Formación docente y pensamiento crítico

 Por Gabriel De la Luz López[1]

Para la persona que ejerce la docencia, su práctica educativa está moldeada por la postura epistemológica que le subyace, por el modelo didáctico que le estructura, le delimita o le amplía los espacios socioeducativos en los cuales se mueve y ejerce su actuación educativa, ya sea en equidad o desigualdad. En este contexto, las y los docentes, el estudiantado, las familias, el entorno sociocultural, también influyen en las relaciones profesionales educativas.

A partir de esta configuración conceptual, el cambio educativo es un trabajo emancipatorio y de articulación entre la teoría y la práctica; entre quienes asumen el diálogo como posibilidad de acercamiento, de discusión y de reflexión hacia las diferencias, las relaciones que se manifiestan en lo intrínseco y extrínseco del acto educativo; entre los sujetos particulares de las relaciones educativas: docente-educandos y familia-comunidad-sociedad. En la relación dialéctica teoría-práctica y práctica-teoría; importancia y valoración de la sabiduría popular y su incorporación al conocimiento científico.

En este sentido, la consideración afirmativa de las capacidades de aprendizaje de los participantes y la movilización de los recursos necesarios para desarrollarlas forman parte de la lucha cultural de los movimientos críticos. Por ello, cobra sentido reflexionar acerca del pensamiento crítico. Este pensamiento consiste en pensar y actuar diferente, es pensar en justicia social, minorías excluidas, desigualdades de género, en brechas socioculturales. Es la búsqueda de una práctica educativa alternativa, una pedagogía de la diferencia e involucrada en el movimiento de las nuevas perspectivas críticas hacia la educación.

De modo permanente, “la acción esencial de la educación es formar personas libres y autónomas, capaces de analizar la realidad que les rodea para transformarla. Pues, aprovechar esta tradición de lucha, de resistencia, y trabajarla, es una tarea nuestra, de educadores y educadoras progresistas” (Freire, 2012, 129).

La persona, cuando conoce y participa sobre lo que le es inmediato, su realidad, la cambia, la modifica, al mismo tiempo que esta realidad influye y actúa sobre la persona; es decir, se relacionan dialécticamente. Esto sucede porque “la persona asume el proceso de concientización y va descubriendo su propia condición de clase, de persona y de identidad; puede pasar de un estadio de conciencia ingenua, al estadio de conciencia realista y, junto con profesionales de la educación, cumple el rol de facilitador de la comunicación. Un docente habrá de considerar por ejemplo, estos medios (o estrategias) que componen el método crítico (la discusión, la indagación, la crítica refutadora, el análisis concordante, las aclaraciones)” (Freire, 2011, 214).

Bajo esta línea, tales medios pueden ser empleados por la población docente para dar un manejo al contenido disciplinario, porque no sólo se trata de la educación como disciplina científica (de las ciencias naturales), sino que también se requieren ciencias como la Psicología y la Sociología. Se trata darle el carácter multidisciplinario, interdisciplinario y transdisciplinario al método, porque, “[…] la práctica del educador o de la educadora progresista que no puede ni debe omitirse, al proponer su lectura del mundo, es señalar que existen otras lecturas del mundo diferentes de la suya y hasta son antagónicas en ciertas ocasiones” (Freire, 2006, 107). Para este autor, el manejo del contenido era deber del docente al enseñar, ya que implica democratizar el poder de elección de los contenidos, y no es posible democratizar contenidos sin democratizar la enseñanza.

En este cúmulo de supuestos teóricos, Michael Apple (2016) establece algunos principios del método para el auge del pensamiento crítico en los docentes:

a) El método considera la enseñanza como acto creador y crítico, y la curiosidad como eje en las acciones de enseñar y aprender (90).

b) La persona docente que no enseña: no estudia y enseña mal lo que mal sabe (93).

c) El plano del saber de experiencia vivida y del sentido común ha de relacionarse con el conocimiento resultante de procedimientos más rigurosos de aproximación a los objetos cognoscibles (98).

d) Error epistemológico es negar la sabiduría popular, los saberes de la experiencia vivida, miopía que se constituye en obstáculo ideológico y provoca el error epistemológico (101).

