Cara de pan, el mote de una historia necesaria

Por Octavio Castillo Quesada[1]

La vida en sociedad a veces también nos hace sentir un poco frágiles. En ese sentido, Sara Mesa propone una historia donde sus protagonistas encienden alarmas y luego nos tranquilizan con el ruido.

‹‹Cara de pan›› es un relato muy bien escrito. Se lee fácil, no hay agujeros en su redacción, o al menos no son visibles. Si bien la progresión puede resultar un poco lenta, el argumento envuelve al lector con su invocación al daño. Creo que ese es su principal mérito, que nunca cae en el agujero de lo esperado, sino que salta constantemente, ‹‹casi›› logra disimular evitarlo (y también de forma literal).

El espacio donde se desarrolla la obra transmite calma, sin llegar a convencer al lector de ‹‹bajar la guardia››. Sus personajes están muy bien construidos. El juego con los nombres, la apariencia, la edificación de sus personalidades se realiza con cuidado.

El encuentro de una adolescente llena de complejos que se enfrenta al silencio y un señor censurado por tabúes mueve esta historia, que se aleja de la acción y desmenuza lo que cuenta. La ausencia de un diálogo más estructurado complejiza el desenlace de la trama y en ocasiones se hace algo monótona; aunque está cargada de simbolismo que, lejos de entorpecer, le da vida a la historia y suple la progresión —quizás no tan notable— de los conflictos que presenta.

Resulta muy curiosa la analogía entre las aves y los hombres, sus lenguajes, la obsesión y el desamparo. Emplea metáforas preciosas con cierto grosor filosófico y huye de lo melodramático.

Lo más interesante de este libro es la máscara que muestra desde el título. Y es que la novela se construye sobre temas bastante ásperos: la necesidad de comunicación aún desde el silencio, la conformidad impuesta, el precio de los años, la nostalgia como excusa, la crueldad en la infancia, el deseo contenido…

El discurso goza de naturalidad. Podemos quedarnos con la imagen de sus personajes principales después de finalizar el texto, desde la incomodidad, el asombro y la empatía. Nos invita a dudar de todo y respirar al mismo tiempo. ‹‹Cara de pan››, de Sara Mesa, es un grito contenido, pero ávido, como el aletear de un pájaro que posterga la hora de su muerte.

 

 

 

[1] Octavio Castillo Quesada (Artemisa, Cuba, 1998). Graduado con título de oro en Medicina por la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana. Escritor. Cultiva la narrativa, la poesía, la crónica, la entrevista y la dramaturgia. Autor de trabajos científicos. Graduado en los talleres Universo Editorial (2022), La traducción no lingüística como método de prácticas contemporáneas (2022) y Crítica de textos «Sin pelos en la lengua» (2023). Textos suyos aparecen en antologías publicadas en Estados Unidos, Colombia, España, México y Bolivia. Además, en revistas y otras plataformas digitales nacionales y extranjeras. Ganador de la Beca Can Serrat para escritores, Barcelona, España, 2022. Miembro del colectivo ganador de la Beca Línea Abierta de la Consejería Cultural de la Embajada de España en Cuba. Obtuvo Mención en el Concurso Nacional Literario Benigno Vázquez, en la categoría Poesía para niños (2023). Obtuvo Mención en los Premios David de Poesía (2023).

 

 

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