La superioridad moral de los que siguen en casa

Alexander Klimek Albarrán[1]

LA SUPERIORIDAD MORAL DE LOS QUE SIGUEN EN CASA.

Estamos cumpliendo un año en el que nuestras vidas sufrieron un gran percance, una pandemia de gripe cambió por completo el mundo que conocíamos, tuvimos que encerrarnos, los que pudimos y tuvimos ese privilegio, otros tantos que viven al día o cuyas actividades laborales son consideradas esenciales han tenido que arriesgarse y salir para conservar sus empleos y sostener a la familia. Independientemente de la efectividad, todas las medidas tomadas han sido para poder inhibir el número de casos en todo el orbe, de disminuir el carácter exponencial que tiene esta enfermedad.

Cada país se avocó a lo suyo, recetas para combatir esta catástrofe ha habido cientos, unas más allegadas a la ciencia y otras tantas aparentemente influenciadas por pasiones ideológicas. Países que han adquirido deuda para poder subsanar el desgaste económico y cierre de llave que implicó el encerrar a la mayor parte de la población, otros que han intentado sortear las consecuencias del confinamiento sin adquisición de deuda, prácticamente utilizando los recursos económicos que ya hay. En ocasiones se ha visto que son medidas austeras a costa de dejar desprotegida a la población vulnerable, el ¡Sálvese quien pueda!

Es el tiempo el que dará respuestas y con el paso de éste podremos tener un panorama de qué naciones han tomado las mejores decisiones, sopesando en balanza los sacrificios económicos que sin duda dejarán impacto en las generaciones futuras. Lo que es un hecho es que a un año de la pandemia es prácticamente imposible seguir limitando las actividades de las personas, al final, somos seres sociales y como seres sociales necesitamos el contacto físico. Menciono esto porque el hecho de que unos estén en casa y otros no ha generado polarización en la sociedad, unos hablan o escriben desde el privilegio, y digo privilegio porque trabajan desde casa como un servidor, con acceso a todos los servicios para solo salir a realizar las actividades “esenciales”, por lo que he visto y leído, gran parte del sector privilegiado martiriza y pretende menospreciar y hacer ver menos inteligente al que salió a vacacionar en puente. Difícil es para uno seguir los pasos de ese individuo que salió y saber si ha tomado las medidas de sana distancia e higiene al viajar, es imposible seguir casos individuales y dar por hecho que las personas que están afuera no están tomando las medidas de protección que todos ya conocemos. Es estrictamente necesario estimular las actividades económicas e incentivar la derrama económica en actividades que por varios meses estuvieron detenidas, es por eso que los gobiernos del mundo han implementado la semaforización, misma que se alimenta de los datos estadísticos como ocupación hospitalaria, casos activos y estimados, entre otros.

Es importante reconocer que a un año de que la Organización Mundial de la Salud declaró el SARS-CoV-2 como una pandemia, misma que nos metió en un confinamiento que marcó nuestras vidas, la gente no va a volver a confinarse para detener por completo la vida fuera de casa, esto porque la cicatriz emocional, social y económica es ya demasiado grande y el daño no solo es mayúsculo, es un suceso que siempre será recordado y pasará como un capítulo de la historia de la humanidad particularmente gris, por eso debemos aprender a convivir con esta enfermedad, limitando nuestra movilidad de acuerdo a nuestras posibilidades y necesidades, recordando que mis necesidades no son las mismas que las tuyas y respetando nuestras diferencias.

Debemos aprender a vivir nuestra nueva normalidad con responsabilidad, tener muy claro que el mundo antes del COVID-19 ya no volverá. Esperemos que la distribución de las vacunas se democratice con el fin de evitar el acaparamiento en función de las posibilidades económicas de cada nación. Hay información de países como Estados Unidos y Canadá que han comprometido a las farmacéuticas, a manera de subasta al mejor postor, a que les hagan llegar cantidades de dosis que llegan a ser hasta 3 o 4 veces la cantidad de su población, mientras que hay más que un puñado de naciones que no lograrán vacunar ni a un solo habitante en este 2021. Por eso la importancia de iniciativas como COVAX, que busca un acceso equitativo mundial a las vacunas.

 

  1. Alexander Klimek Albarrán. Licenciatura en Administración, egresado de la Universidad Autónoma Metropolitana. Desarrollo profesional en comercio exterior, con amplia experiencia en el medio. Crítico de la sociedad actual, gusto por la lectura. 29 años, guerrerense viviendo en Monterrey, Nuevo León.

 

Publicado en Opinión y etiquetado , .

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *