“La Ballena” (2022): un análisis teórico-clínico

Por Aldo Saúl Uribe Nuñez[1]

 

Introducción

El objetivo de este artículo es hacer un análisis de la película “La Ballena” dirigida por Darren Aronofsky y protagonizada por Brendan Fraser (Charlie) desde la teoría clínica, rescatando las características del padecimiento del personaje principal (Charlie), los factores que influyeron en su detonación, el significado que éste tiene en su vida, la forma en la que se relaciona-vincula con su familia y las repercusiones de sus relaciones intersubjetivas y transubjetivas en la exacerbación de su problemática clínica.

Así, este trabajo no representa un resumen de la trama de la obra, sino un análisis desde la perspectiva psicoanalítica y psicológica. A través de él se busca pensar a Charlie como un paciente y a su familia, amigos y contexto personal como elementos que inciden significativamente en su manifestación psicosomática. Para hacerlo, se hace uso de la teoría sobre la obesidad desde el psicoanálisis y otras disciplinas como la psicología, la medicina o la sociología.

A modo de conclusión se discute las consecuencias de la obesidad en la vida de Charlie y cómo sus dificultades emocionales lo llevaron a desarrollar este problema que repercutió en su calidad de vida, dinámica familiar y salud física y mental. Finalmente, se menciona que tanto para el paciente como para su familia, es necesario implementar un enfoque integral y transdisciplinario que permita enriquecer la intervención clínica y el trabajo teórico y psicoanalítico con los pacientes.

 

¿Qué pasa con Charlie?

Charlie es una persona que en los últimos años ha padecido obesidad mórbida, condición que se ha agravado con el tiempo y lo ha llevado a desarrollar hipertensión, insuficiencia cardiaca y dificultades para moverse. Actualmente trabaja como profesor de inglés y literatura a nivel universitario en la modalidad virtual, por lo que pasa su tiempo organizando sus clases y dictándolas para sus alumnos.

Los estudiantes no saben cómo es él, ya que le avergüenza encender su cámara y mostrar su imagen. Es una persona aislada, solitaria e insegura, que siente aversión por sí mismo y por su apariencia ante los demás. Con un peso de 272 kilogramos, le aflige verse así, lo que ha contribuido a su aislamiento y a su falta de seguridad para entablar vínculos con los otros.

Massimo Recalcati, psicoanalista italiano, en sus trabajos sobre la anorexia y la obesidad, asevera que mientras en la anorexia el cuerpo delgado se presenta como adecuado al ideal social de belleza, el cuerpo de la obesidad sorprende por su imagen obscena. El cuerpo delgado en la anorexia suscita consenso e integración social, mientras que la imagen del cuerpo obeso produce vergüenza y marginación (Recalcati, 2003).

Siguiendo la argumentación de Recalcati, el imaginario social que se ha instalado en torno a la obesidad está dotado de estereotipos y prejuicios sociales hacia la obesidad como problema de salud y hacia las personas que la padecen. A este fenómeno social y cultural se le ha denominado “Gordofobia”, el cual se puede entender como el miedo a la gordura, así como las actitudes, estereotipos y prejuicios negativos hacia las personas con sobrepeso (Gallardo, 2021).

Charlie no presenta alteraciones en la memoria o incapacidad para orientarse en tiempo, espacio y persona. Su percepción acorde con la realidad es estable, sin embargo, manifiesta problemas motores que han limitado su calidad de vida en distintos aspectos, principalmente, en dificultades de accesibilidad dentro de su hogar. Aunado a estos problemas físicos, también se encuentran los problemas de su salud mental como su duelo prolongado, su ansiedad, su insomnio y su estado depresivo.

En un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2020) se expuso que el sobrepeso y la obesidad no solo tienen consecuencias relevantes en la salud física de las personas como el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular, trastornos motores, diabetes, hipertensión o algunos tipos de cáncer; sino que los pacientes también pueden presentar problemas en su salud mental, ya que generalmente la obesidad suele estar acompañada de trastornos como la depresión, la ansiedad o estados psicóticos.

Charlie no sale de casa y mantiene poco contacto con las personas, únicamente con su mejor amiga y enfermera personal Liz, quien lo visita frecuentemente para saber cómo está, pasar tiempo con él y monitorear su estado de salud. Liz ha mostrado preocupación porque la calidad de vida de Charlie ha disminuido considerablemente, no puede dormir por las noches, se siente ansioso y triste, no puede moverse con facilidad y presenta una presión arterial elevada de 234/138.

