¿Denuncia social o Ruido Social?

 El caso de Eva María Beristain a través de una reflexión sobre la fotografía

 

Por Diego Medina

 

¿quién causó lo que muestra la foto? ¿quién es responsable? ¿se puede excusar? ¿fue inevitable? ¿hay un estado de cosas que hemos aceptado hasta ahora y que debemos poner en entredicho?

Susan Sontag

 

Como muchos escritores, llegué a la literatura gracias a una serie de fracasos previos. Mi escasa habilidad vocal cortó las alas de mi sueño de convertirme en estrella pop, supuse que al menos podría escribir canciones o poemas. También me interesaba el cine y la fotografía, pero en mi juventud los celulares ni si quiera tenían cámara, ni había recursos digitales como hoy en día. Sin embargo, a inicios de la pandemia tuve entre mis manos mi primera cámara semiprofesional, una Nikon D-3200 con la cual sigo disparando en la ciudad. Algo sabía ya de composición, puntos de fuga y texturas, pero fue gracias a Miguel Sánchez, un amigo fotógrafo profesional, que aprendí a usar la cámara con propiedad. A él siempre lo llevaré en mi corazón.

Con cámara en mano comprendí el vértigo que algunos escritores sienten ante la hoja en blanco ¿Y ahora qué fotografío? Me llama la atención lo urbano, lo erótico, los colores neón, pero también el blanco y negro, las expresiones faciales, la diversidad de rostros y cuerpos, la injusticia, la política, la arquitectura. En fin, tomar una fotografía es seleccionar, mutilar, elegir qué sale en la foto para “decir” lo que queremos, pero para eso es necesario tener algo que decir. Empecé a seguir fotógrafos en instagram, a mirar con ojo clínico sus composiciones, sus obsesiones con el color, la luz, el encuadre y las formas, todo es parte de un lenguaje subversivo, subliminal que contribuye al “qué decir” a través del “cómo se dice”.

Dicen que el camino al infierno está hecho de buenas intenciones, dicen también que el diablo está en los detalles. Noté que muchos fotógrafos amateurs, novatos como yo lo era, empezaban por hacer retrato de la vida cotidiana: fachadas derruidas, edificios abandonados, ruinas brutalistas; vestigios de tiempos mejores. Fotografías de vendedores ambulantes, policías de tránsito, marabuntas en los transbordes del metro, motorepartidores en aprietos, manifestantes, skaters, futbolistas, etc. Pero había un tipo muy común de fotografía con la que nunca me sentí cómodo: retratos de indigentes. Algunas de esas fotografías son excelentes, pero me preguntaba ¿qué me está diciendo esta fotografía? Lo tenía claro, pero no en palabras. Hoy puedo poner dichas imágenes en palabras. Muchas de esas fotografías pretenden ser ejercicios serios de vida cotidiana, incluso denunciar una realidad, pero me parece que la mayoría son sólo un alarde de técnica y de superioridad discursiva de parte del fotógrafo.

En Sobre la fotografía y Ante el dolor de los demás Susan Sontag reflexiona sobre la discursividad de la fotografía de guerra y advierte, entre otras cosas, que la fotografía es un ejercicio estético, así algunas fotografías de guerra bellísimas han sido consideradas falsas o menos verídicas por su elevada técnica, llevando a algunos fotógrafos a deslucir intencionalmente sus encuadres. Sucede que algunas fotografías son tan “perfectas” que parecen montadas y esto les resta credibilidad. Esto me parece importante porque nos obliga a reflexionar en el papel del cómo en la fotografía. Pensemos de nuevo en la fotografía de indigentes: me parece grotesco que algunos fotógrafos utilicen la basura, la calle, la indigencia para hacer fotografías “bellas” de dicLeer más

El sol de la memoria

Por Jonathan Mirus[1]

 

Toxqui, Nicté, Sol negro, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2024, pp. 75, [El ala del tigre, #15].

 

Hace algún tiempo trabajé con un concepto al que me gusta llamar poética del recuerdo. Con la bandera de mis vicios por delante, apliqué el termino al grupo de la revista Ulises, más tarde reunidos bajo el signo de Contemporáneos. El recuerdo, en este contexto, es una forma de escritura ligada a la vida autoral, el presente que siempre se vuelve pasado, pero que necesita un yo para funcionar como recuerdo y desencadenar diversos mecanismos. Algo de esto también lo encuentro de lleno en los retratos que les tomaron a estos autores a lo largo de su vida.