e) Reconocer el saber popular implica respetar el contexto cultural. La localidad de las personas es el punto de partida para el conocimiento, es el conocimiento situado. Pero este conocimiento cotidiano debe pasar al saber crítico, o sea, saber mejor lo que ya saben y participar en la producción del saber. Éste es un derecho de las clases progresistas (104).

f) Un método educativo desde el pensamiento crítico aborda lo local, regional, nacional y global, y mantiene una visión contextual dentro del sistema educativo (106)

g) Tomar distancia y ser curiosos en toda práctica educativa es un rasgo de quien enseña y quien aprende (129).

h) La práctica educativa debe relacionar materiales, métodos y técnicas (130).

i) El pensamiento crítico inquieta al educador y al educando, no frena la capacidad de pensar, se entrega a la curiosidad y aporta en la formación de sujetos más auténticos (140).

j) El diálogo pedagógico implica tanto el contenido u objeto cognoscible como a los educandos quienes dialogan con el contenido. Cuando pasa lo contrario, se obstaculiza la capacidad de pensar y desafiar el pensamiento y todo queda en exposiciones que domestican o hacen que los educandos duerman arrullados (140 y 141).

k) Una enseñanza crítica considera como deber y derecho del docente enseñar en el tiempo y el espacio en el que se encuentra; perseguir objetivos, metas, sueños, proyectos; contemplar otras posiciones, distintas al acierto y la verdad del docente; considerar temas distintos que puedan proponer los estudiantes o la comunidad y sobre los cuales pueda versar el análisis y la reflexión; el derecho a conocer los orígenes de lo que estudia; mantener una posición crítica, vigilante, indagadora; reconocer el poder de la ideología dominante y cómo contrarrestarla (153 y 154).

Una inferencia que se puede expresar como conclusión es que para la práctica educativa resulta imprescindible para los procesos de formación docente direccionados a estimular el pensamiento crítico de los docentes la realización de ejercicios dialécticos, de intercambio a través de la palabra; el análisis de situaciones problemáticas de la vida y de la práctica pedagógica; transitar de la curiosidad ingenua a la curiosidad epistemológica. Estas situaciones implican detenerse en el otro, en sí mismo y en las realidades de los educandos.

Para aquellos que constantemente se ocupan de la formación docente como campo de estudio y reflexión, “implica identificar caminos para desplazar la mirada del educador hacia elementos íntimos e identitarios de su esencia como educador. Esto demanda escudriñar y quizás develar aspectos que desaten crisis. Una vez se transita de la mirada de fuera, a una propia, es posible que se logren identificar caminos dialógicos que favorezcan la emergencia de un educador crítico, un pensador de la enseñanza” (Giroux, 2007, 167).

A la luz de los planteamientos vertidos aquí, es posible identificar espacios de debate, discusión e intercambio que permitan constituir campos de reflexión sobre la enseñanza: la discencia, el conocimiento y la humanidad; así como la necesidad de desplazar el foco de atención de las metodologías (que si bien son importantes), hacia concepciones más integrales del educador como un sujeto pensante y creador de su práctica. Producto de estas necesidades, en este escrito se discuten, reflexionan y analizan elementos referidos a la discencia y la docencia, con miras a identificar caminos, elementos constitutivos de la formación docente y en especial, metodologías y métodos para concretar las reflexiones teóricas. En este escenario se aspira a seguir pensando la formación del pensamiento crítico de los docentes y de los estudiantes.

 

 

 

Bibliografía

Freire, P. (2006). Pedagogía de la autonomía. Siglo XXI Editores.

——- (2011). La importancia de leer y el proceso de liberación. Siglo XXI Editores.

——- (2000). Cartas a Quien Pretende Enseñar. Siglo XXI

——– (2000). No hay Docencia sin Discencia. Pedagogía de la Autonomía. Siglo XXI

——– (2012). El grito manso. Siglo XXI Editores.

Giroux, H. (2007). Los profesores como intelectuales. Paidós

——- (2000). La Escuela y la Lucha por la Ciudadanía. Siglo XXI

Apple, M. (2016). Teoría Crítica y Educación. Buenos Aires.

 

 

[1]Docente en la Licenciatura en Criminología de la Universidad de Ixtlahuaca CUI desde el año 2017.

gabriel.delaluz@uicui.edu.mx

 

 

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