La América verdadera, la ideal y la otra

Conceptos contrarios que constituyen “Nuestra América” de José Martí

Por Carmen Arely Cadena Pérez

El continente americano no termina por entenderse, por encontrar su identidad, su unidad: Latinoamérica contra los Estados Unidos, América contra los europeos, mestizos contra indígenas. Refiriendo a la cultura popular, un poco para ejemplificar esta lucha interna, Childish Gambino, un cantante afroamericano, refiere en su canción «This is America» —más en lo visual que en lo oral— lo que para él representa América, que no es más que la crítica a Estados Unidos, su país, en el que se luchan batallas contra el capitalismo, el narcotráfico, los tiroteos y el racismo: “Look at how I’m livin’ now/ Police be trippin’ now/ Yeah, this is America/ Guns in my area” (Gambino, 2018). Residente, cantante puertorriqueño, responde con otra canción: «This is not America», en la que se dedica a detallar lo que para él es América, que tiene que ver con la opresión sufrida por los países europeos, por Estados Unidos hacia Latinoamérica, pero también los abusos de los propios gobernantes, todas las masacres y violencia: “Los paramilitares, las guerrillas/ Los hijos del conflicto, las pandillas/ Las listas negras, los falsos positivos/ Los periodistas asesinados, los desaparecidos” (Residente, 2022). «This is not America» no se trata de describir lo que no es América, sino lo que, para Residente, sucede en ella y la constituye, que está muy lejos de lo que Gambino hablaba: «Gambino, mi hermano, esto sí es América» (Residente, 2022).

América para los estadounidenses es su país, no todo el continente: esto, además de reflejar una idea de superioridad, sirve para seguir poniendo en duda a qué nos referimos cuando hablamos de América porque, también, de acuerdo a teorías decoloniales surgidas desde América Latina, debe ponerse en duda el propio nombre, ya no debería ser más América o América Latina, porque “son conceptos creados por europeos y criollos de ascendencia europea” (Mignolo, 2007, p.19). Ahora, con respeto a los que estaban primero y lo nombraron primero, debería llamarse Abya Yala: “el nombre que los pueblos originarios dan a las Américas, que significa en la lengua Cuna de Panamá tierra en plena madurez” (Catherine Walsh, 2014, p.14).

Y si América es difícil de definir, hablar de una América nuestra es otro tema más complicado. Para empezar, ¿quiénes son los poseedores de esa América? ¿De quién es la otra América?

Todos estos temas se ven reflejados, y me sirven como introducción, en al ensayo “Nuestra América” de José Martí. En este trabajo me interesa comprender la visión de José Martí respecto a su —nuestra— América, así como analizar, a través de los conceptos presentes en su ensayo, cómo esta América está constituida por contradicciones que reflejan tres Américas dentro de la obra: la ideal, la verdadera y la otra, la del Norte.

José Martí nació en Cuba en el año de 1853. Para ese momento, América ya se había empezado a liberar de ser colonia de los europeos, en especial América Latina frente al Imperio español; no así Cuba, que comienza su independencia en 1868. Escribió Bolívar el 6 de septiembre de 1815:

Las islas de Puerto Rico y Cuba que, entre ambas, pueden formar una población de 700 a 800,000 almas, son las que más tranquilamente poseen los españoles, porque están fuera del contacto de los independientes. Mas, ¿no son americanos estos insulares? ¿No son vejados? ¿No desean su bienestar? (Simón Bolívar, 2010, p.257)

Así entonces, en 1868 los cubanos iniciaron la lucha por su bienestar con la Guerra de los Diez Años. Martí, a lo largo de esta guerra, se empieza a interesar por la independencia y comienza a publicar en diversos periódicos y revistas. Esto lo lleva a ser desterrado a España, donde estudia Derecho y también Filosofía y Letras. En 1875 llega a México y convive mucho con los juaristas: aquí también publicó en varias revistas y periódicos. El pensamiento de Martí se va forjando a lo largo de su paso por México y por otras naciones latinoamericanas. Luego de su estancia en México se va a vivir a Nueva York. Desde allí, su espíritu independentista empieza a ser más fuerte: “En 1894 Martí y sus partidarios comenzaron a preparar un alzamiento en Cuba que daría lugar a la Guerra de Independencia (1895-1898). Su culminación sería la emancipación de la isla” (CNDH México, s.f).

Uno de sus ensayos más importantes en relación a su visión de América se publicó el primero de enero de 1891, en La Revista Ilustrada de Nueva York. Esta obra, catalogada dentro del género ensayístico, es “Nuestra América”. El ensayo de Martí se encuentra ubicado dentro del modernismo, de acuerdo a Peter Earle (1982), el ensayo modernista responde a tres motivos: la contemplación o el ideal romántico; el ideal clásico o la independencia del arte; y la misión cultural o el ideal histórico. En el primer motivo, el artista descubre a un otro yo: “esas figuras no son miméticas o representativas de una realidad, sino expresivas de una sensibilidad particular, la del artista verbal en calidad de querer-ser” (Peter, 1982, p.51). En “Nuestra América” ese otro yo se refleja de dos maneras: Martí vislumbra una América ideal a través de su sensibilidad, al mismo tiempo, nos señala los errores de la América actual y hace un llamado para estar listos cuando el otro yo, que no es la América ideal filtrada por la sensibilidad de Martí, aparezca; esto es América del Norte, los Estados Unidos. 

Para entender la América ideal, es necesario entender la América verdadera, por lo menos la que no responde al ideal de Martí: una América unificada. La América verdadera se compone de conceptos contrarios. El primer concepto que tenemos es el de aldeano vanidoso. Este concepto es contradictorio porque la aldea está relacionada con una idea de conexión con la tierra, de soledad, de comunidad y unidad; mientras que la vanidad, en todo caso, está más relacionada con la ciudad y el capitalismo. Por lo que al hablar de aldeano vanidoso, podría referirse a aquel que no está consciente del lugar en el que está y anhela algo que es ajeno a él y a su tierra. Este aldeano vanidoso, sin saberlo, como lo dice Martí, está en contraposición de los «gigantes que llevan siete leguas en las botas» (Martí, 1891, p.133). Estos gigantes son referencias a la literatura, pero sirven para ejemplificar el gran tamaño del enemigo o del contrario: el aldeano vanidoso, claramente un hombre latinoamericano, no es consiente, al hacer política, de los gigantes ahí afuera que pueden acabar pronto con él. 

Después, Martí refiere a los pueblos de América y hace una oposición entre hermanos, como una metáfora de los pueblos latinoamericanos: un hermano que quita a través de la violencia y otro al que le quitan. Aquí, la contradicción justamente radica en que son los propios hermanos los que se están afectando unos a otros, cuando tradicionalmente se supone que deben apoyarse. Martí hace un llamado a la unión de estos hermanos, para que se conozcan y vivan en paz entre ellos, dejando de lado los celos para poder enfrentar a aquellos gigantes. 

Muy en la línea del aldeano vanidoso y de los hermanos que pelean, aparecen los sietemesinos, aquellos que no tienen fe en su tierra, que sienten vergüenza de América, de su origen indígena y que traicionan apoyando a América del Norte, la otra América. Más adelante aparece también el soberbio, el «que tiene la pluma fácil o la palabra de colores y acusa de incapaz irremediable a su república nativa» (Martí, 1891, p.134). Pero, a este soberbio, a los intelectuales, los letrados latinoamericanos, les aclara Martí que la incapacidad no está en la República, está en las manos de quiénes lo gobiernan a través de leyes y prácticas de Estados Unidos y Francia que no se adaptan a las necesidades de nuestra América. Martí hace un llamado a los intelectuales porque: 

Martí no podía escribir para los sectores y clases sociales cuya voz e intereses pretendía asumir en el texto: el hombre natural, el indio, el negro y el campesino, las masas iletradas que no podían leer “Nuestra América”. Pero en su condición de pensador que prevé y que de esa manera sirve, el ensayista desea al mismo tiempo mover a esa ciudad letrada hacia la magna tarea de crear una nueva América, (Rodríguez, 2015, p.33) 

Las fuerzas opuestas no terminan aquí, porque el texto sigue una enunciación de oposiciones: los hombres naturales contra los letrados artificiales; el mestizo autóctono contra el criollo exótico; la falsa erudición contra la naturaleza. De acuerdo a Lavou (2016), “el mestizo (“auténtico”) aparece como un avatar de la colonia y de su gramática violenta que ha dejado de lado, en cierta manera, la verdadera alma de este último” (p.103). El criollo exótico, por su parte, “es un sujeto que surge, como se dice en Nuestra América, al final de las colonizaciones europeas y que aspira a gobernar, sus figuras legendarias y representativas estaban designadas o se autodesignaban como los “emancipadores mentales” (Lavou, 2016, p.105). Como se puede ver, los criollos exóticos podrían ser aquellos sietemesinos o aldeanos vanidosos, que se contrapone a la figura del mestizo autóctono, que surge del contexto violento de la colonia y que así responde cuando se siente ofendido. En esta parte, me interesa soltar una pregunta al aire ¿podríamos interpretar a estos como los hermanos en constante conflicto a los que Martí llama a entenderse y a llevarse bien?

Hablando de los criollos exóticos, un aspecto importante de los gobernantes de la América verdadera son los elementos cultos e incultos: los incultos son los que gobiernan a través de agredir, mientras que los cultos aprenden el arte de gobernar. Más adelante, refiere al hombre real, por lo que es claro tenemos a un hombre falso.

Esta enunciación de contradicciones se puede resumir con una frase del propio Martí: “el problema de la independencia no era el cambio de forma, sino el cambio de espíritu” (Martí, 1891, p.136). La base de las independencias de América surge de una especie de contradicción en el que se creyó que cambiando las formas, lo material, se iba a lograr algo, cuando en realidad el asunto estaba en cambiar el espíritu, la visión del mundo. 

De todas las oposiciones de la América verdadera, la más relevante es la que refleja al otro yo, a la otra América, la del Norte. Constantemente se está haciendo referencia a un peligro que América, la nuestra, tiene, tendrá que enfrentar, y por eso la premura en señalar que se unan:

Pero otro peligro corre, acaso, nuestra América, que no le viene de sí, sino de la diferencia de orígenes, métodos e intereses entre los dos factores continentales, y es la hora próxima en que se le acerque, demandando relaciones íntimas, un pueblo emprendedor y pujante que la desconoce y la desdeña. (Martí, 1891, 138). 

Nuevamente traigo a colación a Simón Bolívar, que en 1815 tenía una visión muy diferente de la otra América y de Europa, y es que solo parecía existir un único y terrible enemigo, España. Bolívar sostuvo: 

Nosotros esperábamos con razón que todas las naciones cultas se apresurarían a auxiliarnos, para que adquiriésemos un bien cuyas ventajas son recíprocas a entrambos hemisferios. Sin embargo, ¡cuán frustradas esperanzas! No sólo los europeos, pero hasta nuestros hermanos del Norte se han mantenido inmóviles espectadores de esta contienda (Bolívar, 258)

En este apartado, me interesa señalar cómo la visión de dos libertadores de nuestra América cambia con respecto al enemigo y la visión de las personas que constituyen nuestra América. Martí integra a la cultura indígena, los negros y los mestizos, mientras que Bolívar no tiene esa visión del mundo:

El Perú, por el contrario, encierra dos elementos enemigos de todo régimen justo y liberal: oro y esclavos. El primero lo corrompe todo; el segundo está corrompido por sí mismo. El alma de un siervo rara vez alcanza a apreciar la sana libertad; se enfurece en los tumultos o se humilla en las cadenas. (268)

Martí descalifica varias veces a América del Norte, señalando que ellos han derramado la sangre de sus indios, que no son hombres porque no hacen trabajo de hombres, son ambiciosos, arrogantes y, sobre todo, desdeñan a nuestra América. Martí incluso hace un llamado para que América del Norte conozca a nuestra América y no la desdeñe. Pero lo cierto es que a Martí le parece urgente que los pueblos latinoamericanos se unan porque la América del Norte ya viene y parece como un apocalipsis, que va a terminar con todo.  

Acercándome al final de este ensayo, otro aspecto importante es el de la sangre. José Martí refiere a una América coagulada que a través del fuego del corazón se puede deshelar y sacar la sangre natural del país (Martí, 1891, p.137). Aquí ya se vislumbra la América ideal, porque no solo se trata de unir a las naciones, los territorios latinoamericanos, sino también se trata de invocar una unión que surja desde el corazón, desde el amor, y que se relaciona con la sangre, a la que hace varias alusiones: lo importante es que esta sangre es de la raza indígena, de apóstoles, y de los hermanos que se traicionan. Esta sangre natural del país tiene la función de servir como abono, como si la sangre, el latinoamericano y la latinoamericana regaran y lo hicieran a través de «las venas picadas que nos dejaron nuestros dueños» (Martí, 1891, p.138). La América ideal de Martí se describe, porque a final de cuentas la influencia del modernismo, de lo estético, ahí está, y así luce: «con los pies en el rosario, la cabeza blanca y el cuerpo pinto de indio y criollo» (Martí, 1891, p.135).

En última instancia, y como menciona Martí, la palabra clave es «crear», crear en búsqueda de una América nueva: “¡Porque ya suena el himno unánime; la generación actual lleva a cuestas, por el camino abonado por los padres sublimes, la América trabajadora; […] la semilla de la América nueva! (Martí, 1891, p.139). El ideal de Martí, el otro yo que él refleja a través de las contradicciones de la América verdadera,  es la búsqueda de la unión de América, más que por la extensión, por su «libertad y gloria» (Martí, 1891, p.265). Esta postura de Martí, de la búsqueda de una América nueva, no se relaciona tanto con un rompimiento de lo que él veía como negativo, de las visiones de Estados Unidos y Europa, sino con que: “había que reconocer el predominio de lo moderno, incluso con su carácter dominador y hegemónico, mas había que apropiárselo en función de nuestras necesidades e intereses” (Rodríguez, 2015, p.32).

La conclusión de Martí, en la cual refleja una América unificada e ideal, se relaciona con una conclusión a la que llega Silvia Rivera (2005), socióloga y activista boliviana, en su ensayo “Chhixinakax uitxiwa. Una reflexión sobre prácticas y discursos descolonizadores”, al hablar de una Bolivia renovada, multicultural y descolonizada, afirma:

El desafío de esta nueva autonomía reside en construir lazos sur-sur que nos permitan romper los triángulos sin base de la política y la academia del norte. Construir nuestra propia ciencia —en un diálogo entre nosotros mismos—, dialogar con las ciencias de los países vecinos, afirmar nuestros lazos con las corrientes teóricas de Asia y África, y enfrentar los proyectos hegemónicos del norte con la renovada fuerza de nuestras convicciones ancestrales (p.13)  

Esto lo menciono porque, como podemos ver, la América ideal, en realidad, se sigue buscando. El ideal americano, la unión de América Latina: de la América del sur, central y una parte del norte, se entiende solo al comprender todas las batallas internas que libra. América es una contradicción, requiere de opuestos y de esas fuerzas internas que chocan para ser. Y es, en realidad, una duda constante que no termina por contestarse, pero que sigue creando diálogos y encuentros. América Latina, lo único que entiende de su identidad es que se encuentra en unidad cuando se pone de un lado, del lado del hombre real, de la América de Martí, de la América de Silvia, pero no de la del Norte y no de Europa. América Latina choca internamente, desde el tiempo de Martí hasta hoy: América sigue sangrando y, a diferencia de la postura de Martí, la sangre que hoy derrama América no está sirviendo para regar la semilla de una América nueva, porque los enemigos externos, aunque presentes, no son más los que ocasionan el desangrado, por el contrario, son los propios gobernantes, los incultos que ahora gobiernan con métodos propios: la violencia, los crímenes de Estado, la corrupción, la omisión, la falta de justicia. 

Como lo muestra Martí en su ensayo, a través de las diversas contradicciones, América no se podrá entender nunca si no se entiende que es una contradicción llena de fuerzas y conceptos que, como se atraen, así se repelen: América Latina y Estados Unidos, América y Europa, mestizos e indígenas. 

 

 

 

Bibliografía.

Bolívar, S. (2010) Carta de Jamaica. En A. Gutiérrez, Simón Bolívar y la carta de Jamaica, Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades (24), pp.251-273. http://www.institucional.us.es/araucaria/nro24/doc24.pdf  

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Earle, P. G. (1982). El ensayo hispanoamericano, del Modernismo a la Modernidad. Revista Iberoamericana, 48(118), 47–57. https://doi.org/10.5195/reviberoamer.1982.3682

Gambino, G. [Donald Glover]. (05/05/2018) This is America [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=VYOjWnS4cMY

Lavou Zoungbo, V. (2016). El mestizaje paradojal en Nuestra América de José Martí. Millcayac – Revista Digital De Ciencias Sociales, 3(4), 97–110. Recuperado a partir de https://revistas.uncu.edu.ar/ojs/index.php/millca-digital/article/view/658

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Mignolo, W. (2007) La idea de América Latina. Gedisa.

Residente. [Residente] This is not America [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=GK87AKIPyZY

Rivera Silvia. (2005) Chhixinakax uitxiwa. Una reflexión sobre prácticas y discursos descolonizadores. En Xavier Ricard, Modernidad y pensamiento descolonizador, Bulletin de l’Institut français d’études andines [En línea], 34 (1) | 2005, Publicado el 08 abril 2005, consultado el 17 mayo 2022. URL: http://journals.openedition.org/bifea/5686; DOI: https://doi.org/10.4000/bifea.5686

Rodríguez, P. P. (2015). “Nuestra América” José Martí ante la Razón Moderna. Americanía: Revista De Estudios Latinoamericanos, 7–43. Recuperado a partir de https://www.upo.es/revistas/index.php/americania/article/view/1591

WALSH, C. (2014). Pedagogías decoloniales caminando y preguntando. Notas a Paulo Freire desde Abya Yala. Revista Entramados: educación y sociedad. Año 1 Número 1. Universidad Nacional de Mar del Plata. Argentina.

 

 

 

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