Medios comunitarios en Chile. Una herramienta al servicio de los pueblos

 

Por Jordano Ignacio Morales

La radio comunitaria Diego Portales, ubicada en una población del mismo nombre en la sureña ciudad de Talcahuano, es la primera en dar a conocer las imágenes de dos menores de edad baleado por funcionarios de Carabineros de Chile. La imagen de los menores, que estaban bajo el resguardo del servicio nacional de menores – SENAME –, recorre redes sociales y pronto llega a las grandes cadenas de medios tradicionales chilenos que traería como consecuencia la salida del director general de Carabineros, algo demandado desde hace meses por vastos sectores de la sociedad.

Los medios comunitarios son los que hoy están inmersos en las poblaciones. Su trabajo está bastante apegado a las comunidades, siendo muchas veces el espacio de expresión de ésta. Boletines, proyecto de televisoras populares y de radios comunitarias conforman una larga lista de medios que recorren todo el país. Son medios pequeños y muchas veces hechos de manera artesanal, con una permanencia carencia de recursos y con más espíritu y ganas que herramientas técnicas que permitiesen su desarrollo.

Al igual que el proyecto Sutatenza en Colombia y las radios mineras en Bolivia, los medios comunitarios en Chile nacen como proyectos colectivos y horizontales y con un claro cariz contrahegemónico. De orientación cristiana y/o política, las radios han apostado a ser voces de los llamados “sin voz” y se han ido convirtiendo en el espacio para que las comunidades sean parte del debate ciudadano necesario en toda democracia que se llama sana.

Bajo la autogestión y el empeño de quienes día a día hacen posible la existencia de estos, los medios comunitarios son por lejos el espacio donde se rompen las tradicionales lógicas de comunicación imponiendo una nueva, con un lenguaje y códigos más propios del mundo popular.

Un poco de historia.

Nos tenemos que remontar a los primeros años del siglo XX cuando, al alero del proyecto de instrucción popular, Luis Emilio Recabarren (padre del movimiento obrero en chile) impulsa la creación de la llamada prensa obrera. Prensa obrera que surge en las barriadas populares y que habla de la realidad del proletariado de ese entonces. Cristianos, sindicalistas, marxista o anarquista, la prensa obrera se convirtió en un medio de concientización de la miseria y explotación a la que estaba sometido el pueblo chileno.

Si bien la prensa obrera no se definió como comunitaria (aún no existía como concepto), sí se puede encontrar similitudes entre ambas experiencias de comunicación. Ambas eran de base de sus comunidades, horizontales y colectivas. Recogían el lenguaje y códigos populares para informar la realidad de sus lectores y se convirtieron en espacio donde los obreros y obreras podían ser parte del debate del devenir nacional.

La creciente prensa de izquierda y de los sectores populares no impidió que en la ciudad de Ancud ubicada en la isla grande la Chiloé apareciera la radio Estrella de la Costa. Medio que nace en 1968 y al alero de un sacerdote quien buscaba llegar a los campesinos que no podían ir a misa, así, levanta una emisora que entre corridos y canciones campesinas emite la comunión diaria a estos.

Si bien los medios comunitarios no tuvieron gran relevancia en los 60 y a principios de los 70 fue en la dictadura, después de la proscripción de los medios de izquierda, en que los medios comunitarios fueron el espacio de repliegue de un sector que fue perseguido durante la dictadura por sus ideas de izquierda y por haber apoyado al proyecto de la unidad popular.

Estos medios fueron sustanciales para la organización de la resistencia a la represión vivida. Ollas comunitarias, comprando juntos, paros nacionales y actos político-culturales fueron exitosos gracias al apoyo y la difusión de estos medios. Quienes, pese al riesgo que corrían, no dudaron en apoyar estas iniciativas que eran vitales para la lucha contra la bota opresora de la dictadura cívico-militar.

Con el retorno a los gobiernos civiles y el intento de normalidad que trató de poner el pacto de la transición a los medios comunitarios, principalmente las radios, estos medios eran declarados ilegales por lo que eran perseguidos y clausurados por la policía y las autoridades del nuevo gobierno. La falta de una ley que regulase la materia dejaba en el aire a este tipo de emisoras, pues no conseguían una autorización legal porque no cumplían con las normas impuestas para una radio comercial ya que, a diferencias de estas últimas, las emisoras comunitarias no funcionaban como empresa por lo que contradecían el espíritu de la norma en radiodifusión pro empresa impuesta por la dictadura.

La clausura de las emisoras, la incautación de equipos que eran comprados a pulso por las personas que conformaban los equipos de las radios e incluso la cárcel para quien operara una emisora “ilegal” eran los riegos que se corrían por aquellos días. Esto no fue impedimento para que siguiesen emergiendo medios comunitarios, se organizasen y se conformase un movimiento. Es en este contexto que a principios de los 90 surge la Asociación de Radios Comunitarias – ANARAC –, primera organización en Chile en la que convergían las radios comunitarias y que erigiese como primera gran demanda una normativa que permitiese la existencia de las radios comunitarias.

Es así que tras una larga lucha de radialistas, en el año 1994, se logra la modificación de la Ley General de Telecomunicaciones que establece la existencia de las llamadas emisoras o radios de mínima cobertura. Con una antena de 1 wats, con un área de cobertura de máximo 6 metros y con plazo renovables cada 3 años de su funcionamiento, las radios comunitarias comenzaron a establecerse no sin resolver una cantidad infinita de problemas para su puesta en marcha.

Mientras tanto, los boletines y/o periódicos populares ven con dificultad su mantenimiento. La falta de recurso para poder imprimirlos es quizás la mayor problemática, pues las imprentas son de alto valor y el ingreso de recursos de parte de este tipo de medio es baja, en algunos casos, y en otros no existe ya que su distribución es gratuita. Así también, la desarticulación del tejido social que le hizo resistencia a la dictadura generó, en muchos casos, la ruptura de los equipos que trabajan en la mantención y realización de este tipo de medios con organizaciones presentes en poblaciones como requisito en la disputa de uno u otro fondo de financiamiento estatal.

A principios de los 2000 comienzan a surgir las experiencias de tv popular. Un vacío legal y una falta de regulación en la materia permite a productores y realizadores aficionados levantar canales de televisión que cubren la realidad local de la comunidad en la que están insertadas. Es recién con la discusión de la televisión digital terrestre, a inicios de la década que acaba de terminar, donde se regula la materia de tv comunitaria y se entregan concesiones a proyectos comunitarios en diferentes zonas del país sudamericano.

Por su parte, en el 2010 y después de una larga lucha, recién se promulga la Ley de Radios Comunitarias la que, entre otras cosas, permite la realización de tandas publicitarias como una de las pocas formas de ingreso de recursos para su funcionamiento y mantención. Otro aspecto que se cambió con la ley es la ampliación de radio de llegada de estas emisoras que antes no podía exceder el kilómetro a la redonda y hoy tienen un permiso de llegada a un radio que comprende toda la comuna en la que está emplazada.

Con la llegada de internet y las redes sociales, plataformas como facebook, twitter, youtube y/o spotify se transforman en aliados fundamentales para este tipo de medios. De esta forma, rompen las limitaciones físicas y de distancia impuestas por las regulaciones y/o la falta de recursos y poco a poco pasan a tener un mayor reconocimiento social y mediático por su trabajo al informar

Durante la revuelta a la calle

Desde el primer momento en que estalla la revuelta, los medios comunitarios salen a la calle. Se convierten en parte de la marea colectiva que desbordan las grandes avenidas y desde el corazón de ella informan lo que está ocurriendo.

Las radios comunitarias tuvieron que romper sus dinámicas encerradas en las cabinas y sacaron los micrófonos y equipos a las calles, plazas y espacios públicos. Informan desde el lugar de los hechos y sacan al aire las voces de los miles que engrosan las columnas ciudadanas. Sonidos de las cacerolas mescladas con canticos y consignas comparten espacio con canciones que músicos, comprometidos con la situación social, componen en honor de la revuelta.

Por su parte, el registro grafico se transforma en un brazo importante al momento de denunciar. Así es como las televisoras populares registran la represión en las periferias, mientras los medios tradicionales solo se dedican a mostrar la destrucción en los lugares céntricos de las grandes ciudades.

Los medios comunitarios abren espacio de discusión y análisis, que no solo buscan entender los motivos de la crisis generada si no hallar opciones de salida a esta crisis desde abajo, promovidas por hombres y mujeres asociados por resolver un problema común, cambiar el actual estado de abuso permanente y de injusticia social. Es así como las demandas que se levantan en las calles no solo tienen un espacio de difusión, sino que de igual forma son compartidas y promovidas por las comunicadoras y comunicadores comunitarios.

Los medios comunitarios se transforman en aliados importantes de las fuerzas subalternas que rompen la cotidianeidad neoliberal. Ayudan a cuestionar la reproducción de la vida material que solo suele exhibir un carácter conservador y patriarcal y se convierten en promotores de las ideas esperanzadoras de las fuerzas de cambio. La política se asienta en un espacio colectivo que influye en la generación de opinión donde se derrotan las formas añejas de relaciones de poder y mando que pautean la vida local, regional y a mayor escala. Las prácticas políticas desplegadas desde ahí se transforman en parte esencial en las luchas por el cambio de las condiciones materiales del pueblo pobre que, desde el 18 de octubre del 2019, ha sido un actor protagonista en la revuelta chilena.

Con la aldea global, los medios de comunicación comunitarios ya nos son espacios de diálogos para las propias comunidades, sino con los pueblos del mundo que ansían su transformación real, hacia una sostenibilidad que los aleje de la guerra, la destrucción, la pobreza y la opresión. Hoy tejen redes con otros medios comunitarios de otras latitudes con los que establecen una alianza de colaboración y apoyo. Es en ese sentido que los medios comunitarios chilenos han forjado una alianza muy importante con medios comunitarios del resto del continente y/o otros continentes donde encuentran proyectos coincidentes con ellos.

Los medios de comunicación hoy viven un punto de inflexión, cosa que no ha estado ausente de la realidad de los medios comunitarios. Hoy, cuando los medios de comunicación han cambiado la forma de relacionarnos con el mundo, rompiendo las barreras y entregando otras formas de participar y dialogar con el resto del mundo, son los medios comunitarios la herramienta que tienen los pueblos para dialoga y construir otro mundo posible.

Jordano Ignacio Morales. Comunicador popular y miembro del equipo de la Radio Comunitaria Lorenzo Arenas. Diploma en Derechos Humanos, Democracia y Ejercicio de la Ciudadanía

 

Publicado en Uncategorized y etiquetado , , , .

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *