El giro de la falda de Tereza

Camila Gabriela Conceição da Silva[1]

Brasil, Bahia, alvador

Como muchas mujeres de esta Tierra llamada Bahia, Tereza nace empobrecida. Hija de una olvidada ciudad del interior, São Miguel das Matas. Solo quien vivió y vive allí conoce su nombre, pero cuando salen se alejan del camino de retorno.

Tereza tenía 13 años cuando fue empujada a la “gran ciudad” con promesas de un horizonte más favorable. En este momento nutria otra vida además de la suya, estaba embarazada de su primer hijo.

No se sabe cuáles impulsos la movían o la paralizaban. Sus sufrimientos y dolores eran intransferibles, vivía todo sola, pero en su cuerpo era incapaz de ocultar las cicatrices que se le dibujaban a medida que avanzaba.

En la ciudad, Tereza conoció a un hombre de origen campesino como ella. Fueron a vivir juntos y recuperó su esperanza de una vida mejor. Pronto confirmó que en este mundo la vida es más pesada cuando se es mujer. Tuvo que elegir entre dos sufrimientos: quedarse o irse. Ella eligió, en la intimidad de su silencio, partir. De esta vez, sumando una hija alrededor de su falda.

Los ojos de Tereza nunca fueron un hogar para el miedo. Lejos de desmoronarse en la nueva jornada, creó un término medio entre trabajos circunscritos a lo femenino y a la producción de nuevas formas para vivir. Cocinó para desconocidos, se dedicó a trabajos de cuidado, tocó puertas vendiendo yogur y en la iglesia encontró comida para alimentarse a sí misma y a quien dependía de ella. Tereza nunca tuvo mucho y a veces parecía no tener nada, pero siempre conservaba algo para donar. Un día su hija habló de su afecto: “Con mi cabeza en su regazo y sus manos deslizando en mi cabello, sentía su cariño”.

El misterio de Tereza es su herencia. Bajo sus enaguas, un híbrido de fuerza y dulzura, creencias místicas y sabiduría.

Seguir adelante constituyó la personalidad de Tereza y este es su lema jamáis verbalizado, pero nunca oculto.

Tereza se adelantó e hizo el sacrificio por las que vendrían después. Fue con el giro de su falda que ella rompió el pacto con el mundo que sería su sino y tal vez el de todas las demás. Sin embargo, aunque la vida no haya evitado las heridas en Tereza, todas dicen que ella fue feliz.

A las abuelitas

  1. Natural de Brasil de la ciudad de Salvador/BA, estudiante de maestría en Antropología en la Universidad de República, Uruguay.

 

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