Yo, mujer poeta

Por Ximena Cobos Cruz

 

Las poetas existimos desde siempre, las mujeres que crearon rezos y conjuros, las que se encerraron en conventos y hablaron del encuentro con la divinidad en un lenguaje de los sentidos y la naturaleza, las que han ocultado por completo su escritura a sabiendas de que brota desde el lugar más íntimos de su carne; todas somos poetas. Sin embrago, existe un estigma bastante extendido sobre la escritura de las mujeres que la tacha de intimista, poco relevante, personal, sentimental, y que por siglos ha detenido a algunas a escribir, a otras las ha hundido en la inseguridad de sus creaciones, y a otras tantas las ha hecho acceder a una lengua masculina que pauta los temas relevantes y trascendentales, dignos de ser escritos, mutilando su manera de sentir desde una lengua materna que es a partir de la que se nombra el mundo en nuestra primera existencia.

Como observadora de la historia de la literatura escrita por mujeres, pero sobre todo como mujer inquieta a la que una sola respuesta no le es suficiente, considero que los procesos que ocurrieron en Occidente entre los siglos XV a XVIII elevaron a disciplinas cerradas muchas prácticas cotidianas, no solo las que tuvieron que ver con la creación de la Ciencia; por supuesto, secuestrándolas solo para el ejercicio masculino, despojando a las mujeres de una autoridad y un reconocimiento social como sujetas creadoras, que no de su capacidad y su ser creativas. Este resumen escueto y simplista de un proceso ampliamente documentado por muchas más mujeres, feministas y académicas, no es sino el punto de partida para continuar indagando ahora en cómo aquel corsé que se intentó ponernos no dio el resultado esperado, porque las mujeres seguimos escribiendo y cultivando palabras a escondidas.

Entonces se tuvo que accionar desde otros sitios, emprender señalamientos, prohibiciones, aleccionamientos para las buenas señoritas. Las mujeres escribimos de amor porque nos fue permitido, nunca con la mirada altiva y siempre desde la entrega absoluta. Es decir, no somos culpables de aquello de lo que nos señalan; lo que supone que quizá no fue una elección, sino una vía creativa que tomamos para dejar salir subrepticiamente incluso nuestros otros pensamientos, que siempre hemos tenido, aquellos que cuestionan la realidad desde las sujetas sensibles que somos. Basta ya de negar que nuestra objetividad es encarnada, creada con la cuerpa con la que se experimenta al mundo situada en una misma.

Reconozco en mi historia personal y en la de otras mujeres que he leído, así como en las mujeres que he acompañado en su escritura, hermanas de generación y pasos, que nuestra llegada a la poesía fue a través de la escritura con tema amoroso. Varias cosas hay que discutir en torno a esto; la primera, que la poesía romántica o amorosa no es el error en este ciclo creativo de las mujeres, antes bien, me parece qLeer más

‹‹Tinta en las uña››. Siempre es tiempo de ser rebeldes

Por Ximena Cobos Cruz

Los años han pasado un poco borrosos, el tiempo pandemia parece haber ocurrido con una velocidad distinta que provoca que no se sienta que fue hace ya casi seis años cuando estalló un hermoso encuentro entre mujeres que deseábamos llenar nuestros libreros con otras mujeres; que pusimos en marcha la reconstrucción de una genealogía que reuniera a nuestras madres simbólicas de la literatura—retomamos mucho a Marcela Lagarde y hoy ya también tenemos otras referentas teóricas—, sacando toda la molestia de haber leído una vez tras otras, durante años y años de formación, hombres que no pueden más que construir personajes femeninos que nos encierran y sostienen mandatos de un deber ser femenino que siempre nos ha quedado chico a las mujeres de carne y hueso. En el recuento unas van y otras vienen; surgieron premios, colectivas, fanzinas, publicaciones independientes, autopublicaciones, talleres de creación literaria de mujeres para mujeres, encuentros y editoriales como ‹‹Tinta en las uñas››.

La institucionalización de todo esto que hicimos trajo consigo cosas hermosas como reediciones para que pudiéramos volver con un pelito más de facilidad a las ancestras. Sin embargo, hay un ente voraz dispuesto siempre a engullir toda resistencia, anomalía, incluso cualquier goce que no depende de él. Así es como las grandes editoriales cooptaron este bello acontecer histórico en que nos hicimos justicia luego de los años en los que permanecieron ocultas, casi borradas, las escritoras que nos impulsaron a emprender un recorrido de sabernos nosotras también mujeres que escriben y crean. Por ello, hoy cada vez con más ganas sigo pensando en la necesidad de hacer una historia de las publicaciones y editoriales independientes en Latinoamérica que, además, muchas veces fueron sostenidas por mujeres como Victoria Ocampo, Aída Cartagena, Margareth Randall, Victoria Slavusk, Diana Machiavello y otras tantas que yo no sé nombrar todavía. Porque son proyectos que permitieron construir una carrera literaria a escritoras y escritores, aunque la única carrLeer más

Cube Bonifant, una mujer moderna

Por Ximena Cobos Cruz

Para entender la importancia de Cube Bonifant (1904-1993) como la primera cronista mujer en la prensa mexicana es forzoso delinear su contexto histórico y el papel que las publicaciones periódicas jugaban en los revueltos inicios del siglo XX de un México recién postrevolucionario. Entonces, es necesario conocer cuál fue el medio en que Cube inició y consagró su carrera para entender su postura, sus demandas y sus críticas, que quizá no habrían sido posibles si hubiese escrito en otro medio, pues la prensa en aquellos años —como ahora— tenía una postura conservadora o venía de una línea antiporfirista y antirreeleccionista, era visionaria o crítica del cambio de siglo.  

La carrera de Cube Bonifant inició la mañana del 17 de marzo de 1921 en el suplemento cultural El Universal Ilustrado, y duraría poco más de tres décadas[1]. Si bien yo me abocaré a la primera década de Cube como cronista (1921-1931[2]), me parece necesario delinear un poco del contexto histórico a partir de la fundación de El Universal, en 1916, cuatro meses antes de que se firmara la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Terminada la lucha revolucionaria armada, el proceso continuó de múltiples formas que no se abordarán aquí, no obstante, es posible sintetizar la complejidad de todo lo sucedido —por mera funcionalidad— como el momento en que las instituciones mexicanas se encontraban en formación. Así, el 5 de febrero de 1917 se firma la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y al día siguiente, el 6 de febrero, Venustiano Carranza expide la convocatoria a elecciones para los cargos de presidente de la República, Leer más

Hablemos de la enfermedad desde el cuerpo sexuado:

Susy Delgado y “La sangre Florecida”

Por Ximena Cobos Cruz

 Una parte importante del trabajo de las colectivas, charlas, círculos de estudio y clubs de lectura que se dedican a la visibilización de la literatura escrita por mujeres ha buscado resaltar la enfermedad como uno de los intersticios poco explorados en torno a esa larga lista de temas que intenta responder una pregunta cuyo fin quizá se halle equivocado: ¿Sobre qué escriben las mujeres? Dicha pregunta me cuestiono si quizá está mal intencionada, pues parece ser uno de los cuestionamientos que busca cierta respuesta en la cual encerrar la categoría mujer como absoluto; más aún, un camino hacia el reduccionismo que trata de responder la otra gran pregunta ¿existe la literatura femenina? ¿Son, entonces, las preguntas que nos hemos hecho hasta ahora respecto a la escritura de las mujeres las correctas? No puedo decir que sí, pero tampoco negar su pertinencia. Me resta cuestionar el camino que esas preguntas han seguido en torno a sus respuestas y cuestionar también la manera en que han sido formuladas.

