Poesía colectiva: después de leer a Carmen Naranjo

Por Valeria, Laura V., Jazzia, Gloria, Margot, Paloma y Ximena

Hoy, como una carta de amor, de despedida y de bienvenida, te escribo a ti Carmen, a la Naranjo. La creadora de cartas que imaginan poetas más humanas, poetas vivas que respiraron en su tiempo paisajes tropicales, vegetación encendida, latiente. Te pienso como a tantas otras, en un tiempo y un espacio. Perdidas, en un tiempo y un espacio. 

 

El momento ES,

sin fecha exacta.

No importa cómo, ni cuándo: 

he llegado a tus letras.

O, ¿tus letras llegaron a mí?

No importa la respuesta.

HOY, tu lengua es la mía.

En voz alta canto un tiempo 

del que no sabía. Tu grito, 

metáfora anacrónica

de mujer enana, diminuta,

que se nombra.

Tu palma dio vida a

azules relumbrantes

palabras que no dejaste dichas 

y hoy nos arremeten a otras

la boca y las costillas,

revientan y salen para llamarte.

Red de voces que se anuncian:

AQUÍ. Me atrapan atrapándote

memoria que no es mía, 

pero ES. Certeza.

ALLÁ hirieron tu cuerpo,

machacaron tu alma, 

le dijiste a Clementina.

Pero AQUÍ conjuramos tu voz y la suya:

te levanto entre los muertos 

sin traerte de vuelta al dolor de la vida;

suaves palabras que diste a otra en su ausencia

y que nosotras recogemos hilando fino

el telar de una voz que somos con ustedes,

las poetas.

Comprendemos

           sentimos

           sabemos

que a través de tu pluma reivindicas 

la existencia de mujeres

que vivieron comprometidas con su tiempo.

 

En el sonido de una lluvia

y después en el silencio

bajo el cielo cargado de espera

la angustia dibujó el recorrido rojo,

primero del fuego 

                               luego el de la vida

que se derrama en el suelo 

de aquella noche.

Fue en la oscuridad, nos dijiste.

La recordaste para nosotras

que acudimos a su encuentro: 

 

hubo quien te reconoció en el asombro

de ver tu rostro, tapó el horror con sus manos.

Te recordó Carmen Naranjo, Clementina.

Te reconocimos nosotras en las palabras 

que ahora declaran tu muerte.

Recorrimos tu cuerpo, encontramos 

el acto cobarde que quebró tu vida

cruzando versos con los que ahora

te traemos AQUÍ, con nosotras 

para sacarte del espacio donde actúa 

la mano de quien se siente invencible.  

 

Para terminar de nombrarte 

quebraron tu cuerpo,

así se construye  el miedo

                      —lo sabemos—

bajo la impunidad de un silencio

que nosotras hemos interrumpido.

 

Por eso, gracias 

              Carmen

              —poeta, mujer, tica—,

por dejar a la piel

habitar el recuerdo vivo  

que nos canta 

que aún en tiempos turbulentos

tenemos la capacidad de amar 

con pasión,ver y reconocer 

la paz y la ternura 

en nuestras vidas,

saber que la belleza de un poema 

habita la vida misma

en su cotidiano de manchas

cordilleras y distancias

que a veces se vuelven diminutas.

 

Ante ti y las poetas que nos precedieron

entregamos la palabra y el sonido.

Sabemos que siempre queda un algo,

una presencia que deja de ser inútil,

insospechado recorrido de árboles libres

y rincones íntimos…

Hemos entendido a través de sus palabras

de la poesía que parieron un día nublado

o de sol perpetuo

que hasta que dos cuerpos atrevidos 

se desesperen y desprendan,

la inútil bomba 

dejará su retumbar constante 

en la lejanía absoluta de los versos

de las noches sigilosas 

del susurro que es 

tiempo adherido al hueso,

al techo,

a la calma.

 

Hacemos poesías que dicen:

 

Anochece sobre el cuerpo

                                    un último dolor 

                                    ayer de flores vacías

                                    bajo el sol

 

ausencia de sal

                                    en el nombre 

                                    borde de mis aguas

 

                                    La fiebre

                                    se ha precipitado

                                    en otras formas 

                                    de pronto crecen

                                    un par de ramas 

                                    hojas que amarillan

                             el tronco seco de mi espalda.

 

Anatomía poética del amor y del dolor

que nos enseñas

enciclopedia sensorial

recuerdos vagos que transitan 

en un tiempo sin tiempo

por la ventana del mundo herido

bajo la cortina nebulosa del pasado

del legado de poetas videntes.

Carmen ausente

Carmen presente

Carmen de memoria

que llama a otras

Carmen que resiste 

persistente

a través de la poesía que la abraza 

y la envuelve en un libro sin tiempo

sin adherencia a los minutos 

para ser escuchada por otras voces

palabras

poema sin horas

como una lápida de rosas y hojas

acariciadas por el silencio 

con que ahora tocamos la memoria 

de las que han sido.

 

 

 

 

 

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