fundamental de la vida urbana: la relación entre nuestra constitución como personas y la forma en que se configuran las ciudades. Pues las ciudades no están al margen de quienes las habitan, pero esta relación no es lineal ni unidireccional (no se trata de que primero seamos nosotros y luego la ciudad, o viceversa), sino de una interacción simultánea, casi como el dilema del huevo y la gallina, no sabemos bien a bien cual fue primero.

Es también muy importante comprender que esta construcción relacional no es armónica ni simétrica: está atravesada por conflictos, tensiones y fricciones. Los espacios urbanos son lugares donde distintas identidades, memorias y formas de habitar compiten por permanecer, expresarse o resistir. La ciudad, entonces, no solo se habita: también se disputa.

Las identidades individuales (las personas) hacen ciudad, la nombran, la caminan, la resignifican; pero, al mismo tiempo, la ciudad moldea nuestras formas de ser, nuestros ritmos, nuestras posibilidades y nuestros vínculos. En ese ir y venir se construye tanto el sujeto como el espacio. Comprender esta reciprocidad entre ciudad e identidad es fundamental si queremos avanzar hacia formas más justas de habitar. Desde aquí, se abre la pregunta por qué cuerpos, qué tiempos y qué formas de vida son realmente reconocidas en nuestras ciudades.

 

La ciudad cuida y descuida

Me parece que la constitución de las identidades, colectivas/urbanas, así como individuales, no se explican sin entender los contextos en los que se desarrollan. Dentro de las múltiples complejidades que se dan en estos contextos se encuentran puntos que a mi parecer son transversales por su universalidad y por lo mucho que pueden moldear la realidad de las personas. De forma particular me quiero referir en este texto al trabajo y cómo afecta de diferente manera a las personas que habitan las ciudades.

La división sexual del trabajo constituye la principal desigualdad entre los hombres y las mujeres en cuanto al reparto de las responsabilidades laborales. En especial cuaLeer más

Territorio, género y control: una aproximación decolonial al urbanismo contemporáneo

Por Viviana Padilla Márquez[1]

 

Desde la modernidad, la ciudad ha sido imaginada como el emblema de la promesa civilizatoria, vista como un espacio de encuentro, libertad y realización personal; sin embargo, esa promesa no es universal, lo urbano, lejos de ser un territorio neutro, se erige como un dispositivo de selección social, sexual, racial y económica. Las calles, las plazas, el transporte, incluso el mobiliario público, configuran una gramática que dice quién puede habitar y bajo qué condiciones. En esa gramática, la cuerpa —ese cuerpo sexuado, racializado, empobrecido, deseante y situado— es constantemente relegada, corregida, vigilada; la ciudad, entonces, no se habita en igualdad, para muchas mujeres y disidencias, habitar es una negociación constante entre el deseo de estar y el mandato de desaparecer.

La filosofa Judith Butler (2006) afirmó que el cuerpo no existe al margen de las relaciones de poder que lo producen y lo exponen, esa afirmación, cuando se piensa en clave urbana, revela el trasfondo disciplinario de las ciudades contemporáneas: bancas divididas para impedir el descanso, alumbrado público deficiente en zonas periféricas, vigilancia que controla pero no protege, cada una de estas infraestructuras es un mensaje sobre quién debe sentirse incómodo, no se trata solo de exclusión económica o de clase, sino de una pedagogía del miedo que obliga a las cuerpas a limitar sus horarios, modificar su vestimenta y ajustar su presencia para no desentonar con la racionalidad dominante, como advierte Butler (2004), “la violencia no es solamente física, sino también simbólica y normativa; produce formas de existencia legítimas y otras que deben ser eliminadas” (p. 43).

Aun así, no basta con nombrar las violencias; urge comprender el entramado epistemológico y político que las sostiene, por ello Ochy Curiel (2013), desde el feminismo decolonial, insiste en que la lucha no debe quedarse en demandas de inclusión, se trata de transformar radicalmente los supuestos que organizan el espacio porque si el urbanismo está diseñado desde una matriz masculina, blanca y productiva, cualquier intento de esa débil inclusión que no se atreve a cuestionar esa matriz está destinado a reproducir la desigualdad, es lo que Curiel manifiesta cuando habla de esa ciudad que no puede ser repensada desde la neutralidad, porque es un campo de disputa donde se configuran y desconfiguran los cuerpos, esta idea también abordad por Michel Foucault señala que el poder no se ejerce solamente desde el centro, sino que se distribuye en dispositivos mínimos que moldean la vida cotidiana. La ciudad está llena de esos dispositivos entre los cuales podemos ver cámaras de seguridad, semáforos inteligentes, barreras arquitectónicas, todos ellos configurando lo que se considera “normal” y lo que se aparta de la norma; la cuerpa, por su condición política y afectiva, aparece en muchos contextos como una anomalía molesta, incomoda, que desestabiliza la limpieza simbólica del espacio público, Foucault llama a esto biopolítica del espacio: la forma en que los cuerpos son gobernados a través de la organización del territorio (Foucault, 1975, p. 136).

