Lo fantástico en “Chaco” de Liliana Colanzi

Por Alejandro Garrigós Rojas

“Chaco”,[1] cuento de la boliviana Liliana Colanzi (1981), contenido en su libro Nuestro mundo muerto (2017), es un texto que, en mi opinión, bien permite una lectura a partir de lo fantástico, según la teoría de Tzvetan Todorov. El presente breve ensayo crítico es una discusión acerca de cómo se configura esta lectura fantástica en este cuento, lo que permite una interpretación literariamente más sugerente que si simplemente lo leemos como un texto de lo extraño o lo maravilloso, categorías vecinas en la misma tipología de Todorov.

 

Lo fantástico, según Todorov

Para Todorov, autor de una obra fundamental para entender lo fantástico en la literatura, Introducción a la literatura fantástica (1970), lo fantástico no es propiamente un género, sino más bien un movimiento del espíritu en la lectura de un texto, un momento manifestado por la duda o incertidumbre acerca de la realidad o irrealidad de los hechos narrados[2]. Literariamente, es propiamente la vecindad entre dos géneros: si se elige creer en los hechos presentados se llega a lo extraño, si no se descarta su posibilidad se obtiene lo maravilloso.[3] De este modo lo fantástico viene dado por un fenómeno anormal que irrumpe en lo conocido ordinariamente, mismo que sugiere dos maneras de interpretación: las causas naturales y las sobrenaturales. La vacilación entre ambas produce el efecto fantástico.[4] La primera condición de esto es que el lector considere el mundo textual como un mundo real. Las interpretaciones alegórica o poética están excluidas para que se dé lo fantástico: el texto debe leerse literalmente.[5] Para nuestro teórico, la literatura fantástica no se cimienta en un juego psicológico, sino en un mecanismo textual: es una inscripción estructural.[6]

La sobrenaturalidad de lo fantástico en la literatura es permitida por el lenguaje, nace de él: el lenguaje permite concebir lo que está ausente,[7] proponiendo al lector creer en lo sobrenatural que aparece en el lenguaje, sin creer verdaderamente.[8] Para esto, el narrador representado en el texto conviene al lenguaje de lo fantástico, pues facilita la identificación con el lector.[9] Lo fantástico sirve para crear en éste sensaciones como el horror o la curiosidad, pero también sirve para mantener la tensión y el suspenso durante la narración.[10] A pesar de lo dicho, Todorov piensa que la llamada literatura fantástica no se refiere a algo cualitativamente diferente de la literatura en general, pero lo hace con una intensidad particular que alcanza en ella un punto culminante,[11] cuyas condiciones son lo superlativo y el exceso.[12]

Todorov visualizó lo sobrenatural como el desequilibrio que se introduce en una situación estable, dado por la transgresión de lo que conocemos como real. Así “la función de lo fantástico es infringir”.[13] Y esa infracción fantástica pone en tela de juicio la oposición irreductible entre lo real e irreal; y en la medida en que lo hace se convierte en la “quintaescencia” de la literatura.[14]

 

“Chaco” leído como un cuento fantástico

Lo fantástico en “Chaco” se construye a partir de una ambigüedad que nos permite leer el texto como una historia de desequilibro mental (lo extraño) al mismo tiempo que permite una historia de carácter sobrenatural (lo maravilloso). Chaco es la historia de un joven que escucha una voz en su cabeza que lo empuja a matar, a partir de lo cual comete dos asesinatos y está a punto de cometer un tercero, sin sentir remordimiento alguno. Esta voz es atribuida al primer hombre al que mata de una pedrada aparentemente por placer y al cual se identifica con el nombre de “el mataco”. Sin embargo, previamente a este asesinato, que nos permitiría pensar que una especie de “espíritu” de el mataco habría ido a habitar en el cuerpo del muchacho, ya éste se identifica con un “nosotros” (“Nosotros, inquietos, escuchábamos en la oscuridad”[15]).

Luego de este asesinato, el muchacho cuenta: “Poco después la voz del mataco se metió en mi cabeza. Cantaba, sobre todo. No tenía idea de lo que le había pasado y se lamentaba con esa voz tristísima y como empantanada de los indios. Ayayay, cantaba. Yo soñaba sus sueños”. Inquieto y perturbado, el chico le pregunta a esa voz que identifica con el mataco quién es, qué quiere y por qué se ha “alojado en él”. A lo que la voz le responde “Yo soy el Ayayay, el Vengador, Aquel que Pone y Quita, el Mata Mata, la Rabia que Estalla”.[16] Inmediatamente después, cuando el mataco a su vez le pregunta al muchacho quién es, éste afirma: “Ya no hay más vos ni yo, de aquí en adelante somos una sola voluntad”.[17]

A partir de esto, el muchacho cambia. Se vuelve más conversador y siente confundirse en su interior las “historias” del mataco y de él mismo. El mataco es vivido por el narrador como una entidad que habita en su interior, murmurando, y es capaz de “adivinar” su corazón” o “saltar” adentro de él. En un segundo momento de la historia, al muchacho le duele la cabeza y se le nubla la vista y de un solo golpe mata a su abuelo.