Cuando veo este tipo de fotografías, más allá de pensar en los conceptos de Benjamin, de Barthes o de Sontag, por mencionar algunos nombres del canon fotográfico, la verdad es que, cuando la obra se presta, lleno los propios vacíos con esta poética. Con esto último en mente, no sólo interpreto así el retrato, a veces también sucede con la fotografía del paisaje o con aquellas que provienen de un clic fortuito.

En ese sentido, es extraño encontrarse a veces en Instagram, hogar de la foto moderna, donde pocos recordarán sitios como Fotolog, Metroflog o Flickr (que aún existe). Esta generación, sean Milennials, Centenials o Z, aprendió que la libertad de las redes sociales era mucha y algunos nos muestran solamente un vacío negro en la aplicación, ya sea por una presión social diferente o por mesura ante la inseguridad del país. Con esta premisa, el instante se vuelve eso, un fragmento no capturado en una historia o un reel que borrarán con el tiempo. Por mi parte, yo provengo todavía de los álbumes de fotos, pero no de un momento tan “aesthetic” como para haber usado las polaroids originales. Sin embargo, sí para comprender el mundo de las cámaras desechables o de turista, con rollos Fujifilm o Kodak, donde el recuerdo se sostenía en las filminas que tenían que ser reveladas en alguna tienda especializada. En las fotos de cualquier tipo, sean artísticas o personales, siempre hay unLeer más

Poema colectivo después de leer a Ana María Rodas

Por Laura V., Jaazia, Victoria, Cristy, Valeri, Margot, Paloma, Gloria, Almario, Nat y Ximena

 

I

Hay que aprender a escribir 

con el corazón roto

hay que aprender a vivir 

con el corazón roto. 

 

Mirando de frente las cosas diminutas. 

Con la ausencia del ser querido, deseado, 

sobrevivir al deseo imposible, distante.

 

También hay que aprender a desear,

 a querer 

y a escribir en medio de la laguna podrida, 

de la guerra, 

en medio del fin. 

 

Hay que aprender, tanto hay que aprender, todo hay que aprender. 

hay que recordar, tanto hay que recordar, todo hay que recordar.

Y sin embargo, no obstante… 

 

          déjame…

                          pensar un poquito en el amor que no fue, en la utopía de la revolución,

          regálame…

                         una chispa que me encienda la sonrisa de vez en cuando.

         déjame…

soñar, palpar, añorar

Sueño con unos ojos negros

abiertos y brillantes como el sol, 

el fulgor de la mirada encendida 

que me dice “aquí estoy, aliméntame”.

Palpar tu mano y viajar.

 

Eres y serás 

Añoro tu presencia, 

mi lugar en el mundo

Enmarcado por tu andar.

Mi pasado,

mi presente y mi futuro. 

 

Mi razón para

                 Soñar, palpar, añorar. 

                 que la fiesta no termine, porque si no es contigo será con otras,

                las otras. 

 

II

Allí, entonces,

con una palabra

destruyo tu simulacro 

viril,“revolucionario”:

Clítoris
           Clítoris

                              Clítoris

                                        Clítoris

                                            Clítoris

No lancé ni una bala.

Tan solo una palabra.

 

Tu lugar de las ideas

es gesto genocida;

te importa tan poco el mínimo gesto de vida 

que al mundo entero masacras rompes quiebras.

Dejas rastro del siniestro y lo niegas,

como si nadie fuera a enterarse 

sobre en qué monte de huesos 

fundas todas tus victorias.

 

¿Que piensas y luego existes?

Yo sientipienso y SOY:

R E V O L U C I O N A R I A.

Si te dejo escurriendo el ego,

es lo único que entre tú y yo 

va a correrse

porque yo sé reconocer mi deseo, 

atino a mirar tu cuerpo

y no le temo a palparlo con manos

lengua 

uñas. 

 

No sabes construirlo

se  carcome el tiempo

y mi deseo lo moldeo a solas.

 

No demando tu amor ni tu atención 

soy mÍa

muy mía.

Si vienes a llenar mi cabeza de palabras

no diré nada

no porque no me importes 

pero acá que cada quién cargue

con su vida,

yo me hago cargo de mi deseo

lo sé es muy mÍo no lo comparto

lo abrazo nos llenamos.

 

No pienso compartirlo

ha sido doloroso encontrarnos reconocernos.

