Plurinacionalidad: Una crítica al asunto indígena en Chile

Por Jorge Eduardo Yáñez Lagos[1]

 

Precuela

“Por autodeterminación de las naciones se entiende la formación de un Estado nacional independiente”, señaló el histórico político comunista ruso Vladimir Lenin; y cuya expresión se encuentra parafraseada en el libro Vía constitucional a la revolución: Chile entre el estallido, la plurinacionalidad y el plebiscito, del escritor y diplomático chileno José Rodríguez Elizondo (2022).

Por lo dicho, Rodríguez Elizondo (2022) detalla que el desborde del imperio-plurinacional de los zares estuvo en la agenda estratégica de los revolucionarios bolcheviques. En 1914, Stalin contrapuso el internacionalismo proletario y “la ofuscación nacionalista” de la burguesía. De ahí que estos primeros esbozos de plurinacionalidad se apoyaban o rechazaban según fuera “el interés de la clase obrera”. Desde esta perspectiva, se relevaba la “patria proletaria”. Sin embargo, Lenin fue quien pulió esta tesis un año después, planteando la existencia de los “Estados abigarrados”. En palabras simples, dichos Estados contienen varias naciones con derecho a la autodeterminación, definido como “el derecho a la separación”. Desde esta lógica, se puede conformar un Estado nacional independiente.

Asimismo, dichos planteamientos leninistas se encuentran detallados en el ensayo El derecho de las naciones a la autodeterminación. En ese contexto, para Lenin, la expresión perfecta del derecho de las naciones había sido la separación de Noruega de Suecia en 1905.

A partir de lo anterior, también se puede comprender el actual intento de Vladimir Putin en fragmentar un Estado-nación europeo por vía armada. Así pues, para Rodríguez Elizondo (2022), la guerra desatada en Ucrania se constituye en la verificación in situ de lo complejo que es tener más de una nación en un sólo Estado. En este caso, Putin está luchando no sólo por tener una Ucrania con hegemonía rusa, sino una Ucrania rusa. No obstante, Ucrania es realmente una nación con hegemonía ucraniana y con sus tradiciones culturales ucranianas. Pese a esto, Putin ha desembocado una de las situaciones más peligrosas que estamos viviendo en el mundo desde la crisis de los misiles de 1962.

De modo que se hace necesario relevar que la experiencia histórica contemporánea demuestra que en todo separatismo preexiste una política dictatorial de Estado, que culmina en catástrofe. La Yugoslavia plurinacional de Tito terminó en la guerra de los Balcanes, mediante la división de siete Estados nacionales. Por su parte, el imperio plurinacional soviético terminó con la implosión de Rusia y con la separación de sus repúblicas. Al mismo tiempo, el caso de Checoslovaquia culminó con la separación de sus componentes nacionales internos. Así las cosas, la invasión a Ucrania se constituye en una continuación de lo señalado (Rodríguez Elizondo, 2022).

Complementariamente, el politólogo Juan J. Linz (1999) detalló, en un trabajo realizado con Alfred Stepan, que el tipo soviético de etnofederalismo y las constituciones extremadamente federales de algunos países comunistas contribuyeron al resurgimiento del nacionalismo en sociedades postotalitarias y al desmembramiento de esos Estados. De esto se desprende que en las sociedades multinacionales la aparición del federalismo, del federalismo parcial o de combinaciones quasi-federales, se encontraban directamente relacionadas con el problema del nacionalismo.

A modo de ejemplo, el federalismo democrático puede, pero no lo hace siempre, impedir los conflictos étnicos. Justamente, se observan los conflictos en la formación de la Antigua Yugoslavia como consecuencia de la desintegración del Imperio Austro-Húngaro y el papel de los nacionalismos-regionalistas en India, Pakistán, Bangladesh y España (País Vasco y Cataluña), entre otros países. Por otro lado, los excesos de los nacionalismos que ocasionan la secesión y creación de un nuevo Estado-nación probablemente no engendren una nación liberal y democrática. Este problema no se elimina en los Estados federales multinacionales (Linz, 1999).

