La Plaza Hernán Cortés en el pensamiento decolonial de la historia

Por Adrián Gonzalo Mancilla Carrasco

En muchos espacios públicos se encuentran muestras artísticas que enseñan y reconocen la historia regional o recuerdan la historia patria, puesto que el arte va encadenado a la historia. De modo que las diferentes variantes artísticas que existen sirven como fuentes para el estudio o explicación de la historia, pues toda expresión cultural se convierte en fuente para ésta. Es por ello que resulta importante el análisis de la escultura expuesta en la Plaza Cortés en la comunidad de Extremadura, España. Hablar del monumento que hizo a finales del siglo XIX el escultor ibérico Eduardo Barrón González, en el que representó de cuerpo completo al conquistador Hernán Cortés, con su armadura completa, de pie, con perfil victorioso, mientras sostiene con su mano izquierda su estandarte, colocando el pie izquierdo sobre una figura con un rostro de rasgos humanoides que refiere a una pieza religiosa Mexica caída entre escombros, es una escena que muchos ven insignificante y sin sentido; algunos incluso podrían señalar la discusión de si es o no un motivo para replantear el discurso histórico, como simplón o amarillismo histórico. Pero, no es el caso, simplemente se tiene que abordar la historia con conciencia crítica, y siempre en el entendido de que la historia está presente en la cotidianidad de la vida, pues, ésta es reflejo del quehacer humano. Ahora bien, con cotidianidad me refiero al quehacer diario de las personas, que abarca el ir y venir por los espacios públicos. Así pues, la escultura que se encuentra en una plaza pública expone un discurso que permea constantemente al espectador, voluntario o involuntario, que transita o visita la plaza, estas acciones son referencias de la vida cotidiana.

La estatua de Hernán Cortés ubicada en la Plaza de Cortés, en la región de Badajoz, Medellín, España, fue puesta con la intención de reconocer y celebrar al personaje que nació en dicho lugar, por lo que se presenta a un hombre fuerte, como campeón medieval. A los pies del conquistador se muestra un altar e ídolo del imperio Mexica, que de manera alegórica trata de representar a la idolatría subyugada y no la muerte de un indio nativo del nuevo mundo, así lo explican los referentes de la estatua, sostienen que el escultor Eduardo Barrón quizá se centró sobre la grandeza de Cortés como personaje histórico y que las críticas o referencias a la escultura como símbolo ofensivo al pueblo mexicano son meras aseveraciones compuestas de ignorancia histórica, pues no se expone en la obra a ningún indígena muerto o sometido por los pies de Cortés, ni se puede decir que el tema central y explícito de la escultura fue éste. Con estos argumentos algunos defienden la obra escultórica, no obstante, cabe hacer notar que dicha argumentación sí carece de conocimiento de la historia ya que no se tiene en cuenta el proceso histórico que sufrieron los pueblos originarios de las tierras descubiertas, llamada después Nueva España.

En un supuesto que otorgue la duda sobre la buena intención del artista, quien no buscaba generar controversia, sino sólo la representación heroica y el reconocimiento de lo logrado por Cortés en favor de la fe católica, la interpretación de la historia sería minimizada, como lo suele narrar la historia de bronce o historia oficial. Pues la idea de que se está escenificando y representando la caída de la idolatría sin buscar señalar más hacia el acontecimiento histórico no es suficiente para comprender la historia misma.

Mencionemos, entonces, un poco del contexto histórico sobre la obra del escultor Eduardo Barrón y su obra sobre Hernán Cortés.

Se inauguró el 2 de diciembre de 1890 (en el que se suponía, erróneamente, tercer centenario de la muerte del conquistador). En 1890, al volver de Roma, Barrón esculpió este monumento. Cuando la obra estuvo terminada, la Reina Madre visitó el taller del artista y quedó tan admirada que nombró a Barrón «Caballero de Carlos III».