Si bien no ha entablado una relación interpersonal con nadie más que con Liz, en los últimos días, ha sido visitado por un joven llamado Thomas, quien se ha denominado como un misionero que busca ayudar a Charlie, así como por un joven repartidor de pizzas que esporádicamente platica con él y mantiene una relación de cordialidad y respeto.

De igual forma, Ellie, su hija, con la cual no ha tenido relación desde hace ocho años. Según el historial clínico, Charlie estaba casado con una mujer llamada Mary y tuvieron a Ellie, pero fue descubierto teniendo una relación amorosa con uno de sus alumnos de la facultad. Esta situación llevo a que se disolviera su relación provocando hostilidad y resentimiento en ellos.

El deseo de Charlie es volver a tener una conexión y vínculo con su hija, pero ésta muestra una gran agresividad y resentimiento hacia él. La única forma de mantenerla a su lado es ofreciéndole hacer sus tareas de la escuela y prometiéndole que tendrá una gran suma de dinero. A pesar de que Charlie busca llevarse bien con ella y se muestra amable y amoroso, Ellie le reprocha sobre su relación extramatrimonial y lo humilla.

Ellie ha presentado problemas de conducta en la escuela y con su madre, tiene una mala relación con ella, no entra a clases, mantiene conflictos con sus compañeros y maestros y manifiesta tendencias antisociales y sádicas, situación que ha provocado que esté a punto de reprobar la secundaria por inasistencia y trabajos no entregados. Siguiendo este dato, Ellie presenta un trastorno del carácter originado por un trauma en su contexto familiar y social, contexto en donde se ha sentido abandonada y violentada.

Hablar del carácter conlleva a pensarlo como una manifestación de una integración lograda pero marcada por una deformación de la estructura yoica; el carácter del niño se ha formado sobre la base de un proceso evolutivo constante y, en este sentido, el niño tiene un pasado y un futuro (Winnicott, 1992). Los reclamos de Ellie, como una formación reactiva, es un reclamo por el amor que le hizo falta y el sentimiento de abandono de sus padres, sentimientos que se expresan con enojo y hostilidad.

Para Winnicott (1992) el trabajo clínico y psicoterapéutico para responder a la tendencia antisocial del niño o adolescente presenta dos orientaciones: posibilitar sus reclamos de que tiene derechos con respecto al amor y confiabilidad de una persona y suministrarle una estructura de sostén del yo, relativamente indestructible, sostenimiento que se puede lograr mediante el trabajo clínico y el apoyo del ambiente y la familia en la vida del adolescente.

De la mano del estudio de casos de niños con tendencias antisociales, Winnicott propone cómo el ambiente puede solucionar los casos no tan graves porque la causa del trastorno fue una falla ambiental en el área del soporte del yo y la protección, originada en una etapa de dependencia de la persona, pero en otros casos, sucede lo contrario por la vulnerabilidad del niño y su ambiente patológico (Winnicott, 1992).

Pero ¿Por qué Charlie desarrolló su obesidad mórbida? ¿qué situaciones lo llevaron a ese grado de malestar y sufrimiento en el que está? Sin duda, una situación con diferentes aristas y multifactorial que lleva a pensar la clínica de la obesidad. El alumno con el que Charlie mantuvo una relación afectiva era Alan, hermano de Liz, quien siempre fue muy unido a él. Lamentablemente, Alan comenzó a padecer problemas de salud mental, no comía, no descansaba y no quería hacer nada, suicidándose después en un sitio desolado de la ciudad.

Este fuerte episodio en la vida de Charlie desembocó en un duelo prolongado que lo llevó a comer compulsivamente como una forma de contrarrestar su tristeza y ansiedad. Por las características sintomáticas, parece estar pasando por un proceso de duelo con evolución a depresión por pérdida de objeto, cuadro clínico relacionado directamente con la pérdida repentina de su pareja.

El duelo es un estado de aflicción relacionado con la muerte de un ser querido o una pérdida que puede presentarse con una serie de síntomas característicos de un episodio depresivo. En el proceso de duelo influyen variables psicosociales, psicológicas, contextuales y culturales pertenecientes a la historia de vida de la persona (Gamo y Pazos, 2009). Una pérdida, por lo tanto, no tendrá el mismo impacto en una persona que en otra.

Un duelo, en su evolución “normal” se caracteriza por iniciar inmediatamente después, o en meses siguientes, a la muerte de un ser querido o una pérdida. Se pueden presentar síntomas como el llanto, la irritabilidad, el insomnio, recuerdo reiterativo de la persona, dificultad para concentrarse, asilamiento, etc., pero no progresa a un estado depresivo patológico (Kaplan y Sadock, 1999).

