Junglas de concreto, un refugio de los polinizadores

Por Liliana Reyes Grande

A partir del auge del crecimiento urbano, estas junglas de concreto se han convertido en verdaderos refugios para los polinizadores, como abejas, mariposas y colibríes, esto debido a la variedad de jardines y espacios verdes inmersos en las construcciones. Sin embargo, resultan insuficientes para hospedar a estos preciados animales, derivado del cambio de uso de suelo y de la mala planeación urbana.

De acuerdo con la FAO, más del 75% de los cultivos alimentarios del mundo dependen de la polinización. Los polinizadores, como las abejas, mariposas, aves, polillas, escarabajos e incluso los murciélagos, ayudan a que las plantas se reproduzcan. Tan sólo en México el 88% de las 130 especies de plantas cultivadas dependen de los polinizadores, incluidas algunas fundamentales para la dieta mexicana como el frijol, la calabaza y el chile

Sin embargo, la población de estos animales ha disminuido de manera preocupante debido a prácticas agrícolas intensivas, como el uso de plaguicidas, la introducción de especies invasoras y otros factores como el cambio climático.

Los ambientes urbanos se caracterizan por la reducción de hábitats originales, los cuales son modificados y fragmentados mediante la construcción de suelos pavimentados y edificaciones donde solamente el 20 % de la cobertura vegetal nativa se conserva y, en el peor de los casos, es reemplazada por “flora exótica”, la cual en biología se describe como un tipo de especies introducidas que desplazan a las especies nativas, promoviendo el establecimiento de otras que pueden ser perjudiciales.

Pese a tales condiciones, se ha demostrado que las ciudades albergan diversos polinizadores, los cuales resultan fundamentales en la agricultura urbana y periurbana. A su vez, estas actividades agrícolas son importantes en diversas localidades por la producción de frutos, semillas, plantas ornamentales y medicinales, así como en la conservación de la biodiversidad remanente.

Quizá no los veamos pero son muy importantes en las zonas de cultivo, en las zonas de producción…el fraccionamiento de sus hábitats disminuye sus poblaciones, sin embargo hay especies que se adaptan a estas condiciones, los colibríes son un ejemplo de esto, y es importante recordar que compartimos este ecosistema con ellos” explicó la biol. Rocío Meneses, especialista en colibríes.

A pesar de la relevancia de estos animales, los estudios sobre polinizadores en ambientes urbanos en México son aún muy pocos con respecto al panorama mundial y existen importantes vacíos de conocimiento sobre cómo estos organismos responden a la perturbación del ambiente.

Polinización y la crisis de la biodiversidad urbana

La situación para los polinizadores se complica si se consideran las consecuencias ecológicas que estos descensos de los servicios de polinización podrían acarrear, como el impacto que tendría no producir los alimentos suficientes para la población humana; así también las actividades de urbanización que han causado en el deterioro del espacio natural, exterminando o reduciendo la distribución de las especies nativas.

El manejo inadecuado de zonas verdes urbanas promueve el uso de especies exóticas y coberturas vegetales no funcionales, con especies de árboles y plantas ornamentales que no atraen polinizadores. Esto conlleva al desacople de la interacción entre insectos y plantas, lo que al final tendrá un impacto directo sobre el funcionamiento, conservación y mantenimiento de los ecosistemas

 La bióloga Rocío Meneses detalla que: “siempre se debe considerar el uso de plantas que realmente brinden un refugio para los polinizadores, ya que no todas las plantas producen néctar o polen. Para esto la naturaleza nos da algunas pistas: los colibríes, por ejemplo, prefieren plantas en forma de trompetilla o campana por la forma de su pico, por otro lado las abejas y mariposas prefieren las flores más abiertas”.

Colibrí vientre canelo. Foto biol. Efrain Morales

Otro servicio que nos brindan los polinizadores es el de ser bioindicadores de contaminación, como las abejas y mariposas, así como, los colibríes, que son responsables de la reproducción de muchas especies de plantas con flor, además de ser aves importantes dentro de las culturas precolombinas, en particular para las de Mesoamérica.

Por lo anterior, la crisis de la biodiversidad actual radica no sólo en el entorno con la pérdida de flora y fauna, sino también en la pérdida del conocimiento cultural correspondiente al desplazamiento de especies mexicanas, desapareciendo del dominio público. Por ejemplo, las especies de abejas del país, conocidas como meliponas, han sido desplazadas por la abeja europea: Apis mellifera.

©Ma. Eugenia Mendiola González

Cada que pensamos en una abeja es fácil visualizarla como un pequeño insecto alado amarillo con franjas negras, sin embargo, las meliponas distan de esta descripción, como se aprecia en la imagen. Este es sólo un ejemplo entre muchas especies invasoras que no sólo influyen en el desequilibrio ecológico sino que también, permean el desconocimiento cultural.

 

Con el propósito de restituir el hábitat perdido y de contribuir a la conservación de los polinizadores y del importante proceso que los involucra, se propone la creación de jardines de polinizadores en los centros urbanos. La creación de jardines urbanos permitirá a abejas, mariposas, colibríes e incluso murciélagos tener lugares para alimentarse, refugiarse y de ser posible reproducirse. Esta acción contribuirá también a la recreación y al mejoramiento del hábitat de estas ciudades.

“Es importante entender que hay que crear espacios que sean más amigables con la biodiversidad que tenemos, promover sitios en donde haya recursos para ellos, no solamente alimenticios, sino que también provean de refugio, sombra y anidación…crear pequeños espacios inclusive en balcones, y así mejorar nuestros ambientes” Asegura la bióloga Meneses

 

Jardines sostenibles, un paso a la solución

A pesar de la importancia ya mencionada de los polinizadores en nuestras ciudades, en México no se prioriza la integración de espacios verdes en los proyectos de desarrollo, tal como lo describe el arquitecto Eduardo Martínez:

“Las áreas verdes no son prioridad a la hora de desarrollar un proyecto de construcción sin embargo depende del plan de desarrollo urbano de cada región que sea obligatorio o no el establecimiento de éstas, por lo que se prioriza el área vendible y no el área permeable”

Asimismo, en cuanto al desarrollo de vivienda, nuestro país es un lugar donde las personas optan por la autoconstrucción. Casi el 65% de las viviendas son autoconstruidas, por lo que no cuentan con el asesoramiento técnico para el desarrollo de espacios verdes, sino que se emplea todo el espacio como zona habitable, detalla el arquitecto Andrés Rodríguez Marín. A partir de tendencias como ésta puede intuirse la falta de educación en temas normativos de construcción como de temas relacionados a la educación ambiental.

Jardín de polinizadores. Foto Biol. Rocío Meneses

 

“La zonificación en un proyecto se establece en la carta de uso de suelo, generalmente regulada por los municipios, que puede ser comercial, habitacional, etcétera. Se establece un número de niveles y un porcentaje de área libre, y con base en eso se realiza el diseño. Sin embargo, el área verde no tiene un carácter de obligatoriedad a menos que haya un plan que así lo solicite, por lo que haría falta una modificación a la normatividad para establecerse de manera obligatoria” Arq. Andrés Rodríguez Marín

Pese al panorama, ambos arquitectos coinciden en la importancia que sostiene el manejo e implementación de áreas verdes en el desarrollo urbano. En la práctica puede resultar incluso en un beneficio económico como inversión de un desarrollo sustentable, refiere el arquitecto Eduardo Martínez. La certificación “LEED” para edificaciones sustentables, donde uno de los objetivos es el uso de especies nativas ya que están adaptadas al clima local, avala la eficiencia en el uso del agua, además de brindar un servicio ecosistémico para los polinizadores.

En este contexto, se puede hablar del concepto de jardín sustentable, que prioriza la biodiversidad nativa, los ciclos naturales de cada región y el uso eficiente de los recursos, con el objetivo de minimizar el impacto ambiental, así como reducir el uso de pesticidas y la introducción de especies invasivas.

Con motivo de lo anterior, Rocío Meneses indicó que:

“la flora nativa tiene la adaptación al ecosistema en el que está, por lo que las condiciones son mucho más fáciles para poder establecerse, no requieren de cuidados extremos. Así, los recursos en su cuidado serán mínimos, y se pueden fomentar cadenas con los polinizadores locales”.

En ambientes urbanos el aprovechamiento de cada espacio en una construcción para la promoción de hábitats es imprescindible, como jardines, terrazas o ventanas. Para esto algunas plantas que sugiere la bióloga Meneses son las salvias, lantanas o aretillos, que se encuentran distribuidas a lo largo de nuestro país y son fácilmente adaptables.

Finalmente, la importancia de los polinizadores nos replantea nuestro futuro hacia nuevos horizontes donde estos animales y su respuesta a la perturbación sean tomados en cuenta. Para ello es necesario poner atención a las nuevas técnicas de construcción y de desarrollo urbano como lo determina el objetivo 11 de desarrollo sostenible 2030, antes que el destino nos alcance.

Salvia leucantha, foto biol. Rocío Meneses

 

 

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