 

Entreacto

Lo argumentado por Linz (1999) también resulta relevante para comprender las complejidades de una plurinacionalidad constitucional sin resguardos. En Chile, la Convención Constituyente que funcionó entre el 04 de julio de 2021 al 04 de julio de 2022 planteó el “principio” de la plurinacionalidad en diversas agendas políticas. Según Rodríguez Elizondo (2022), de manera errónea y peligrosa para él, se identificó la plurinacionalidad, que es una realidad instalada, con la multiculturalidad, que es un derecho humano en distintos niveles de respeto.

Empero, la propuesta constitucional declaró la preexistencia de 11 “naciones” al interior de Chile con sus respectivas autonomías territoriales, autogobiernos, reconociendo sus jurisdicciones (sistemas de justicias indígenas), autoridades, tierras, territorios y recursos, sin delimitar exactamente lo anterior.

En este sentido, semánticamente se trató de homologar como “naciones” a las diversas comunidades que existen en cada Estado de la región: pueblos ancestrales, entes territoriales varios y diversas agrupaciones identitarias. Sin embargo, poco importó que dichas “naciones” no tuvieran homogeneidad, territorios definidos ni proyectos de futuro en común que las hicieran viables fuera del Estado nacional vigente (Rodríguez Elizondo, 2022).

En paralelo, también cabe recalcar que “la nación es una comunidad imaginada, y la idea y aspiración de independencia para la nación, un sentimiento adicional, tiene que generarse. Es un error suponer que todos aquellos que comparten ciertas características primordiales —la ascendencia, una lengua, una religión, una cultura— tienen el mismo sentido de identidad nacional y todavía más el deseo de independencia” (Linz, 1999, pág. 14). En efecto, datos objetivos como el lenguaje, la religión o el origen étnico, per se no permiten “imaginar” una nación. Para ello, sólo el deseo de autodeterminación —en jerga leninista—, o sea, el anhelo de independencia define una nación.   

Pese a ello, la Convención Constitucional igualmente propuso políticamente el concepto de plurinacionalidad. Aquí, el principal ideólogo fue Álvaro García Linera, ex vicepresidente de Bolivia, definible como un marxista indigenista, con incrustaciones del peruano José Carlos Mariátegui y del teórico italiano Antonio Gramsci. García Linera, en su libro Comunidad, socialismo y Estado plurinacional, editado en Chile y presentado en 2015 en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, planteó que el socialismo implica un escenario de “guerra social total” y su objetivo pasa por liquidar el Estado-nación soberano. Para conseguir este propósito, el ex vicepresidente boliviano esbozó la siguiente tesis: “en el Estado Plurinacional, los indígenas son la fuerza motriz” y articulan el bloque histórico en el poder. Desde este ángulo, por default y en nombre de “la deuda histórica”, círculos intelectuales asignan esa misión a los pueblos originarios (Rodríguez Elizondo, 2022).

De este modo, naturalmente los planteamientos de García Linera adquieren sentido en Bolivia, dado que cerca de un 60% de su población es originaria; y, en consecuencia, tienen un peso relevante en la consideración democrática. Sin embargo, en Chile sólo un 12,8% de la población se configura en descendientes de pueblos originarios o precolombinos. El marco motivacional para impulsar la plurinacionalidad en Chile hace referencia al postergado reconocimiento al combativo pueblo mapuche, cuya densidad demográfica es de un 10%. En otras palabras, en Chile se identificó erróneamente plurinacionalidad con descentralización y multiculturalidad (Rodríguez Elizondo, 2022).

Siguiendo esta línea argumentativa, en América Latina, se puede constatar un indigenismo (diferente a lo indígena) entendido como una ideología de contragolpe, asumida por los descendientes de los habitantes originarios de nuestros países, que apunta hacia los sectores sociales dominantes, cualesquiera sean sus dirigentes políticos (Rodríguez Elizondo, 2022). De manera que se logra visualizar un etnonacionalismo fundamentado en el marxismo-leninismo y en la reconstitución de los pueblos originarios o precolombinos. Lo anterior, es lo que sintetiza la plurinacionalidad de García Linera.

