Miedo respecto de la noche en la Unidad Habitacional El Rosario

Por *María de Jesús López Salazar

*Carlos Alberto Jiménez Elguero

*Neymar Bello Orrego

 

El presente artículo aborda la hipótesis del miedo respecto de la noche en la Unidad Habitacional El Rosario, la cual fue confirmada por 35 de los 40 urbanitas entrevistados de la Unidad El Rosario,[1] lo que representó un 87.5%. De esta forma, UHR-1 confirmó la hipótesis en el sentido de objetivar a la noche como un potenciador del miedo —léase la incertidumbre— que la persona  entrevistada tiene respecto de la posibilidad de ser asaltada, un factor que, a su vez, aumenta la sensación de peligro, pues “la Unidad, mi casa y los alrededores de los pasillos y más porque de noche [v. Imagen 1] ni hay luz y uno llega del trabajo queriendo no llegar porque ya no sabes si te van a asaltar los de Tlanepantla o los del Rosario”.

Del mismo modo, UHR-5 afirmó que:

A cada rato asaltan. Por eso colocamos las mantas, porque ya se estaban pasando de pendejos. En las noches se metían a las casas y las vaciaban, sin importar que hubiera gente, y uno ya no estaba ni tranquilo, a cada rato con el Jesús en la boca. Por ejemplo, los delincuentes traen camiones de mudanza. Han vaciado tres casas de la sección CTM A1 de la Unidad Habitacional El Rosario, en Azcapotzalco, donde, por cierto, la venta de drogas se incrementa día a día. Y luego te asaltan por lo regular entre las once y las tres de la mañana, principalmente en la Cerrada de Jacarandas y otros dos sobre la calle de Jacarandas.

 

Imagen 1. La noche de la Unidad Habitacional El Rosario

Fuente: Archivo personal. Fotografías tomadas el 17 de marzo de 2018.

Asimismo, para UHR-5 la noche se presenta como ámbito de lucha callejera entre porros, es decir, grupos estudiantiles utilizados comúnmente por la policía, algún grupo político o alguna instancia educativa para controlar al estudiantado a través del miedo, pues señala que “en las casas aledañas al Metro Rosario es frecuente (…) los enfrentamientos entre porros del Colegio de Bachilleres [v. Imagen 2], CCH y CECATY. Sobre la calle de Cananea, entre las seis y nueve de la noche, ¡es horrible!, no se puede ni salir, pues se enfrentan con petardos”.

Imagen 2. Colegio de Bachilleres – Plantel 1 El Rosario

Fuente: Archivo personal. Fotografía tomada el17 de marzo de 2018.

Otro caso que expresamente indicó que aquello que le generaba miedo en la Unidad Habitacional El Rosario consistía en los lugares oscuros fue el urbanita UHR-18. Su manual de sobrevivencia le indicaba que: “me da miedo cuando los lugares están obscuros, (…) no se me hace un lugar seguro”. En situación parecida se encontraba el urbanita UHR-19, quien mencionó que el tiempo que le generaba miedo era “la noche porque es donde pasan más cosas (…), a las doce de la noche donde vivo escuchas las balaceras, los gritos”. Esto se complementa con lo señalado por UHR-33, quien también señaló la noche como el tiempo que le generaba miedo “porque en la noche es cuando salen los delincuentes a trabajar”.

Pese al porcentaje de entrevistados que confirmaron la hipótesis del miedo respecto de la noche, dado los casos anómalos, ha sido necesario incluir una hipótesis de revisión para incluirlos, pues estos representaron 12.5% del universo de urbanitas que evidenciaron su proceso de objetivLeer más

Algunos apuntes sobre la colonialidad-decolonialidad y su importancia en las ciencias sociales: el caso de la antropología y la psicología

Por Aldo Saúl Uribe Nuñez[1]

La colonialidad y sus implicaciones en el tejido social ha sido un tema que se ha estudiado de forma reciente. Hasta hace unas décadas, los científicos sociales y, particularmente, los antropólogos, no se habían preguntado sobre este fenómeno histórico y cómo, conscientemente o inconscientemente, influía sobremanera en su trabajo teórico y metodológico. Empero, es importante remarcar que la antropología como disciplina científica fue fundada bajo la ideología colonial.

Históricamente, los antropólogos y sus trabajos etnográficos han sido asociados a poblaciones y contextos específicos. Basta con observar los libros y artículos realizados en el siglo XX y principios del siglo XXI, para encontrar que la antropología se ha construido a partir del trabajo con las alteridades culturales, representadas en el imaginario social como “exóticas” o también como “sociedades salvajes/primitivas”, término que denota el bagaje colonial y racista con el que se formó esta disciplina.

Este texto de opinión surge a partir del propio análisis de mi trabajo profesional en la psicología aunado al estudio de otras ciencias sociales y humanidades. A través de los años, me he preguntado de qué forma las ciencias humanas han sido desarrolladas a partir de la modernidad y cómo las prácticas de poder y las ideologías dominantes influyen significativamente en nuestro trabajo teórico y metodológico. Ahora, como estudiante de antropología, me doy cuenta que muchos de estos sistemas siguen vigentes y se niegan a desaparecer.

La teórica decolonial Karina Ochoa refiere que el orden civilizatorio moderno capitalista surgió a partir del año 1492 con la conquista y el saqueo de América. Gracias a este proceso deshumanizante de las poblaciones de este territorio y de otras de África y Australia, fue como la sociedad occidental logró posicionarse como la “dueña del mundo” y perpetuar su ideología dominante y su poder. Esto, sin duda, trajo consecuencias sumamente importantes que influyeron en la construcción actual de las sociedades (Ochoa, 2021).

Resulta lamentable observar cómo, hasta el día de hoy, estos mecanismos de dominación han seguido presentándose como procesos y dispositivos de poder que son expresados y materLeer más

Análisis de la cinta “Frankenstein” | Sobre la importancia de nombrar la visión femenina en la literatura moderna  

Por Carmina Cardiel

 

Recientemente se estrenó en la plataforma digital más popular en LATAM y algunos cines independientes, la última obra maestra —dicen— de Guillermo del Toro: Frankenstein. La crítica le ha dado grandiosos créditos por el maquillaje y porque Quizá no sorprenda que Guillermo del Toro sea el primero en querer sacar a la creación de los sótanos del horror bizarro (…), pero demuestra su interés por humanizar el horror, llevándolo por un camino más cercano a la fantasía. Señala la Revista Rolling Stone, pero ¿Estos créditos verdaderamente habrían sido posible ser añadidos a Del Toro sin la mente creadora de su autora? ¿Por qué nadie habla de Mary Shelley como la alquimista del horror humano y quien vio como centro de partida y llegada a la humanidad?

 

Mary Shelley

Marry Wollstonecraft Shelley nació en Londres en 1797 y fue hija de la filósofa feminista Mary Wollstonecraft, autora de Vindicación de los derechos de la mujer. Su padre fue William Godwin, filósofo político y uno de los precursores del anarquismo. Hablar de Mary Shelley supone hablar del mundo basto y complejo de ideas en el que la novelista fue socializada.

El hogar de Mary era un lugar donde entraban constantemente escritores, científicos, reformistas y extranjeros politizados. Esto marcó su educación, pues aprendió a pensar críticamente desde niña. Creció leyendo literatura filosófica más que textos escolares y ella no acudió a la escuela; su “salón” fue su casa, la herencia de su madre y de su padre. A pesar de que su padre constantemente estaba más preocupado por cubrir deudas que de ser un padre presente, Mary estuvo marcada por las ideas de su madre, quien creía en la educación igualitaria, la libertad sexual y la autonomía de las mujeres.

Mary siempre sintió un rechazo social en medio de una época complicada como lo fue la victoriana, en donde la moral jugaba un papel muy importante dentro del entorno social de la burguesía de la época. Por un lado, estaban en apogeo las ideas revolucionarias francesas: libertad, derechos, secularismo. Por el otro, un fuerte conservadurismo moral tras la revolución francesa, la reacción social contra el radicalismo político, las restricciones severas sobre las mujeres y su rol social, el matrimonio como institución sacrosanta, las nuevas teorías científicas (galvanismo, anatomía, electricidad), y el cuestionamiento de la religión y de la autoridad. Mary creció entre esos dos polos: Educada para ser libre y racional en un mundo que castigaría duramente cualquier conducta “irregular”, y ella era esto último.

 

Cuando Mary inicia su relación con Percy Bysshe Shelley en 1814, rompe con todas las normas sociales: Él era un poeta radical, ateo y casado. Ella tenía 16 años, pero se monta en las alas de la vida para recorrer un camino lleno de dicha y creatividad, aunque también de muerte, aislamiento social y pobreza itinerante.  Este es el contexto justo que la inspira para la creación de —a mi muy personal punto de vista— la mejor novela de ciencia ficción —no ficción— de la historia humana: “Frankenstein”. Un personaje que nos habla sobre la marginalidad humana en medio de un mundo desolador que no es capaz de comprender el fondo del mar del devenir humano, un personaje sin lugar moral en la historia humana, un personaje que nos arroja a la cara el rechazo de la sociedad ante lo “no normativo” o lo anómico, desde un punto de vista sociológico.

 

Frankenstein

Antes de que el positivismo permeara con su rigidez y cuantificación la mirada científica de la investigación social, era común que en las mesas de discusión académica se plantearan temas sobre la condición del alma antes de poner por escrito lo que significa ser humano. Así que la Ciencia, la filosofía y la revolución, fueron el caldo de cultivo donde se creó Frankenstein.

Por otro lado, Mary estuvo marcada fuertemente por la muerte: su madre murió a los pocos días de alumbrarla, antes de que cumplieran tres años, tres de sus cuatro hijos perdieron la vida, su media hermana se suicidó, la esposa de su pareja también se suicidó, varias de sus amistades perecieron antes de los 25 años y Percy, el amor de su vida partió del plano terrenal a los 29 años. La melancolía del personaje principal de la novela no es casualidad, así como no lo es el entorno frío y oscuro en el que se desenvuelve la historia más triste escrita hasta ahora. Pero también es importante mencionar que el personaje no sólo tiene estas características humanas, sino que además atraviesa una profunda reflexión filosófica sobre el Self, la crítica social de la época y, por supuesto, la creación literaria de enorme potencia que la novela supone a través del autodescubrimiento de aquella criatura aterradora.