Andrea Franulic, en ¿Qué es la política de la identidad?, señala que la máxima pregunta que no ha podido responder el feminismo es ¿qué es ser mujer? No obstante, Franulic proponeLeer más

Los espacios separatistas como recuperación y resignificación de las reuniones de mujeres

Por Ximena Cobos Cruz

Si la cultura es resultado de la relación de los grupos humanos con el espacio en que viven, en el contexto de sociedades patriarcales, donde la heterosexualidad como régimen legitima y sostiene la división sexual del trabajo, por lo que las mujeres han sido relegadas y sujetas únicamente a ocupar el espacio que Giménez Montiel (2005, pp. 11-12) considera más elemental o primario dentro del modelo escalar, la casa, resulta no tan difícil entender que las reuniones de mujeres sean una práctica cultural bastante común. Pensando en el espacio de lo público y lo privado, los hombres tienden a salir del hogar y de los territorios próximos, se reúnen en asambleas para tomar decisiones sólo entre ellos, mientras las mujeres históricamente han sido apartadas de los espacios políticos ―vistas no en igualdad, sino en oposición absoluta al hombre, no pueden compartir los espacios de toma de decisiones―, la socialización de las mujeres, entonces, es “naturalmente” conducida a agruparse entre ellas. Así pues, las mujeres no ocupan los mismos lugares en los espacios sociales porque existe una relación de poder desigual entre la clase mujeres (la clase oprimida/ subalterna) y la clase hombres (opresores/ hegemónica); el capital cultural, económico y social se les niega y restringe, al tiempo que causa la estigmatización de sus espacios, de aquí puede derivar que las reuniones de mujeres, enmarcadas bajo el estigma de un código restringido[1], se consideren mero discurso fútil, chisme. Ante este panorama, parece necesario estudiar los espacios de mujeres que se empiezan a configurar a voluntad y como reclamo ante los espacios mayoritariamente masculinos, cada vez con más fuerza, en la última década ―quizá―, bajo la condición fundamental del separatismo,Leer más

Mujer: NO subas con hombres al vagón exclusivo

Foto tomada de El País

Por Ximena Cobos CRUZ

Escribo esto porque se ha convertido en una necesidad, primero, de desahogo del coraje de observarlos ahí, sentados, clavando la mirada impunemente, sin pudor o pena alguna en cada mujer que se levanta para descender en la estación siguiente, haciendo gestos asquerosos, sin que nadie diga nada. El silencio nos vuelve cómplices en esta perpetuación de su machismo, de su cosificación de nuestros cuerpos, de su morbo, de su territorialidad y su falta de respeto a espacios que queremos sólo nuestros para sentirnos tranquilas.

En segundo lugar, lo hago porque quiero que seas tú, mujer, mi interlocutora más directa, porque es a ti a quien más ganas tengo de explicarte el panorama. Somos cómplices, sí, ya te lo he dicho. De cierta manera, estamos colonizadas del pensamiento, no obstante, hay que romper con eso y con la complicidad no razonada en la que incurrimos cuando tomamos la decisión, a la ligera, de subir al vagón exclusivo con un hombre acompañándonos. Sí, defiende con garras y coraje al hombre que Leer más

Claudia Sheinbaum, exigir justicia JAMÁS será una provocación

Foto tomada de La Neta Noticias

Por Ximena Cobos CRUZ

Repudiada y tibia Claudia Sheinbaum:

Exigir justicia no es provocación. De verdad que no tengo ni idea en qué cabeza cabe eso que has declarado firme e impávida ante las cámaras si no es en una mente clasista y falta de consciencia de género. Sin embargo, desde la digna rabia, voy a dirigirme a ti aunque no escuches, porque últimamente has demostrado que no sabes hacerlo.

En el mundo entero existe una deuda histórica con las mujeres que se quiere resarcir desde un discursito caído en el lugar común, en la fórmula, sobre todo cuando lo usan servidores públicos en mensajes fabricados para ser televisados y cubrirse la espalda o limpiar la mierda que hay detrás, y no desde la auténtica reflexión sobre el problema de violencia estructural, antes bien, para mantener contentos a sectores que parecen representar un riesgo para esa estabilidad que tanto les gusta aparentar que existe. Justo como tú, Claudia, lo hiciste luego de que muchas, todas, gritáramos en nuestras casas, en redes y en muchos lados, enojadas y ofendidas por tus palabrasLeer más

A las detractoras de la Marea Verde y a las que no lo son, también

Foto de Angélica Mancilla

Por Ximena Cobos CRUZ

El lunes 5 de agosto del presente año, como ya se habrán enterado, con ocho votos a favor y tres en contra, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) desechó dos proyectos que pretendían invalidar la NOM-046-SSA2-2005 “Violencia familiar, sexual y contra las mujeres. Criterios para la atención y prevención”, que entró en vigor en 2016.