La estatua representa al conquistador en pie, con armadura y borgoñota, la mirada elevada al cielo con el pendón de Castilla en la mano izquierda, bengala en la diestra, pisando un ídolo azteca caído de unas ruinas en la parte posterior. El pedestal tiene forma de Torreón almenado. En su frente, bajo el escudo de Medellín, en bronce, se lee: A HERNÁN CORTÉS MDCCCXC

En la base, en cada frente hay un trofeo con una rodela en medio leyéndose en ellas: MÉJICO-TEBASCO-OTUMBA-TLAXCALA. En el lado opuesto al frente está el escudo de Hernán Cortés. En el ancho pedestal destacan por cada lado dos cabezas de león barrados, en bronce. Y a un costado la firma grabada: E. BARRÓN[1]

La narrativa que describe la escultura define la historia oficial que el autor recrea, aún más importante es que la reina, autoridad moral del país, es quien valida y reconoce la línea historiográfica con la que se construye un recuerdo identitario del país y de la región de Badajoz.

En contra sentido al discurso de los ganadores, es necesario que se haga una lectura del documento histórico con la visión de los vencidos y dejar la argumentación histórica positivista de los que dicen tener derecho a escribir la historia y deciden qué es válido recordar. En tanto que, si nos ponemos a observar la idolatría como un simbolismo del discurso histórico propio de la escultura, la mirada tiene que tener una postura crítica y decolonial en el análisis de lo que representa la efigie de Hernán Cortés y la alegoría de la idolatría. Es necesario examinar lo que se oculta al otro lado de la simpleza con que se mira la obra. Esta explicación con la que se aclara que el ídolo pisado no es una persona por lo que no habría motivo para aspavientos al respecto, propicia que el significado de la escultura sea minimiza en la proyección histórica, y que lo representado sea una figura sin otro valor más que el de la celebración victoriosa de Hernán Cortés como héroe de la historia de España, pero cuando se mira a detalle el pensamiento cosmogónico Mexica contenido en la idolatría del tótem destruido, el significado se acrecienta pues entramos a un proceso histórico más profundo que es negado en la narrativa jerárquica del eurocentrismo.

Es en este detalle donde el simbolismo y las señales se ven con profunda crítica histórica, el ídolo no es una simple pieza, es un concepto abstracto que recoge todo un pensamiento propio, un saber original de la vida al que se le está representando como negativo y que tiene que ser destruido. El abatimiento del pensamiento diferente al europeo era conveniente para perpetuar el poder de la religión católica, durante el siglo XVI, pues en esos años estaba en crisis su hegemonía de pensamiento y por lo tanto su poder, lo anterior a causa del protestantismo que estaba haciéndole ruido a sus intereses.

Sin embargo, para los años en que se inauguró la escultura, en 1890, el discurso también empodera al reino de España, y proclama el poderío europeo, en ese sentido se enaltece su trayectoria histórica y fundamenta el poder colonial y religioso, centurias después de la invasión al Imperio Mexica, lo que demuestra que hay una continuidad en el pensamiento colonial, en el proceso de invadir y mantener un ideario de superioridad. Para el siglo XX y XXI, el valor de la escultura es el mismo, un discurso de poder y memoria histórica de un pueblo valorándose por sobre otra cultura que no merece ser considerada dentro de la misma apreciación histórica.

Empero, la historia necesita reinterpretar este valor. En el caso de la efigie de Cortés, el estudio tiene que salirse de los cánones eurocéntricos para poder ampliar el campo de visión. En este sentido, ideas y textos como los de Boaventura de Sousa Santos, se vuelven una herramienta de concientización y estudio historiográfico, para la reinterpretación de la historia. Cuando Boaventura refiere que “La dificultad para imaginar la alternativa al colonialismo reside en que el colonialismo interno no es solo ni principalmente una política de Estado, como sucedía durante el colonialismo de ocupación extranjera; sino una gramática social muy vasta que atraviesa la sociabilidad, el espacio público y el espacio privativo, la cultura, las mentalidades y las subjetividades.”[2] La estatua de Hernán Cortes tiene un discurso de la historia que consigna la explicación de Boaventura pues su discurso va por la línea colonizadora, reflejándose particularmente en su inauguración, quizá de manera inconsciente el escultor hace una narrativa unilateral que perpetúa el pensamiento del siglo XVI.