Mary expone en un cuerpo infrahumano los parches del dolor que azotan al mundo de su época, y es que ¿Qué es la humanidad como entidad sobreviviente al ser humano como individuo y no como un todo? Esa es una pregunta obligada después de leer la novela, pienso. El personaje al que da vida el Dr. Víctor Frankenstein queda expuesto como una cosa, pero jamás como un humano y en este sentido ¡Es monstruoso! Esta sentencia me obliga a repensar entonces: ¿Qué estudiamos los sociólogos y los antropólogos, y quizás los historiadores, si no a este monstruo a disposición del lente científico social partiendo del hecho como cosa?

Sartre tiene una frase que me gusta mucho y se acopla muy bien al análisis de hoy: SOMOS LO QUE HICIERON DE NOSOTROS.  Así pues, es como podemos comprender al incomprendido personaje de Shelley: la humanidad crea todo el tiempo escenarios, ideas, realidades de las que no se quiere hacer cargo una vez que ha visto los resultados, o sea las consecuencias de sus actos.

El monstruo aprende de una familia de campesinos todo lo que debía aprender y que no es complejo, aunque la mente humana siempre lo ve así: trabajo, cuidado, amistad, educación, pero sobre todo la carga moral entre el bien y el mal. Él aprende que los cazadores no odian al lobo, ni el lobo odia a las ovejas, sino que hay que aprender a sobrevivir o te van a matar. Esta parte es muy dolorosa porque así se comporta la humanidad. No existe bondad ni maldad, solamente autoprotección ante una amenaza que dura toda la vida: la sobrevivencia. Finalmente, lo único certero en la vida de la humanidad es la muerte. Y es de llamar la atención cómo Shelley tuvo esa capacidad para comprender de manera sensible algo que jamás va a morir mientras la humanidad exista, la consecuencia de ser humanos: El monstruo que creamos jamás perece.

Así pues, es que podemos entender las guerras, el hambre, las descomposición del tejido social, el asesinato, las violaciones, la traición, la condición humana más baja: las pasiones. Nada de eso existe sin nosotros, son meras consecuencias de lo que creamos, de lo que ambicionamos, de lo que creemos que es correcto haciendo caso al impulso, más que a la razón o a las emociones canalizadas.

 

Shelley en la mirada social y luego en la de Del Toro

Casi dos siglos después de la creación de Frankeinstein, llega una mujer que también habla sobre la condición humana de una manera más teórica-política y formal: Hanna Arendt, para quien este término deriva en: 

  • Labor: lo que mantiene la vida biológica.
  • Trabajo: lo que fabrica objetos duraderos, artefactos, “mundo”.
  • Acción: lo que ocurre entre seres humanos en pluralidad: lo político.

En Frankenstein, la creación del monstruo es un acto que debería pertenecer al trabajo (fabricar algo artificial), pero Víctor lo ejecuta como si fuera labor: es algo obsesivo, biológicamente impulsado, sin reflexión ética, casi automático y vomitivo/catártico.

Lo que Shelley muestra es que Víctor confunde los niveles de la actividad humana, exactamente el tipo de confusión que Arendt ve como peligrosa en la modernidad: la técnica invadiendo espacios propios de la acción humana y del juicio político.

El experimento de Víctor, al carecer de un marco de responsabilidad y deliberación (acción), se convierte en la raíz de una catástrofe moral y social. Esto se contrapone con la idea de Arendt sobre la acción humana, cuyas características son: ocurre entre personas, implica responsabilidad ante los otros, depende de la pluralidad, es decir, del hecho de que vivimos con otros y somos vistos por otros. Y bueno, Víctor crea, a partir de su ambición por el reconocimiento fantasmal de su padre, a un ser monstruoso que va más allá de lo humano y lo infrahumano, no se hace responsable social ni moralmente.

Ante estos hechos contrastados, podríamos entonces observar cómo hay cambios en las implicaciones morales y éticas de un siglo a otro en una sociedad de constante cambio como lo es la occidental. Pero también es de llamar la atención cómo esos supuestos cambios se reúsan a la acción y siguen teniendo forma aún hoy, después de transformaciones sociales y siglos de diferencia.

Jamás hay que olvidar que Frankenstein salió a la luz pública bajo un “Anónimo” porque para la época de nuestra adelantada Mary era mal visto que las mujeres escribieran, pues este ejercicio implica acciones moralmente mal vistas para una mujer (incluso a la fecha): juergas, alcohol, risas grotescas y un submundo de las características del mundo de los hombres. Sin embargo, creo firmemente que Guillermo del Toro logró captar la sensibilidad de Shelley y adaptó perfectamente la complejidad de una mente brillante que fue azotada por las limitaciones sociales de su época. Por ello también pienso que finalmente Frankentein no es una obra que denote romance desde la mirada de Guillermo, sino que, por el contrario, el hombre supo sacar a la luz con melancolía lo que es el amor/desamor apartado de un constructo romántico y lo hizo más bien humano.