Con dicha resolución, la SCJN ratifica el derecho de las mujeres y niñas, víctimas de violación, a la interrupción del embarazo, al eliminar los requisitos de la denuncia penal previa y la venia de la autoridad competente, que hasta ahora habían impedido el ejercicio de ese derecho en todo el país. Para acceder a él solo será necesario hacer la solicitud bajo protesta de decir verdad y las menores de 12 años deberán solicitarlo por conducto de su madre, padre o tutor; además, el personal de salud no estará obligado a verificar lo dicho por la víctima.Leer más

A propósito de las lamentaciones por el #metoo

Foto por Angélica Mancilla

Por Ximena Cobos Cruz 

Pensar, reflexionar sobre los escenarios y las escenas que se dibujan cada día que despertamos con noticias nuevas que reflejan el inexorable dinamismo de la realidad debe ser una de nuestras prioridades. No obstante, es necesario reconocer y asumir responsabilidades por nuestros dichos para así poder intentar diferenciar entre un comentario nacido de las vísceras y otro emanado de la razón. Todos, no sólo los denunciados, necesitamos un tiempo de silencio en este tsunami de palabras que ha sido la denuncia, porque no hay manera de pararla. Estamos enojadas, estamos rabiando, estamos temblando de coraje y miedo acumulados porque no han sido uno, dos ni tres quienes nos han agredido, y no han sido sólo micromachismos que suman una bola de nieve que viene cayendo a gran velocidad, sino violencias que nos han roto el vestido, los pantalones y la dignidad, que hoy estamos recuperando.

Es absolutamente necesario que se tome en cuenta que el #metoo es el boom tanto esperado como requerido para dar valor, palabra, protección y apoyo a todas aquellas mujeres cuyas agresiones son muy recientes, para que ellas no tengan que hablar en lo privado, cara a cara, una a una con las personas que consideran necesario sepan, luego de tres o más años, la historia de abuso que sufrieron. Leer más

De pasajes y paseos comerciales, políticas públicas e intenciones subyacentes

Foto tomada de: Diario octubre

Por Ximena Cobos Cruz 

Estos meses de júbilo, descontento, incertidumbre, críticas prematuras y algunas acertadas es necesario hacer ejercicios profundos de memoria, no sólo pensando en que la memoria histórica es una de las grandes ventajas de los pueblos para no repetir errores y construir hacia el futuro. En ese sentido, hacer consciencia de las calles que transitamos en lo cotidiano, reparar en cómo las habitamos, mirarnos en ellas en perspectiva es reconocer o no cambios en las prácticas sociales de uso del espacio, lo cual sirve mucho en el análisis y crítica tanto de políticas como de acciones gubernamentales.

El Centro Histórico de la Ciudad de México es un espacio que guarda un simbolismo ligado a la identidad nacional por su naturaleza arquitectónica, la cual “reúne los testimonios de seis siglos (del XV al XX) de historia”[1], además de que en él convergen la presencia de tres Méxicos: el prehispánico, el colonial y el independiente[2] Esa huella histórica facilita la consolidación de discursos oficiales que promueven una idea de mito fundacional en dicho espacio y que extienden su valor mediante la protección de sus edificios, pretendiendo resguardar la memoria viva de la construcción de la nación, baste conocer que “de los 4200 edificios del centro, más de la tercera parte están catalogados como monumento histórico”[3]. Aunado a esto, su centralidad, como punto de partida del trazo de la ciudad, le suma importancia y lo convierte en el único centro de referencia a nivel social y político[4]. En ese sentido, como lo explica Monnet[5], al transformar el mito en discurso de propaganda y arrojarlo al campo de la lucha social se puede conseguir que sea un instrumento de movilización, por lo que, de acuerdo con Soltero, la razón de finalizar marchas o campañas en el Zócalo está en capitalizar su valor simbólico[6].

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