Crisis Migratoria en Tarapacá

La violencia segregadora del ser contra la alteridad

Por Hillary Alvarado Medina[1]

Actualmente, la región de Tarapacá de Chile es destacada en los medios de comunicación a nivel nacional e internacional por la denominada “crisis migratoria”, sin embargo, ésta en realidad es una crisis humanitaria. Para contextualizar la situación, sobre todo a principios del 2020 una gran cantidad de migrantes ingresó a Chile por pasos irregulares desde la comuna de Colchane debido a crisis económicas y políticas profundizadas por la pandemia en diversos países de América Latina, así, particularmente en febrero del 2021 destacó la masiva llegada de 4752 venezolanos que entraron por pasos no habilitados (SJM, s.f).

Lo anterior ha generado sentimientos de desconfianza, temor y rechazo ante la llegada de personas de diversos países, todo lo cual, ha devenido en una profunda violencia que se expresó con vehemencia en la “Marcha contra la Inmigración Masiva” el 25 de septiembre del 2021 en la ciudad de Iquique, la cual culminó con la actuación de una turba que quemó las carpas y diversas pertenencias de familias de migrantes venezolanos que se habían instalado en la avenida Aeropuerto con Las Rosas, mostrando la peor cara de los iquiqueños y en definitiva, de los proclamados por sí mismos como “chilenos”. Este acontecimiento tuvo tal magnitud que incluso fue repudiado a nivel internacional. Por consiguiente, cabe preguntarse ¿Cómo pudo haber sucedido una explosión xenófoba tal en una ciudad caracterizada históricamente desde su construcción pampina por ser cosmopolita y multicultural? ¿Cómo hemos podido llegar a este nivel de violencia contra personas que sabemos que son vulnerables? ¿Qué significa ser chileno y por qué esta identidad ha sido tan sujeta a reivindicación?

El nivel de brutalidad ejercido en la quema de las pertenencias de migrantes venezolanos un 25 de septiembre del 2021 tiene como fundamento un problema metafísico del ser humano mismo, una concepción específica del ser. En este sentido, Levinas (2002) sostiene que ante la llegada de un otro, el ser se revela en forma de una guerra totalizante que se caracteriza por imponer lo idéntico consigo mismo, lo cual no hace otra cosa que aplastar la esfera de la ética expresada en “el otro”, pues esta alteridad es infinita, y su infinitud amenaza con abrir el campo de la totalidad, por consiguiente, la guerra es la única forma de destruir a quien marca una diferencia. En este caso, la Marcha contra la Inmigración Masiva reflejó “(…) la movilización de los seres, anclados aquí en su identidad (…)” (Levinas, 2002, p.47) en efecto, el lema “Chile para los chilenos” proclamado en sus pancartas y los cánticos del himno nacional expresaron una reivindicación de una concepción identitaria del mundo que, en este caso, es la identidad nacional.

En consecuencia, esta reivindicación de la mismidad no podía terminar sino como una mera guerra, en el sentido de que ésta se expresó como un llamado a la marginalización violenta de los migrantes, quienes se configuraron como la alteridad, vale decir, como un grupo de gente ajena a los chilenos, cruzados por la precariedad, quienes al dormir en las calles y plazas de la ciudad e instalarse en masa en el pueblo de Colchane habían desbordado los espacios que ya tenían dueño. Esta posibilidad de apertura de la mismidad chilena se convirtió en una amenaza, por consiguiente, los espacios se habían vuelto objeto de una reivindicación con todos los medios posibles a usar. En efecto, el hecho de quitarle las carpas a los migrantes para luego quemarlas y expulsarlos de la Avenida Aeropuerto con Las Rosas es la muestra del triunfo del ser absoluto.

