“Abril: de Bien me sabe” de Sor Juana Inés de la Cruz

Por Diana Peña Castañeda[1]

 

¿Cuál es la fineza de Cristo? No es la hostia como sacrificio redentor, responde Sor Juana Inés de la Cruz en su reflexión al sermón jesuita. El mayor favor divino es haber dado a la humanidad la libertad de conciencia para poder pensar y decidir, incluso, dijo, si ello pudiese llegar a ofenderlo. Entonces, si la grandeza de ese amor respeta su propia decisión, la de ella, la de todas, por la vida intelectual ¿Por qué, mundo egoísta, pretende arrebatárnosla? 

 

Durante la hambruna de 1693 en México, es obligada por quienes debían cuando menos respetarla, el arzobispo y su confesor, a vender su colección de cuatro mil ejemplares literarios para que repartiera el dinero entre los pobres. Queda entonces sin libros para leer, razón por la que entró al convento ante la negativa de ir a la universidad, incluso si se disfrazaba de hombre. Bordar, cocinar, limpiar, pero no leer, menos escribir, menos sobre lo que las mujeres desean. Ella acata firmando con una frase que suena a ironía: “Yo, la peor de todas.”

 

Pero el pensamiento es un favor divino; por tanto, no desaparece ni siquiera cuando la despojan de todos sus libros. Su anhelo de aprender sobrevive en los pequeños descubrimientos que le brinda la cocina. Basta preparar un bizcocho para saber que la densidad de sus ingredientes reacciona al calor. Que escribir y seguir recetas fomenta la comprensión lectora. Luego, después, primero, finalmente: son formas de conectar el mundo con el discurso. Que según la cantidad de grasa, el chocolate se derrite más rápido. Que la manzana se oxida por efecto químico de la pulpa al contacto con el aire. Que la textura y el sabor de la uvaLeer más

Y sí Tiene adentro algo que brilla de Yol Segura

Por Diego Medina

 

El martes 31 de marzo de 2026 se presentó en la librería Utópicas el nuevo poemario de Yol Segura Tiene adentro algo que brilla, el cual está publicado por Almadía y es resultado del proyecto de creación artística presentado por le autore en 2023 en el FONCA. En sus poco más de cien páginas, le autore explora la posible identidad no binaria de la escritora novohispana por excelencia Sor Juana Inés de la Cruz, reflexiona sobre los dispositivos de control en el cuerpo de las mujeres, además de hacer múltiples referencias a la vida y obra de la autora, así como a la cultura aurisecular, en particular, un ejercicio de metatextualidad al explorar Las Meninas de Diego Velázquez.

 

No hay en este poemario un índice, por lo que no podremos encontrar un listado de poemas, de hecho, los fragmentos no están titulados y, aunque puede leerse como un poema de largo aliento, también puede leerse cada fragmento de manera individual sin que carezca de sentido. Sobre esta línea, podemos decir que la escritura de Segura se revela profundamente barroca por el despliegue de sus recursos escriturales, ya que, amén de las referencias históricas y culturales, también incluye saltos anacrónicos para contrastar la vida de Sor Juana con el México actual.

 

El consumo de búcaros es el eje temático de la obra, estas vasijas de baLeer más

Análisis de la cinta “Malta” | Sobre la precariedad desde lo económico hasta las emociones

 Por Carmina Cardiel

 

Malta (2024), es una cinta argentina-colombiana dirigida por Natalia Santa que, a través de su lente, nos deja ver las desigualdades no sólo económicas y materiales, sino algo que es más preocupante actualmente, las emocionales, a partir de la protagonista que no sabe cómo lidiar con algo que hace años no siente: cuidado.

Si bien la familia nuclear tenía un propósito en la formación humana, cada día ese propósito/rol de cohesión social y cuidados no sólo físicos, sino afectivos, entre seres humanos, se va perdiendo en una mar de “relaciones efímeras”, hasta el punto de no saber cómo recibir o dar afecto. Y la directora hace un gran trabajo en este rodaje donde la moral es más bien una herramienta de compresión para la condición humana, pues nadie puede dar lo que no tiene.