No obstante, Charlie no logró tramitar su duelo y éste se prolongó hasta la actualidad. El retorno de los duelos vividos hará que la pérdida actual pueda ser una recuperación elaboradora o no, que se apoya en las experiencias identificables que han dejado los duelos anteriores (Charazac, 2001). Cabe preguntarse de qué forma Charlie hizo frente a otras experiencias de duelo y qué significación les dio en su vida.  El mismo autor, Charazac (2001) enuncia que las defensas contra la experiencia de la pérdida pueden permanecer adaptadas o tomar formas patológicas.

Se hizo mención, anteriormente, que Charlie es rechazado por su apariencia física: Liz le hace comentarios a forma de broma que oculta, empero, un rechazo a su aspecto físico, a la obscenidad de su cuerpo que sale de lo estéticamente bello. Ellie, por su parte, lo humilla y se burla de él mientras que Thomas se sorprende cada vez que lo ve.

Pero el estado de Charlie tiene una ganancia secundaria en su vida: provocar la atención, la mirada y el cuidado del otro.  El alimento siempre está disponible para él en su descarga de agresividad y de pulsión, algo presente en la dinámica de relación de Liz con Charlie. Cada vez que tiene un problema, Liz está ahí para brindarle alimento. Además, ¿para qué esforzarse si alguien más puede darle aquello que deseas y no tienes necesidad de salir y conseguir las cosas por ti mismo?

Los teóricos estadounidenses Glucksman y Hirsch (1975) analizan de una forma interesante cómo la obesidad puede funcionar en el sujeto como una defensa de otros problemas mentales como la neurosis o la psicosis, lo que se puede observar cuando las personas se enfrentan a un adelgazamiento por tratamiento médico. Estos autores también sostienen que este mecanismo adquiere más sentido cuando se ven amenazados los beneficios secundarios de la enfermedad.

La relación de Charlie con la comida puede decirse que es una relación que le permite vincularse con los otros. Liz contribuye a su alimentación al comprarle productos ultraprocesados; el constante encargo de pizzas a domicilio le permite, aunque de forma muy reducida, mantener un vínculo con el repartidor y no salirse del orden simbólico, ¿de qué otra forma sería? La comida para él es un fácil acceso al placer, placer que se convierte en un goce ilimitado.

Charlie es producto de la sociedad de consumo, sociedad que favorece el consumo prominente de alimentos ricos en grasas y azúcar, alimentos que se pueden encontrar en prácticamente cualquier lugar y que son de fácil acceso, desde la comida rápida de las cadenas multinacionales a las tiendas de abarrotes, las escuelas, los hospitales, las calles, etc., mientras que la comida más saludable cada vez es menos accesible.

Los problemas emocionales y los conflictos psíquicos de Charlie son expresados por medio de su cuerpo como manifestación somática. El psicoanalista Henry Richardson, en el año 1939, describió que la obesidad puede estudiarse como una expresión de neurosis, ya que el incremento de peso y las dificultades para disminuirlo y dejar de consumir comida es posible compararlos con la neurosis histérica porque el cuerpo de las personas obesas es una expresión de un malestar psíquico (Richardson, 1939).

Está claro que la neurosis histérica tiene expresiones clínicas diferentes, pero lo que sí es posible decir es que la obesidad es una expresión de malestares psíquicos por medio del cuerpo y ésta puede presentarse tanto en la neurosis, la perversión o la psicosis. Alexander (1939) relaciona el efecto del estrés funcional que se forma en la vida cotidiana con la formación de distintas enfermedades psicosomáticas, entre ellas, la obesidad.

Para este psicoanalista, el incremento en el apetito de la persona obesa es una defensa del yo que sirve para aminorar las necesidades orales insaciables, el fenómeno de la ingesta de alimentos compulsiva es, entonces, una concomitante fisiológica de emociones que no pueden ser elaboradas por el sujeto psíquicamente y que únicamente encuentran salida mediante el acto alimentario (Alexander, 1939).

La alexitimia observada en pacientes con enfermedades psicosomáticas muestra la incapacidad que tienen de representar simbólicamente los conflictos emocionales y psíquicos, los cuales son posteriormente expresados por el cuerpo. Es solo por medio de la somatización en donde la persona puede expresar su malestar psíquico, denotando la incapacidad de representar el inconsciente por las palabras, las fantasías y los actos.

Charlie “calla” lo que siente comiendo, come para no pensar en su pasado y la muerte de Alan, come para no enfrentarse con el dolor de ver a su hija y su matrimonio en ese estado, come para no sentir que su vida se desborda. Hubo un momento crítico con su familia un día en que tuvo una discusión con Mary. Las emociones lo desbordaron, atravesando un pasaje al acto y comenzando a comer sin control a tal grado de llegar a un atracón con vómito y dolor físico.

Recalcati (2003) desde una perspectiva lacaniana, menciona que el cuerpo y el hambre inhumana de la obesidad, constantemente en exceso, manifiestan aquello que la acción cultural de lo simbólico reprime: el fondo obsceno e indomable de lo real acéfalo de la pulsión, el carácter residual de una bestialidad que empuja hacia un goce mortífero. Recalcati (2003) declara que en la obesidad el ello del sujeto vence al yo, algo que se convierte en obsceno y demuestra las implicaciones de un goce sin límite.

Luis Chiozza, psicoanalista argentino estudioso de la psicosomática, por otro lado, describe que en la obesidad existirían “fantasías adiposas” vinculadas con una meta pulsional que proviene del funcionamiento del tejido adiposo como zona erógena, y emergen en el obeso mediante una regresión hacia el punto de fijación adiposo (Chiozza, 1997).

El conflicto de la persona obesa se transforma en una cuestión de energía, la grasa guarda potencialmente energía que se podría utilizar en otro momento de la vida, pero que, paradójicamente, el sujeto no usa. La obesidad, entonces, es un problema de impotencia (Chiozza, 1997). Esto se observa en la vida de Charlie al comer grandes cantidades de alimento, pero incapaz de usar esa energía que le brindan en su vida cotidiana.

Si bien existen diferentes aristas para pensar la obesidad en psicoanálisis, es interesante ver cómo la gran mayoría de los autores coinciden en que existe una pobre capacidad de simbolización y metabolización de los malestares psíquicos en la persona, lo que lleva a una sobrealimentación. Marty y M’Uzan (1974) han distinguido que la hiperfagia configura un modo de defensa ante la pobre vida fantasmática que presentan los obesos.

Recalcati en su análisis sobre la bulimia y la obesidad, alude a que en este tipo de padecimientos la devoración del objeto es una compensación del objeto perdido: el amor. De esta manera, menciona que

La idea de devoración como compensación es confirmada por Lacan cuando declara que la bulimia es la compensación a través de un objeto real de una frustración amorosa. Donde el objeto real (la comida) permite al sujeto compensar aquello que no ha tenido a nivel simbólico, es decir, el don del amor, el signo de la falta del Otro (Recalcati, 2003: 282-283). 

En dicho sentido, la propuesta de Recalcati coincide con la de otros autores al confirmar que en la persona obesa existe una pobre simbolización de aquello que se ha perdido, dificultando el trámite del dolor psíquico y su expresión. Donde no hay signo de amor está el objeto de la compensación, objeto que nunca podrá representar la ausencia del signo de amor del Otro.

A pesar de recibir advertencias constantemente de los otros sobre su salud y posibilidades de morir, Charlie no presta atención y desmiente lo que le pasa. Freud (1924) citado en Moguillansky (2011), en sus trabajos sobre la neurosis explica que el yo del neurótico se aleja de la realidad desmintiendo lo que le pasa. La pérdida del juicio de la realidad es una de las consecuencias de la desmentida. Este mecanismo de defensa ha llevado a Charlie a un estado insostenible en donde niega lo que le pasa.

El trabajo analítico deberá estar encaminado a mantener un sostenimiento, hacerle ver las consecuencias de lo que hizo y orientarlo para enmendar aquello que quiere con su hija y su familia, es decir, en cómo quiere ser recordado y en su legado que dejará. Afortunadamente, Ellie comenzó a llevarse mejor con su padre, mostró más intereses en él y logró mejorar notablemente su situación.

Lamentablemente, el estado de salud de Charlie cada vez empeora más y está próximo a la muerte. Su frecuencia cardiaca se eleva cada vez más, no ha recibido atención médica y no ha cambiado sus hábitos alimenticios y estilo de vida. Parece que, para él, la muerte está más cerca, pero actúa como si no fuera a llegar. La propia muerte es una injuria al narcisismo y se busca desmentirla a como dé lugar.

Para Pecznik (2012) la muerte constituye una situación traumática en donde el yo resulta inundado, volviéndose incapaz de gestionar el exceso de estímulos, tanto internos como externos, y evoca un estado primitivo de desvalimiento. Los mecanismos de defensa que se activan ante el enfrentamiento de la muerte forman fantasías y ficciones que permiten representar lo irrepresentable.

