La crítica social como denuncia; su efecto destructivo y constructivo

Imagen tomada de Mexicanos sin Fronteras 

Por Irving Garnelo Pérez[1]

garneloperezirving@yahoo.com.mx 

El presente artículo tiene la intención de exponer la necesidad que la realidad nos exige de sobrepasar la crítica, esa que se puede interpretar como crítica social, pues en cierta medida se ejecuta para hacer una demanda que puede llegar a tener un motivo legítimo. Si bien en el ámbito del periodismo se han hecho una serie de críticas referentes a todos los cambios que se suscitan por la administración de uno o varios partidos políticos, lo cierto es que pareciera que se sigue una tendencia ―que con el anterior sexenio era necesaria― que resulta ser una crítica social que pone de manifiesto los efectos caóticos y violentos de la impunidad y la injusticia.

En el gobierno del sexenio anterior no solo no se tuvo la capacidad administrativa de resolver varios conflictos generados por la corrupción, sino que en todo caso se resaltó una alianza entre grupos criminales y funcionarios corruptos que eran y son parte del gobierno del PRI. Frente a ello surgieron varias críticas, algunas para señalar a funcionarios corrompidos, otras para resaltar a aquellas minorías que han sido afectadas por las nulas políticas del Estado mexicano, otras para subrayar errores que se tenían al momento de procesar una ley o reforma, y otras para ser la voz de los grupos sociales oprimidos y violentados tanto por grupos delictivos como por las mimas autoridades.

En esos años, tales críticas en el ámbito del periodismo, pero también en otros, se formularon buscando, principalmente, ser una denuncia de las consecuencias dadas por la nula injerencia o por formulaciones de acciones políticas deficientes o bien de un sistema capitalista neoliberal que se señalaba y se sigue señalando como el generador de pobreza, desigualdad, violencia y una desmoralización en la sociedad. Todas esas críticas  aluden a que son denuncias sociales que se dan en los medios de comunicación, las cuales principalmente se formulan para poderlas compartir con el público que son grupos (mayoritarios o minoritarios según sea el caso) de la sociedad civil.

Durante el mandato de Enrique Peña Nieto era posible asimilar dos facciones cuyas opiniones o propuestas hacían que la población constituyera su criterio de tal o cual forma en torno a un partido político o a la política en general. Por un lado, se encontraban periodistas, reporteros e intelectuales, entre otros personajes, que aparecían en ciertos medios de comunicación apoyando y legitimando el régimen de Peña. En contraparte se hallaban los otros medios de comunicación en donde aparecían figuras conocidas, y otras no tanto, que realizaban sus críticas a todo desfalco característico del sexenio del PRI, y no se ignore otras críticas que iban y siguen enfocadas al modelo económico capitalista neoliberal. Lo cierto es que al final se distinguía claramente a aquellos que estaban de acuerdo con el gobierno de ese entonces, a diferencia de quienes formaban la oposición. Pero con la victoria, y junto con ello el arribo de una nueva administración que desarrolla intervenciones que dan y siguen dando cambios, sucede que ahora las críticas en el ámbito de lo político y de lo social al parecer ya no se pueden solamente explicar como se hacía con el anterior sexenio.

Con el nuevo gobierno, se han dado una serie de críticas por parte de grupos que antes se veían beneficiados ―en parte por ello apoyaban y legitimaban al gobierno del PRI―, aunque es de considerarse que en realidad la mayoría son expresiones reaccionarias que no pretender ser analíticas, más aún, no generan críticas que sean constructivas, entendidas éstas como tener la capacidad de dar beneficios a la sociedad civil y no perjudicarla. Si bien las críticas de estos grupos privilegiados merecen ser analizadas, lo que me parece más interesante es poder esclarecer las opiniones o planteamientos expuestos por aquellos grupos que se han definido de izquierda o progresistas, porque estos dan ciertamente una complejidad mayor al analizar las propuestas del actual gobierno, con sus críticas e incluso sus sátiras. Cabe señalar que esto se nutre aún más gracias a que en todo este grupo que formó una oposición ―siendo consiente o inconsciente de ello― ahora tienen opiniones diversas en torno a las decisiones tomadas o a las políticas implementadas por el gobierno dirigido por Andrés Manuel López Obrador.

Frente a toda esa diversidad de discursos de aquellos que tienen credibilidad y junto con ello forman en su público la capacidad de opinar y de criticar un tema, lo que es necesario decir es que ciertamente han tratado de seguir la tendencia que se practicaba con el gobierno anterior, al realizar críticas sociales a través de las cuales los periodistas y los intelectuales se configuran como luchadores sociales, incluso con la pretensión de adquirir ese status o el de disidentes. Sin embargo, con el cambio de gobierno que ha tenido repercusiones en diferentes sectores de la sociedad, la fórmula de la critica social necesita ser cambiada, porque en su propuesta de mejora social llega a tener una o varias deficiencias.

Muchas de las críticas al ser orientadas como denuncias sociales ya no tienen el objetivo de construir propuestas en beneficio de la población mexicana. Están teniendo un juicio de valor que tiende a la elaboración de críticas sociales sin importar las repercusiones que causen en el futuro, es decir, están enfocadas a denunciar las afectaciones suscitadas en el presente inmediato, sin aludir al futuro o incluso sin analizar la mayor complejidad de los problemas actuales. Las críticas como denuncias sociales están limitadas a analizar la repercusión evidente del problema o del conflicto, mas no todo aquello que subyace al hecho.

Un ejemplo es el tema de la guardia nacional. Muchos se han posicionado en contra afirmando que se trata de una militarización del país, en su lugar se plantea el reforzamiento de la policía federal para no dar un gran poder a los militares, pero no se analiza la otra implicación que es el tiempo que se necesita para tal reforzamiento o incluso para contar con miembros capacitados. Tampoco se toma en cuenta que en un país donde hay zonas en las que impera la violencia y los mismos policías están coludidos, los pobladores, por la circunstancias de gran peligro, no pueden esperar para que se formen grupos policiacos con una estrategia que garantice su seguridad. De esta forma se puede esclarecer la tendencia imperiosa de la crítica social, que puede ser interpretada como propuesta, como demanda o como sátira, que es, al final, sólo cumplir con el objetivo de mostrar que se está en contra de la propuesta del gobierno, pero no se sabe cuál podría ser otra alternativa a emprender.

Al respecto, queda esclarecer una de las diferencia que existe entre las críticas sociales dadas por el periodismo y las críticas como denuncias sociales hechas desde los estudios y análisis más académicos. Como ya se mencionó, se considera que una de las diferencias que prevalece es que el periodismo hace críticas con tal de poder denunciar un conflicto que se da en el momento actual, pero la deficiencia está en que al analizarlo ofrece alternativas que pretenden ser soluciones y resultan momentáneas pues carecen de una perspectiva más amplia, que vea hacia el futuro de la sociedad mexicana. Desde luego esta deficiencia no solamente se da en el sujeto que es periodista, sino también en académicos que sean partícipes en el ámbito de la difusión en los medios de comunicación, pero se espera que el académico llegue a tener más familiaridad con estudios que le permitan no sólo analizar el fenómeno con sus características y sus repercusiones evidentes, como bien dice Ritzer en Teoría de Sociología Contemporánea (1993) acerca de la teoría de Goffman: este académico “fue más allá de las situaciones cotidianas en busca de las estructuras que las gobiernan de manera invisible”, pues normalmente los estudiosos adoptan paradigmas que traspasan los límites de la búsqueda de solución inmediatas.

Aunque se llegue a considerar que en muchas ocasiones el periodismo podría muy bien analizar el conflicto del presente, no lo hace necesariamente tomando en cuenta una teoría o un paradigma filosófico para poder también considerar las repercusiones a largo plazo, e ir más allá de lo subjetivo o de lo objetivo evidente. Por su parte, desde la academia, los científicos sociales, los historiadores, los sociólogos y los filósofos analizan el presente y ofrecen perspectivas del futuro, no obstante, a veces por tener devoción a éste el investigador se olvida del entendimiento pleno del conflicto actual.

Muchas de esas teorías o paradigmas se vuelven ideologías que, con un fin teológico, buscan la liberación o emancipación de todas las sociedades de aquello que les constriñe. Y las críticas motivadas por la ideología a su vez también se decantan hacia una acción social o bien a una política que puede generar destrucción y caos. Rodríguez Alberto en su artículo El problema de la política moderna: entre una conciencia apocalíptica o utópica (2018) identifica cómo las críticas de este tipo tienen más bien un matiz de ideología y sostiene que no son críticas racionales (haciendo epistemología). Por el contrario, este tipo de políticas con ideología se denomina “política gnóstica”, atendiendo que:

“Se supone que el nuevo mundo transfigurado estará libre de los males del mundo viejo, por lo que la descripción a menudo se permitiría la negación de los presentes males. […] Vogelin escribirá que el inmanentismo histórico utopista que emerge en la modernidad es la raíz de lo que él llama políticas religiosas que ocasionaron los totalitarismos del siglo XX. […] Por movimientos gnósticos (inmanentistas) entendemos aquellos movimientos como el progresismo, positivismo, marxismo, sicoanálisis, comunismo, fascismo y nacionalsocialismo”.

Empero, si la deficiencia del periodismo es hacer críticas sin una mirada amplia, una que mire el futuro, que sea incluso utópica, pero por otra parte se sostiene que la deficiencia del análisis de los filósofos e inclusive de los científicos sociales, historiadores y sociólogos es haber hecho utopías con pretensiones totalizadoras, entonces ¿no se está en una contradicción?

Hay que entender que la utopía puede ser formada por una ideología que niegue toda crítica; aunque la formación de ésta no necesariamente es siempre por una ideóloga, pues hay que comprender que la utopía y su formulación es una necesidad intrínseca del ser humano. La utopía es la que motiva a los hombres a construir un mundo más humano y más justo. Así, mientras las críticas sociales formuladas por la mayoría de los periodistas estén enfocadas al presente sin una mirada amplia y sin enfocarse a la construcción de un futuro o de una utopía, entonces se puede decir que están esperando los cambios, mas no se puede apuntar que quieran los cambios en beneficio de los oprimidos, lo cual consideramos es el reformismo en el periodismo. Por su parte, a aquellos periodistas que se dicen de orientación de izquierda o progresista y que esperan solo un cambio, y no otros cambios, la pregunta que habría de hacérseles es: ¿Cuáles otros cambios son posibles? Aquellos que se dan por buscar la sociedad de la alegría, la justica, el amor y la libertad permanente, principios esenciales para la utopía, aunque para llegar a ella no es por medio de críticas orientadas por la ideología, sino a través de críticas formuladas por análisis de las circunstancias objetivas y subjetivas que permitan el o los cambios.

Habríamos también de recordar las palabras de quien fue presidente de Uruguay, Pepe Mujica, en una entrevista para la Cable News Network (CNN) publicada en su canal de YouTube el 20 de febrero del 2015, donde subraya:

“lo principal es la gente, y a la vez una reducción sustantiva de la pobreza y de la indigencia, pienso que eso es lo más trascendente del punto de vista humano, pero a su vez lo más desafiante, porque este país, por sus dimensiones, por sus recursos, no explica que puede haber gente indigente y pobre todavía, y eso es un déficit de mi gobierno, yo pienso que debimos haber llegado a más.

En suma, las críticas como denuncias sociales así como surtieron un efecto motivante para la destrucción de la dominación del partido representado por el presidente Enrique Peña Nieto, no sólo se reducen a tal efecto de destrucción de formas de gobiernos que son totalitarios, subyugadores y autoritarios, sino que también pueden ser críticas destructivas de un proceso de cambio y generan ese efecto cuando solamente se analiza el presente, sin mirar las repercusiones que se suscitarán en el futuro o sin plantearse la búsqueda del progreso. Al mismo tiempo, las críticas se vuelven destructivas cuando por el futuro se olvida analizar particularidades y generalidades del presente. En cambio, las críticas constructivas, que no devienen en efectos negativos, tienen esto último, porque aun al analizar las peculiaridades y generalidades del presente, conscientes de condiciones objetivas y subjetivas que permiten acciones políticas, no ignoran u olvida emprender caminos que tienen como objetivos la justica, la libertad y la fraternidad de la humanidad. Vivimos un momento de cambio de un proceso que a su vez exige que las críticas ya no estén limitadas a la denuncia, sino que también estén dispuestas a la participación del análisis que a su vez tengan claro hacia dónde y qué objetivos se quieren alcanzar, tomando en cuenta también que lo “principal es la gente”.

[1] Ciudad de México (1998) Estudiante de Sociología en la Universidad Autónoma de México, plantel Iztapalapa. Ha participado en una antología y ha escrito para revistas de ciencia política

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