Por ejemplo, en muchas estaciones de transporte masivo se instalan torniquetes que no permiten el paso de personas con cuerpos fuera de lo normativo: personas en silla de rueLeer más

Cartografía de un genocidio

Imagen de portada. Fuente: Google Earth. Imágenes satelitales obtenidas mediante la función Imágenes históricas. Captura correspondiente a junio de 2024, que muestran el Hospital Nasser, después de ataques israelíes.

 

Por Indira Ríos

 Para poder escribir poesía que no sea política,

debo escuchar a los pájaros

y, para escuchar a los pájaros,

los aviones de guerra deben estar en silencio.

Marwan Makhoul, poeta palestino

 

Introducción

Este trabajo tiene como objetivo la reflexión y análisis sobre lo que acontece actualmente en Palestina, articulando miradas que combinan la historia, la industria armamentista, la economía y la política; es decir, apuntando elementos estructurales.

Se utiliza la noción de cartografía, entendida como la disciplina que estudia y da como resultado representaciones a través de mapas. En este escrito, el término se amplía y emplea como metáfora analítica para representar procesos históricos, políticos, económicos y sociales. Por ello se recurre al plural cartografías, entendiendo que no existe una única representación, sino múltiples trazos que “visualizan” dinámicas de violencia que están yuxtapuestas y entrelazadas.

A nivel metodológico se realizó una revisión histórica y documental que incluyó fuentes históricas, resoluciones internacionales, informes de organismos y estudios académicos para “construir” dichas cartografías. Además, se incorporaron testimonios recogidos en entrevistas y relatos de personas refugiadas publicados en diarios, para dar cuenta de la experiencia de las personas palestinas a partir de sus voces. También se retomaron estudios previos realizadas con la población palestina que dan cuenta de los impactos de la violencia en su “cotidianidad”.   Asimismo, se utilizaron evidencias visuales obtenidas a través de Google Earth, que muestran la devastación de hospitales y centros educativos, mediante el contraste de imágenes de un mismo lugar en dos momentos distintos, es decir un antes y después.

El escrito se divide en dos partes: en la primera se busca dibujar una cartografía histórica de Palestina y su vinculación con una coyuntura cuyo punto álgido se sitúa a partir de 2023, utilizada para exponer evidencia de un andamiaje económico y armamentista. En la segunda parte, se introduce el término genocidio y se construye un argumento que asume un posicionamiento explícito sobre lo que ocurre en Palestina. Aquí se articulan voces, testimonios y documentaciones que revelan la magnitud de la tragedia, la cual se complementa con estudios y entrevistas a académicos, así como a población palestina. Esta segunda sección cierra con evidencias visuales verificables, a través imágenes obtenidas de Google Earth, que muestran el antes y después de hospitales y centros educativos destruidos.

Por último, el escrito concluye con una reflexión, que articula el extracto general del trabajo y plantea interrogantes frente al escenario actual al que estamos vinculados en el siglo XXI.

 

Temas necesarios: La historia, la procedencia de las armas

Lefebvre señala: “¿Cuántos mapas en sentido descriptivo o geográfico serían precisos para agotar un espacio social, para codificar y descodificar todos sus sentidos y contenidos?” Desde esta pregunta, podría pensarse en una constelación de mapas: uno que señale el despojo de los recursos en cada continente; otro que trace la concentración de la riqueza; uno que delimite las periferias de los continentes; un mapa de la producción y comercio de armas; otro de la desnutrición, de la desigualdad; uno que señale las rutas de las migraciones del mundo. Pero estos, retomando al autor, no serían islas de análisis separadas: están yuxtapuestos, y los espacios sociales representados están atravesados por la historia, las relaciones sociales, económicas y políticas.

En el caso del pueblo palestino, la cartografía histórica es imprescindible. Aquí se planteará solamente grosso modo.

En 1948 tiene lugar la Nakba, la catástrofe que marca un destierro cruel y sistemático, Israel con agenda propia, más que poseer una parte del territorio como lo establecía la resolución de la ONU, busca expoliarlo y dominarlo todo, es así que expulsa a miles de palestinos de sus hogares. El historiador Khalidi (1992) señala que más de 400 aldeas palestinas fueron despobladas y destruidas, descrito por el investigador Abu Sitta como invasión y apropiación[1], que señala que:

la recomendación de la ONU[2] de dividir Palestina en dos Estados anunció un nuevo período de conflicto y sufrimiento en Palestina, que continúa sin final a la vista. El movimiento sionista y sus partidarios reaccionaron al anuncio del Plan de Partición, en 1947, con alegría y baile. Eso marcó otro paso hacia la creación de un Estado Judío en Palestina. Los palestinos declararon una huelga general de tres días el 2 de diciembre de 1947 en oposición al Plan, que consideraban ilegal y otro intento de avance de los intereses occidentales en la región, sin importar el costo que conlleve para la población nativa (p.87).

 

Con la Nakba, más de 750.000 palestinos fueron obligados a desplazarse y pasaron a ser refugiados. Hoy en día, la suma de refugiados de Palestina -mujeres, hombres, niñas y niños- llega a unos 5,9 millones[3]. Entre ellos se encuentran descendientes de los primeros hogares, que han siLeer más