 

Malta y la imposibilidad de sostenerse: precariedad de afecto

Malta es una película que retrata desde lo cotidiano, un diagnóstico social: un mapa emocional de una generación atravesada por la precariedad estructural en tanto a que la educación de la protagonista, encarna una subjetividad contemporánea marcada por la inestabilidad. El deseo de Mariana por migrar a Malta, no es por ninguna arista un plan concreto, sino que funciona en su cabeza como una fantasía de escape: una promesa difusa de orden, futuro y posibilidad, algo a qué agarrarse. En ese sentido, la película dialoga con una constante del sur global: la idea de que la vida “real” sucede en otra parte del mundo, menos en su país. ¿A poco no crecimos con la idea de que la vida exitosa se desarrolla en el norte o en cualquier lugar de Europa? A eso se le llama: producto de la colonización. Y no sólo es geográfica, según nos deja ver la directora.

Mariana vive al límite de sus deseos, cada descanso para ella equivale a no tenerse que dormir en casa, donde tiene que lidiar no sólo con recuerdos fabricados por sí misma para aguantar la realidad. Así es como colecciona noches de juerga con desconocidos a los que realmente jamás llega a conocer, hasta que su compañero de clase, Gabriel, la invita a explorar otra forma de relacionarse, menos corta, menos líquida.

Desde un sentido críticamente sociológico, Zygmunt Bauman revisa que donde los vínculos son transitorios y las identidades se vuelven inestables, hay de fondo el resultado de la modernidad líquida; es decir, en Malta se aterriza esa abstracción en una sensibilidad latinoamericana: no se trata solo de fluidez, sino de desgaste. El desgaste de lo cotidiano, de no avanzar a lo que sigue y quedarse con la sensación de Leer más

Persepolis: la raíz monocroma que nos sobrevive

Por Sergio E. Cerecedo

 

La animación es una industria que ha crecido mucho en los últimos 40 años debido al avance agigantado de las tecnologías de creación de imagen. Dentro de un mundo de modelado tridimensional, parece que la animación que sigue siendo en dos dimensiones se ha vuelto un mundo donde transita más la expresión de los estudios y realizadores independientes, no solo en las películas, series y publicidad, sino también en los videojuegos y visuales para celulares, tablets y dispositivos más recientes. Los videojuegos indies siguen apostando por una gráfica reminiscente de la tradicional en gran cantidad, y esto se vuelve una resistencia cobijada por precios relativamente asequibles, pero en igual medida por el tesón de quienes quieren realizar una historia muy personal.

 

De la misma manera, los títulos animados en largometrajes dirigidos por mujeres la mayoría están en 2D, exceptuando unos cuantos de los grandes estudios como Turning Red (Domee Shii, 2022), Kung Fu Panda 2 (Jennifer Yuh Nelson, 2011) y algunas codirecciones de los mismos que resultaron muy productivas en taquilla, entre las que se pueden contar Brave (Brenda Chapman, Mark Andrews, 2012) y Frozen (Chris Buck, Jennifer Lee, 2013), que han logrado colocarse en el gran gusto del público. Aún con esa hegemonía, si somos un poquito clavados en las entregas de premios, podemos encontrar entre proyectos tan fastuosos, una muy noble competencia entre las cinco nominadas que siempre nos hará mirar hacia productos de otros países que no son los Estados Unidos, y otros estilos e historias.

 

“Persépolis” entró en estas nominaciones en el ya lejano 2008 y se encuadra en esa temática tan productiva en el subgénero sobre los dilemas de crecer, especialmente en las visiones de directoras que abordan la primera crisis de sistemas de creencias de una niña o adolescente. Esta adaptación de la novela gráfica de la misma Marjane Satrapi (codirigida por Vincent Paronnaud) nos da una crónica detallada de la revolución islámica de Irán de los setentas a los noventas, denotando la represión general, pero centrándose en la repercusión del cambio ideológico sobre las mujeres, el ascenso al poder de un régimen, los asesinatos devenidos de éste y la atracción de la población hacia lo prohibido y lo occidental. La directora acierta en no idealizar esto último.