La mayoría de las adaptaciones que ha tenido la obra siempre vienen de los masculinos, acto que me conmueve y me implica incomodidad hasta cierto punto, pues creo que Shelley gritó con toda la fuerza de sus pulmones cómo se sentía ante tantas pérdidas no sólo humanas, sino auto perceptivas a partir de su época. Fenómeno que con frecuencia ocurre en el mundo de las mujeres.

 

 

 

Bibliografía.

  1. Shelley, M. (1980–1997). The letters of Mary Wollstonecraft Shelley (B. T. Bennett, Ed.; Vols. 1–3). Johns Hopkins University Press.
  2. Fernández, José Luis, (2025), “Crítica: ‘Frankenstein’, de Guillermo del Toro”, en The Rolling Stone, https://es.rollingstone.com/arg-critica-frankenstein-de-guillermo-del-toro/
  3. Arendt, H. (2005). “La condición humana” (R. Gil Novales, Trad.). Paidós. (Obra original publicada en 1958).
  4. Arendt, H. (1961). Between past and future. Viking Press.

 

 

A hombros de gigantes: Jurassic Park y ese ignorado llamado desexitinción

Por Hazael Alvarado Hernández[1]

Han transcurrido 32 años desde el estreno en México de Jurassic Park, el entrañable clásico de ciencia ficción dirigido por Steven Spielberg, y aún recuerdo el impacto que tuvo en mí tanto esta película como el resto de las entregas desde entonces. Este año, envueltos en una trama llena de acción, suspenso, tintes de humor negro y un soundtrack que sella toda la experiencia cinematográfica, Jurassic World: Rebirth pone al alcance de una nueva generación dinosaurios creados con avanzada tecnología genética.

En honor a este nuevo estreno, vale la pena hacer un alto y preguntarse: ¿Dónde comenzó todo? ¿Fue este universo producto del marketing de Hollywood? ¿Fue la primera vez que el mundo del entretenimiento nos presentó a humanos y a dinosaurios dentro de una misma trama? ¿Qué la hace diferente? ¿Y cómo es que este ícono de la cultura popular nos apunta al futuro y, en última instancia, a una realidad mucho más inquietante? Escudriñar un poco este clásico puede ayudar.

 

Algo de historia

Puede parecer sorprendente para algunos, pero Jurassic Park estuvo basada en el best seller del mismo nombre escrito por Michael Crichton a comienzos de la década de los noventa[2], y aunque este participó en la creación del guion cinematográfico, la idea no era dar vida a un universo cuya existencia se ha prolongado más de 30 años.

También vale la pena precisar que Crichton no fue el primer autor en explorar un mundo donde los dinosaurios y los humanos modernos cruzan caminos; antecedentes célebres los representan: Viaje al centro de la tierra (1864) de Julio Verne y El mundo perdido (1912) de Arthur Conan Doyle. No obstante, Jurassic Park no aborda un viaje fantástico a tierras indómitas, sino un escenario donde la ingeniería genética es empleada para un uso egoísta, frívolo, consumista[3], y donde no existen límites o reflexión sobre la aplicación del conocimiento científico. En este sentido se acerca más a obras como La isla del Dr. Moreau (1896) de H.G. Wells, a quién en buena medida debemos, después de la publicación de Frankenstein (1818) de Mary Shelley, la consolidación de lo que hoy en día conocemos como ciencia ficción.  

 

¿Qué pasaría si…?

Ahí donde el avance tecnológico y académico de su tiempo hallan un techo muy bajo, la ciencia ficción abre una brecha especulando sobre “las respuestas humanas a los cambios en el nivel de la ciencia y la tecnología”[4]. Por ejemplo, ¿qué pasaría si pudiéramos viajar a través del Leer más

Hacia una psiquiatría social

La influencia de la sociedad y la cultura en los trastornos mentales

 

Por Aldo Saúl Uribe Nuñez[1]

 

Introducción

La psiquiatría, como disciplina científica, históricamente ha sido objeto de distintas definiciones, las cuales han dependido de las condiciones sociales, culturales, económicas y políticas de una época determinada. El objetivo del presente artículo no es hacer un repaso de su historia (para esto se necesitaría todo un tratado), sino retomar la importancia de las condiciones sociales y culturales en la génesis y tratamiento de las enfermedades mentales.

En la época contemporánea, el avance del modelo biomédico y la ideología biologicista, presentes en la psiquiatría y la psicología, han reducido a la enfermedad mental a simples moléculas químicas del cerebro y el sistema nervioso, ignorando con esto la influencia de las condiciones sociales y culturales que imperan en las sociedades modernas en la etiología y desarrollo de los trastornos mentales. De esta manera, se ha individualizado a la enfermedad mental y se culpa con ello a la persona de estar “enferma”.

