Roger Waters “This is not a drill”

Por Greta Ortega

Roger Waters es sin duda un conspirador, en más de 40 años de carrera artística ha demostrado su inconformidad y ha hecho frente a las figuras políticas del antes y el ahora, a la injusticia, a la caza de animales por deporte; pero para muchos, sus discursos están llenos de odio hacia al mundo. Siendo ésta su gira de despedida, todos estos elementos no pueden faltar.

Si bien el espectáculo montado es tan cinematográfico como innovador, te hace sentir en una experiencia inmersiva, en donde hay que procesar las imágenes y su significado. Te cuestiona y te hace reflexionar, no sólo sobre guerra e injusticia, si no que, en esta nueva faceta, Waters ha logrado poner en equilibrio las partes de su todo.

“This is not a drill”, una idea conspirativa. Todo lo que vivimos, conocemos y habitamos es una simulación. Las fallas en la matrix y los regímenes bajo los que cada país se desarrolla no son más que una señal de alerta para mantener el control de las masas. Todo es planeado, calculado precisamente; pero si es así, ¿por qué sentimos? ¿por qué amamos? ¿por qué extrañamos?

“Querido público, si usted es una de esas personas que dice –Amo a Pink Floyd pero odio las políticas de Roger– sea tan amable de retirarse”[1] fue una de las frases con las que el ex miembro de Pink Floyd anunció que faltaban pocos minutos para comenzar. La primera impresión que da es de un show más de Roger Waters y sus discursos políticos, una versión poco interesante de “Comfortably Numb”[2] llena de pantallas mostrando un ambiente denso y lluvioso que divide el escenario.

Imágenes frecuentes acordes a la canción que suena, una película con música de fondo. Pocas veces he oído hablar a Waters de algo que no sea cultural o políticamente relevante, pero las dinámicas cambian. Un momento para hablar de su esposa, de su primer divorcio, de la vida que llevaba antes y después de Pink Floyd, un momento para hablar de Syd Barrett.

“La gente… cuando pierdes a alguien que amas, te sirve de recordatorio para saber que esto no es una simulación” [3]

Fue claro y preciso, una carta narrando las memorias con Barrett, el viejo Roger y de sus travesías apareció en conjunto con imágenes en la pantalla y “Shine on you crazy diamond”[4]. Amar, extrañar, sentir, son tan peligrosos como la guerra y la injusticia, pero son parte del ser humano, es orgánico, lo que nos divide de las máquinas y en el caso de Roger, lo que la vida y Syd Barrett le han dejado como lección.

Ahí hay un cambio, con esto demostró que los seres puramente racionales no existen, que él no está lleno de sentimientos negativos y que hablar de política y desigualdad social no es más importante que hablar de ser humano, de tener sentimientos, de extrañar a los que ya no están con nosotros y los recuerdos que tenemos. Que si viviéramos en una simulación estos momentos no serían posibles y que no podemos conformarnos con lo que los medios y el poder nos dice, la realidad existe y la podemos ver de diferentes maneras.

 

 

[1] Roger Waters en “This is not a drill, live from Prague”

[2] Pink Floyd “The Wall” 1979.

[3] Syd Barret Los Angeles, 1972.

[4] Pink Floyd “Wish you were here” 1975.

Publicado en Música.

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