En relación con lo anterior, cabe preguntarse ¿quién es ese “ser chileno” tan vitoreado en la marcha del 25 de septiembre?, y ¿por qué el migrante es considerado una amenaza como para querer expulsarlo en la forma recién descrita? Actualmente, el neoliberalismo está incrustado en el reino de la mismidad, en este sentido, la imagen del ser reivindicada en la marcha es el sujeto neoliberal que defiende dentro de su racionalidad o modo de pensar cotidiano los resquicios del neoliberalismo y sus propios intereses, excluyendo al que es establecido como una alteridad.

El neoliberalismo instalado en Chile a mediados de la década de los 70 por los Chicago Boys no solo se vio expresado en las reformas económicas que reestructuraron el sistema, sino que fue parte de la imposición de una nueva razón del mundo, la cual “(…) tiende a totalizar, o sea, a «hacer mundo» mediante su poder de integración de todas las dimensiones de la existencia humana” (Laval & Dardot, 2013, p.14). Es decir, en el Chile actual, la imposición de la totalidad ya no es solo un mecanismo de guerra, sino que, más bien, es el efecto de una racionalidad neoliberal que gobierna las mentes y los cuerpos, penetrando, por tanto, en las formas de observar, pensar y actuar. De esta forma, hoy en día los individuos conducen su vida como si fueran una empresa, en consecuencia, cada persona se convierte en un capital humano que necesita atraer inversores. Por consiguiente, están obligadas a competir unos con otros (Brown, 2017). Esta imposición de un régimen de competencia configura a la sociedad chilena de acuerdo a una división entre los exitosos y los fracasados. Este punto permite destacar dos aspectos.

En primer lugar, la masiva cantidad de extranjeros que han llegado a Iquique, sobre todo venezolanos, son migrantes forzados o refugiados que cruzan los áridos caminos de Colchane con la esperanza de tener una vida digna. Sin embargo, cuando llegan a Iquique viven en la más absoluta precariedad. Así, muchos de ellos instalan carpas en diferentes puntos de la ciudad, por ejemplo, a las afueras de las terminales, en las plazas, afuera de la Catedral e incluso en las playas, a esto se suma que, algunos piden comida o limosna en el centro, lugar característico del consumo en Iquique. Ante este escenario, algunos iquiqueños extienden el discurso de que “los migrantes son personas flojas porque solo quieren vivir de lo que se les regale”, es decir, se les observa ya no como seres humanos sino como máquinas que no generan productividad ni riqueza, de esta forma, se instala la lógica de que “son pobres, por lo tanto, no hacen ningún aporte al país”. Al parecer, en la sociedad neoliberal chilena, ser un aporte al país solo puede ser sinónimo de un aporte económico. De esta manera, la racionalidad neoliberal clasifica a los migrantes que llegan a Chile inmediatamente en la esfera de los fracasados de la sociedad. En segundo lugar, sucede un hecho paradójico, pues los migrantes a la vez son concebidos como una amenaza, ya que al tener de todas formas la potencialidad de integrarse al mercado laboral se convierten inmediatamente en una amenaza para un grupo importante de chilenos sobre todo de sectores vulnerables, quienes se identifican como un capital humano (Brown, 2017).

En relación a lo anterior, siguiendo la tesis de Wilheim Reich (1972), estas prácticas autoritarias (Brown, 2021) más bien han devenido en un fascismo neoliberal que se ha instalado en la estructura psíquica de las personas en forma de una actitud reaccionaria política y económica (Reich, 1972). Así, en el contexto de la globalización, el principio de acumulación del neoliberalismo se volvió una entidad omnipresente, lo cual explica cómo la movilidad humana también se acrecentó en la búsqueda de sustento económico, esto sin importar la pandemia o el cierre de fronteras. En este sentido, ante los sentimientos de desconfianza, de abandono, y rechazo, por parte de la gente de la región de Tarapacá, el fascismo se introdujo en las subjetividades, relacionándose con todas las pulsiones de la vida íntima (Reich, 1972), generando una territorialización de los afectos, sobresaliendo el miedo, el cual se movilizó contra el que era considerado como el otro, es decir, contra el migrante, quien como ya mencionamos, era una amenaza que para algunos había que combatir.