Así pues, este artículo tiene como objetivo analizar cómo la cultura y las condiciones sociales tienen una influencia significativa en las enfermedades mentales, haciendo uso de bibliografía de diferentes perspectivas en la psicología, la psiquiatría o la filosofía. A través de él, se hace un acercamiento a la complejidad de este fenómeno, por lo que es relevante mencionar que solo constituye una perspectiva de este tema.

Finalmente, a forma de comentario final, se hace hincapié en que es necesario que los profesionales de la salud mental no solo basen su trabajo en el modelo biológico o médico, sino que también consideren la significancia de las condiciones sociales y culturales en las enfermedades mentales. De esta forma, se busca enriquecer el trabajo de los profesionales de la salud mental e implementar una visión interdisciplinaria en el diagnóstico y tratamiento de los trastornos mentales.

 

¿Por qué pensar en las condiciones sociales y culturales en las enfermedades mentales?

Uno de los trabajos más interesantes que retoma la relevancia de las condiciones políticas, sociales y culturales en la definición y tratamiento de las enfermedades mentales es la fascinante investigación del filósofo y psicólogo francés Michel Foucault, Historia de la locura, en sus diferentes tomos. En esta tesis, Foucault explica que la locura, como forma discursiva, depende de un conjunto histórico y social, jamás aprensible en un “estado salvaje”, es decir, solo existe en sociedad y en la cultura (Foucault, 1967).

Igualmente, para este autor, la clasificación y tratamiento de las enfermedades mentales es un proceso sociohistórico marcado por discursos y prácticas que regulan aquello que es “normal” o “anormal”. Los asilos del siglo XIX surgieron dentro de un proceso universal de extensión de las disciplinas, las cuales fueron creándose desde el Medievo y progresivamente desde los márgenes de la sociedad burguesa, hasta organizar la constitución espacial de los centros urbanos. Las disciplinas comienzan a estructurar las escuelas, las cárceles y el poder psiquiátrico en los asilos (Moreno, 2015).

Con lo anterior, el pensamiento de Foucault y, en general, las ciencias sociales y la filosofía, invitan a pensar cómo el estudio y tratamiento de las enfermedades mentales no es algo puramente “objetivo”, “cientificista”, basado en la estructura cerebral, la segregación de hormonas o la producción de moléculas químicas; tal y como la psiquiatría contemporánea contempla a los trastornos mentales, sino, más bien, invita a pensar en nociones o constructos sociohistóricos que se forman en las disciplinas de la salud mental, las cuales tienen un amplio bagaje lingüístico, histórico y cultural.

Como ejemplo de lo anterior, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM por sus siglas en inglés) considera que la transexualidad es un trastorno mental, al igual que lo hizo en su edición tercera con la homosexualidad. De esta forma, se vislumbra que la categorización y definición de los trastornos mentales es un proceso cambiante regido por los avances de la medicina y la psiquiatría como prácticas discursivas e históricas dotadas de poder para regular-clasificar a las personas.

Al respecto, Martínez-Guzmán e Íñiguez-Rueda (2010) analizan cómo lo que antes se conocía en la edición cuarta del manual (DSM IV) como Trastorno de Identidad Sexual (actualmente disforia de género en el DSM V) es una categoría que funciona como un acto para “patologizar” y “categorizar” las identidades que no se amoldan al sistema dominante de género, presentándose como una condición descriptiva de una “desviación” y/o “patología” objetiva y externa. Es así como la patologización de la sexualidad se vuelve un discurso construido en un momento histórico y cultural específicos.

Por su parte, Fernández, Lozano, Pascual y Suárez (1984) describen cómo la salud mental se ha convertido en una noción ideológica para legitimar y perpetuar sistemas de dominación y desigualdad social, poniendo como ejemplo a la mujer en un contexto mexicano. Para ellas, es interesante observar cómo se categoriza y califica a las mujeres de histéricas o neuróticas y no al medio en que viven, desplazando de forma “silenciosa” la responsabilidad del desajuste a las mujeres en lugar de a un medio inhumano, medio que las obliga a adaptarse al opresor y a la opresión.

Retomando esta argumentación, Fiódor Dostoyevski, en su fascinante novela El Idiota, narra cómo el protagonista principal, un príncipe llamado Mishkin que era considerado por los demás como “un idiota epiléptico”, manifiesta su malestar y sus crisis epilépticas no solo como productos “orgánicos” de su enfermedad, sino por las condiciones materiales y sociales que influían considerablemente en ello. Así, en una escena, Radomsky, un amigo de él, al pensar en porqué se produce su malestar, le dice

[…] Desde que usted comenzó a dar sus primeros pasos en el suelo natal, despertaron en usted impacientes necesidades de actividad. Y he aquí que en aquel mismo día le cuentan la triste y emocionante historia de una mujer ultrajada. Usted es un caballero, un hombre inmaculado…y se trata de una mujer. El mismo día la conoce y su belleza fantástica y diabólica le subyuga. Añada a eso los nervios, añada la epilepsia, añada el deshielo de San Petersburgo, que trastorna todo el sistema nervioso, añada una jornada transcurrida en una ciudad casi fantástica y extraña para usted, y una jornada, por cierto, tan movida, tan llena de encuentros…añada, en fin, la fatiga, el vértigo, el salón, y…Dígame francamente: ¿qué podía usted esperar de sí mismo en un momento tal, bajo influjo de semejantes circunstancias? [… ](Dostoyevski, 2015: 630).

 

Dostoyevski, con ello, expresa aquello que la antipsiquiatría y la psicología crítica aseveran sobre las enfermedades mentales o los malestares del ser humano: cómo la enfermedad mental es una salida ante una realidad no vivible, una realidad dolorosa para el sujeto. En este sentido, David Cooper y Ronald Laing, psiquiatras precursores de la antipsiquiatría, escriben, en 1969, la obra Razón y Violencia en donde sostienen que la enfermedad mental es la salida que el organismo libre crea para vivir una situación no vivible (Laing y Cooper, 1969).

No basta con que la psiquiatría contemporánea busque entender los trastornos mentales como disfunciones orgánicas del sistema nervioso, individualizando la enfermedad en la persona y despreciando el componente subjetivo y cultural de la sintomatología, también es necesario contemplar otras aristas de diferentes disciplinas y ciencias en el estudio y entendimiento de los trastornos mentales. 

Para Marconi (2001), la psiquiatría con un enfoque social nace de la aplicación de los métodos de las ciencias sociales y las humanidades al estudio de los trastornos mentales. Asimismo, la salud mental, como objeto de estudio, surge de la aplicación del método epidemiológico perteneciente a la salud pública como ciencia social. Para este autor, ante el incremento de la patología social (problemas psicosociales, violencia, consumo de sustancias, desigualdad social, discriminación, etc.) es menester que la psiquiatría incorpore una mirada crítica y social en el tratamiento de los trastornos mentales.

A su vez, López-Andrade y Colina (2019) explican que ante el modelo biologicista hegemónico que impera en la psiquiatría, esta ciencia debe aspirar a un modelo que describa y dé sentido a los síntomas, valorándolos a partir de la subjetividad y la función que cumplen en el sujeto. No interrogarse por las hipotéticas causas naturales del malestar sino por las implicaciones que éste posee y las motivaciones de lo que dice, desea, sufre o hace el individuo.

 

A modo de conclusión

La psiquiatría actual, regida por el modelo biomédico y la trivialidad de las clasificaciones nosológicas, debe aspirar a trabajar desde una mirada interdisciplinaria, crítica y humana. Igualmente, es necesario que los profesionales de la salud incorporen la relevancia de las condiciones sociales y culturales que influyen en la etiología y desarrollo de los trastornos mentales.

No obstante, es necesario mencionar que este artículo solo es un acercamiento a la complejidad de la psiquiatría y sus diferentes formas de trabajo. También, que los profesionales de la salud mental no son malintencionados al trabajar desde un modelo biomédico que no contempla otras perspectivas en el diagnóstico y tratamiento de los trastornos mentales, por ello se busca hacer una crítica a cómo los mismos profesionales de la salud mental, al ejercer este modelo, continúan perpetuando desigualdades sociales, individualizando las enfermedades mentales y relegando la subjetividad y el significado de la sintomatología en las personas.

 

 

 

Bibliografía consultada

Dostoyevski, F. (2015). El Idiota. Editorial Tomo.

Foucault, M.  (1967).  Historia de la locura en la época clásica I. Siglo XXI. 

Fernández. C., Lozano, I., Pascual, D., y Suárez, B. (1984). “La ideología de la salud mental y la mujer”. En S. Marcos (Ed.). Antipsiquiatría y política (pp. 185-203). México: Editorial Extemporáneos.

Laing, R. y Cooper, D. (1969). Razón y violencia. Paidós.

López-Andrade, L. y Colina Pérez, F. (2019). Manual de Psicopatología. La Revolución Delirante.

Moreno Pestaña, J. (2015). El poder psiquiátrico y la sociología de la enfermedad mental: un balance. Sociología Histórica, 5, 127-164.

Martínez-Guzmán, A y Íñiguez-Rueda, L. (2010). La fabricación del Trastorno de Identidad Sexual: Estrategias discursivas en la patologización de la transexualidad. Discurso y Sociedad, 4(1) 30-51.

Marconi, J. (2001). La psiquiatría en el cambio de siglo: psiquiatría social. Revista chilena de neuro-psiquiatría, 39(1), 10-11. https://dx.doi.org/10.4067/S0717-92272001000100004

 

 

 

[1] Licenciado en Psicología (UdeG). Maestro en Humanidades, Línea de Formación Docente con eje de especialidad en Ciencias Sociales, Humanidades y Comunicación (UAZ). Tiene una Especialidad en Diagnóstico Clínico y Tratamiento de los Trastornos Mentales (AMSP, A.C.), una Especialidad en Psicosomática Psicoanalítica (IPPF, A.C.), una Especialidad en Clínica Psicoanalítica Lacaniana (UniFreud), así como formaciones y diplomados en materia de ciencias sociales, psicoanálisis, psiquiatría, criminología, ciencias forenses, educación y derechos humanos. Fue becario por el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (CONAHCYT). Colaboró como auxiliar de investigación en distintos centros de investigación (CICS, DECS, DS, UdeG). Ha cursado seminarios de investigación en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y en el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y ha sido ponente en congresos y coloquios nacionales e internacionales. También, ha escrito literatura para distintas compilaciones y ha divulgado las humanidades y las ciencias sociales en revistas académicas estudiantiles y medios digitales. Actualmente trabaja como becario-asistente de investigación en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS, Occidente), estudia la Especialidad en Sexualidad y sus Psicopatologías (UniFreud) y es candidato a cursar el Doctorado en Antropología (COLMOR).  