 

Me erijo Mujer pensante, 

conocedora de mi cuerpa

de sus sensaciones y apetitos

razón, pasión, 

voluptuosidad, deseo,

ternura y violencia,

sin temor a escribir y nombrar

los territorios prohibidos.

 

Mujer en un silencio calmo 

y en un grito de placer.

No vírgenes, 

no complacientes con otros.

Reconocer el valor del cuerpo 

y nombrar a la entrepierna con alegría

es nuestro arte

la victoria de la poesía 

de la venganza de la carne.

 

               Vulvas parlantes, cuerpos que vibran 

               y voces que convocan a las hermanas del alba 

               a soltar la obligación de ser desde el sufrimiento.

 

Apoderarse de la palabra 

y reconocerla nuestra hermana.

El gozo de una “aaaaaaaah” 

que se prolonga                 

sonido gozoso, no performático, 

del ser mujer.

Escupiendo los decires de nosotras.

Escribiendo nuestros propios textos.

 

Quitando los pies que aplastan, 

que nos empequeñecen 

porque nos temen. 

 

Libres para elegir, 

          libres para sentir 

              y libres para pensar.

 

III

Alguien nos robó el fuego.

Fue en nuestra estufa en donde comenzó.

Maestras de la fricción chispeante.

Fuertes, suaves y deseantes

 encontramos los sabores.

 

Antes nos quisieron

fuimos territorio del deseo

juego 

conquista 

luego nos escondieron en una cocina

a lavar y criar

nos apagaron en demandas

y nos llamaron madresLeer más

Un hombre diferente: envidia y (no) trabajo de sombras  

Por Sergio E. Cerecedo

 

La vida cotidiana, a diferencia del cine, puede no tener un tono constante, si alguien filmara un personaje haciendo swipe en su celular diez minutos, y aunque así sucedió, así fue ese segmento de vida, mostrado tal y como es no nos significaría mucho y lo encontraríamos sin sentido, por eso configuramos un lenguaje audiovisual, que puede entretener, darnos un punto de vista o tener múltiples intenciones alrededor de ¿cuál personaje está mirando el mundo y cómo lo está mirando?, un mérito muy grande en esta película es que desde su construcción, guion, ritmo, dirección, nos parece muy cotidiana sin que sintamos que no pasa nada. Puede haber un chiste para luego darnos miedo, después conmovernos y hasta hacernos enojar; esta profundidad y simpleza es lograda, porque del tema y su enfoque tiene mucho que decirnos y lo lleva a sus últimas consecuencias.

 

Edward Lemuel tiene una neurofibromatosis que le hace crecer con la cara desfigurada, una condición que vulnera su mente y autoestima; ya no tiene padres y su propia inseguridad derivada de su físico le aleja del mundo y del concepto de belleza hegemónica no se siente libre de expresar sus sentimientos por una vecina aspirante a dramaturga a quien se acerca de forma muy natural y con quien entabla una amistad genuina, el rumbo que quiere tomar como actor le es condicionado a roles acordes a su físico en videos corporativos sobre el mismo tema. Él no quiere estar limitado por ello, y encuentra un tratamiento experimental para curarse paulatinamente, durante el camino experimenta dolor, pero va logrando ese cometido, hasta que su piel hinchada cae totalmente como una crisálida y de ahí emerge un humano difereLeer más

El acuerpamiento de un pueblo originario de la Ciudad de México en contra del proceso urbano de gentrificación

Por Ana Belén Sánchez Jiménez

¿Qué nos sugiere la construcción de la ciudad que necesitamos los habitantes de grandes cuidades como es el centro de México? Cuando observamos como transeúntes o como habitantes los espacios del centro, el sur, el norte, el oriente y el poniente de manera particular se asoman cambios grandes que están presentes no solo en lo que observamos, sino también en cómo vivimos el espacio en donde habitamos y somos ciudad. Porque la brisa del aire fresco no se filtra más por las hojas de los árboles para quitarnos el calor bochornoso que sentimos cuando la temperatura alcanza más de treinta grados centígrados y lo que se erige hoy en los lugares donde yacían estos árboles son una cantidad aberrante de edificios residenciales y comerciales de lujo, que detonan el ruido que el sistema mundo predispone, ese que se escucha cada vez que quienes tienen el poder adquisitivo consumen todo lo que se produce cada día como un elemento de vital importancia para satisfacer “necesidades”, pero que habla del caos porque, mientras tanto, el agua, la luz natural, un aire limpio, la tranquilidad de saberse pertenecientes a un lugar no existen y en cambio se establecen acciones de despojo, para sustentar la vida que se construye con dichos proyectos.