La muerte, al ser irrepresentable, se vincula con el principio de placer en detrimento del de realidad porque este trauma psíquico transgrede la ilusión inconsciente de inmortalidad y omnipotencia, parte del narcisismo primario. Charlie sabe que en algún momento morirá, pero inconscientemente no es capaz de representarlo.

¿Qué sucedió al final? Por fortuna, Charlie logró conciliarse con su hija, Ellie, algo que le trajo tranquilidad y confort en sus últimos momentos de vida. Desde esta argumentación, Charlie se preocupó por aquello que dejaría en el camino después de su partida: la forma en la que le gustaría ser recordado por su hija y esposa y el saber que Ellie no quedará varada en un abandono que inevitablemente la llevará a delinquir y a seguir con su conducta disocial.

El narcisismo terciario, término propuesto por Alizade (1992) lleva a pensar la muerte en una persona presentando diferentes maneras de vivir y de morir. Daría cuenta de la forma en la que el ser humano se enfrenta con la castración y la finitud. El narcisismo terciario vela por el futuro que no viviremos, la manera en la que “dejaremos” nuestro entorno y nuestro legado después de la partida final.

Cardó (2013) en su artículo sobre el pensamiento de Mariam Alizade, propone que, desde el trabajo clínico, la autora recalca que trabajamos con la vida, con Eros y con Tánatos, con pérdidas reales que dan origen a duelos, y con pérdidas imaginarias, origen de melancolías, pero también trabajamos con pre-muertes, con la muerte del ser querido en “estado de salida”.

Charlie logró pensar su vida y su muerte de una forma distinta, forma que lo llevó a enmendar su relación con los otros, pero, sobre todo, con su hija Ellie, ¿qué es lo que hizo cambiar la dinámica de vida de Charlie? ¿por qué en ese momento surgió dicha transformación? Ellie “movió” aquello que Charlie reprimía y lo llevó a manejar sus duelos anteriores y actuales para buscar mejorar su vida.

 

Conclusiones

La obesidad de Charlie, surgida por su pérdida de amor y problemas emocionales no resueltos, originó malestares psíquicos y familiares que lo trasladaron a un estado de salud insostenible. Charlie “callaba” lo que sentía comiendo, comía para no pensar en su pasado y la muerte de su pareja, comía para no enfrentarse con el dolor de ver a su hija y a su esposa rechazándolo, comía para no sentir que su vida se desbordaba a cada momento.

El valor del psicoanálisis como método terapéutico radica en su capacidad de sostener a la persona, dar lugar a la subjetividad y comprender qué función y significado tiene el padecimiento en el sujeto. Este ensayo fungió como un acercamiento a la gran complejidad del estudio de la obesidad, su etiología y los factores que influyen en su desarrollo, así como la función del psicoanálisis en su abordaje.

Tanto para el paciente con obesidad, su familia y analista, es fundamental implementar un enfoque integral y transdisciplinario que permita enriquecer la intervención clínica y el trabajo teórico y psicoanalítico con los pacientes con trastornos de la conducta alimentaria. Un enfoque integral posibilita mejorar la adherencia al tratamiento, investigar desde diferentes aristas las causas subyacentes y reducir la estigmatización en el sujeto, familia y sociedad.

 

 

 

 

Referencias bibliográficas

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[1] Licenciado en Psicología (UdeG). Maestro en Humanidades, Línea Formación Docente con eje de especialidad en Ciencias Sociales, Humanidades y Comunicación (UAZ). Tiene una Especialidad en Diagnóstico Clínico y Tratamiento de los Trastornos Mentales (AMSP, A.C.), una Especialidad en Psicosomática Psicoanalítica (IPPF, A.C.), una Formación en Teoría Psicoanalítica y Atención a Adultos Mayores (AEEP, A.C.); una Formación Psicoanalítica Especializada en Psicopatología (AMSP, A.C.); así como diplomados en materia de ciencias sociales, psiquiatría, criminología, ciencias forenses y derechos humanos. Fue becario por el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencia y Tecnología (CONAHCYT). Colaboró como auxiliar de investigación en distintos centros de investigación (CICS, DECS, DS, UdeG). Ha cursado seminarios de investigación en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y en el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y ha sido ponente en congresos y coloquios nacionales e internacionales. Actualmente divulga las humanidades y las ciencias sociales en revistas académicas estudiantiles y medios digitales, escribe literatura para distintas compilaciones, estudia la Especialidad y la Formación en Clínica Psicoanalítica Lacaniana (AMSP, A.C.) y trabaja como docente e investigador independiente.

 

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