Es así como se exacerbó una respuesta nacionalista, donde según Reich (1972) “las representaciones de la patria y de la nación son, en su núcleo subjetivo-afectivo, representación de la madre y de la familia” (p.79). En este caso, el nacionalismo sirvió como un factor de cohesión entre ciertos grupos, el cual tenía como punto común una fuerza reaccionaria defensiva de la patria como la madre del pueblo chileno (Reich, 1972). Esto se puede ver en uno de los lemas de la marcha del 25 de septiembre, el cual decía “Chile es una república que se respeta” (France24, 2021), en el que, en efecto, se evidencia un llamado a respetar a la madre patria.

Cabe destacar que, también a nivel institucional, la nueva Ley de Extranjería continúa con la tradición de una concepción del migrante como una posible amenaza para la mantención del orden jurídico del Estado. Este enfoque explica por qué para el gobierno la situación migratoria actual no es vista como una crisis humanitaria sino más bien como un problema para el poder (Benjamin, 1995). Esto se puede observar con las palabras del Delegado Presidencial cuando se refirió a la expulsión ㅡque él ordenó― de los migrantes de la Plaza Brasil de Iquique, quien sostuvo que: “La Plaza Brasil no solo es migración, también es microtráfico, robo con violencia, prostitución (…) ante eso había que tomar decisiones en una mirada común, los delincuentes no tienen nacionalidad” (Radio Universo, 2021).

No obstante, el gobierno necesitaba ejercer medidas espectaculares (Fanon, 1963) que permitieran expulsar a los migrantes ya no solo a través de su política migratoria securitista, sino a través de la violencia de la misma población de Chile, la cual ha sabido capitalizar, generando una violencia estructuralmente segregadora, puesto que, los chilenos se configuraron como los superiores, representantes de la civilidad, en oposición a los migrantes, quienes eran considerados como los inferiores e incivilizados. Esta diferencia de poder se expresa tanto en el trato, como en los espacios. Así, esta violencia tiene su raíz en las imágenes difundidas por los medios de comunicación, en efecto, la mediatización de las relaciones sociales (Debord, 1967) es clave, puesto que produce dos cosas. Por un lado, moldea y muestra al migrante básicamente como un antisocial, vale decir, asocia a él o a ella una gran cantidad de características negativas, y, por otro lado, estas imágenes se encargan de infundir temor en ellos, todo lo cual, tiene como efecto lograr que se vayan del país.

Lo dicho anteriormente se puede ejemplificar a través de la situación de la Plaza Brasil de Iquique. Para contextualizar, esta plaza siempre ha sido concurrida por los iquiqueños, pues está ubicada en el sector céntrico de la ciudad. No obstante, al llegar los migrantes e instalar sus carpas, sus ropas, artefactos de cocina e incluso elementos que usaban como baños, esta zona empezó a ser objeto de mucho descontento, sobre todo por parte de los vecinos que vivían en ese lugar. Además, en julio del 2021, la Seremi de salud lo declaró como zona de riesgo sanitario (Cooperativa, 2021). Así, todo lo anterior fue reproducido a través de distintos medios locales y nacionales mostrando Plaza Brasil como un lugar infeccioso, lleno de gente y de riñas entre migrantes, de basura, y de niños pequeños jugando en medio de la pobreza del lugar.