El sector inmobiliario y comercial han ganado terreno en las últimas dos décadas, más que nunca en el centro de la ciudad, porque este centro simboliza poder, mismo que tiene este centro como resultado de su ambiente natural y su construcción histórica. Misma, que deja reminiscencias en los habitantes que construyen el presente de un lugar que más que ser un centro de inversión y consumo para ciertos actores sociales, es un espacio de pertenencia por lo que significa para quienes se autonombran o se reconocen como pueblos originarios, pues en estas comunidades se acentúan valores que emergen del origen, del pasado, de la tradición y de la memoria que pervive en su actuar cotidiano, porque es en lo cotidiano en donde se modifican los valores. Asimismo, la vida que va construyendo el poder de la industria inmobiliaria en sitios de la ciudad que tienen historia y memoria colectiva también borra lo anterior cada vez que las políticas públicas de desarrollo urbano y el poder económico del sector privado se unen para reconfigurar el paisaje urbano en la actualidad. La renovación y la inclusión son discursos que giran entorno a los cambios de los que somos presentes cada día cerca o lejos de nuestro habitar, como ciudadanos interactuamos con esta nueva forma de Ciudad que evoca el desplazamiento de quienes no comparten la visión del mundo que se construye y se reafirma cada día con un nuevo complejo residencial y comercial, identificando este proceso por parte de académicos expertos en temas de urbanismo, antropología y política, pero también por quienes han sufrido los efectos de este accionar que es nombrado como Gentrificación. Es entonces que hay preguntas imprescindibles para comprender las transformaciones actuales en el espacio urbano, como ¿qué es el proceso de gentrificación? ¿qué elementos podemos percibir nosotros como ciudadanos entorno a los cambios que surgen con este fenómeno urbano? ¿quiénes son los pueblos originarios de la Ciudad?, ¿por qué están siendo afectados? y ¿Cuál es su hacer frente a las consecuencias que origina la gentrificación?

 

Origen del término gentrificación

La primera ocasión en la que se utiliza este término es en la década de los 60´s en el Reino Unido, la socióloga Ruth Glass observa cómo es que los obreros que habitaban algunos barrios cerca del centro de Londres son desplazados por la llegada de habitantes de clase media alta a dichos sitios, puesto que en este proceso se transforman y se forman los lugares de acuerdo a las necesidades de los nuevos residentes, que conforme a los diversos estudios urbanos que se han realizado hasta la fecha se percibe que siempre son personas que tienen un mayor nivel adquisitivo en contraste con los habitantes que originalmente residen en cierto espacio territorial. Por tal motivo, la condición social de los recién llegados genera que se renueven edificaciones de carácter residencial y espacios que los circundan, por consiguiente, se produce un incremento en las rentas y/o compra de las viviendas de las que se desplazan los habitantes que en ese momento formaban parte de la clase obrera. Es así, que la marcada diferencia que presenció Glass entre estos estratos sociales propició que eligiera el derivado “gentry “que hacía referencia a una condición social burguesa rural que es típica de Gran Bretaña y a manera irónica surge el antecedente del término actual (Diaz, I. 2013; Saldaña, D. 2024).

 

Características de la gentrificación en el caso Ciudad de México

A partir de dicha mención en cuanto a cómo es que se genera este térLeer más

A la luz de las divas pop

Por Diego Medina

Hace unos días se viralizó un video en el que una residente de Sao Paulo le pedía al alcalde llevar más divas pop a Copacabana, “no hombres, divas pop” repitió efusivamente la mujer. La petición, junto a los números que lograron Lady Gaga, Shakira y Madonna en la playa brasilera, nos revela algo que por transparente parecía invisible: la influencia de las divas pop marca las sociedades y puede que hasta las transforme, muy a pesar de la ortodoxia de los camaradas más puros.  “Cuando un gay es joven elige una diva pop y ésta será su guía el resto de la vida”, se puede leer en una publicación de humor pop. Me atrevo a decir que tal elección es comparable con la que hacen los fifes cuando escogen el equipo al que le dedicarán porras el resto de sus días.