 

Marjane al crecer —una representación de la infancia deLeer más

Versos de capa caída: el despropósito de Otra lengua es posiblx de Canuto Roldán

Por Elías Medina

Todos hemos escrito versos alguna vez, no son pocos los poemas que han perecido en un cajón oscuro, quizá porque nos ha parecido que no son dignos de ser leídos por alguien más, porque nos avergüenza nuestra mala ortografía o porque no tuvimos el valor necesario para confesarle nuestros sentimientos a ese amor adolescente. Todos guardamos cadáveres debajo de nuestras almohadas, montañas de poemas que si se reunieran en libros llenarían los estantes de la mítica Biblioteca de Alejandría, pero que nunca conoceremos. En eso reside parte de su belleza: son un vistazo rápido al Edén por la cerradura de una puerta que nunca se abrirá.

Siempre he creído, más allá del lugar común, que todos tenemos la capacidad de volar, metafóricamente hablando, pero pocos nos atrevemos a dar el paso en falso. Leer también es volar, por cierto. La capacidad de experimentar dolor es común a todos los seres vivos y por ende a todos los seres humanos, por lo tanto, la capacidad de experimentar la belleza también lo es. Siguiendo esta línea de pensamiento, el ser humano es un ser artístico, tanto como un ser político. El arte, materia de los sueños, es un músculo más o menos ejercitado por cada uno de nosotros, pero presente en todos, por eso decimos que cualquiera puede escribir poesía. Mas un poeta que se digne de serlo debe superar esa línea entre quien escribe aficionadamente y quien se profesionaliza y, ojo, no digo que no haya talentos enormes sin entrenamiento, sino que un escritor, un poeta, debe exigirse calidad a sí mismo. Esto es a lo que llamamos oficio.

No es secreto que tengo malas relaciones con Canuto Roldán, quien junto a Lía García La novia sirena, cooptaron el Eslam Cuir, a través de prácticas colaborativas desleales en las que capitalizaron beneficios y me marginaron del proyecto que yo mismo había fundado. Desde luego, no lo hicieron solos, tuvieron el respaldo del Circuito Nacional Poetry Slam y, más específicamente, del colectivo PoesíaLeer más

Santera: amistad entre fuerzas invisibles

Por Sergio E. Cerecedo

 

Los años noventa representan crisis sociales para toda Latinoamérica, en mayor o menor medida; en el caso concreto de Venezuela, hubo un golpe de estado y numerosos tambaleos presupuestarios causaron que el cine redujera en más del 50%  la productividad alcanzada en los 80´s y que los fondos gubernamentales para la producción cambiaran de nombre y estructura con el fin de seguir existiendo y apoyando a la comunidad realizadora.

 

En medio de todas estas circunstancias Solveig Hoogesteijn, nacida en Suecia pero con carrera completa hecha en Venezuela, presenta la película que sucedería a su muy exitosa “Macu, la mujer del policía” (1987), que sigue siendo la tercer película con más taquilla en la historia del cine de su país. En Santera continúa con sus inquietudes en los retratos de mujeres buscando resistir en entornos con tradiciones muy marcadas, esta vez indaga en la afrodescendencia y en los choques culturales entre el catolicismo y quienes conservan la religión yoruba, así como su creencia en los santos que también está un tanto sincretizada con conceptos como el espíritu santo y la virgen María.

 

Desde el contraste en el montaje que muestra a dos mujeres: una en el interior de una celda y otra abordando un aviónLeer más

Oriana: los espacios confidentes

Por Sergio E. Cerecedo

 

En últimas fechas, el abordaje temático de los retornos a las casas de infancia, a las anécdotas y secretos familiares no deja de ser productivo aunque sepa a lugar común. Creo que a estas alturas del partido si exploramos las temáticas y narrativas comunes de Latinoamérica, encontraremos, incluso en la gente afincada en Estados Unidos y Canadá, un gusto por las telenovelas, entre ellas por ese subgénero ubicado en haciendas y plantaciones donde abundan las intrigas y los amores que se gritan y reclaman, generalmente rodeados de sobreactuaciones absurdas de las que se burlan canales de youtube como “Telenovelas are hell”.

 

Entre risa y risa, el caso es que este tipo de enfoques en los audiovisuales, alejan mucho a las personas de la importancia de los dramas íntimos que tenemos en común y nos vician la percepción creyendo que todas las historias se abordan igual, es por eso que, cuando se echa un ojo a las narrativas previas al audiovisual y alguien como Fina Torres (Caracas, 1951) logra sincretizar, tenemos una obra íntima, con sello propio y que, si te permites la pausa y la escucha más allá del diálogo, te logra conmover.

 

La carrera de Fina Torres conlleva películas hechas en Francia como Mecánicas Celestes, 1995, su país formativo no solo en cine si no también en diseño y artes , permitiéndole además realizar en Hollywood Las mujeres arriba, 2000. En la trama de sus películas espejea muy a menudo el internacionalismo de su vida y las historias que escuchó, en una mezcolanza con su imaginación y percepción. Es por eso que ahora qLeer más

“Marzo: de cocina mística”

En las manos de Hildegarda y de Ávila

 

Por Diana Peña Castañeda[1]

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Febrero fue de pan y cenizas. En La Religiosa la compasión pasó como un relámpago y el horizonte de la bondad se cerró. El efecto fue evidente en cada ración que el claustro sirvió porque más que alimento, lo que la protagonista halló fue humillación, luego artificios. Y no se trató solo de comida, ya de por sí entendida como fuente de vida, sino de un mensaje mucho más cruel: despojarla de su derecho a sentirse digna, a merecer, a pensar y a poder elegir con autonomía el lugar en el que quería estar.

 

Sin embargo, en marzo la trama hace un giro dramáticamente precioso. Y es la fe la que nos dice que comer y cocinar son actos profundamente terrenales, cálidos y curativos. Es decir, el cuidado. Cuestión relevante porque implica una actitud de empatía capaz de sostener, con gestos concretos, el orden de nuestra propia creación. Porque no somos solo la que reza, también la que trabaja, la que cuida a otros, por si fuera poco, la que siente y hace memoria, casi siempre en silencio.

 

De ahí que el primer momento sea elegir cada ingrediente con responsabilidad, considerando que hay finalidad terapéutica, también gozo. Nada más oportuno en una época definida por la inmediatez. Entonces, más que procurar gramos o litros, es cuidar nuestro derecho sagrado de ser parte de este mundo como esencia de la misma existencia. Y eso, es precisamente lo que Hildegarda de Bingen y Santa Teresa de Ávila nos devuelven.

 

Ni excesos, ni privaciones severas. Para Hildegarda de Bingen cada plato era una pequeña alquimia entre cuerpo y espíritu, cuya esencia denominó viriditas. Ese verdor invisible que sostiene las plantas y las dota de temperamento, energía e intención. Para ella, comer es participar de esa fuerza vital. Por tanto, debe hacerse con consciencia y equilibrio.