Entonces, si hablamos de una historia crítica en las aulas de las universidades, se espera que se trate de construir el conocimiento lo más abierto al diálogo con la otredad. La historia no nace nada más de quienes la escriben, porque resultaron vencedores, la historia se reinterpreta y la hacen los pueblos que cayeron luchando, que perecieron al paso del tiempo o por la negación causada por la idea de “monocultura de saber y del rigor del saber”[3], generando usencias en el relato histórico, poniendo sombras a los vencidos, a lo diferente; por lo tanto, la historia también existe entre líneas y es en donde podemos resarcir la trama histórica, completar verdades históricas o tirar mitos universales de la humanidad.

La escultura que realizó Barrón de Hernán Cortés ha dado un posicionamiento de la cultura ibérica respecto al proceso de la conquista que se dio sobre el Imperio Mexica, su contribución a la historia nacional y local lleva un peso importante que ayuda a la comprensión del universalismo histórico que se encuentra recurrentemente en el pensamiento europeo. Este pensamiento es una racionalidad monocultural para la comprensión de lo otro, de los otros.

Para finales del siglo XIX, 1890, año en el que se realizó y se inauguró la escultura de Cortés pisando a la idolatría, como ya se ha señalado, se encuentra una continuidad explicativa de la historia y el entendimiento que se tiene, la idea que expresa el artista es la de una postura aprendida y enseñada por la historia española que muestra sus atributos victoriosos en su narración oficial, sin duda, las ideas universales del eurocentrismo inspiraron el pasaje histórico de la efigie de Hernán Cortés.

Por lo que, entendiendo la función pedagógica de la escultura para transmitir un saber de la historia nacional de España, se demuestra que la ingenuidad no cabe en la historia y ésta contiene significados y propósitos; explicaciones que causan construcciones en el imaginario colectivo, en la conciencia histórica y en la cotidianidad de la vida.

Las efigies van formando ideas colectivas, aunque en ocasiones, esto no se aprecia por el espectador que, ya conveniencia de la identidad histórica, recibe un mensaje intencionado y sesgado. Para el caso de Latinoamérica, la ignorancia de la memoria colectiva es conveniente para posicionar muchos intereses: políticos, económicos, empresariales, coloniales, dictatoriales, liberales, democráticos, ultraconservadores, racistas, etc.

Habría que explicar la complejidad que soporta al discurso histórico y desempolvar el mensaje que recibe la persona espectadora, que cualquier día a cualquier hora, admira la escultura de Barrón. El tema central en la estatua de Cortés no es la figura del conquistador, es la acción de abatimiento de las “falsas creencias” que tenían los pueblos del nuevo mundo, significa la caída y destrucción de la idolatría para extender la fe cristiana, con esta idea de triunfalismo del pensamiento occidental sobre el “salvaje”, soportado por las concepciones medievales como la necesidad de salvar al nuevo mundo de la ignorancia y la maldad que estaban así por consecuencia de las acciones del demonio.

No hay que olvidar que el combate a la idolatría fue el motor con el que se emprendió la acción de conquista en las tierras del continente llamado nuevo mundo, la acción de la guerra se justificó bajo la expansión de la fe cristiana. Los reyes católicos y la Iglesia llevaron la acción militar y dominación política envuelta en la necesidad de acarrear la verdadera fe a los pueblos alejados del Dios europeo.

Robert Richard lo señala en su libro La Conquista espiritual de México: “Imposible estudiar la historia de la evangelización de México sin dar el debido realce a las preocupaciones religiosas que llenaron en todo tiempo el alma del conquistador Cortés”[4] no deja de ser una acción expansionista con intereses, económicos e imperiales, aunque la institución de la Iglesia haya dado la misión salvadora de hacer llegar la fe católica a las nuevas tierras.