 

 

Platón y la verdad: algunos apuntes sobre las ideas de Platón

Basadas en el libro “¿Existe el método científico? Historia y Realidad” de Ruy Pérez Tamayo

Por Aldo Saúl Uribe Núñez[1]

Introducción

El objetivo de este texto de divulgación es realizar un análisis breve acerca de algunas ideas filosóficas provenientes de Platón, gran pensador de la antigüedad griega, tratadas en el libro del divulgador de la ciencia Ruy Pérez Tamayo ¿Existe el método científico? Historia y Realidad, ideas que han prevalecido hasta nuestros días y han influido de forma considerable en el fascinante mundo de la ciencia y la filosofía a lo largo de la historia.

Tras varios años de estudiar a través de mi formación las características y los métodos que existen en la ciencia, he decidido escribir sobre las ideas filosóficas-científicas de este pensador tan fundamental en la historia de la filosofía. Los postulados de este pensador han impactado en el campo de la política, la educación, la ciencia y la ética, por mencionar algunos; un sabio que nos ha ayudado a interpretar y entender nuestro mundo de una mejor manera. 

Sócrates había formado diversos discípulos: pensadores que eran capaces de analizar y recapacitar aquellas palabras de su maestro, pero sólo Platón fue capaz de trasferir a otras generaciones su mensaje y continuar su pensamiento. En el libro de Pérez Tamayo, las ideas revisadas nos permiten contemplar desde sus orígenes la concepción del método científico y la interpretación del mundo que nos rodea, así como la importancia del pensamiento filosófico griego en la historia de la ciencia.

Este maravilloso libro de Ruy Pérez Tamayo, nos conduce al fascinante camino de la ciencia, camino que, si bien nos ha resultado complicado observar y estudiar con detenimiento, nos ofrece una forma de conocernos a nosotros mismos y preguntarnos el porqué de las cosas. La mayoría de los constructos y referencias de los pensadores que se revisan en su libro provienen de las ciencias “exactas”, es decir, ciencias que procuran el conocimiento científico, el cual puede considerarse como verificable y fundamentado (Pérez, 2012).  

Sin embargo, no toda la investigación científica procura la búsqueda del conocimiento “objetivo”. En este texto de divulgación, se explora y describe los postulados filosóficos de Platón respecto a la búsqueda del conocimiento objetivo y de la verdad retomando lo que Pérez Tamayo asevera sobre Platón. El rostro que este divulgador nos muestra de tal filósofo nos permite enlazarnos y comprender mejor sus aportes al mundo de la ciencia, con esa forma tan característica y creativa de describir la historia de la misma, a sus pensadores y a sus filósofos.

Platón y la búsqueda del conocimiento.

A lo largo de su vida, Platón plasma sus ideas en distintos diálogos en los cuales nos muestra diversos procedimientos para alcanzar el conocimiento. Por una parte, nos encontramos con una de sus principales teorías: la teoría de las Ideas. Postulado que proviene de una particiLeer más

Más allá del miedo: Una propuesta para ciudades más seguras

Por Chinantu Yunuen Aviles Desales[1]

 

Introducción

 Las violencias ejercidas hacia las mujeres no son nuevas, históricamente han sido reproducidas de manera constante tanto en el espacio público como en el privado, sin embargo, con el paso del tiempo es un tema que se ha puesto en la mesa y del cual se habla con mayor naturalidad principalmente en las nuevas generaciones, señalar a los culpables o detectar rápidamente cuando éstas ocurren es cada vez más cotidiano. 

 

Muchas de las desigualdades que se dan en la producción del espacio están relacionadas con el sistema patriarcal en el cual estamos inmersos, esto permite que prolifere y evolucione, adoptando tantas formas que le permiten sobrevivir, adaptarse y reproducirse innumerables veces. Al respecto, Jane Darke (1998, citado en Valdivia, 2011) señala que el patriarcado adopta muchas formas y cambia con el tiempo. Coexiste con la mayoría de los sistemas económicos, incluido el capitalismo, y en muchos escenarios: en la familia, en el lugar de trabajo, en el gobierno, etc. 

             

Además de esto, la división sexual del trabajo constituye también una de las formas para legitimar el control en la reproducción de la vida social e invisibilizar la participación de las mujeres así como impedir su libre acceso a todas las áreas de la esfera productiva y reproductiva; estos mecanismos de control promueven que existan acciones como el acoso o la violencia y que estos, a su vez, sean normalizados. 

 

En ese sentido, el siguiente texto presenta algunas de lLeer más

“La Ballena” (2022): un análisis teórico-clínico

Por Aldo Saúl Uribe Nuñez[1]

 

Introducción

El objetivo de este artículo es hacer un análisis de la película “La Ballena” dirigida por Darren Aronofsky y protagonizada por Brendan Fraser (Charlie) desde la teoría clínica, rescatando las características del padecimiento del personaje principal (Charlie), los factores que influyeron en su detonación, el significado que éste tiene en su vida, la forma en la que se relaciona-vincula con su familia y las repercusiones de sus relaciones intersubjetivas y transubjetivas en la exacerbación de su problemática clínica.

Así, este trabajo no representa un resumen de la trama de la obra, sino un análisis desde la perspectiva psicoanalítica y psicológica. A través de él se busca pensar a Charlie como un paciente y a su familia, amigos y contexto personal como elementos que inciden significativamente en su manifestación psicosomática. Para hacerlo, se hace uso de la teoría sobre la obesidad desde el psicoanálisis y otras disciplinas como la psicología, la medicina o la sociología.

A modo de conclusión se discute las consecuencias de la obesidad en la vida de Charlie y cómo sus dificultades emocionales lo llevaron a desarrollar este problema que repercutió en su calidad de vida, dinámica familiar y salud física y mental. Finalmente, se menciona que tanto para el paciente como para su familia, es necesario implementar un enfoque integral y transdisciplinario que permita enriquecer la intervención clínica y el trabajo teórico y psicoanalítico con los pacientes.

 

¿Qué pasa con Charlie?

Charlie es una persona que en los últimos años ha padecido obesidad mórbLeer más

¿Es la organización social una vía para intervenir en las problemáticas sociales?

El papel de la psicología social comunitaria en el fortalecimiento de la comunidad

 

Por Aldo Saúl Uribe Nuñez[1]

En los últimos años, México ha sido escenario de cambios significativos que han repercutido en su desarrollo social, educativo, político y cultural. Estos cambios han influido sobremanera en la vida de las personas y en su bienestar. Uno de ellos y, quizá el más preocupante, es la violencia sistémica y generalizada que se experimenta en el país.

Ante el incremento y normalización de este y otros problemas como la desigualdad social, la discriminación o la precariedad en todas sus formas, la organización social y comunitaria ha relucido por su nobleza para intervenir en las problemáticas psicosociales que se viven y se avecinan. En este sentido, surge este texto para hablar sobre la psicología social comunitaria y su papel en el fortalecimiento de las personas, las comunidades y la sociedad.

Los aportes psicosociales de la psicología, y las ciencias sociales en general, han tenido como principal objetivo el fortalecimiento y desarrollo de las comunidades. Desde este punto de vista, en el área de la psicología, los diversos campos de estudio provenientes de la psicología social tales como la psicología política o la psicología comunitaria, han buscado la solución de problemáticas sociales a partir del fortalecimiento de la identidad, la cohesión y la ciudadanía de las personas.

Estas áreas de estudio han fungido como campos de vital importancia pLeer más

Reflexión crítica sobre la concepción o construcción del objeto ciudad

Por María de Jesús López Salazar

La comprensión que hoy se pueda tener sobre las ciudades –en plural y no en el singular homogeneizador de la ciudad– de la ciudad posmoderna –la clase de ciudad parte de quien aquí escribe–, sus dinámicas suscitadas, manifiestas y por venir, depende en gran medida de cómo se entienda la interdependencia entre los procesos de producción del hábitat y del habitar.[1] Las ciudades envuelven en sus bordes asentamientos humanos que constituyen ciudades en proceso.

Ahora bien, es pertinente recordar que el urbanismo inició cuando el ser humano observó, analizó y pensó acerca de cómo tendría que ser una ciudad,[2] y tiene poco tiempo que ese mismo urbanismo –y quien aquí escribe añade que también los estudios de la ciudad– se interesan por las ciudades existentes y sus diferentes cambios. “La planeación territorial por su parte se esfuerza por dejar de asimilar el desarrollo urbano con urbanización periférica. Es así como el concepto de ‘ordenamiento’ del territorio tiende a sustituir al de desarrollo urbano, proponiendo una visión más holística que se aleje de las dicotomías urbano / no urbano o centro / periferia” (Coulomb, 2016a:10).[3] En este sentido, de monocéntrica –partiendo de la dicotomía centro / periferia– la ciudad se ha convertido en pluricéntrica –partiendo de la idea de que “existen distintos órdenes y distintos tipos de espacios urbanos. Entender el (des)orden de la metrópoli implica penetrar en los modos de funcionamiento de estos diversos órdenes, que permiten pensar en la metrópoli como en una realidad compleja resultado de la coexistencia (y de la mezcla) de diferentes ciudades” (Duhau y Giglia, 2008:15)–. Las funciones de centralidad se han desvanecido dentro de la estructura urbana y han motivado la construcción de lo que la academia denomina nuevas centralidades.[4]

Así bien, las diferentes ciudades de la ciudad posmoderna –coLeer más