Siguiendo la línea anterior, “(…) la realidad vivida fue materialmente invadida por la contemplación del espectáculo (…) (Debord, 1967, p.11) es decir, a pesar de que Plaza Brasil era literalmente una plaza y no un lugar de residencia, se debe reconocer que ahí se formó una comunidad de más de 150 familias cruzadas por la precariedad (Riquelme, 2021) y precisamente estas formas de vida y relaciones sociales entre migrantes se vieron mediatizadas ante todo el país. Es así como Plaza Brasil se convirtió en “(…) un lugar de mala fama, poblado por hombres de mala fama, allí se nace en cualquier parte, de cualquier manera” (Fanon, 1963, p.22). Vale decir que dentro de las discusiones cotidianas se empezó a difundir ciertos estereotipos, pues muchas personas, al mirar las noticias y los videos difundidos en las redes sociales, vinculaban a los migrantes sobre todo con un aumento de la delincuencia en Iquique, por ejemplo, algunos comentaban que “(…) los que han llegado no son refugiados políticos ni inmigrantes que aportan con su trabajo, aquí han llegado muchos delincuentes” (France24, 2021). Aquí se observa cómo la crisis humanitaria que muchos migrantes estaban viviendo al ser mediatizada fue totalmente ignorada no sólo por el gobierno sino también por parte de la población.

En relación a lo anterior, en la mañana del día 24 de septiembre del 2021, las autoridades apoyadas por Carabineros desalojaron violentamente a las personas que pernoctaban en Plaza Brasil. En el lugar no solo había un gran contingente policial, también una gran cantidad de cámaras filmando para la TV con periodistas informando las breaking news para los matinales, además de iquiqueños, unos solo dentro del rol de espectadores, y otros insultando a algunos migrantes y a la vez recibiendo insultos de vuelta. Todo se grabó, de esta forma se pudo presenciar en vivo ante todo Chile las escaramuzas entre chilenos y venezolanos, el lanzamiento de objetos entre ellos, los gritos de hombres y mujeres resistiendo la represión ―algunos con sus bebés en brazos― y las ambulancias para hacerse cargo de los desmayos de algunas mujeres embarazadas (Faunes, 2021).

Aquí cabe aclarar que el gobierno efectuó este desalojo sin ninguna medida de reubicación para las personas que pernoctaban en Plaza Brasil (Mosqueda, 2021). Esto evidencia que las autoridades chilenas solo quisieron actuar desde una política del espectáculo, mostrando signos políticos del poder de una manera violenta a través de la gestión de las imágenes, en este sentido, decidieron transmitir un mensaje a la población tanto chilena como extranjera bajo el enfoque del migrante como amenaza para la prosperidad del país (Tijoux et al., 2021, Le Monde Diplomatique), siendo funcionales a este objetivo ciertos grupos de personas, quienes compartían las mismas consignas de la Marcha Contra la Inmigración Masiva del día siguiente.

Así, considerando todo lo anterior, lo que de verdad expulsó a los migrantes tanto de la Plaza Brasil como de la Avenida Aeropuerto con Las Rosas no solo fue la fuerza estatal y la institucionalidad, sino que en realidad fue la violencia segregadora desmedida de la gente y sus prácticas de rechazo, las cuales se canalizaron en las imágenes de la televisión y de las redes sociales como un mecanismo para infundir temor en los extranjeros. Es por eso que, por ejemplo, en la Marcha del día siguiente (25 de septiembre) algunas turbas amenazaban con agredirlos, ante esto algunos venezolanos comentaban: «Nos tiraron piedras, botellas, de todo. Y la gente, en vez de ayudar, grababa con sus teléfonos; era como un show para ellos. Nos sentimos humillados, tratados como animales, como una basura» (Paúl, 2021).

Cabe destacar que, luego, la Municipalidad de Iquique anunció a través de los medios de comunicación nacionales un programa de “recuperación de Plaza Brasil”, el cual se basaba en cercar, reforestar y sobre todo desinfectar ese lugar (Ilustre Municipalidad de Iquique, 2021) sin embargo, esta sanitización en realidad fue un intento por purificar las malas costumbres, los malos hábitos y la falta de valores a los que se hacían relación con los migrantes. En el caso del gobierno, esto tenía como propósito desinfectar la decadencia de la ciudad y ocultar la desnudez de las vivencias de pobreza a través de medidas espectaculares. En este sentido, esta purificación de los espacios, si uno la relaciona con la tesis de Levinas (2002), no es más que un intento nuevo por restablecer el campo de lo idéntico a uno mismo.

