Por Jonathan Mirus[1]
Toxqui, Nicté, Sol negro, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2024, pp. 75, [El ala del tigre, #15].
Hace algún tiempo trabajé con un concepto al que me gusta llamar poética del recuerdo. Con la bandera de mis vicios por delante, apliqué el termino al grupo de la revista Ulises, más tarde reunidos bajo el signo de Contemporáneos. El recuerdo, en este contexto, es una forma de escritura ligada a la vida autoral, el presente que siempre se vuelve pasado, pero que necesita un yo para funcionar como recuerdo y desencadenar diversos mecanismos. Algo de esto también lo encuentro de lleno en los retratos que les tomaron a estos autores a lo largo de su vida.
Cuando veo este tipo de fotografías, más allá de pensar en los conceptos de Benjamin, de Barthes o de Sontag, por mencionar algunos nombres del canon fotográfico, la verdad es que, cuando la obra se presta, lleno los propios vacíos con esta poética. Con esto último en mente, no sólo interpreto así el retrato, a veces también sucede con la fotografía del paisaje o con aquellas que provienen de un clic fortuito.
En ese sentido, es extraño encontrarse a veces en Instagram, hogar de la foto moderna, donde pocos recordarán sitios como Fotolog, Metroflog o Flickr (que aún existe). Esta generación, sean Milennials, Centenials o Z, aprendió que la libertad de las redes sociales era mucha y algunos nos muestran solamente un vacío negro en la aplicación, ya sea por una presión social diferente o por mesura ante la inseguridad del país. Con esta premisa, el instante se vuelve eso, un fragmento no capturado en una historia o un reel que borrarán con el tiempo. Por mi parte, yo provengo todavía de los álbumes de fotos, pero no de un momento tan “aesthetic” como para haber usado las polaroids originales. Sin embargo, sí para comprender el mundo de las cámaras desechables o de turista, con rollos Fujifilm o Kodak, donde el recuerdo se sostenía en las filminas que tenían que ser reveladas en alguna tienda especializada. En las fotos de cualquier tipo, sean artísticas o personales, siempre hay unLeer más




Aunque el fuego ha existido en la naturaleza desde la eternidad, cuando los antepasados frotaron piedras y palos, el invierno se volvió más tolerable y el peligro pudo ser ahuyentado. Después, alrededor del fuego no solo se cocinaron los alimentos, también comenzó a organizarse la vida humana. Y entre esos descubrimientos, el lenguaje fue uno de los más magistrales.



Malta (2024), es una cinta argentina-colombiana dirigida por Natalia Santa que, a través de su lente, nos deja ver las desigualdades no sólo económicas y materiales, sino algo que es más preocupante actualmente, las emocionales, a partir de la protagonista que no sabe cómo lidiar con algo que hace años no siente: cuidado.

La animación es una industria que ha crecido mucho en los últimos 40 años debido al avance agigantado de las tecnologías de creación de imagen. Dentro de un mundo de modelado tridimensional, parece que la animación que sigue siendo en dos dimensiones se ha vuelto un mundo donde transita más la expresión de los estudios y realizadores independientes, no solo en las películas, series y publicidad, sino también en los videojuegos y visuales para celulares, tablets y dispositivos más recientes. Los videojuegos indies siguen apostando por una gráfica reminiscente de la tradicional en gran cantidad, y esto se vuelve una resistencia cobijada por precios relativamente asequibles, pero en igual medida por el tesón de quienes quieren realizar una historia muy personal.