La necesidad de destacar las ventas de discos, el posicionamiento en las listas, los estadios llenos, los premios y las nominaciones se convierten en una guerra santa en los comentarios y publicaciones de redes sociales, aunque a fuerza de ser sinceros nunca hizo falta Instagram o tik tok para la vorágine de pasiones en la que se enfrascan los fandoms de las divas pop. Hay en estas celebridades un apostolado casi erótico. Sin embargo, se menosprecia su influencia, así como las diosas del viejo mundo fueron degradadas a brujas por el catolicismo, la modernidad dialéctica insiste en reducirlas a barbies útiles al capitalismo, incapaces de pensar por sí mismas y, mucho menos, de rebelarse contra el sistema que las canonizó. Y si alguna se atreve, que piense en Sinnéad O’Connor antes de abrir la boca.

Habría que pensar en las veces que las divas pop, sin bajar del OlimpoLeer más

Análisis de la cinta “Tideland” | Sobre las consecuencias sociales en el abandono infantil

Por Carmina Cardiel

 

Terry Gilliam, director de “Los caballeros de la Mesa cuadrada”, “12 monos”, “Miedo y asco en las Vegas”, entre otras cintas que jamás han pasado desapercibidas en los festivales de cine, en 2005 estrenó con muchas dificultades una de esas cintas que no te quedan ganas de volver a ver porque lo que viste ha sido demasiado: Tideland.

En la portada vemos a la pequeña protagonista sentada en la rama de un árbol sosteniendo con el dedo la cabeza de una barbie y, en general, un paisaje en tonalidades de paz al revés que curiosamente encaja y desencaja al mismo tiempo con la imagen y con lo que se ve en la cinta.

 

La infancia como tesoro humano

Jean Piget describe la etapa de la infancia humana como un proceso activo de construcción del conocimiento. El/La niño/a interactúa con el entorno atravesando diferentes etapas que van desde la inteligencia sensorio – motora, hasta las operaciones formales, donde su pensamiento evoluciona desde la dependencia de lo físico y lo egocéntrico hasta la capacidad de abstracción y lógica.

Por su parte, Lev Vygotsky enfatiza que el desarrollo infantil está profundamente ligado al entorno social y cultural. Los niños aprenden y desarrollan sus funciones mentales superiores (como la atención, el lenguaje y el razonamiento) a través de la interacción social y la guía de adultos o pares más experimentados.

Es decir, la infancia podría decirse que es la etapa más importante en el desarrollo de un ser humano porque es donde aprende con mucha rapidez todas las herramientas de socialización que le ayudarán a desenvolverse de determinada manera en el contexto del mundo que lo arroja a la vida. Esta es la etapa en donde un individuo aprende a comunicar y gestionar sus emociones, pero siempre acompañado de algún adulto que guíe ese aprendizaje. Los seres humanos, recordemos, somos la única especie incapaz de sobrevivir sin los cuidados del grupo, de la sociedad entendida como familia, pero también como entorno social.

Tideland me parece que es una obra profundamente incómoda de ver porque nos obliga a mirar uno de los problemas sociales de los que casi nadie quiere hablar y no por ello desaparece: el abandono infantil. El director, creo yo, hace un gran trabajo creando un ambiente sumamenteLeer más

Perseverancia

Por Sergio E. Cerecedo

 

Al escribir estas letras me siento feliz de atestiguar una obra llena de buena voluntad que estuvo en el festival DOCS MX y en salas como la del cine Tonalá, donde tuvo lugar la presentación de este documental. El cual, dentro de una estructura sencilla, nos propone un viaje a través de la obra y el ser, así como de la nunca vana búsqueda de un artista por cambiar el mundo. “Perseverancia” nos recuerda precisamente que cada quien tiene un tipo de búsqueda de libertad, y los hechos y estructura social que rompen ciertas cadenas pueden solidificar otras cuando una persona, grupo o institución dejan de oír a las voces distintas.

 

En el pueblo de Cuba que da título a la película, Tomás Sánchez nace con una sensibilidad estimulada en casa aún con las reservas que se tenían hacia las artes. Los maestros también apoyaron su desarrollo hasta volverse estudiante, artista y profesor de la escuela de bellas Artes. La película se centra en su periodo en Cuba, desde su infancia, sus estudios como artista y su vida en la meditación, disciplina que involucró y moldeó su obra. De cómo su paisajismo se transformó a partir de su contemplación del mundo y se desromantizó cuando viajó y descubrió la existencia de grandes basureros en su estancia en  México, donde su concepción cambió al descubrimiento del paisaje invadido por los desechos, en peligro de morir, consciencia que siempre expandió a través de sus piezas.