Para finalizar, si nos preguntamos nuevamente ¿cómo hemos podido llegar a tales niveles de violencia contra los migrantes? Podemos darnos cuenta que la explicación no solo radica en la política migratoria de la República de Chile, sino más bien se encuentra en las calles, en los roces, en las tensiones acumuladas y en el miedo. Este miedo ha sido movilizado violentamente contra el otro, culminando en su capitalización por parte del gobierno, pues, al parecer ni las expulsiones administrativas, ni la represión policial es la mejor estrategia para echar a los migrantes del país que la violencia segregadora de las personas, y es de esperar que próximamente sigan ocurriendo este tipo de hechos contra quienes son configurados como la alteridad.

 

 

 

Bibliografía.

BBC News Mundo. (2021, 29 septiembre). «Nos sentimos humillados, tratados como animales»: venezolanos afectados por la protesta que terminó con la quema de pertenencias de migrantes en Chile. Recuperado 15 de noviembre de 2021, de https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-58732902

Benjamin, W. (1995). Para una crítica de la violencia. Leviatán.

Brown, W. (2017). El Pueblo Sin Atributos: La Secreta Revolución del Neoliberalismo. Malpaso Editorial.

Brown, W. (2021). En las ruinas el neoliberalismo. El ascenso de las políticas antidemocráticas en Occidente (1.a ed.). Traficantes de Sueños.

Debord, G. (1967). La sociedad del espectáculo. Maldeojo.

Fanon, F. (1963). Los condenados de la tierra (1.a ed.). Fondo de Cultura Económica.

France24. (2021, 25 septiembre). «¡Fuera ilegales!»: Gran marcha en puerto del norte de Chile contra la migración. France 24. Recuperado 29 de noviembre de 2021, de https://www.france24.com/es/minuto-a-minuto/20210925-fuera-ilegales-gran-marcha-en-puerto-del-norte-de-chile-contra-la-migraci%C3%B3n

Laval, C., & Dardot, P. (2013). La nueva razón del mundo (1.a ed.). Gedisa.

Levinas, E. (2002). Totalidad e infinito: Ensayo sobre la exterioridad (6.a ed.). Sígueme Salamanca.

Radio Universo. (2021, 27 septiembre). Quezada condena ataques incendiarios en Iquique, pero justifica desalojo de plaza Brasil: “no solo es migración, también es microtráfico, robo”. Recuperado 15 de noviembre de 2021, de https://universo.cl/actualidad/quezada-condena-ataques-incendiarios-en-iquique-pero-justifica-desalojo-de-plaza-brasil-no-solo-es-migracion-tambien-es-microtrafico-robo/

Reich, W. (1972). Psicología de masas del fascismo. Ayuso.

SJM. (s. f.). Visas e ingresos. Migración en Chile. Recuperado 15 de noviembre de 2021, de https://www.migracionenchile.cl/visas-e-ingresos/

Tijoux, M. E., Cardoza, E., & Ambiado, C. (2021, 25 septiembre). El permanente sufrimiento de ser migrante en Chile. Le Monde Diplomatique. Recuperado 15 de septiembre de 2021, de https://www.lemondediplomatique.cl/el-permanente-sufrimiento-de-ser-migrante-en-chile-por-maria-emilia-tijoux.html

 

[1] Estudiante de Licenciatura en Estudios Internacionales de la Universidad de Chile. Voluntaria de la plataforma MigrApp del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) y de la Organización de la sociedad civil “AMPRO Tarapacá” (Asamblea abierta de migrantes y pro migrantes de Tarapacá).

 

Please follow and like us:
Publicado en Política y etiquetado , , , , .

Un comentario

  1. felicito a Hilary, por su publicación, presenta de manera clara y fundamentada lo que es la migración y sus consecuencias en especial en Iquique.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *