La fatal arrogancia de Kaiser

Por Jorge Eduardo Yáñez Lagos[1]

Introducción

El conocido abogado chileno Axel Kaiser despliega ácidas críticas en contra de lo que denomina “políticas públicas igualitaristas”. Así, busca posicionar en el debate público ciertas ideas denominadas “libertarias”. Esta es la agenda de la Fundación para el Progreso, iniciativa del empresario Nicolás Ibáñez Scott.

En estricto rigor, las ideas “libertarias” cuentan con dos versiones. Primero, una proveniente de Estados Unidos, con las obras del economista de la Universidad de Chicago, Milton Friedman; también provienen de la influencia filosófica del conocido Robert Nozick. Segundo, la otra escuela “libertaria” proviene del pensamiento europeo, denominado “austrolibertario”, inspirado en las ideas de dos filósofos en particular: Friedrich Von Hayek y Ludwig von Mises (Garín, 2017).

La gran preocupación de Kaiser es socavar los cimientos de cualquier filosofía igualitarista, sea de corte marxista, socialdemócrata o liberal igualitarista de inspiración rawlsiana. Su objetivo consiste en mostrar que todas esas doctrinas dañan la libertad individual de los sujetos. De ahí que los “libertarios” pretendan restringir al máximo las funciones del aparato estatal. Así pues, se busca un Estado “mínimo” y enfocado en proveer reglas (tampoco muchas) que den un marco de acción donde los sujetos puedan desarrollarse “libremente” (Garín, 2017).

 Sin embargo, para Daniel Mansuy, los planteamientos de Axel Kaiser evidencian varias complejidades. Especialmente, las estructuras intelectuales en parte importante de la derecha chilena provienen de la economía clásica, que es metodológicamente individualista. De manera que dicho sector no logra captar los fenómenos políticos, porque carece de las herramientas conceptuales para ello. “Quizás el caso más notorio de este déficit sea el de Axel Kaiser, autor de La tiranía de la igualdad” (Mansuy, 2020, p. 104).

Desarrollo

El libertarianismo, en la versión concreta de Nozick, se constituye en una defensa a ultranza de la no intervención estatal, siendo la retórica de los talentos y los dones el antídoto contra todo rastro de utopía estatista. De esto se deprende que el ejemplo favorito de Robert Nozick para ilustrar una muestra de talentos innatos y la imposibilidad de igualarlos fue Wilt Chamberlain, famoso basquetbolista de los años sesenta. Así, se produce una sincronía interesante, dado que el ejemplo favorito de Axel Kaiser para argumentar contra la filosofía igualitarista es el futbolista chileno Alexis Sánchez (Garín, 2017). Al mismo tiempo, en Argentina, el economista Javier Milei muestra el ejemplo del futbolista Lionel Messi para argumentar contra el denominado igualitarismo.

Por consiguiente, Kaiser realiza una crítica de la noción de redistribución. Él indica que no podemos saber exactamente en qué proporción exacta una redistribución es justa. Kaiser ejemplifica que la persona pobre muera de inanición o viva en una situación miserable o le quite al rico toda su ganancia serían casos de decisiones claramente injustas, igual que las que se acerquen a tales de extremos (Herrera, 2014). En consecuencia, de esta inferencia, para Kaiser “el eslogan de justicia social no tiene sentido, es un concepto vacío” (Kaiser, 2009, p. 45 citado en Herrera, 2014, p. 143).

En este contexto, en La tiranía de la igualdad, Axel Kaiser busca explicar que sólo hay átomos aislados y que todo aquello que exceda las consideraciones individuales es una ilusión (en este caso, una ilusión muy bien orquestada por algunos intelectuales de izquierda). A partir de esto, no habría nada más. De esta forma, se entiende el tratamiento que hace Kaiser de la desigualdad. Desde la perspectiva de Kaiser, si la desigualdad es fruto de intercambios libremente consentidos, entonces no hay nada que decir respecto de ella, no hay ningún político ni moral que sea pertinente (este razonamiento le debe mucho a Nozick) (Mansuy, 2020). Inversamente, para Kaiser sería expropiatorio restringir la acumulación del capital (Garín, 2017). No obstante, estos planteamientos tienen varios tipos de problemas.