A partir de esta distinción y siendo coherentes con la historia desde la época colonial, los mapuche siempre plantearon sus demandas de autonomía respecto al Chile republicano, y no como afán de asimilarse a la nacionalidad ni, menos, a la estadidad (Rodríguez Elizondo, 2022). En este marco histórico, se entiende el discurso etnonacionalista del divulgador Pedro Cayuqueo Millaqueo, quien también fue fundador y vocero de la agrupación ilícita Coordinadora Arauco— Malleco (CAM). Cayuqueo, en una entrevista televisiva en CNN Chile[2] en 2014, señaló lo siguiente: “yo me siento mapuche. Mi identidad profunda nacional y cultural es mapuche. Soy chileno por circunstancias históricas […] trágicas circunstancias históricas”. Al mismo tiempo, también en dicha entrevista expresaba su anhelo autonomista en la siguiente frase: “yo creo algún día poder gozar también de un status ciudadano mapuche. Que podamos tener los mapuche un pasaporte propio. Tener la posibilidad de un carnet de identidad propio”. En adición a Cayuqueo, la ex convencional constituyente de los escaños reservados, Francisca Linconao Huircapán, aclaró en 2022 que “como mapuche no quieren un número determinado de hectáreas como devolución de tierras, sino que pretenden, con la eventual nueva Constitución, todo el territorio del llamado Wallmapu, de norte a sur, y de este a oeste”. [3]

De esta manera, a la “nación indígena” se pertenece según la raza. «Una sola sangre» proclamaba un lienzo en una presentación del libro de Héctor Llaitul Carrillanca, líder preso de la agrupación Coordinadora Arauco— Malleco (CAM). Pese a esto, José Carlos Mariátegui ya advertía contra la tendencia a pasar del prejuicio de la inferioridad de las etnias originarias, al ingenuo misticismo del racismo inverso; y en este caso, promovido por la retórica etnonacionalista de Cayuqueo, Linconao o Llaitul, entre otros(as).

Pese a todo, en Chile resulta muy difícil que el discurso etnonacioanlista pueda encarnar de forma ecuánime en los pueblos originarios. De hecho, la retórica etnonacionalista mapuche se constituye en una minoría al interior de su propio pueblo. Lo anterior, se aclara con la siguiente argumentación histórica y datos objetivos: en el caso chileno también se evidencia un problema demostrado por Linz (1999). Según Linz (1999), una de las razones de por qué las decisiones a favor de las secesiones (como las planteadas por Cayuqueo, Linconao y Llaitul) no han sido tomadas de forma democrática en plebiscitos, principalmente se debe a que han sido impulsadas por líderes políticos y algunas veces por la presión de minorías violentas o terroristas (véase caso español con agrupación terrorista ETA en el País Vasco y Carles Puigdemont en Cataluña). Así, por ejemplo, en el plebiscito para aprobar o rechazar la propuesta constitucional de corte plurinacional, comunas de Chile con una mayor concentración porcentual de población indígena, tales como, Saavedra, Cholchol, Tirúa o Alto Biobio, la opción “Rechazo” arrasó con un 68,5%, 73,8%, 77,3% y 72,1% respectivamente.

Con todo lo anterior, también se añaden otros datos relevantes. En agosto de 2022, un mes previo al plebiscito constitucional en Chile, la encuesta CEP reveló que sólo un 12% de la población mapuche apoyaba la idea de un Estado plurinacional. Pero, otro dato igualmente apreciable de la misma encuesta manifestaba que sólo un 17% de la población mapuche no se sentían “chilenos” o “chilenas”. Los presentes datos se pueden comprender a partir del análisis histórico. Según Rodríguez Elizondo (2022), en 1818, Bernardo O’Higgins dispuso por decreto, que respecto a los indígenas “no debe hacerse diferencia alguna, sino denominarlos chilenos”. En 1819, Simón Bolívar en su discurso ante el Congreso de Angostura, evidenciaba las complejidades del mestizaje hispanoamericano, asumiendo que en la América independizada todas y todos éramos mestizos: “no somos europeos, no somos indios, sino una especie media entre los aborígenes y los españoles”.

Por otro lado, en los pueblos precolombinos que habitaban en el norte del territorio de Chile (Aymara, Quechua, Colla o Diaguita), por mención histórica, se encuentran ausentes los discursos etnonacionalistas. A saber, previo a la Corona española, desde la ciudad del Cusco (Perú) hasta el valle central en Santiago de Chile, el imperio Inca conquistó todos esos territorios. Por tal razón, desde ese instante se constata un mestizaje Aymara-Inca, Diaguita-Inca, etc.; y, posteriormente, dichos habitantes se mezclan con los conquistadores españoles.

 

Secuela

El vocablo “plurinacionalidad” generó tirria en la opinión pública chilena. Por ejemplo, según la encuesta CEP en agosto de 2022, sólo un 14% de los(as) chilenos(as) se mostraban favorables al Estado plurinacional propuesto en el texto constitucional plebiscitado en septiembre de 2022. En contraste, una amplia mayoría de chilenas y chilenos más bien preferían un Estado unitario multicultural. Así, se cuestionó la idea de integrar múltiples naciones en un sólo Estado. En esos momentos, solía aparecer la mención al caso boliviano y ecuatoriano, como ejemplos exclusivos de constitucionalismo plurinacional. También se debatió arduamente el “dualismo jurídico”, según el cual se podrían establecer tribunales indígenas donde se aplicarían sus normas consuetudinarias. De colofón, el artículo sobre el consentimiento de las “naciones indígenas” alertaba ante un eventual veto.

De ahí que, el asunto indígena planteaba un temor sobre una posible agenda emancipadora. No obstante, para Rodríguez Elizondo (2022), la plurinacionalidad de García Linera poco ensambla con los contenidos del Convenio 169 de la OIT, sobre el reconocimiento y fortalecimiento de los derechos fundamentales de los pueblos originarios. Esta normativa, según Rodríguez Elizondo (2022), no afecta el marco de los Estados nacionales respectivos.

El Convenio 169 alude a la “autonomía” —que es un poder limitado dentro del Estado— y cuida en no emplear conceptos como “autodeterminación”, “independencia” o “nación”. Por ende, el Convenio al emplear la palabra “pueblos”, no lo hace en la acepción que le confiere el derecho internacional (Rodríguez Elizondo, 2022). Por lo mismo, la propuesta plurinacional surge, parafraseando a Simón Bolívar, como un “impune ensayo de quiméricas instituciones”.

Asimismo, en Chile, el nuevo texto constitucional pretendía canalizar las demandas ciudadanas del estallido social de 2019. Pero, el fracaso de la propuesta plurinacional también se entiende, dado que el estallido social transmitía una especie de cambio que no era socialista, sino que “casi una especie de liberalismo popular” (Bellolio, 2022, pág. 151). Bajo esta perspectiva, las demandas asociadas al estallido social se relacionaban al alto costo de la vida, pensiones, trabajo, salud, educación, entre otros aspectos, y no al plurinacionalismo.

Por lo tanto, resulta indispensable recuperar la promesa de un Estado democrático y social de derecho. Un Estado cuyo “mínimo común” sea el interés nacional de Chile (Rodríguez Elizondo, 2022), de carácter multicultural, y que incluya a chilenas y chilenos con apellidos mapuche, diaguitas, españoles, alemanes, croatas, italianos, franceses, árabes, hebreos, entre otros.

 

 

 

 

Bibliografía.

 Bellolio, C. (2022). El momento populista chileno. Penguin Random House Grupo Editorial, S.A. Providencia, Santiago de Chile.

Linz, J. (1999). Democracia, multinacionalismo y federalismo. En: Revista Española de Ciencia Política No. 1. https://recyt.fecyt.es/index.php/recp/article/view/37286

Rodríguez Elizondo, J. (2022). Vía constitucional a la revolución: Chile entre el estallido, la plurinacionalidad y el plebiscito. AthenaLab. Santiago de Chile.

 

 

 

 

 

[1] Sociólogo y licenciado en Sociología de la Universidad de Playa Ancha (UPLA) de nacionalidad chilena, con diplomado en Desarrollo, Pobreza y Territorio (Universidad Alberto Hurtado) y especialización en Análisis de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL). Cuenta con experiencia en el ámbito de las políticas públicas, relacionadas a la superación de la pobreza y la prevención al consumo de alcohol y otras drogas. También, posee experiencia laboral a nivel de consultoría en Colombia.

[2] Disponible en sitio web: https://www.youtube.com/watch?v=xcNsFHUoqs8

[3] Disponible en sitio web: https://twitter.com/bdelamaza/status/1538710892094758914

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