 

El trabajo fotográfico es homogéneo y bello dentro de la colaboratividad que conlleva un documental realizado durante varios años —por cuestiones de agenda y de los viajes internacionales que conlleva, en un trabajo como éste no siempre pueden estar los mismos miembros del crew— siendo todo el tiempo natural y cercano a los personajes, pero tambiéLeer más

Mientras hablar sea gratis

“Badlands”

Por jaazia

 

Volvimos, no estaba de parranda, andaba muriendo. Vaya manera de iniciar el año ¿no? A todas las circunstancias horribles que han ocurrido en el mundo en los últimos meses se me sumaron algunas cuestiones de salud que me entorpecieron la escritura de esta columna, si me extrañaron, una disculpa, si no, bienvenidas. De cualquier manera, estamos de vuelta.

Otro tropezón para esta columna fue que el tema de la escritura me tomó por completo, me desquicio, sigo pensando, leyendo y dialogando al respecto, por eso, daremos una pausa y continuaremos con ese temita más adelante.

Mientras, me gustaría platicarles que vi Depredador: Badlands, una peli palomera, entretenida, no me interesa entrar en detalles técnicos o narratológicos, más bien quiero hablar de las sensaciones que me generó. Me dejó una sensación de satisfacción, una ligera felicidad, una breve veta de esperanza. 

En este relanzamiento, la franquicia le da un giro a la historia ya conocida, desde la peli anterior de la saga Prey, en este caso El depredador es el protagonista. El personaje es conocido por su deseo de “superación” (por llamarlo de alguna manera) o las ganas de querer ser siempre el mejor (típico de varón, a ver quién la tiene más grande), el gran depredador, aunque siempre pierde y ganan los héroes humanos, a veces con la ayuda de los propios depredadores.  

Bien, la narrativa del personaje ya es conocidísima (si no, vayan a ver las pelis, léanse el wikipedia o, si son vagas como yo, véanse el resumen así nomás). Pero lo que me resultó reconfortante fue la narrativa de la historia en la que nos cuentan (una vez más) que nadie se salva solx, ni siquiera el mismísimo depredador.

Vamos por partes, la historia inicia contando un poco sobre la sociedad depredador y cómo se les valora dependiendo qué tan chingones son, qué tan chicos o tan grandes son (típico de varón) y cosas por el estilo. Nuestro protagonista tiene daddy issues (¿Quién no?) y para tener la aceptación de su clan y de su papi decide ir a cazar a la presa más grande y temida en el planeta más hostil y peligroso (sorprendentemente no es la Tierra).

Hago un paréntesis aquí, es cierto que tengo una postura en contra del fin de la metáfora, pero en este caso me gustó que le llamaran a este lugar Badlands. Si bien su títLeer más

Mayo de fuego y la liturgia de la hospitalidad en el Festín de Babette

 Por Diana Peña Castañeda[1]

Aunque el fuego ha existido en la naturaleza desde la eternidad, cuando los antepasados frotaron piedras y palos, el invierno se volvió más tolerable y el peligro pudo ser ahuyentado. Después, alrededor del fuego no solo se cocinaron los alimentos, también comenzó a organizarse la vida humana. Y entre esos descubrimientos, el lenguaje fue uno de los más magistrales.

Si fue Prometeo quien lo robó a los dioses o un animal exuberante a un ser maligno, lo cierto, sin duda, es que el favor fue para la humanidad. El fuego no solo ilumina y da calor, que ya de por sí eso es absoluto. Es por excelencia, fuerza vital, el elemento que purifica, congrega, el que genera emoción. Quizás por eso, incluso en estos tiempos, el pequeño emoji de fueguito no es más que la necesidad de permanecer.

Además sostiene al cuerpo cansado, al peregrino, al enfermo, al hambriento. En definitiva, es derecho a la existencia. En El festín de Babette, ella recrea esa simbología como una liturgia a través del acto de la hospitalidad y compartir la mesa:

“Babette había puesto una fila de velas en el centro de la mesa; las pequeñas llamas brillaban sobre las chaquetas, los vestidos negros y el uniforme escarlata y se reflejaron en los ojos claros y húmedos…”

Babette ha cocinado una gran cena como agradecimiento a las mujeres que la acogieron. Pero en el fondo lo que busca es resucitar su mundo perdido, por eso transforma el fuego en una gran belleza.

Describe Isak Dinesen que primero llegó el amontillado. Un jerez oscuro y profundo. Sus notas a frutos secos y madera hicieron que el general, uno de los invitados, alzara las cLeer más