La hipótesis de lectura que el lector puede formarse hasta aquí bien podría ser la de un muchacho psicótico,[18] debido a los rasgos de personalidad que presenta: posibles alucinaciones acústicas,[19] comportamiento antisocial, ausencia de remordimiento ante sus crímenes, fragmentación del yo. Esta lectura es apoyada por la imagen que se presenta de su madre, la cual se nos retrata como una persona nerviosa y con una neurosis de tartamudeo; es decir, su anormalidad bien podría ser producto de genes heredados en confluencia con un medio familiar que se representa como desestructurado, no funcional, patológico, enmarcado a su vez en un ambiente social también corrompido y enfermizo.

Pero cabe también la lectura maravillosa, según la cual el muchacho está previamente habitado por alguna presencia sobrenatural, quizá demoniaca o espiritual, que lo empuja a cometer el asesinato del mataco, el cual a su vez pasa a habitar al muchacho y lo lleva a cometer nuevos asesinatos.  Esta lectura maravillosa puede construirse gracias a que el mataco, desde el interior del muchacho, parece saber el futuro, a partir de lo cual da instrucciones al chico.

Cuando la madre del muchacho lo abandona, éste sale a la carretera y aborda un vehículo, el cual le da aventón a un pueblo próximo. En el trayecto exhibe un comportamiento que puede caracterizarse de perverso,[20] al acceder a hacerle una felación al conductor que le parece aborrecible por su olor y por viejo, y sin embargo excitarse de cualquier modo con el acto. A bordo del vehículo, piensa en matar al viejo, pero la voz en su interior lo precave y explica que en otro lugar lo están esperando. Luego de esto, se queda dormido y sueña que muere y que “al otro lado de la muerte” lo espera “un chico hermoso como el sol”, al cual le entrega su lengua. A este chico hermoso lo identifica como “Su Salvador”.

Es decir, la lectura extraña continúa elaborándose si seguimos entendiendo su comportamiento como psicótico y su sueño como un delirio religioso. Pero, al mismo tiempo, sigue conformándose le lectura maravillosa, dada por la irrupción de lo místico, si por esto entendemos la relación humana con lo divino.

Luego, en una casa a donde paran a descansar, el muchacho está a punto de matar a un niño con la misma piedra con la que mató al mataco y a su abuelo, la cual conserva religiosamente, con un afán casi obsesivo. No poder cometer el crimen, debido a que la presencia del conductor lo interrumpe, lo pone de mal humor.

Finalmente, en la continuación del viaje, se introduce a la narración un accidente, a partir del cual ambos, muchacho y viejo, salen disparados, en dirección “al cielo”. El espíritu del muchacho, o lo que así es llamado, se desprende de su cuerpo. Y llega el final, el cual reproduciré íntegro para discutir cómo la lectura fantástica, que reúne lo extraño y lo sobrenatural en un solo orden, se mantiene e impera.

Antes de caer nuestra alma flotó por encima de los autos. La paloma nos miró pasmada, y nosotros vimos a la gente detrás de las ventanas de uno de esos edificios altos. Y ya en plena bajada, nuestros ojos se encontraron con los del conductor: era el chango más hermoso que habíamos conocido en toda nuestra vida. Nos miró con la boca abierta, con el puro asombro bailándole en los ojos. Es el Hermoso, el de tus sueños. Mi Salvador, pensamos, reconociéndolo, aquí te entregamos la lengua, tuya es nuestra voz. Un último sonido, y nos abrazamos a lo oscuro.[21]

En este final, vemos cómo la aparente incoherencia, el lenguaje como delirante, configuran una extraña experiencia que es narrada desde lo que puede nombrarse como una esquizofrenia.[22] Sin embargo, después de muerto, el muchacho sigue contando su historia, cuyo final implica también una lectura maravillosa, por narrarla desde la muerte, en donde ha tenido un contacto con una entidad suprema (las mayúsculas de “El Hermoso” y “El Salvador”, así lo hacen suponer), espiritual, en un trance que puede caracterizarse de místico. Lo fantástico, entonces, brilla haciendo tambalear ambas posibles rutas de la interpretación: la lectura que llamaremos “psiquiátrica” de lo extraño y la lectura de lo maravilloso de la posesión y la comunicación espirituales.


