Rollin´ Stone, historia de resistencia

Por Verónica Ethel Rocha Martínez

En 1948, Muddy Waters deleitó nuestros sentidos con una melodía titulada Rollin’Stone (Piedra rodante), era una propuesta cercana al blues, con matices de los cantos afroamericanos que solían ser parte de las melodías que al caer el día sonaban en los campos de algodón. Los ritmos de Muddy provocan una nostalgia que vibra en la sangre y como una piedra rodante nos hace buscar en el interior de nosotros mismos, la expresión de aquellos sentimientos innombrables que acompañan a toda vida humana.

Es así como, paulatinamente, estas voces liberadoras se abrirán paso por los parajes de la existencia, impregnando nuestros sentidos de lo inefable, lo sublime, dotando de voz a experiencias que se alejan de la creencia ciega e irreflexiva, de los prejuicios, del dogma.

Son ritmos nuevos para una época acomodada a un estilo de vida confortable, buscan trascender las fronteras temporales y nos obsequian los recorridos de otras piedras rodando, una de ellas la de Bob Dylan, quien lanza sus preguntas a un viento intrépido: “¿Cuántos años se puede existir hasta que se nos permita ser libres?”, “¿Cuánto tiempo tienen que volar las balas de cañón antes de ser prohibidas para siempre?”, “The answer my friend is blowin in the wind”.

Si el rock ahora no es reminiscencia es porque lo que cuestiona sigue siendo actual. En la vida habrá momentos en los que desearíamos pintar todo de negro y otros en los que dejamos una lágrima rodar, también tendremos instantes en dónde resistir lo es todo y trayectos erráticos de un vagabundeo silente, en todos, la música estará presente siempre con algo que decir.

El rock y los trayectos de la vida nos instan a entender cuán maravillosa ha sido la existencia combatiente. En el verano de 1968 se ubica la lucha por uno de los derechos civiles más esenciales como lo es la libertad de expresión, pero aun en pleno siglo XXI, justo cuando gozamos de los privilegios tecnológicos y de nuevos medios de comunicación que facilitan múltiples formas de expresión, bien vale preguntar ¿existe la libertad?

La memoria nos devuelve como respuesta la imagen típica de los años ochenta en México, cuando una “tocada” implicaba la llegada de la policía persiguiendo a jóvenes con pantalones entubados y tenis Converse que congregados en un baldío esperaban escuchar al Three souls in my mind.

Entonces, la resistencia se sigue engarzando, de forma tal que por supuesto que el rock también vibró en la caravana de la paz rumbo al “II Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo” en 1995, cuando Francisco Barrios “el Mastuerzo”, integrante de la banda “Botellita de Jerez”, nos obsequió entre ritmos de rock canciones de protesta inolvidables.

El rock nos cimbra, nos mantiene vivos, expone y posiciona la denuncia de sociedades globales, y por ello no debemos olvidar las voces femeninas, como la de Linda Perry de Four non Blondes, quien nos lleva de la mano a esa gran colina de esperanza que se hace imposible sostener cuando se aprecia con horror “…qué el mundo fue hecho para una hermandad de hombres” y que esta institución llamada sociedad, no cesa en mostrarnos esta diferencia. Cantamos juntas por una revolución del ser humano a partir de la cual exista la posibilidad de encuentro entre hombres y mujeres, sin jerarquía, sin violencia.

Pese a ello, cuánta ha sido la angustia de descubrir las expresiones más desgarradoras del mundo en las voces libertarias de bandas como los Rolling Stones, U-2, The Creedence Clearwater Revival, The Cranberries o Pink Floyd sin olvidar a personas entrañables como Janis Joplin.

Cómo olvidar la rola y la película The Wall, entonces, nos seguimos cuestionando si solo somos un ladrillo más en la pared o si seguimos sin tener tiempo para cambiar nuestras vidas, finalmente continuamos manejando nuestras máquinas cibernéticas recordando a Rockdrigo, el tamaulipeco que nos muestra las consecuencias del capitalismo en los sujetos hasta que solo son una sobra borrosa.

El recorrido aquí hecho quiere resaltar que el rock es una biografía de encuentros y desencuentros, de nostalgias y verdades dichas en un silencio sonoro, regalos de los desvelos en soliloquio de jóvenes aprendiendo un idioma diferente, tarareando en “su mente las verdades más sabidas”.

 

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