De manera magistral, Mansuy (2020) realiza dos preguntas esenciales a lo planteado por Kaiser. ¿En qué consisten esos intercambios libremente consentidos? y ¿es efectivamente el mercado chileno una institución que siempre cumple con esos requisitos? En contraste, los mercados también pueden ser lugares de asimetrías muy poderosas, o de concentración excesiva de capital o de explotación. En palabras simples, los mercados no se encuentran libres de toda coerción. A partir de eso, “Kaiser es completamente ciego frente a las tensiones políticas que produce la desigualdad, y prefiere ignorarlas antes que hacerse cargo de ellas” (Mansuy, 2020, p. 106). Empero, aquí también se muestra una gran paradoja. La expansión del mercado (que tanto alaba Kaiser) no es independiente del desarrollo del Estado. En efecto, es solamente al interior de reglas jurídicas de una comunidad nacional (fijadas ambas por una autoridad estatal) que los intercambios económicos pudieron expandirse (Mansuy, 2020).

Por otro lado, en su libro La fatal ignorancia, Axel Kaiser plantea con pretensión filosófica la importancia de las ideas y la cultura en el ámbito político. Particularmente, indica que las ideas y la cultura se encontrarían desconocidas por la derecha (chilena), al punto que existiría una “hegemonía cultural de la izquierda”. Él diagnostica la distancia entre derecha y cultura, la relevancia de las discusiones ideológicas en la realidad política y el reconocimiento de un malestar social. Por el contrario, Kaiser exclusivamente ofrece simples invocaciones y la reiterada presentación simplificada del ideario del liberalismo económico, algo que, perfectamente podría compartir un liberal de izquierda (Herrera, 2014).

Pese a lo anterior, Kaiser piensa que una versión estratégicamente bien planteada de las ideas liberales de derecha tendrían amplia recepción en el electorado. A fin de cuentas, Kaiser señala que “todos quieren vivir en un mejor barrio, comprarse un mejor auto, mandar a sus hijos a mejores colegios, etc.” (Kaiser, 2009, p. 155 citado en Herrera, 2014, p. 142). A pesar de aquello, para el abogado y filósofo chileno Hugo Herrera (2014), dichas ideas expresadas por Kaiser se constituyen en una representación simple e individualista de la realización humana, que no requiere necesariamente de una “filosofía” que la sustente. De hecho, Herrera (2014) señala que Kaiser no acude, como sería esperable, al pensamiento de los filósofos o teóricos políticos liberales de derecha provenientes de la gran historia intelectual del liberalismo, tales como: Hobbes, Locke, Montesquieu o Kant. Tampoco acude a los nombres de Mario Góngora, Alberto Edwards y Francisco Antonio Encina, pertenecientes a la historia intelectual de la derecha chilena del siglo XX.

Por tal razón, para Herrera (2014) no parece admisible que Kaiser pretenda denunciar la “anorexia” cultural de la derecha, sin atender a sus principales tradiciones intelectuales. De modo que Herrera (2014) enfatiza que los intentos de Kaiser se vuelven inverosímiles, dado que ata a las ideas de derecha con el liberalismo; y específicamente las conduce a las doctrinas de la Escuela de Chicago de Milton Friedman. Esto es lo que Herrera (2014) denomina “trabajo de imagen”.

Asimismo, Axel Kaiser, en La tiranía de la igualdad, entiende su propio trabajo como una defensa argumentada de la libertad económica, fundada en razones morales más que técnicas. Su planteamiento inicial parte de que el mercado no puede defenderse por motivos meramente económicos ni de eficiencia. Asimismo, pretende elaborar una alternativa a las ideas expuestas en El otro modelo de Fernando Atria, pero partiendo de una premisa partisana según la cual absolutamente nada ha de ser concedido al diagnóstico contrario. Bajo la lógica de Kaiser, cualquier concesión equivale a deslizarse en la peligrosa pendiente del socialismo estatista. En este sentido, esa actitud de Kaiser lo deja encerrado en las mismas categorías que expresa combatir, y que fueron definidas —aunque le pese— por sus adversarios. Por lo mismo, su argumentación no es ajena al socialismo que critica, debido a que es incapaz de pensar con independencia de él (Mansuy, 2020, p. 104).

