El peligro de no soñar juntas o de por qué 300 mil mujeres negras marcharon en Brasilia

Por Ana Hurtado

Para la RMMAD.

Llegamos desde tierras distantes, algunas incluso, cruzando más de un país. Orígenes bien diversos y trópicos que nos atravesaban a todas, sin importar nuestro lugar en el mundo. No podemos escapar de esos trópicos, de esas líneas invisibles que traspasan nuestros cuerpos, nuestros territorios y nuestro presente, que ya es ancestral.

Llegamos para escucharnos, para hablar, para reír, para sostener una imaginación política y reconocer que aspiramos a una vida que sea gentil con nosotras, porque hay cierta mentira en pensar que las cicatrices y los rastros de dolor son los hilos que nos unen. No es cierto. Los hechos atroces nos permiten encontrarnos. Entonces pienso que el dolor es un eufemismo de la utopía que describía Galeano, esa que se mantiene en el horizonte y sirve para seguir andando. La asociación entre dolor y utopía fue resultado de la mezcla entre reflexión y conmoción tras reconocer que, históricamente, las mujeres negras hemos sostenido mundos complejos, enfrentando un despojo constante de posibilidades y aparentemente condicionadas al desgaste, al sufrimiento, a la tristeza y por consecuencia, a la muerte. Y sin embargo seguimos combativas.

Poco más de 300 mil mujeres negras de todo el mundo caminamos juntas el 25 de noviembre del 2025 por la Explanada de los Ministerios en Brasilia, Brasil. Fue una convocatoria global y un acto histórico, cuyo objetivo central fue unir voces para demandar el Buen Vivir y la Reparación Histórica a los efectos colaterales del racismo. A esta caminata le antecedió una jornada intensa de diálogos y actividades planeadas para la sanación y la construcción colectiva. Espacios donde el debate culminaba con risas y fugacidades amorosas, y no de aquellas que idealizan la convivencia y la congelan en un momento irrepetible, no. Eran fugacidades amorosas que se presentaban como pactos de humanidad, como promesas de que los reencuentros son posibles y necesarios, porque como bien repiten algunos colectivos “cuando una mujer negra camina sola llega más rápida, pero cuando camina acompañada, llega más lejos”, ¿y cómo es que una lograr llegar lejos? Cumpliendo promesas, y el reencuentro en vida y en la ancestralidad es una de ellas.

En estas jornadas de diálogo hubo también conversaciones incómodas, porque ninguna lucha se construye solo de bondades, la incomodidad es un ingrediente imprescindible. Necesitamos disentir, algunas veces para reafirmar por qué creemos en la colectividad y otras, para cazar las formas camufladas del poder dentro de nuestros propios espacios. Y para que la incomodidad no rompa, es necesario, primero que todo, reconocerla para después aceptarla. Es incómodo cuestionar las estructuras desiguales, pero, también lo es sentirse infinitamente atrapadas en ellas. Si la incomodidad no se cuestiona ni tampoco se le desplaza de los sitios donde tiende a camuflarse, quebrar los ciclos de las jerarquías de poder es imposible.

 

Por la Reparación y el Buen Vivir.

Perdí la cuenta sobre las veces en que se me erizó la piel por leer/escuchar/reflexionar sobre la Reparación y el Buen Vivir durante y después de la Marcha de las Mujeres Negras. Pensar en el Buen Vivir como una forma de cotidianidad nos conmueve porque parece inalcanzable pensar en la soberanía de nuestros cuerpos, nuestros afectos, nuestras memorias y territorios como una cúspide tan alta que la violencia no puede trepar hasta su cima. Una vida sin violencia, además de ser una demanda, es un deseo y una aspiración legítima.

Nilma Bentes, una de las lideresas más potentes del movimiento brasileño de la región amazónica, reivindicó el Buen Vivir de la filosofía indígena, con el concepto entre sus manos, propuso organizar una primera Marcha de Mujeres Negras, hace poco más de una década. Ahora, un noviembre del 2025, el Buen Vivir volvió a manifestarse.

En el Manifiesto de la Marcha de este año se lee:

Salimos a las calles para dejar claro que sin Reparaciones no hay posibilidad de democracia, justicia, igualdad ni equidad en todos los ámbitos de la vida humana. Considerando que aún vivimos bajo la lógica de las relaciones de poder basadas en el colonialismo y la esclavitud, en la era de las catástrofes climáticas, que ponen en mayor peligro las vidas de las personas negras y toda la biosfera, hacemos un llamamiento a las mujeres negras de todo el mundo para que se unan para exigir Reparaciones históricas y construir las sociedades del Buen Vivir que soñamos.

Marchar por la Reparación y el Buen Vivir requiere la adopción de un programa amplio que se distancie de las actuales propuestas desarrollistas, algunas de ellas abiertamente beligerantes, y de una visión que nos excluye de la práctica del bien común.

Nuestro proyecto político se compone de otras matrices, otras formas de conocimiento y práctica, otras visiones del mundo y filosofías, lo que significa una lucha constante contra el racismo patriarcal. Fuente: Manifiesto de las Mujeres Negras por la Reparación y el Buen Vivir. [Disponible en: https://marchadasmulheresnegras.com.br/manifesto-das-mulheres-negras-por-reparacao-e-bem-viver/].

 

¿Es realmente posible pensar en un modelo de democracia guiado por el Buen Vivir? Sí, pero se requiere debilitar y transformar la forma en que hemos aprendido que el bienestar solo es posible cuando está mediado por el consumo. Necesitamos desprendernos del tutelaje del capitalismo y revertir los impactos de la violencia colonial. El Buen Vivir es el derecho a la igualdad de condiciones, y existir fuera de la hipervigilancia. El Buen Vivir es no sentir culpa por el disfrute, es otorgarle un lugar en este mundo de guerras a nuestro remoto anhelo de asumir que estamos seguras en cualquier espacio. Hay una patología generalizada que une a los Estados nación latinoamericanos y es el de la acumulación excesiva de desigualdades. Acumulan desigualdades casi de forma maniaca mientras su nivel de endeudamiento histórico crece con desmesura, y luego se preguntan por qué la inconformidad es la herencia más común entre las generaciones.

El Buen Vivir parece un proyecto muy soñador, pero es austero. Requiere de voluntad política y de que no dejemos de soñar juntas, porque en el acto cotidiano de imaginar está la defensa de la vida.

“Con la esperanza combativa. No nos detendremos hasta que la justicia racial y la dignidad y la libertad sea una libertad para todas las niñas, las jóvenes, las mujeres negras y afrodescendientes de todas las diversidades del planeta.” Fragmento del Manifiesto de la Red de Mujeres Afrolatinas, Afrocaribeñas y de la Diáspora.

 

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