Conclusiones

Vemos así cómo la categoría de lo fantástico de Todorov nos es útil para leer este cuento como un texto de dicho género. La duda o incertidumbre, en mi opinión, en torno a si los acontecimientos narrados en el cuento son de un orden natural, pero extraño (la esquizofrenia), o si son causa de fuerzas y fenómenos sobrenaturales, es capaz de mantenerse hasta el final; y de hecho, el mismo final sigue textualizando y exagera estas posibilidades. Descartando una lectura alegórica o poética, optamos por la ambivalencia en este caso, en aras de apelar a una riqueza expresiva intrínseca del texto. De hecho, el narrador representado en el mismo interior del texto como protagonista ayuda a la configuración textual de la misma estructura de lo fantástico, al permitir una lectura ya sea desde la muerte misma (“lo oscuro”), o desde la locura esquizofrénica, manteniendo la tensión y la expectación del lector hasta el mero final.

De este modo, lo fantástico, en este cuento, cumple con ser capaz de cuestionarnos acerca de las estructuras de lo que llamamos realidad, lo que entendemos por locura y lo que nombramos como lo sobrenatural.

 

 

Bibliografía.

Colanzi, Liliana. 2017. “Chaco”, Nuestro mundo muerto, México, Almadía.
Galimberti, Umberto. 2002. Diccionario de psicología. México, Siglo XXI.
Todorov, Tzvetan (1980). Introducción a la literatura fantástica. México, Premia.

 

 

[1] Colanzi, Liliana (2017), “Chaco”, Nuestro mundo muerto, México, Almadía, pp.: 81-93.

[2] Todorov, Tzvetan (1980), Introducción a la literatura fantástica, México, Premia, p. 24.

[3] Ibidem, p. 25.

[4] ibidem, p. 24.

[5] ibidem, p. 30.

[6] Ibídem, p. 67.

[7] Ibídem, p. 66.

[8] Ibídem, p. 67.

[9] Ibídem, p. 69.

[10] Ibídem, p. 74.

[11] Ídem.

[12] Ibídem, p. 75.

[13] Ibídem, p. 128.

[14] Ibídem, p. 130.

[15] Colanzi, Liliana (2017): Op cit., p. 83.

[16] Ibidem, p. 84.

[17] Ídem.

[18] “Psicosis: Término psiquiátrico, adoptado también por el psicoanálisis, para indicar condiciones psicológicas cuyas características permiten distinguir las psicosis de las neurosis (v.) y de las psicopatías (v.). Dichas características, que pueden presentarse en forma aguda o crónica, temporal o permanente, reversible o irreversible, se manifiestan en una pérdida más o menos total de la capacidad para comprender el significado de la realidad en que se vive y para mantener entre uno mismo y la realidad una relación de sintonía suficiente para permitir un comportamiento autónomo y responsable en el ámbito cultural en que se vive.” Cfr.: Galimberti, Umberto (2002), Diccionario de psicología, México, Siglo XXI, p. 919.

[19] “Alucinación: Percepción de alguna cosa que no existe y que no obstante se considera real. Dicha percepción, que es involuntaria y acrítica, tiene los caracteres de la sensorialidad y de la proyección. […] Alucinaciones acústicas: el sujeto, que puede estar en condiciones de conciencia perfectamente lúcida y vigilante, oye voces y sonidos insistentes. Estas alucinaciones, que son las más frecuentes y las más comunes sobre todo en la esquizofrenia, se distinguen en alucinaciones acústicas elementales, o acusmas, como crujidos, silbidos continuos, ruidos y zumbidos, y alucinaciones más complejas, verdaderas voces que parecen provenir de una o más personas. El contenido, la mayor parte de las veces, es de naturaleza desagradable, como insultos, amenazas, reproches, órdenes y también continuos comentarios que causan especial fastidio. En ciertos casos se establece una especie de diálogo entre el sujeto y las voces. Cfr.: Ibidem, p. 50

[20] “Perversión: Comportamiento psicosexual que se manifiesta en formas atípicas respecto a la norma”. Cfr.: Ibidem, p. 817

[21] Colanzi, Liliana (2017): Op. Cit., p. 92 y 93

[22] “La esquizofrenia, reconocida en psiquiatría y en psicoanálisis, aunque con notables divergencias, se articula en formas significativamente diferenciadas de las cuales se deducen, como rasgos comunes: a] la disociación como limitación, distorsión o pérdida de los nexos asociativos comunes en el desarrollo lógico del pensamiento, en la correspondencia entre idea y resonancia emotiva, entre contenido del pensamiento y comportamiento; (…) d]trastornos de la personalidad con pérdida de la conciencia y de la identidad, de los límites del propio yo y en algunos casos del propio cuerpo que se percibe como diferente del mundo externo; e] alucinaciones perceptivas, sobre todo auditivas y visuales”. Cfr.: Ibidem, p. 433

 

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