Por ello, las advertencias señaladas por Herrera (2014) y Mansuy (2020) con respecto a los planteamientos de Kaiser ya habían sido manifestadas por el historiador chileno Mario Góngora, en 1981, en su libro Ensayo histórico sobre la noción de Estado en Chile en los siglos XIX y XX. Según Góngora (1998), “la tendencia a la privatización y la convicción de que la libertad económica es la base de la libertad política y finalmente de toda libertad se enuncia por representantes del equipo económico, sin tomar el peso a la semejanza de este postulado con los de un marxismo primario” (Góngora, 1998, p. 297). Por lo descrito, también resulta útil mencionar para el caso de Kaiser lo dicho por el poeta, ensayista y escritor argentino Jorge Luis Borges: “hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos”.

En tal contexto, Kaiser es tan radical en su oposición a las ideas de izquierdas, que él mismo queda desprovisto de medios para percibir aquello que la reivindicación socialista podría tener de razonable, al menos en principio. De forma tal que Kaiser, al oponer su diagnóstico de El otro modelo de Atria, extrema su individualismo; al mismo tiempo, se niega de plano a considerar la existencia de demandas colectivas o de fenómenos políticos. Así, el autor de La tiranía de la igualdad ignora la dimensión política de la vida humana, porque en su raciocinio solamente existe el mercado como procesador de nuestras preferencias individuales “libremente” elegidas; asimismo, cualquier interferencia en ese mecanismo es considerada como atentatoria contra la libertad económica. En este aspecto, no hay concepción republicana de libertad, ni ejercicio colectivo de ella: la libertad sólo atañe al individuo y su metro cuadrado (Mansuy, 2020).

De esta forma, la comprensión de Kaiser no considera que la lógica económica medida mediante la satisfacción de necesidades se realiza por medio de un pago, y quien no paga queda marginado del consumo. Por descontado, se promueve la competencia por sobre la cooperación, el individualismo por sobre la acción colectiva. Necesariamente, en el mercado cada persona puede expresar sus preferencias y opiniones en función de su capacidad de generar ingresos más que por el hecho de ser ciudadano (Larraín, 2020).

Entonces, por ejemplo, en La fatal ignorancia de Axel Kaiser se detecta una importante omisión —como no sea para descalificarlas— de conceptos como la solidaridad, la colaboración social, la comunidad, el pueblo o la nación, cuyos aspectos resultan insustituibles en la comprensión de la vida humana. Sin la dimensión comunitaria, la vida humana que es siempre colectiva, no se diferenciaría de demonios, egoístas y calculadores, como la que menciona Immanuel Kant en Hacia la paz perpetua (Herrera, 2014). “Y esto es un punto clave, pues, en su mejor lectura, la filosofía política de Kaiser es una filosofía antirrepublicana, que ve en lo público mera metafísica, sofistería, trucos comunicacionales de las izquierdas borrachas de épica revolucionaria” (Garín, 2017, p. 116).

De aquí se deriva que para entender el fenómeno del populismo en América Latina, Kaiser también señala que en su raíz cultural impera una tendencia casi irremediable a dar poder ilimitado al Estado. En su lectura, para Kaiser, América Latina no alcanza el desarrollo por sus condiciones históricas y culturales, sino por su identidad (Araos, 2021). Sin ir más lejos, para Kaiser, “el progreso requiere un extendido sistema ético que sostenga el marco institucional que lo hace posible” (Kaiser, 2017, p. 141 citado en Araos, 2021, p. 48).

Por lo tanto, para la historiadora chilena Josefina Araos (2021) resulta curioso constatar una actitud refundacional en Kaiser y que asigna al populismo en su propia reflexión. Particularmente, desde la perspectiva de Kaiser, en la tendencia a votar recurrentemente por representantes del populismo no habría ninguna clave relevante de analizar, sino un mero engaño de quienes prometen resolver todos sus problemas. De esta manera, Kaiser es tan constructivista como aquello que critica (algo curioso en un reivindicador de Hayek). Dicho de otro modo, para Kaiser, corresponde avanzar en la creación de un nuevo sentido común, que permita superar el engaño populista. Para él, resulta necesaria una revolución ideológica y de valores, que transforme la mentalidad de las personas comunes y corrientes (Araos, 2019). No obstante, “Kaiser desvía permanentemente su mirada del actor político fundamental, pues lo desprecia: el pueblo” (Araos, 2021, p. 48).

