Conflictos en el Cáucaso: El juego de la geopolítica avasallada

 

Por Miguel A. Ramírez-López[1]

Cargo mi pipa con pequeñas hojas de tabaco turco, aroma suave que me remite a los plantíos tabacaleros dieciochescos de tradición otomana. Incontinenti, doy un sorbo prolongado de kvas mientras contemplo que el vacío del contenedor se tizna de porciones diminutas de espuma apilada; en tanto que el vaso suspende momentáneamente mi realidad, fungiendo como monocular transhistórico, transportándome a la Rus de Kiev.

Me percato que el silencio me acompaña en mi degustación trascendental, por lo que me dispongo a reproducir dos composiciones clave. En primer lugar, Ceddin Deden, compuesta en el siglo xvii y escrita patrióticamente por nacionalistas otomanos en 1911, antes de la caída imperial. En su letra se pueden apreciar fragmentos de un jingoísmo que se acercaba a su fin:

Ceddin deden, neslin baban

Hep kahraman Türk milleti

Orduların, pekçok zaman

Vermiştiler dünyaya şan.

Türk milleti, Türk milleti

Aşk ile sev milliyeti

Kahret vatan düşmanını

Çeksin o mel’un zilleti.

Tu antepasado es tu abuelo, tu linaje es tu padre

Siempre heroica, la nación turca

Su ejército, durante mucho tiempo

Se hizo famoso en todo el mundo

La nación turca, la nación turca

Ama el nacionalismo con pasión

Destruye, oh Nación, a tu enemigo

Déjalos sufrir en su maldita desgracia.

Asimismo, la Marcha serbo-rusa —coloquialmente conocida como Marcha Eslava— de Chaikovski que compensa el nacionalismo de la composición otomana. Pues se trata de una pieza que refleja el paneslavismo zarista, luego de que soldados turcos asesinaran a creyentes eslavos de fe cristiana. Esto provocó que Serbia, apoyada por Rusia y Austria, declarara la guerra al Imperio otomano.

Pero, ¿por qué tanto postureo y esnobismo? Ni uno ni otro, señoras y señores. Lo antes expresado alude a circunstancias que afectan al aquí y al ahora.

Desde el 12 de julio del 2020, los ojos del mundo se dirigieron a la alerta que el Ministerio de Defensa de Azerbaiyán anunciaba: la violación del cese al fuego y, en consecuencia, la muerte de tres soldados azerbaiyanos por parte de las fuerzas armadas armenias.

Lo anterior condujo a que se reanudara, nuevamente, la disputa territorial por la región del Alto Karabaj. En consecuencia, el pasado 27 de septiembre de 2020, tanto Azerbaiyán como la República de Artsaj y Armenia aplicaron la ley marcial, movilizando a sus tropas.

Esto atrajo la preocupación internacional que se hiciera manifiesta con los comunicados de la ONU, la Unión Europea, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, y el Consejo de Cooperación de los Estados de Habla Túrquica, incentivando a las partes a reestablecer las negociaciones de manera pacífica.

A pesar de que este conflicto castrense pareciera reciente, sus antecedentes derivan de pugnas étnicas, lingüísticas y religiosas durante el devenir histórico, más que netamente políticas. Por lo que daremos una ojeada al germen de esta controversia.

Durante los siglos ix y vi a. e. c., el territorio fue ocupado por urartianos, gómeres, sakas y medos, asimilando estos últimos a las demás etnias. Posteriormente, el auge del reino independiente de Armenia Mayor (durante el 190 a. e. c. y el 165 e. c.), y ulterior protectorado romano (entre el 165 y el 428), gozó de cierta unidad identitaria pese a su condición como Estado colchón entre el Imperio persa y Roma.

Como resultado, Armenia Mayor pasó a dividirse en dos provincias: la Armenia bizantina, cuyos habitantes profesaban en su mayoría el cristianismo y se expresaban en armenio clásico, lenguas arameas y la lingua franca, el griego medieval; y, por otra parte, la Armenia persa que estaba distribuida entre cristianos, maniqueos y zoroastristas —luego musulmanes—, así como hablantes de armenio clásico, mandeo y pahlavi sasánida.

Durante el Medioevo, la región se erigiría como el principado de Jachén, controlado por armenios. Sin embargo, a fines del siglo xii arribarían grupos selyúcidas de la dinastía túrquica oguz, provenientes de Asia Central. Estos grupos de origen túrquico eran hablantes de las lenguas homónimas a éste, por lo que su filiación lingüística está emparentada con los grupos de habla azerí, idioma actual de los azerbaiyanos.

Con esto me refiero a que es altamente probable que durante este período los ascendientes de ambas culturas hayan coexistido y no necesariamente de manera amena, pues las sociedades selyúcidas tenían como propósito desgastar al Imperio bizantino que era limítrofe con el principado.

En siglos posteriores, el Alto Karabaj sufrió distintos vaivenes por los enfrentamientos interétnicos que se fueron suscitando. No obstante, con el auge de la Unión Soviética se instauró el Óblast autónomo del Alto Karabaj, dependiente de la entonces República Socialista Soviética de Azerbaiyán. Esto conllevó a que se suspendiera el conflicto hasta 1988 cuando estalló la Guerra del Alto Karabaj. De 1994, cuando se hace un referéndum para que la población decida sobre el futuro del enclave, a la actualidad, la tensión entre los dos países no ha cejado.

Por lo que se refiere al tema de las alianzas, Rusia —defensora y protectora, por sus lazos sociohistóricos, de Armenia— y Turquía —emparentada filogenéticamente con Azerbaiyán— no pueden aceptar una confrontación directa, dado que el turismo ruso beneficia considerablemente a Turquía; mientras que Turquía es el tercer mayor comprador de recursos energéticos rusos. Las relaciones turco-rusas vienen desgastándose aún más desde los conflictos de Libia y Siria, puesto que el presidente turco Recep Tayyip Erdogan y su homólogo ruso Vladimir Putin apoyan a los bandos opuestos.

Pero la colisión en el Cáucaso trasciende a factores políticos y diplomáticos. Se trata, pues, de un compromiso casi paternalista de las dos potencias con sus respectivos subyugados.

¿El desenlace del altercado se desarrollará como una estratagema de ajedrez? ¿O será cierto que la sangre llama?

  1. Escritor, amante de los idiomas y catador de la miseria. Intento de arqueólogo por la Escuela de Antropología e Historia del Norte de México. Es coautor del libro Cuando los adolescentes… Voces chihuahuenses sobre violencia, valores y esperanza. Actualmente trabaja temas de mito, magia y religión desde distintas disciplinas humanísticas y sociales.

 

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