Quizá sea éste el punto único en que siguió las instrucciones de Velázquez. [se dirigen a Cortés] El principal motivo que vos e todos los de vuestra compañía habéis de llevar, es y ha de ser para que en este viaje sea Dios servido y alabado, e nuestra santa fe católica ampliada[…] Tenéis cuidado de inquerir… si los naturales… tengan secta, o creencia, o rito, o ceremonia en que ellos crean, o en quien adoren, o si tienen mezquitas, o algunas casas de oración…la principal cosa porque se permiten que se descubran tierras nuevas es para que tanto número de almas… han estado… fuera de nuestra fe, trabajaréis por todas las maneras del mundo para les informar de ella. Las instrucciones de Velázquez no hacían más que expresar los manifiestos deseos del papa y de los reyes españoles […] el fin primario de la expedición era extirpar la idolatría y convertir a los indígenas a la fe cristiana: hecha la guerra con otra intención, agregaba, sería una guerra injusta.[5]

¿Qué significaba la idolatría y por qué importaba a España hacer de este acto algo valeroso? No fue únicamente la expansión de una idea religiosa, ni sólo la expansión del poderío colonial lo que llevó grandes riquezas materiales a la península ibérica y a la iglesia católica, era más que la dominación del mundo. Contemplar la efigie de Hernán Cortés pisando una figura religiosa diferente a la fe católica, significa poder y ser parte de un legado victorioso, que da una especie de dignidad histórica al pueblo ibérico.

El regocijo que podría dar la escultura al espíritu identitario español tiene implícita la carga simbólica y discursiva de una imposición violenta y al mismo tiempo el discurso del poder colonial que no sólo desvaloriza el pensamiento de lo diferente, sino que además lo destruye y lo niega buscando ocultar la otra manera cosmogónica de ver, explicar y creer que es el mundo.

La reinterpretación de la lucha contra la idolatría se tiene que hacer en un segundo plano, quitando la apreciación sobre la figura heroica de Cortés para ver el significado que nos dan los signos y los símbolos sobre la obra, a saber, lo que representa la figura de la idolatría y lo que significa haberla vencido. Derrotar la idolatría trajo guerra, muertes, violencia física y la negación del conocimiento que los Mexicas tenían. Lo anterior, con el propósito de colonizar y homogenizar el pensamiento; construir una idea universal personalizada del mundo europeo que legitimara al poder en todas sus expresiones, militar, ideológico y al político. Se puede hablar de la idolatría como el borde, la frontera en el que se pone el pensamiento decolonial, en el que se da la opción de hacer una lectura diferente de la historia, de otra realidad, porque es lo que se sale de la explicación eurocéntrica del mundo y la historia. “[…] la opción decolonial es la opción que surge desde la diversidad del mundo y de las historias locales que, a lo largo de cinco siglos, se enfrentaron con “la única manera de leer la realidad” monopolizada por la diversidad (cristiana, liberal, marxista) del pensamiento único occidental.”[6]

En el ejercicio de hacer un giro histórico con un posicionamiento decolonial, la historia ya no es nada más la de los vencedores. La interpretación histórica ha alcanzado una nueva postura, que busca comprender todas las piezas del rompecabezas, las subjetividades se observan, como —por ejemplo— el pensamiento religioso de los pueblos conquistados, aquí es que las raíces de la historia son multidimensionales, transversales en la explicación de las ciencias sociales. “La opción decolonial es un pensamiento que surge de la experiencia de morar en la exterioridad, en las fronteras creadas por la expansión de Europa en la diversidad (lingüística, religiosa, social, subjetiva, económica, política) del mundo.”[7]

Walter Mignolo nos dice que el pensamiento decolonial es un acto para la re-existencia, cuyo análisis se puede aplicar en la historia contada sobre la conquista del imperio Mexica, sobre todo en la narración que surge desde esta escultura de Cortés, porque el discurso histórico de la plaza de Cortés y su escultura es la destrucción del pensamiento originario del pueblo Mexica, Esta destrucción está matizada y simbolizada por el pensamiento europeo bajo el argumento de lo que ellos llaman “idolatría”. Por ello es necesario posicionar en el análisis histórico la re- existencia como revaloración del estudio de fuente histórica.

La polémica que surge en la reinterpretación de la historia que nos narra la escultura de Cortés es importante pues el discurso que expresa con la narrativa de triunfo y la derrota de la idolatría es un claro ejemplo de violencia epistémica, en el tendido de que:

[…] la violencia epistémica la constituye una serie de discursos sistemáticos, regulares y repetidos que no toleran las epistemologías alternativas y pretenden negar la alteridad y subjetividad de los Otros de una forma que perpetúa la opresión de sus saberes y justifica su dominación. Esto es, violencia ejercida a través de regímenes de saber y la represión epistemológica de los otros mediante la denigración e invalidación de sus propios saberes a partir de determinados regímenes discursivos universales que representan y reinventan para sí mismos[8]

Así, la acción de pisar una figura pagana que simboliza el pensamiento diferente al europeo es muestra de la subyugación a un pensamiento diferente; a una epistemología, a una construcción diferente de saberes y entendimientos del mundo. Todos los rituales, expresiones de la cosmogonía Mexica fueran cambiadas, ajustadas a las ideas del catolicismo y pensamiento europeo.

Mucho del sincretismo cultural resultó de la denigración del saber, todo aquello que no se validara por los colonizadores tenía que ser cambiado a sus saberes, y que por consecuencia, con el pasar de los años y los siglos, la colonización cultural haya creado nuevas expresiones culturales, pues sí, en efecto, pero tuvo que ser en un principio a costa de posicionar un conocimiento por sobre otro demostrándose poderoso y jerárquico ante lo alterno, para negarlo, invalidarlo y cambiarlo.

Es así que la historia que nos cuenta la escultura de Cortés, como elemento de la memoria colectiva española, proporciona un saber de la historia desde la construcción del europeo, siendo su voz la preponderante, validadora de lo diferente, mostrando una “Heterogeneidad histórico-cultural y de pensamiento histórico imperial”[9]pero que nos permite en esa visión eurocéntrica buscar la historia que existe y que se niega ante los ojos de los espectadores.

La escultura es un elemento que expone un discurso histórico eurocéntrico e imperial, construyendo un ideal de lo español, es importante porque es parte de la memoria del pensamiento colectivo de la región. En ese sentido, la narración permanente que realiza la escultura ayuda al proceso pedagógico de la historia, formando un ideario identitario o posicionando creencias, como en este caso, para veneficio la fe católica. Resulta, entonces, importante para el estudio de la historia poder desmembrar la iconografía, los símbolos, las señales y los discursos que acompañan a la obra de arte, pues los significados traen consigo posibilidades de reinterpretaciones históricas. En el caso de la escultura de Hernán Cortés es importante explicar qué significa “la derrota de la idolatría”, pues éste es el centro mismo del pensamiento colonial europeo, violento y destructor, es un pensamiento con el que se legitima la violencia directa, aunque la escultura se haya realizado en siglo XIX y la escena sea del XVI, el discurso histórico se mantiene con valides ante las nuevas generaciones.

Esta violencia epistémica aun cabe en la actualidad y se repite porque no es visible para los ojos de la historia oficial que aún se enseña en las escuelas y se narra entre la oralidad de lo cotidiano. Si se diera una postura decolonial de la historia europea la reconstrucción de la historia pondría en entredicho mucho de lo que se ha dado a conocer como verdad, razón y ciencia. Esta estatua nos habla de la importancia que tiene el conocimiento y por qué “la historia no es una producción imparcial de conocimientos, sino un proceso de violencia epistémica, construcción interesada en presentar una determinada representación de un objeto que puede no tener existencia empírica al margen de esa representación”[10] El discurso que se puede encontrar en la fuente histórica es la que complementa y valida la conquista mediante un pensamiento subjetivo que desprecia y descalifica al otro pensamiento subjetivo. Como se muestra en el triunfalismo del pensamiento católico que se impone como una episteme europea

validadora y dominante por sobre la misma ocupación colonial lograda por el poder militar en contra del imperio Mexica.

La acción del epistemicidio[11] se puede encontrar en el universalismo de lo científico, en lo racional o cultural cuando todo lo explicado converge en una postura eurocéntrica. Algunos ejemplos actuales pueden ser: el pensamiento imperialista blanco, el de la dominación de saberes por sobre las culturas originarias, el racismo, el discurso de negar las subjetividades de los grupos sociales, como lo hace el kukuxklan, la negación de los feminismos y las relaciones de género. Es en pleno siglo XXI donde aún hay mucho que trabajar, mucho por rehacer para creer que sólo hay una manera de explicar, conocer y pensar la humanidad. Es, en suma, necesario desarticular un establishment ideológico histórico para que quepan las subjetividades culturales que existen en el mundo, así como en la narración de la historia.

Monumento plaza Hernán Cortés*

Fuentes consultadas

Boaventura de Sousa Santos, Descolonizar el saber, reinventar el poder, Edición Trilce, 2010 Mignolo, Walter. La idea de América Latina (la derecha, la izquierda y la opción decolonial).

Crítica y Emancipación, (2): 251-276, primer semestre 2009

Pulido Tirado Genara, “Violencia Epistémica y descolonización del conocimiento”, en Sociocriticism – Vol. XXIV, 1 y 2, 2009

Richard Robert, traducción Ángel María Garibay, La Conquista espiritual de México, Fondo de Cultura Económica, México, 2014

Páginas web http://www.medellinhistoria.com/medellin/pmonumento_hc.htm https://www.elmundo.es/elmundo/2010/08/11/espana/1281536193.html http://eduardobarronescultor.blogspot.com/p/nueva_04.html

  1. visto en junio 2020.blogspot.com/p/nueva_04.html
  2. Boaventura de Sousa Santos, Descolonizar el saber, reinventar el poder. p. 14.
  3. Ibid., p. 22.
  4. Robert Richard, traducción Ángel María Garibay, La Conquista espiritual de México, Fondo de Cultura Económica, México, 2014, p.61.
  5. Ibid, pp. 61,62
  6. Mignolo , Walter. La idea de América Latina (la derecha, la izquierda y la opción decolonial). Crítica y Emancipación, (2): 251-276, primer semestre 2009. pp. . 254.
  7. Ídem
  8. Pulido Tirado Genara, “Violencia Epistémica y descolonización del conocimiento”, en Sociocriticism – Vol. XXIV, 1 y 2, 2009, p.173
  9. Mignolo, Walter, ibid., p. 270
  10. Pulido Genara, Ibidem, p. 176
  11. El epistemicidio podría entenderse directa y sencillamente como agravio moral en tanto desigualdad establecida de forma sistémica en el acceso, difusión y validación de dichos saberes a nivel social, por lo cual no podrían entenderse como equivalentes o igualmente válidos. Pero también propende por la exterminación de dichos saberes al no incluirlos en las instituciones y prácticas de reproducción designadas y validadas social e históricamente (escuelas, universidades y centros de investigación y desarrollo científico, editoriales, medios de comunicación), siendo este un atentado directo a la supervivencia de conformaciones y tradiciones culturales, o en el mejor de los casos, a la segregación cultural. Zabala Sandoval Juan David, “Epistemicidio como negación del reconocimiento. Pensar la educación en las estructuras espacio-temporales de producción y reproducción de desigualdades sociales” en Revista Ciencias de la Educación Academicus, vol. I, Número 7, México, año 2015, p. 51*Imagen tomada de http://www.medellinhistoria.com/medellin/pmonumento_hc.htm

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