Del mismo modo, la doctrina con la cual se identifica Kaiser, para él, se constituye en la garantía exclusiva del desarrollo. Siendo así, todo lo que se le oponga debe ser desechado de cualquier explicación. Sin embargo, esto refleja que el esquema de Kaiser no es una propuesta reflexiva del fenómeno que observa, sino una elemental militancia y consignas vacías (Araos, 2021).

Conclusiones

Más allá de las universidades se han creado centros e institutos de inspiración neoliberal. Ahora bien, en 1947 se fundó la Sociedad Mont Pelerin con representantes de la Escuela Austríaca (Von Mises y Hayek) y de la Escuela de Chicago (Friedman y Knight). En vista de esto, el neoliberal chileno Axel Kaiser también pertenece a dicha asociación. Entonces, nada raro que Kaiser en La fatal ignorancia se haya quejado del desprecio por la cultura que su sector político ha mostrado tradicionalmente, instándolo a tener una participación más activa en la batalla intelectual (Squella, 2019).

Empero, como señaló Mansuy (2020), la principal dificultad de la derecha chilena es reducir la política a una extensión de la economía. Efectivamente, él cree encontrar bien expresada esta posición en el trabajo de trinchera de Axel Kaiser. Por consiguiente, enfatiza que la comprensión de Kaiser “es de un reduccionismo tan delirante como infantil” (Mansuy, 2020, p. 107). Dicho de otra manera, para Mansuy (2020), el diagnóstico de Kaiser además parece insuficiente, en la medida en que prefiere ignorar los problemas políticos efectivos, como si negando su existencia estos dejaran de existir.

Asimismo, el sectarismo, encarnado en ciertos intelectuales hechizados por el libre mercado, generó su propia enfermedad infantil en el liberalismo. De este modo, por momentos, el neoliberalismo luce como una teología económica, o bien como una especie de monoteísmo económico (Squella, 2019). Por descontado, los planteamientos de Kaiser también se pueden incluir en la argumentación de Agustín Squella (2019). De la misma forma que el filósofo Jorge Millas, en 1983, calificó los puntos de vistas de Friedrich Von Hayek como “ni científicos, ni filosóficos, sino rotundamente pragmáticos”, añadiéndole los calificativos de “soñador, ingenuo y sofista” (Squella, 2019); también se podrían asignar dichas valoraciones a las ideas de Axel Kaiser.

En este sentido, para discutir con el libertarianismo o el neoliberalismo de Kaiser, como bien manifiesta Garín (2017), el liberalismo debe ser capaz de leer y rescatar el principio republicano de la filosofía política ilustrada. Lo antes mencionado implica que la construcción de ciertos bienes públicos, de ciertos espacios públicos, por lo demás, contribuyen a la creación de un ethos, un cierto carácter republicano. En concreto, esto significa que “pensar políticas públicas sin estratificación implica renunciar al dogma que Kaiser y otros libertarianos repiten sin cesar” (Garín, 2017, p. 116).

 

 

 

Bibliografía.

Araos, J. (2019). El pueblo olvidado. Una crítica a la comprensión del populismo. Institutos de Estudios de la Sociedad, IES. Santiago de Chile.

Garín, R. (2017). La fronda. Cómo la élite secuestró la democracia. Santiago de Chile: Catalonia.

Góngora, M. (1998). Ensayo histórico sobre la noción de Estado en Chile en los siglos XIX y XX. Santiago: Universitaria, 1998.

Herrera, H. (2014). La derecha en la Crisis del Bicentenario. Ediciones Universidad Diego Portales. Santiago—Chile.

Larraín, G. (2021). La estabilidad del contrato social en Chile. Fondo de Cultura Económica Chile S.A. Santiago, Chile.

Mansuy, D. (2020). Nos fuimos quedando en silencio. La agonía del Chile de la transición. Institutos de Estudios de la Sociedad, IES. Santiago de Chile.

Squella, A. (2019). Democracia ¿crisis, decadencia o colapso? Editorial UV de la Universidad de Valparaíso, Valparaíso.

 

 

[1] Sociólogo y licenciado en Sociología por la Universidad de Playa Ancha (UPLA), de nacionalidad chilena, con diplomado en Desarrollo, Pobreza y Territorio (Universidad Alberto Hurtado) y especialización en Análisis de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL). Cuenta con experiencia en el ámbito de las políticas públicas, relacionadas a la superación de la pobreza y la prevención al consumo de alcohol y otras drogas. También, posee experiencia laboral a nivel de consultoría en Colombia.

 

 

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