 

Cuando escribió Physica, dijo de la espelta que era el mejor de los granos por su vigorosidad: “Quien tenga dolor en el estómago, haga un pan con harina de espelta y mézclela con agua tibia; cómalo caliente y su interior se fortalecerá.”  Se ponen las hojuelas de espelta (3 ½ tazas) junto a la harina de espelta (4 ½ tazas), dos tazas de agua tibia, una cucharada de aLeer más

Análisis de la cinta “Familia” | Sobre las máscaras y el Teatro social (microsociología en la cotidianidad)

Por Carmina Cardiel

 

Rodrigo García (2023)

Familia (2023) es una cinta mexicana dirigida por Rodrigo García que nos lleva a partir de la imagen y el paisaje a un escenario cotidiano desde donde podemos observar las dinámicas sociales de grupos pequeños como el agente “familia”, brindándonos así desde una sola locación, un manjar para la interpretación simbólica del ejercicio del poder y la identidad desde la microsociología que se proyecta en las dinámicas sociales de grupos más grandes como bien podría ser una comunidad o un país.

 

El Fachadismo y la presentación de la persona:

Para Erving Goffman la vida social es un teatro (1956), donde las personas/sujetos o individuos administran las impresiones que causan en lo demás. Cuando el individuo se presenta ante otros, su acción incorporará y ejemplificará los valores oficialmente acreditados de la sociedad (Goffman, 1956/2001, p. 45).  Los personajes de la Familia llegan a la casa del padre/patriarca con “máscaras” ya definidas: la hija exitosa, la hija responsable, la pareja perfecta. Sin embargo, la tensión surge cuando el espacio privado se filtra al escenario público. Los secretos y resentimientos rompen la “fachada” de la familia funcional.

Podríamos decir que, socialmente hablando, la Familia es una obra de teatro dentro del teatro, pues para el sociólogo, la familia no es una institución abstracta; sino que la analiza como un equipo de desempeño que intenta mantener una máscara de unidad frente a las amenazas internas y externas.

Erwing divide los espacios en “región anterior” (donde damos la función) y “región posterior” (donde nos relajamos y abandonamos el personaje). Por tanto, la escena eterna que vemos en la película que es la comida familiar, funcionaría como región anterior, o sea el escenario donde todos deben actuar bajo el guion de “la familia unida”. Dentro de esta puesta en escena también Rodrigo García nos muestra a través de la cinta, la simbología de la mesa que no sólo se utiliza para comer, sino que funciona como ese lugar que preserva el status del patriarca de la familia. En ese lugar que es la mesa los personajes cuidan sus modales, sirven el vino y mantienen la “fachada” de armonía. Sin embargo, la cocina, las caminatas por el rancho y los pequeños escapes de la mesa, actúan como regiones posteriores o backstage.

Con respecto a la fachada individual, taLeer más

Sirat: Trance en el desierto

Viaje subsónico por la guerra y la pérdida

 

Por Sergio E. Cerecedo

Oliver Laxe es alguien que desde su origen francés pero radicando en España se nota como alguien de mucho viaje, que busca y conoce países de los alrededores y no conforme con afincarse desde niño y filmar en Galicia, ha estudiado y desarrollado proyectos en Barcelona, Inglaterra y Marruecos, a donde vuelve con esta película en extremo sensorial, por lo que recomiendo verla en una sala de cine, donde podemos tener no solo el discurso argumental si no la experiencia completa que su producción merece.

El inicio de la película es de una plasticidad muy potente, ya que nos muestra desde encuadres muy cerrados y abstractos, la manipulación e instalación de un grupo de bocinas que, en una elipsis con transición sonora muy bien lograda, pasan de ser cajones en un desierto soleado a estar en la noche rodeados de gente en un rave (evento de música electrónica) sonando a todo lo que da. Dentro del éxtasis de la multitud asistente, vemos a un hombre de mediana edad con un niño, repartiendo volantes al público, de esta manera conocemos a Luis y su hijo pequeño, Esteban, acompañados de su perrita han viajado desde España hasta Marruecos buscando a su hija, por algunos indicios y su gusto por la música electrónica, todo en un contexto tirando a distópico en el que las fuerzas armadas están a punto de entrar en lo que parece ser la tercera guerra mundial.

Al acabarse el evento y ser desalojados por el ejército que les ofrece repatriar a los asistentes europeos, Luis decide seguir a uLeer más